Cartas desde el Sur: Chinos emigrantes

Leopoldo Villarello Cervantes Escrito por on Jun 21st, 2016 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Melodrama, Reseñas. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Cartas desde el Sur: Chinos emigrantes

cartas desde el surIntegrada por seis cortos, “Cartas desde el Sur” (Nan fag lai xin, 2013) distingue lo que ha sido de infinidad de inmigrantes chinos hacia otras naciones asiáticas, hacía el sur; sus comportamientos, memorias, estilos de vida; las raíces que les permean, lo dentro y fuera que están en sus países de adopción, lo cerca y lejos de la patria de sus ancestros y donde aún sobreviven sus familiares, sea en Taiwan o la China Continental.

Los segmentos se ubican en Tailandia, Myanmar, Singapur, Malasia, realizados por Aditya Assarat, Royston Tan, Midi Shao, Sun Koh, Tan Chi Mui y Tsai Ming Liang, directores nacidos en estos países, plenamente conscientes de su origen.

Cada segmento aporta ideas de la lejanía, la modernidad, las mutaciones, los referentes. En “Now, Now, Now”, es el reencuentro de dos primas veinteañeras en Tailandia, donde vive la más joven, y la que viene de China a visitarla, convertida en fotógrafa de cierto renombre. Se trasluce lo discordante del comportamiento de la mayor en el extranjero, destrampándose, haciendo lo no acostumbrado en casa. Poco queda de la tímida y callada joven que la prima frecuentó cuando fue a ver a su familia a China. Como tantas personas, fuera de su hogar se transforman, aprovechan. En un diálogo, se narra el destino que cambió sus existencias e hizo que el abuelo de una permaneciera en su país y el de la otra se trasladara a Tailandia, y que en ese momento una observe de lejos los desplantes de la otra.

El segundo corto habla de tradiciones y comida, de la renuencia de un joven a ayudar a su papá a elaborar un platillo a mano, pasarse horas trajinando. Tampoco lo comprende una pariente de su edad, considerando que podrían comprar esa comida. Los recuerdos del padre, su narración de que el abuelo crió y alimentó a sus hijos cocinando por años ese alimento, hace recapacitar al joven, quien mira a su papá con ojos nuevos, comprende que es más que un plato para comer en cualquier ocasión, el valor ancestral y moral.

Más de las tradiciones traídas consigo donde quiera estén, se plasma en el tercer segmento. La nieta se ha trasladado para ir a recoger las ropas fúnebres con que ataviar a su abuelo en su lecho mortuorio. Poco  importa que sean hilachos, se hayan deshecho por los años y lo mal guardados que los tenían, el punto era llegar a tiempo o pagar de más el transporte. Una secuencia, vista en un plano general fijo, consuma el drama de la lejanía, cuando telefonea a su hermano para informarle la tragedia; la comunicación interrumpida, aplaca la preocupación ante la exaltación del hermano por el regalo que ha comprado. preferible siga sin saber la noticia.

“El nuevo Panda” es el único del paquete en comedia, aunque trata cuestiones gravosas de la economía global: la apropiación de pequeñas empresas por grandes conglomerados, en este caso una estación de radio independiente que es engullida por una corporación china; el mandato de modificar la programación para obtener más beneficios, explotar el filón de la población china que habita en Singapur, tomar un animalito, el oso panda, para un negocio múltiple: vender juguetes, objetos y lo que se pueda.

En contraparte, el par de trabajadores de la estación acostumbrados a transmitir anuncios a la vieja usanza, optan por producir la novela que les obligan como acostumbraban, creando los efectos especiales manuales, con material comprado en el mercado: silbatos, abanicos, piedras, cerillos, láminas.

La narración se enriquece con una voz en off que cuenta la historia del pequeño panda en su nueva morada, su aclimatación, sus vicisitudes, en metáfora de lo que es la existencia de personas chinas fuera de su país; en tanto observamos imágenes de la familia del simpático trabajador de la estación, que además tiene facha de panda, gordito y sonriente.

“Noches en Malacca”, es el más moderno, acelerado, tornadizo, con una edición ágil, entrecortada con frases de las memorias de un escritor chino exiliado, Yu Dafu, ilustrando los preparativos de la producción de un filme; una directora entrevistando a un actor, escenas en las calles, relampagueos, montaje reincidente a la Godard; lo que sentía el novelista en el clima veraniego todo el tiempo de esa región, contrario a los variabilidades de temporada en China, sus pensamientos a la distancia, añoranzas y reflexiones.

El cierre de “Cartas desde el Sur” es el portento realizado por Tsai Ming Liang, nacido en Malaya. “Caminando sobre el agua”, continua lo visto y apreciado en “Beautiful”  (2012) y preludia la inmensidad de “Xi You” (2014), con un monje caminando a un ritmo extremadamente lento, sin ofuscarse ni afectarse por lo que le rodea, en tiempo y estirpe Zen y tibetano, en un recorrido aquí por el edificio donde Tsai Ming Liang habitó cuando niño. La imagen de apertura semeja una mancha roja reflejada en un charco de agua. Segundos más tarde se distingue que es la imagen del monje en su vestuario color rojo, quien avanza, es un decir, por un andador en el exterior de los edificios. Liang intercala escenas en el interior de un departamento, en su mismo estilo pausado, con largos planos fijos, contemplando la cotidianidad des quienes habitan ahí, la cámara inmóvil, atestiguando el silencio, la calma en que vive una anciana oteando a lo lejos, acercándose a su rostro, siempre  planos fijos. Es una andanza por el pasado y lo que fue la infancia de Liang en ese espacio. La cohabitación de la población china, quienes aún subsisten en su destierro personal.

Cada segmento de “Cartas desde el Sur” lleva al final una frase puntual de cada director, en condensación de los significados o razones de su relato.

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