El Renacido:el estilo domina sobre la sustancia

Juan Pablo Martínez Zuñiga Escrito por on Ene 28th, 2016 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Novedades, Reseñas, Western. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

El Renacido:el estilo domina sobre la sustancia

renacido 1Cada vez que se estrena una película de Alejandro González Iñárritu en nuestro país, es señal que a nuestra cartelera arriba un hermoso presente, de reluciente y primoroso aspecto que dedica una esperanza que anida en cualquier cinéfilo o narratófagos similares en forma de una promesa sobre una historia que trascienda al igual que las imágenes con que se cuenta. Y de igual forma, cada vez que abrimos ese centelleante obsequio descubrimos un vacio, una oquedad argumental ya característica en el idiolecto del director mexicano donde el estilo siempre será prioritario sobre la sustancia. “El Renacido”, su más reciente trabajo, no es la excepción, y si en efecto se trata del trabajo más pulido y detallado hasta el momento del cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, su incomparable trabajo de belleza natural y plástica salvaje tan solo enmascara una trama plana y poco sustancial habitado por personajes unidireccionales como sacados de la línea de montaje de arquetipos, incluso si se basa en una historia real. La cinta comienza con la presentación del personaje principal, un trampero y cazador llamado Hugh Glass (Leonardo DiCaprio) quien, junto con su hijo mestizo producto de la cópula con una india Pawnee ahora fallecida debido a un ataque sobre su aldea, forman parte de una expedición dedicada a la recolecta de pieles animales en la Dakota de 1820, liderada por John Fitzgerald (Tom Hardy), hombre déspota y calculador de habla gutural y en ocasiones ininteligible que antagoniza con frecuencia con Glass, quien se nos muestra además de étnica y ecológicamente consciente como un alma noble y tenaz. Sin embargo, el destino querrá que se vea cara a cara con un feroz oso Kodiak, quien lo arremete con furia dejándolo herido de muerte. Sus compañeros se ven obligados a dejarlo a su suerte debido a que el inclemente frío y la amenaza de una tormenta impiden llevarlo como lastre, situación que Fitzgerald aprovecha para ajustar despiadadamente cuentas con Glass asesinando a su hijo frente a sus moribundos ojos. Débil y en el umbral de la muerte, Glass logra recuperarse motivado por su sed de venganza contra Fitzgerald y aquellos que lo abandonaron. Análogamente atestiguamos las pesquisas de un avejentado indio Pawnee por encontrar el paradero de su hija desaparecida en una empresa que representa tanto un riesgo emocional como físico, pues el gélido ambiente representa un adversario que atenta con la vida de ambos personajes.

Tom Hardy en El renacido

Tom Hardy en El renacido

El desarrollo de la cinta condensa dicha lucha mediante una sucesión de escenas donde se nos muestra a Glass gruñendo, jadeando, mordisqueando vísceras crudas como único alimento y destripando caballos para despojarlo de sus entrañas y guarecerse del frío brutal en su carcasa, mostrándonos a un Leonardo DiCaprio en condición de crudeza ante los elementos y a un Iñárritu canalizando a su Terrence Malick interno, encomendándole a Lubezki que los violentos y ásperos eventos sean retratados mediante un manejo de la plástica al natural demasiado cercana al que utiliza el maestro director de “El Arbol de la Vida”, algo que no debería representar problema si no fuera porque la belleza en las imágenes diseñadas en composición y encuadre por “El Chivo” distraen de lo que se supone sea la conflagración del hombre contra su entorno y sí mismo en una lucha simbólica por reencontrar su alma (aquí “El Negro” Alejandro lo trabaja mediante una construcción alegórica elemental como el que el personaje principal se vea sustentado y alentado por su amante e hijo muertos en delirios provocados por la ira, la soledad y el despojo), sin que afinen un supuesto ying y yang existencial, imagen en contrapunto a la visceralidad narrativa, dejando todo el potencial de una historia tan apasionante (por cierto, ya adaptada al cine en una película de 1971 más objetiva y menos petulante titulada “Furia Salvaje”, con el especialista en personajes caucásicos simpatizantes con las causas indígenas Richard Harris) a merced de los estropicios narcisistas de este director amante del ruido y muy pocas nueces. “EL Renacido” es, en efecto, un regalo, pero por todas las razones incorrectas.

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