Un holograma para el rey: una metáfora del renacer de un estadounidense

Leopoldo Villarello Cervantes Escrito por on Jun 12th, 2016 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Melodrama, Novedades, Reseñas. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Un holograma para el rey: una metáfora del renacer de un estadounidense
Tom Hanks en Un holograma para el rey

Tom Hanks en Un holograma para el rey

El director alemán Tom Tykwer, conocido en el mundo desde el lanzamiento de “Corre Lola, corre” (Lola Rant, 1998), ofreció una videoconferencia para México con motivo del estreno de “Un holograma para el Rey” (A hologram for the king, 2016).

Desde la capital de su país donde graba la serie “Babylon Berlin”, ubicada en la década del 1920, Tykwer platicó de los antecedentes de su nueva película y su colaboración con Tom Hanks, con quien trabajó en “Cloud Atlas” (2012), y cómo desde ahí buscaban volver a estar juntos en un proyecto.

“Un holograma para el rey” se desarrolla principalmente en Arabia Saudita, un país en el que, sí hace cinco años le hubieran preguntado a Tykwer si pensaría hacer un film allá, habría dicho que no lo contemplaba, como tampoco planea realizarlo en nuestro país, pero dentro de un tiempo tal vez decida que hay algo que lo atrape, le agrade.

La novela de Dave Eggers en que se basa “Un holograma para el rey” es muy profunda; es una mirada a la cultura de Arabia, a su manera de vivir, a los prejuicios que tienen según nuestra mirada occidental; a la extrañeza ante nuestros ojos de una ciudad que todavía no existe y ellos ya la ven, completa.

Varias de las secuencias son fruto de experiencias personales que tuvo Tykwer cuando andaba en la preproducción, como la del chofer con quien se relacionó y que lo llevó a un pueblo a conocer a su familia y por equivocación siguió en la carretera que va a La Meca. Arabia Saudita es un país que nunca terminas de creer, recapituló el realizador germano, con una cultura fascinante, y cuando conectas con la gente te das cuenta de ello y del tipo de personas que son y los aprecias.

Aunque la intención era rodar todo en Arabia, había complicaciones por su manera de pensar y por que filmaban extranjeros, por lo cual se optó que los exteriores fueron rodados en Arabia mientras y escenas en Marruecos, y en el montaje se combinan para dar la sensación que los lugares por los que transitan cuando van en el automóvil son de verdad.

Para Tom Tykwer, “Un holograma para el rey” es la película que personalmente le ha traído más felicidad, la más alegre que ha hecho, con enseñanzas relevantes, sobre la economía global y dónde estaremos dentro de diez años. “Me da esperanza y felicidad”, expresó.

La visión y vivencias del estadounidense Alan (Tom Hanks) que llega a ese lugar tienen atisbos kafkianos, de El Castillo, con la espera para ser recibido por el Rey, para ver a su enlace, las respuestas que le dan, el estupor en cada escalón con que tropieza, la gente, la mujer doctora. El laberinto que va conociendo. Los amaneceres estrepitosos, las resacas, los monótonos saludos al entrar al hotel, la modorra de los vigilantes -con los pies en una bandeja de agua- en la entrada a las inmensas áreas del Ministerio.

Tykwer muestra la disparidad del tratamiento de los jerarcas árabes hacia los extranjeros con quienes tienen negocios y el menosprecio a sus compatriotas; la otra Arabia que se esconde tras paredes y puertas donde europeos y americanos celebran fiestas orgiásticas; los ardides y facilidades para obtener bebidas alcohólicas; el lugar que se merecen los obreros filipinos, pakistaníes, indios, amontonados y encerrados, en contraposición al de los ejecutivos, en un departamento con todos los lujos. Divisa con agudeza el letargo e inmovilidad de los trabajadores a diario, y el acelere que avisa el arribo del monarca.

Hace ver que dentro del país y la región hay habitantes que si pudieran se aventarían a una revolución ante las desigualdades y exuberancias de sus mandamás. Genera empatía de Alan con el chofer Yousef (Alexander Black), y lo occidentalizado de éste, su asimilación de la música; la amplifica con humor, los pone a reflexionar acerca de las guerra, lleva a Alan a profundizar en su situación al observar la sombra de un lobo acechando ovejas.

El factor central es la encrucijada de Alan, sus crisis y enfermedades, perceptible en la introducción, asociada a la de “Corre Lola, corre”, con la letra de “Once in a lifetime” de la banda Talking Heads, y el significado de su viaje a Arabia. El enderezamiento de su existencia, en que se capta la problemática de las compañías estadounidenses que trasladaron sus factorías a China, cerraron instalaciones dejaron miles desempleados, y después perdieron y se desplomaron. Tykwer utiliza flashbacks para ojear esos graves momentos, la razón del distanciamiento con el padre. (Otros flashbacks ilustran instantes clave del por qué le enviaron ahí, de su juventud y matrimonio cuando radiaban.)

En las palabras de Alan están a destiempo las de muchos empresarios que ven sus yerros.  Les dieron las herramientas a los chinos y ahora éstos los vencen con ellas. Proyectos y contratos que ganaban con facilidad las empresas de Estados Unidos, ahora son copadas por los orientales. Tykwer condensa el triunfo/la derrota de lejos, observa a los vencedores sin despecho, se sobre entiende las jugadas de los jeques.

“Un holograma para el rey” es una metáfora del renacer de un estadounidense en tierras árabes, del quitarse un peso de encima, un tumor, así sea benigno, de entender a la distancia, de años y kilómetros, las torpezas cometidas y tratar de remediarlas. Se transmuta en el encuentro de dos personas de civilizaciones opuestas, en la posibilidad del estadounidense de explotar sus dotes de vendedor, de ver la apertura de una ventana cuando la otra se cierra.

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