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	<title>CineForever &#187; Jaime Casillas</title>
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	<description>Cine de ayer, hoy y siempre.</description>
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		<title>El sueño de Jaime</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Apr 2008 14:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Héctor Rivera</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cine Mexicano]]></category>
		<category><![CDATA[Directores]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Casillas]]></category>

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		<description><![CDATA[Tan vital, tan inquieto, tan lleno siempre de proyectos. Cuesta trabajo imaginarlo en el fondo de una caja de muerto. Quise ir a la funeraria a despedirme de él, pero no pude. Lo siento. Y siento mucho, muchísimo, su partida inesperada. Jaime Casillas era un tipo verdaderamente genial, lleno de una energía envidiable. Tenía un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="imageframe" style="float: right" src="http://www.cineforever.com/wp-content/uploads/2008/04/jaime-2.miniatura.jpg" alt="jaime-2.jpg" width="200" height="145" />Tan vital, tan inquieto, tan lleno siempre de proyectos. Cuesta trabajo imaginarlo en el fondo de una caja de muerto. Quise ir a la funeraria a despedirme de él, pero no pude. Lo siento. Y siento mucho, muchísimo, su partida inesperada. Jaime Casillas era un tipo verdaderamente genial, lleno de una energía envidiable.</p>
<p>Tenía un aire de anarquista español, una vehemencia de revolucionario de la vieja época, un humor a veces surrealista. Con los largos cabellos canosos, un rostro enjuto envuelto en una espesa barba igualmente blanca, se enojaba mucho con ciertos temas. Se ponía furioso en verdad. Bufaba, resoplaba y su rostro se tornaba cenizo, moviéndose a los lados, enredado en el humo del cigarro, en actitud de negar con énfasis.</p>
<p>Pocos lo recordaron en el momento de su muerte, ocurrida el martes pasado, y se quedó en el olvido su papel heroico en defensa del cine mexicano hace 20 años, mientras ocupaba la presidencia de la Comisión de Premiación de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas. En esos años, la crisis que devino en crónica en el cine mexicano comenzaba a echar raíces, alimentada por una producción vulgar y barata que se resistía por sistema a la calidad y a la dignidad, pero más al respeto al espectador.<br />
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<p>El 7 de diciembre de 1987 en la Cineteca Nacional, durante la entrega de los premios Ariel, frente al entonces presidente Miguel de la Madrid, Jaime, quien fungía entonces también como secretario del interior de la Sección de Autores del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, puso el dedo en la llaga y arremetió contra los productores privados, “empeñados en el mundo del comercio absoluto y en la satisfacción de las bajas pasiones de un público indefenso y analfabeta”. Y no sólo eso. También le pidió públicamente al presidente que defendiera la sobrevivencia de los estudios cinematográficos nacionales y, más aún, que fueran declarados propiedad cultural de México.</p>
<p>Pocas veces en la historia de la cinematografía nacional ha habido tanta claridad y coherencia en un cineasta. Con su discurso, Jaime libró una batalla inédita contra los poderosos dueños del dinero, propietarios también de buena parte de una industria que consideraban prácticamente de propiedad privada.</p>
<p>Aquel sexenio no podía ser más desolador para los cineastas mexicanos, con el Instituto Mexicano de Cinematografía en manos de Enrique Soto Izquierdo. El periodo más árido en la historia del cine mexicano.</p>
<p>Tres días después de su aguerrido discurso, Jaime fue convocado a una reunión en la oficina del adusto secretario de Gobernación, Manuel Bartlett. Fueron citados también siete productores privados: Alfonso Rosas Priego, Gregorio Wallerstein, Raúl de Anda, Fernando Pérez Gavilán, Juan José Ortega, Carlos Amador y Jacobo Feldman. De alguna manera, en esa reunión les torcieron la mano para que aportaran cada uno 100 millones de pesos de los de entonces para financiar una docena de proyectos fílmicos.</p>
<p>El acuerdo que comprometía a los mercaderes del cine mexicano con la producción de películas de calidad corrió como el viento entre los cineastas con el nombre de “Plan Casillas”, casi al modo de un documento histórico. Era como ligar el agua con el aceite, como obtener una flor de un jardín imposible.</p>
<p>O, mejor dicho, un espléndido sueño que no tardó en desbaratarse a punta de patadas de la más contundente realidad.</p>
<p>Unas cuantas semanas después, la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas Mexicanas, con Alfonso Rosas Priego al frente, decidió en pleno y por unanimidad romper con la Academia.</p>
<p>Y no sólo se largaron con sus películas comercialotas. También se echaron para atrás en el compromiso asumido ante el secretario de Gobernación. “Mientras Jaime Casillas permanezca al frente de la Academia no cuenten con nosotros”, dijeron.</p>
<p>Y cumplieron su promesa, llenos de indignación. Al año siguiente no había ninguna película de producción privada en las ternas de los premios Ariel de la Academia. Entre poco más de 20 películas presentadas por las instancias fílmicas estatales e independientes, incluidas las universitarias, resultó triunfadora Mariana, Mariana, de Alberto Isaac. Poco después cayó la cabeza de Jaime Casillas.</p>
<p>“Sí siento alivio; me siento muy aliviado, me he quitado un peso de encima”, me dijo suspirando al abandonar la Academia, concluida su gestión de dos años. En su denuncia sobre la basura que producían los privados no había mala intención. Sólo la claridosa verdad, inevitablemente recibida por los señalados como insulto. “Yo me retiro sin ningún rencor; no ataqué a nadie personalmente; hubo momentos difíciles en los que hubiera renunciado, pero eso hubiera sido tanto como decir que nos habíamos equivocado, y ese no era el punto.”</p>
<p>Poco después de su salida, la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas fue reestructurada a la medida de las necesidades e intereses de los productores privados, que regresaron de inmediato a la fiesta de los arieles.</p>
<p>Flaco y algo encorvado, vistiendo siempre con discreta elegancia, Jaime vio cómo su plan, que buscaba el financiamiento de los ricos para que los pobres hicieran películas, se hundía lentamente en las turbias aguas del olvido.</p>
<p>“No llegamos a ningún acuerdo; todo quedó como estaba; hubo un desprecio total hacia nosotros, pero yo no tomo en cuenta sus insultos. Aquí no pasó nada”, decía lleno de dignidad y de resignación.</p>
<p>Hoy, Jaime es sólo un puñado de cenizas arrojadas al viento. También es un ejemplo para muchos.<br />
Publicado originalmente en el diario Milenio, el lunes 7 de abril</p>
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		<title>Jaime Casillas: in memoriam</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2008 19:03:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Arturo de Alba</dc:creator>
				<category><![CDATA[Directores]]></category>
		<category><![CDATA[Testimonios]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Casillas]]></category>

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		<description><![CDATA[En el diario &#8220;La Jornada&#8221; del viernes 4 de abril, el escritor Carlos Montemayor, ha publicado un texto referente al cineasta Jaime Casillas, con motivo de su reciente desparición fisíca, el cual nos permitimos reproducir en su integraidad, por considerarlo de interés para los lectores de este blog, agradeciendo de antemano a Carlos Montemayor, su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="imageframe" style="float: left" src="http://www.cineforever.com/wp-content/uploads/2008/04/jaime.jpg" alt="jaime.jpg" width="270" height="251" />En el diario &#8220;La Jornada&#8221; del viernes 4 de abril, el escritor Carlos Montemayor, ha publicado un texto referente al cineasta Jaime Casillas, con motivo de su reciente desparición fisíca, el cual nos permitimos reproducir en su integraidad, por considerarlo de interés para los lectores de este blog, agradeciendo de antemano a Carlos Montemayor, su comprensión al difundirlo en este medio.</p>
<p><strong>Carlos Montemayor<br />
Jaime Casillas: in memoriam</strong></p>
<p>Conocí a Jaime Casillas en las reuniones de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), hace muchos años, cuando las convocaba José María Fernández Unsaín. Antes de que yo empezara a acudir a las reuniones de la Sogem había tenido poco trato con cineastas. Mi compadre y paisano Gonzalo Martínez y Alfredo Joskowicz fueron durante mucho tiempo mis únicos amigos de ese gremio. Con Alfredo, en distintas épocas (en una de ellas fuimos vecinos), compartí muchas experiencias personales, literarias, sociales, musicales incluso, pues en los Estudios Churubusco ensayé mis primeras sesiones de grabación vocal. Con Gonzalo compartí muchas cosas de nuestra memoria chihuahuense, de la literatura rusa, de nuestra búsqueda artística, de nuestras propias familias.<br />
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<p>Por la posibilidad de colaboraciones que finalmente no se llevaron a cabo, traté en distintas ocasiones a Felipe Cazals, a María Novaro y a Sergio Olhovich. Poco a poco, mi amistad con los cineastas se ha ido profundizando, particularmente por la coincidencia de ciertos temas sociales: con Gerardo Tort y Marina Stavenhagen, por la guerrilla de Lucio Cabañas; con Carlos Mendoza, por la investigación sobre las represiones al movimiento estudiantil de 1968 y 1971 en producciones de canal 6 de julio; con Francisco Vargas, por su guión de El violín, en cuya lectura me insistió durante varios meses mi hija Jimena, que en el año 2003 ingresó al CCC y que constituye ahora, para mí, un eslabón peculiarísimo con el cine.<br />
Pues bien, me he detenido en este largo preámbulo para señalar algunos rasgos de mi profundo aprecio por Jaime Casillas. Lo conocí, dije, en las reuniones de la Sogem. Con él y con Marcela Fernández Violante sentí una gran empatía, y a menudo me sentaba junto a ellos en las prolongadas y polémicas comidas que organizaba Fernández Unsaín, y a las que ahora convoca, con más orden pero igualmente polémicas, mi paisano Víctor Hugo Rascón Banda.<br />
Empecé a tratar a Jaime con asiduidad cuando se interesó en adaptar cinematográficamente mi novela Las armas del alba. Comencé a entender con él los muchos talentos que los cineastas deben desplegar para que sus proyectos cristalicen; son una especie de directores concertadores de grandes orquestas, que deben coordinar personal técnico, artístico y administrativo. Tal complejidad me ha hecho admirar aún más el trabajo de ellos.<br />
El novelista y el poeta luchan por coordinar en la página en blanco sus propias ideas, búsquedas o análisis. El cineasta se expresa a través de actores, productores, guionistas, músicos, escenógrafos, administradores, fotógrafos, maquillistas, iluminadores, carpinteros: una gran y compleja orquesta. Cuando se fue retrasando la fecha de rodaje de la película en la sierra de Chihuahua, expresé a Jaime mi preocupación por el clima. “Para ese momento no habrá lluvias”, le dije. “No te preocupes, llevaremos toda la lluvia que necesitemos”, me contestó.<br />
Para Las armas del alba Jaime se apoyó en José Luis Urquieta, chihuahuense honorario (su esposa es mi paisana Carmen Cardenal) y Xavier Robles, magnífico lector y escritor. Me invitó a comentar las sucesivas versiones del guión que ellos estuvieron trabajando y descubrí un rasgo asombroso en Jaime: la mesura, el equilibrio, la capacidad de escuchar, de atender opiniones, de equilibrar posturas. Un talento peculiar y difícil en los hombres de nuestro tiempo y necesario en el medio político, empresarial, periodístico y artístico del México actual. Esta capacidad revelaba no solamente una vocación y talento artísticos, sino un desarrollo interior de conciencia y condición humana.<br />
Interesado en rodar la película en la sierra de Chihuahua, propuso que se asociaran con él parte del empresariado chihuahuense y el gobierno del estado. Transcurrieron muchos meses para que los empresarios chihuahuenses le comunicaran su negativa a participar en una película que, les parecía, no postulaba la unidad que el país necesita. A diferencia del gobierno del estado, que vio el tema como parte innegable de la historia social y política de México, los empresarios parecían no apartar la historia de los intereses empresariales actuales. No han dejado aún la historia atrás y la ven, y acaso en esto tienen razón, como una realidad y riesgo actual y urgente.<br />
La condición moral de Jaime Casillas lo ayudó a esperar con paciencia, durante meses, la negativa formal de los empresarios del estado. Esa negativa eliminó la posibilidad de rodar la película en la sierra de Chihuahua. Para salvar la memoria del estado, aguardó hasta lo último, antes de decidir, primero, que se rodara en Querétaro, y finalmente, en el Desierto de los Leones, en la ciudad de México. Lecciones morales, no solamente artísticas.</p>
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		<title>Jaime Casillas: sus películas</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Apr 2008 18:19:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Arturo de Alba</dc:creator>
				<category><![CDATA[Biofilmografias]]></category>
		<category><![CDATA[Directores]]></category>
		<category><![CDATA[Guionistas]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime Casillas]]></category>

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		<description><![CDATA[Director, Guionista Nació el 19 de diciembre de 1936, en San Miguel El Alto, Jalisco, México Murió el 1 de abril de 2008, en México, D.F. (Sincope cardíaco) Nombre de Pila: Jaime Humberto Casillas Rábago En 1986 obtiene cuatro premios su película MEMORIALES PERDIDOS en la entrega de los Arieles de ese año: Guión Cinematográfico, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="imageframe" style="float: right" src="http://www.cineforever.com/wp-content/uploads/2008/04/casillas-jaime.jpg" alt="casillas-jaime.jpg" width="290" height="182" />Director, Guionista</p>
<p>Nació el 19 de diciembre de 1936, en San Miguel El Alto, Jalisco, México<br />
Murió el 1 de abril de 2008, en México, D.F. (Sincope cardíaco)<br />
Nombre de Pila: Jaime Humberto Casillas Rábago<br />
En 1986 obtiene cuatro premios su película MEMORIALES PERDIDOS en la entrega de los Arieles de ese año: Guión Cinematográfico, Argumento Original, Ambientación y Actuación Masculina para Claudio Brook.</p>
<p>1975.- CHICANO<br />
1976.- PASAJEROS EN TRANSITO<br />
1985.- MEMORIALES PERDIDOS<br />
1986.- TIERRA DE RENCORES<br />
1987.- LA LEYENDA DEL MANCO<br />
2000.- LA FATUA</p>
<p>Guionista</p>
<p>1966.- LOS LARGOS DIAS (cortometraje)<br />
1971.- EL JARDIN DE LA TIA ISABEL (en colaboración con Julio Alejandro)<br />
1975.- CHICANO<br />
1976.- PASAJEROS EN TRANSITO<br />
1985.- MEMORIALES PERDIDOS<br />
1987.- LA LEYENDA DEL MANCO</p>
<p>Textos Relacionados:</p>
<p><a href="http://escritores.cinemexicano.unam.mx/biografias/C/CASILLAS_rabago_jaime_humberto/filmografia.html">Biografía de Jaime Casillas:</a> http://escritores.cinemexicano.unam.mx/biografias/C/CASILLAS_rabago_jaime_humberto/biografia.html</p>
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