Los odiosos ocho, del odio al cine en Quentin Tarantino

Héctor Enrique Espinosa Rangel Escrito por on Mar 6th, 2016 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Novedades, Reseñas, Western. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Los odiosos ocho, del odio al cine en Quentin Tarantino

ocho mas odiados 1A partir de la realización de Perros de reserva (1992) Quentin Tarantino creó una moda burlesca del realismo cinematográfico que de una parte refleja puntillosamente el escepticismo total de la generación Ni-ni y por otra el desenfreno violento de la posmodernidad en la cultura popular (¿Necesariamente “Pop”?), desatando un extraño culto por su manera de hacer cine, o anti cine, como quiera verse, convirtiéndolo en uno de los directores idolatrados por los jóvenes ociosos de las sociedades opulentas (con su correspondencia entre el lumpen del tercermundismo) y los esnobistas de la moda audiovisualera.

Descontando la magistral ópera prima que satirizaba al cine Negro estadunidense y sus grandes estrellas (gracias sobre todo a Harvey Keitel, Michael Madsen y Steve Busceni) destacan partes muy brillantes en las seis secuelas de thriller que continuaron su carrera, especialmente la inserción de manga animado en Kill Bill (2004) y la brillantez de Bridget Fonda y Robert De Niro en Jackie Brown (1997), pero su tarjeta de presentación ideológica y de estilo sucede con Tiempos violentos (1994) verdadera declaración de principios y filosofía de la vida y del cine de este prognato estadunidense.

ocho mas odiados 2Para su octava presentación, ya en plena posesión de la bendición de las Siete Hermanas (MGM, FOX, etc.) y de los financieros de la Meca del cine, todo resulta una repetición, desde el reparto hasta la trama: de hecho esta es una declaración de imposibilidades comunicativas y de carácter entre los individuos, que solo pueden solucionarlas a través de la violencia y el asesinato, solo que la ambición de Taradino, perdón, Tarantino, queda inconforme con denunciar la realidad de los otros, igualmente pretende difamar (correctamente entendido: dividir o lesionar la fama) al cine, especialmente ahora se allega al género estadunidense por excelencia: el western.

Valga esta declaración porque màs de una vez he sostenido que el género fue epitafiado (¿se vale?) con la obra de Clint Eastwood y todo ello partió de la creación del Espagueti western y la obra de Sergio Leone en particular, y Taradino dedica su estilo a crear una burda imitación de lo mas burdo del western europeo (pienso especialmente en los bodrios realizados por España y Alemania) haciendo de su película una imitación de la imitación, un clisé del arquetipo, pero tampoco se atreve al exceso total, con todo y sus trucos visuales jamás se aproxima al Grand Guiñol, aunque su guion definitivamente plantea esa posibilidad.

 Su elenco presenta algunas novedades llamativas, por ejemplo la presencia de Kurt Russell como un salvaje cazador de recompensas (allá en el fondo de la pantalla se adivina la risa de Richard Boone) y de la hermosa (aquí, desde luego no) Jennifer Jason Leigh y del mexicano Demiàn Bichir (como solo para probar que los mexicanos también existen, al menos como mercado), pero el resto son sus cómplices comunes en el delito de burlarse de la burla y sin risas, casi el mismo reparto que en Perros de reserva, pero sin la gracia de haber sido nuevos, ya han sido aniquilados por el tiempo en tan solo ocho pasos filmados.

 ocho mas odiados 3De hecho el principal personaje destaca por su signo de odiosidad: Samuel L. Jackson, un actor afroamericano que se ha distinguido por representa justamente lo que la gente negra de Estados Unidos rechaza: el racismo minoritario (¿de veras son minoría los negros, o hasta los “latinos” en aquel país donde la menor cantidad de población está formada por los WASP?), un especialista en el anti-Tío Tom que denunciaran en su momento Elridge Clever y Malcolm X, un papel que además ha desarrollado en todas las facetas concebibles, desde la brutalmente abierta con este Tarantino (recordarlo en la anterior,   Django sin cadenas– 2012) hasta la consecuente con la lucha ciudadana que presentó en Duro de matar 3, con venganza (1995) y aún en el ámbito científico, en Esfera (Barry Levinson, 1998) y ahora juega con el odio posterior a la guerra civil al filo de la reconquista del oeste por los negros (el western jamás consigna que seis de cada diez vaqueros del “viejo oeste” eran gente de color, Asimov lo entrega en un ensayo histórico) y además Taradino aprovecha el caso para introducir un “sutil” chiste racista en contra de Griffith (el llamado padre de la narrativa fílmica) haciendo a este caza recompensas “justiciero” un probable amigo de Lincoln, como el liberto Sylas Lynch, que condenaba Griffith en Nacimiento de una nación.

Con cierta sutileza admirable Taradino va burlándose de cada uno de los estereotipos del western, pero en lugar de confrontarlos con la realidad histórica (la insistencia del western en la bondad “natural” de sus héroes considerando a los naturales y a la naturaleza un mal domeñable a favor de la civilización) como en el western italiano (rescatando paulatinamente los valores “latinos” de los habitantes de la faja fronteriza norte-sur de Estados Unidos y México, especialmente Leone en Erase una vez en el Oeste-1968), actualiza los personajes y hace una especie de parábola de su actualidad y la plasma como una clase de ejemplo de voluntad arbitraria para contemplar al ser humano como si por él no pasaran ni el tempo ni la experiencia.

Una manera odiosa de odiar a través del arte, de ejercer la ideología fascista acusando a los demás de fascistas (remember los anti nazis de Bastardos sin gloria-2009) y reinventando los hechos como si la historia fuese un condado de señoríos a los que nadie más que los habitantes del marfil pidiesen acceder, un odio acerbo en contra de la intelectualidad ilustrada y su acceso al arte fílmico al que Taradino llegó como por accidente y se encumbró gracias al apoyo inexplicable de talentos como el de Robert Rodríguez. Quien tampoco canta mal las texanas, que no rancheras (es bueno con el mariachi).

Los odiosos ocho. (The hateful eight). D. Quentin Tarantino. Con: Samuel L. Jackson., Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh. Guión: Q. Tarantino. USA. 2015.

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