Memorias de Charlton Heston

Leopoldo Villarello Cervantes Escrito por on Ene 30th, 2018 y archivado en Actores y Actrices, Biofilmografias, Destacado, Libros de Cine, Novedades, Reseñas. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Charlton Heston Memorias” (editorial B, febrero 1997, título original ‘In the Arena’) dan para un sustancioso y copioso libro de más de 600 páginas, donde el actor, conocido por un vasto sector de espectadores por sus personajes en “Ben-Hur”, “Los Diez Mandamientos”, “El Cid”, “El Planeta de los simios”; discurre por su larga existencia (1923-2008), su trayectoria cinematográfica y como líder del Sindicato de Actores Estadounidenses de Cine (SAG por sus siglas en inglés), su largo paso por el Teatro, desde que estudiaba en la Universidad de Northwestern, las obras que dirigió; o sucesostrascendentes que le tocó ver y estar, como la Gran Marcha al lado de Martin Luther King.

Durante sus años adultos y actorales, Heston llevó unos “Diarios” (editados en inglés, sin publicación en español hasta donde sé), que le son provechosos para refrescar su mente y al acometer el recuerdo de segmentos precisos de rodajes, localidades donde filmó, actores con quienes compartió, teatros en que se pusieron las obras, desde sus estertores en Broadway; incidentes fecundos de sus colaboraciones con realizadores y compañeros de profesión; su fértil experiencia en terrenos shakesperianos, con señalada distinción por “Antonio y Cleopatra”, o por el texto de Robert Bolt “A Man for all seasons” (El hombre de dos reinos), tesón que lo llevó a dirigirlas, en ambas, pantalla y las tablas.

Esta biografía personal pasa desde sus ascendientesescoceses y cuestiones familiares hasta la década del 1990, cerca de su espaciado retiro. La fortuna que le dio la mano para su futuro de actor, cuando le becaron para estudiar en Northwestern, para hacerse lugar en Nueva York, ser contratado por Hal Wallis, causarle grata impresión a Cecil B.De Mille. Provee información de tiempos cambiantes en la Meca del Cine, los días de la televisión en directo; lo vivido por Heston durante la segunda guerra mundial, salvado por la Bomba Atómica de ir a pelear a Japón.

Quienes sólo hayan escuchado su nombre en el último decenio del siglo XX en lo tocante a la Asociación del Rifle, su defensa a portar armas, o su amistad con Ronald Reagan, abrirán la boca al saber que fue Demócrata, cercano a Lyndon B. Johnson, o su concurrencia en la defensa de los Derechos Civiles en los años 1960; y sus contribuciones en asuntos laborales de su gremio.

Necesariamente lo adjetivo es su itinerario como actor, deldebut oficial en largometrajes, “Dark City” (1949, de William Dieterle) -que se puede ver en amazon video-, hasta papeles selectos en los 1980 y 1990 (Long John Silver en “La Isla del tesoroSherlock Holmes en “El crucifijo de la sangre); y en teatro, área menos conocida fuera de Estados Unidos. Heston se detiene cardinalmente en títulos primigenios de su larga filmografía en cine y tv, alrededor de la centena sicontarpapeles en algunas seriesbreves o de narrador-pormenores de preparativos y producciones, países donde filmó; y entre ello lo que le tocó como presidente del SAG y diversos encargos culturales (la creación del AFI y la Fundación para las Artes) o políticos.

Charlton Heston subió pronto a primeros planos, su segunda película en Hollywood fue “El espectáculo más grande” (1951, de Cecil B. De Mille, lo cual le consolidó y al poco le permitiría contratos muy remunerativos, sin tener que depender de un Estudio; y más adelante escoger guiones, darse tiempo para sus puestas en escena, tener derecho a aceptar directores, actores, ajustar fechas de filmación.

Heston es crítico consigo, admite yerros al haber elegido algunas películas, ensalza a clásicos, de la pantalla: Gary Cooper, Cary Grant, Edward G. Robinson; o del teatro:Laurence Olivier, John Gielgud, Ralph Richardson;suscribe aquello de que los mejores actores son los británicos. En cuanto a directores, es visible su admiración por De Mille, William Wyler, Orson Welles. Habla de lo favorable y negativo de Sam Peckinpah, con quien hizo en México “Juramento de venganza” (Major Dundee, 1962), de Anthony Mann, el director de “El Cid”, de Nicholas Ray en “55 Días en Pekin”.

Confirma la versión de lo sucedido con “Sed de mal” (Touch of Evil, 1958), lo conocido que la Universal aceptó que Welles la dirigiera por petición de Heston, el rodaje, los líos en la posproducción, las modificaciones ejecutadas por los patrones del Estudio. A las películas y días que más dispensa páginas es a “Los Diez Mandamientos”, por Medio Oriente; “Ben-Hur” en Roma; a las producciones en España, contratado por Samuel Bronston.

Franklin J. Schaffner es un director de quien se expresa positivamente, con él trabajó en el celebrado Studio One en la televisión del 1950, para luego contratarlo en “The Lord of War” (1965), una producción en la que se empeñó, y “El planeta de los simios”. En el apartado asignado a esta, tiene su peso en lo cinematográfico lo inventado para la secuela. Queda constancia de sus películas favoritas, el mejor personaje que encarnó, “Will Penny, el solitario” (1967), así como de su guionista-realizador Tom Gries, con quien repetiría en “El número Uno” (1969), “The Hawaiians” (1970).

A cada capítulo se plasma la expansión del Heston, actor-productor-director en teatro y cinelos “grandes hombres”que personificó (Moisés, Miguel Ángel, Rodrigo De Vivar, Juan el Bautista, el General Gordon, el presidente Andrew Jackson, el Cardenal Richelieu), y los papeles en proyectos más personales, las vueltas al bardo de Stratford Upon Avon; impulsos para comedias o romances (La guerra privada del mayor Benson), y después entrarían argumentos de catástrofes (Aeropuerto 1975, Terremoto)

En lo narrado por Charlton Heston de sus diversas facetas se conservan anécdotas estimables, entre tantas, las de Laurence Olivier, la reconversión de los decorados para “La caída del Imperio Romano”, su interiorización para algunos papeles, su primera película (una versión independiente de “Julio César”, por David Bradley), los rodajes en exteriores, sus andanzas teatrales, cuando joven y cuando famoso; las múltiples ocasiones en que murió en pantalla.

El legado visible de Heston son sus películas, la popularidad de las exitosas opacando unas tanto o más interesantes, los personajes heroicos y recios separando las perseverancias a Shakespeare y Thomas Moro, las hazañas o individuales y solitarias.

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