Garras de ambición western de espacios abiertos de Raoul Walsh con Clark Gable.

Gustavo Arturo de Alba Escrito por on Jul 2nd, 2015 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Western. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Garras de ambición western de espacios abiertos de Raoul Walsh con Clark Gable.

GarrasLograr ver el western Garras de ambición (The Tall Men) en su formato original de cinemascope, en estos tiempos en que para su proyección en televisión se “aplana” la imagen es simplemente una experiencia fascinante y por ello al haber conseguido el dvd en el mencionado formato es algo digno de valorarlo y disfrutar a plenitud, sobre todo ahora que en la comodidad del hogar, con eso de las pantallas planas y la nitidez que se alcanza parece cumplirse el reclamo publicitario de tener “cine en su casa”.

Cuando uno revisa los filmes realizados en cinemascope en sus inicios en los años cincuenta en particular El manto sagrado, La fuente del deseo, Demetrio el gladiador, Los caballeros del rey Arturo y El escudo negro, entre otros, se percibe de inmediato la dificultad de sus directores para manejar la puesta en escena, en que lo amplio del espacio los llevaba, casi siempre a llenar de personajes y objetos lo que podía captar el lente de la cámara y darle un sentido “teatral” al manejo de dicho espacio y no sería hasta con la realización de los primeros westerns en que se podría percibir las bondades del formato para lograr darle profundidad al espacio, tal y como el crítico André Bazin lo señalaba en relación a su comentario en torno a el filme Hambre de venganza (The man from Laramie) de Anthony Mann: “En la mayor parte de los westerns, e incluso en los de John Ford, por ejemplo, el paisaje es un marco expresionista en el cual se inscriben las trayectorias humanas. En los filmes de Mann es un ambiente. El aire mismo se separa de la tierra y el agua. Como Cézanne, que lo quería pintar, Anthony Mann nos quiere hacer sentir el espacio aéreo, no como un contenedor geométrico, un vacío de horizontes y horizontes, sino como una cualidad concreta del espacio. Su cámara cuando filma una panorámica, respira. De aquí el uso tan remarcable del cinemascope, que nunca es utilizado como un nuevo marco Simplemente, como el pez en un acuario más grande el cowboy está más a sus anchas en la pantalla grande. Si atraviesa el campo nuestro placer es doble, porque lo vemos dos veces más lejos”.

Cabe señalar que la mayoría de los directores pioneros, en aquellos años del uso del scope’, al hacer referencia del mismo en entrevistas se quejaban de las dificultades para manejar esa “pantalla ancha”, sobre todo en filmes como la ya referida La fuente del deseo dirigida por Jean Negulesco, la cual, dada su historia melodramática encerrada en cuatro paredes, salvo las vistas turísticas de la ciudad de Roma, podría muy bien no haberse rodado en el multicitado formato, aunque en descargo de los realizadores quizás valga la pena prestar atención a Douglas Sirk le comenta a Jon Halliday: “la cuestión principal era que con Atila frente a Roma (Sign of the Pagan), y las otras películas en Cinemascope que hice, se me exigía que las rodara en forma que pudieran proyectarse tanto en la nueva pantalla de Cinemascope como en el antiguo formato. Tenías una cámara y un objetivo, pero tenías que ponerla en escena de forma que se adaptara a los dos formatos”. Lo anterior parece ser una explicación plausible sobre la razón de que la mayoría de las cintas realizadas en cinemascope no aprovecharan la profundidad de campo y la amplitud del espacio para captar y que fuera, precisamente, en los westerns donde las bondades del formato lucieran a todo su esplendor. (Supongo que la exigencia de los estudios para que se realizaran tomado en cuenta el antiguo formato obedecía a que el cambio de proyectores fue algo lento; por ejemplo El manto sagrado se estrenó en los Estados Unidos el 16 de septiembre de 1953 y aquí en Aguascalientes fue proyectada en cinemascope en abril de 1955, al terminar la semana santa de ese año, cuando ya en la ciudad de México el sistema tenía como un año que había implementado.9

(Antes de seguir adelante con Garras de ambición, quizás valga la comparación que los espectadores de aquellos años cincuenta que veíamos la evolución del uso del ‘scope’ con los espectadores actuales en que después del uso de la tercera dimensión en Avatar, por parte de James Cameron, se han soltado un sinfín de cintas en ese formato y que la mayoría de las mismas solo parecen ser filmadas en esa forma por estar a la moda y que muy bien podrían haber prescindido del mismo.)

Clark Gable, Jane Russell y Robert Ryan en Garras de ambición

Clark Gable, Jane Russell y Robert Ryan en Garras de ambición

 

Los primeros tres westerns que realizó la 20th Century Fox en Cinemascope, tomando en cuenta la fecha de su estreno, fueron Almas perdidas (River of no return), Jardin del mal (Garden of evil) y Lo que la tierra hereda (Broken Lance), el cuarto sería Garras de ambición realizado por Raoul Walsh a quién le sentó de maravilla el formato de la pantalla ancha, aunque cabe señalar que si uno revisa con cuidado, por ejemplo, sus westerns Más allá del amor y la muerte/Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On), Juntos hasta la muerte (Colorado Territory), Los viajeros (Along the Great Divide) y Hermanos enemigos (Gun fury) es fácil encontrar en sus escenas de exteriores, en particular las de acción, un manejo similar al empelado en Garras de ambición como si hubieran sido pensadas para ser proyectadas en pantalla ancha.

Con  Garras de ambición se inicia una fructífera relación de tres películas bajo la dirección del veterano maestro del western Raoul Walsh con el actor Clark Gable, siendo la mejor de ellas precismanete  “Garras de Ambición” (The Tall Men, 1955) filmada en su mayor parte en Durango, México, en la cual también actuaban Jane Russell, Robert Ryan y Cameron Mitchell. Walsh maneja de forma estupenda el cinemascope, captando en toda su dimensión épica los espacios abiertos, desde la primera toma en que vemos en la lejanía emerger de la nieve a dos jinetes (Clark Gable y Cameron Mitchell), para más adelante emocionarnos en las tomas con grúa del arreo del ganado por la planicie y otras que sería largo enumerar, pero independientemente de su trama, la riqueza visual de “Garras de Ambición” la hace uno de los grandes westerns de Raoul Walsh. Los otros dos con Gable fueron: “Un Rey y Cuatro Reinas” (The King and Four Queens, 1956) con Eleanor Parker, Jo Van Flete (que prácticamente se roba la película con su actuación) y Barbara Nichols y, “Mi Pecado fue Nacer” (Band of Angels 1957) con Ivonne de Carlo y Sidney Poiter.

El propio director Raoul Walsh en su autobiografía “La Vida de un Hombre” (Each Man in His Time) nos cuenta una anécdota sobre la realización de “Garras de Ambición” en Durango. “Tropezamos con un problema antes de empezar el rodaje. La película requería una considerable manada de ganado “big horn” y, dado que no había demasiadas reses en Stateside, la filmación de exteriores tendría que ser en México. Dos semanas antes del comienzo del rodaje, partí para Durango, lugar en el que había cabalgado con Villa cuarenta años antes. Cuando Pancho dispersó a los federales y dispersó a los prisioneros, Durango era un pequeño pueblo. Ahora era una ciudad, con las calles pavimentadas llenas de edificios altos y parques repletos de flores y árboles. En la campiña circundante se decía que había más ganado con cuernos que en ninguna parte al norte de la frontera”.

“La ayuda me llegó en la persona de Carlos, el cuñado del gobernador. Además de ser conocido de los que criaban ganado en el estado, era un ardiente entusiasta del cine y hablaba inglés. Por una vez, mis demonios familiares aparcaron sus horcas y tuve toda la ayuda necesaria para gobernar a la gran manada y contratar a charros que la condujeran. Para el ganado hicimos contratos con varios propietarios de ranchos”.

“Una mañana cuando ya llevábamos una semana de rodaje, me dirigí a trabajar más pronto de lo habitual. Un individuo con patillas y una pistola en el cinto se me acercó y se presentó como el jefe local de los ganaderos. Me olí problemas y le pedí a uno de los amigos de Carlos, que hacía de ayudante mío, que me tradujera.

“-Es Rodrigo Díaz –murmuró el ayudante-. Es un hombre terrible cuando se enfada”.

“Díaz se mostró beligerante de una manera blanda: Usted no paga lo suficiente por el ganado –dijo gruñendo-. Queremos más dinero”.

“Hizo el gesto habitual de mover billetes verdes entre el pulgar y el índice.

“Cuando mi intérprete lo tradujo al inglés , le pedí que fuera en busca de Carlos. Compareció cabalgando en una nube de polvo y preguntó qué problemas teníamos”.

“-Tiembla –le dije-. Quieren subirnos el precio del ganado”.

-Tenemos un contrato –respondió Carlos-. Deje que le diga algo a este ‘chingado’ –y nos dirigimos hacia Díaz, con quién habló en español. Cuando el líder de los ganaderos sacudió los hombros y la cabeza, mi protector auto contratado saltó a su coche y levantó aún más polvo entre nosotros y la ciudad. Cuando regresó, conducía un camión con diez soldados.”

“Esto fue el final del soborno. Los soldados metieron a Díaz dentro del camión y le arrebataron su pistola.

-Ya puede poner en marcha sus cámaras, Mr. Walsh –concluyó Carlos con una mueca-. Pero le aconsejaría que se largara de la ciudad el mismo día que acabe la película”.

Quim Casas en su libro “El Western, el Género Americano” nos ofrece un amplio acercamiento a la obra de Raoul Walsh, y nos dice con relación a los tres realizados con Clark Gable de protagonista lo siguiente: “Si en ‘La Ley del Más Fuerte’ (The Lawless Bred, 1953), que podríamos considerar su último western de raigambre clásica, Walsh opera sobre el mito (el pistolero John Wesley Hardin, al que Bob Dylan dedicó un disco, presentado como producto de un destino fatalista que le convierte en un fuera de la ley pese a matar siempre en defensa propia) y construye su drama en torno a las férreas estructuras familiares, como en ‘Su Única Salida’ (Pursued, 1947) o ‘Los Viajero’s (Along the Great Divide, 1951) (Hardin inicia su errática carrera delictiva después de múltiples conflictos con su padre), en las tres películas con Clark Gable, adscritas de manera muy distinta al género, desarrolla un discurso personal en el que las formas tradicionales del western se van remodelando progresivamente. Hay aún rasgos de ese primitivismo, en concepto y plasmación, que recorre toda la obra walshiana. En ‘Garras de Ambición’, el mejor de estos tres filmes, los dos hermanos interpretados por Gable y Cameron Mitchell, ex voluntarios de Quantrill, cabalgan por las montañas heladas y ven a un hombre ahorcado en un árbol. ‘Al fin llegamos a la civilización’ comenta Gable, sintetizando en gesto y palabra el estadio natural e individualista que personifica el western de Walsh, desde el guía de ‘La Gran Jornada’ (The Big Trail, 1930) hasta los dos aventureros de ‘Garras de Ambición’. En ‘Un Rey y Cuatro Reinas’, Gable entra en el saloon tras un largo viaje digno del filme anterior, ve como el barman se está afeitando, le pide permiso para utilizar sus utensilios, se rasura tras la barra y, como loción, se pone un poco de whisky en la cara. Son personajes del tiempo clásico que irrumpen en una nueva concepción del western walshiano. ‘Garras de Ambición’ de desarrollo itinerante similar al de ‘La Gran Jornada’ (repite la secuencia de unos carromatos deslizados por un desfiladero mediante cuerdas, aunque ahora filmados en plano corto y formato Scope), resulta más admirable por partir del estereotipo y cubrir el relato de tintes realmente sombríos. Cuando Robert Ryan, que se ha disputado durante todo el filme el dinero de la venta de unas reses y la posesión de una mujer, Jane Russell, con el sudita Gable, comenta sobre su enemigo ‘es el único hombre que he respetado en mi vida, es lo que todo niño sueña que va a ser cuando crezca y lo que todo viejo siente no haber sido’, un extraño sentimiento de desequilibrio se produce. Gable, que representa al héroe de envergadura, al aventurero curtido en mil batallas, parece ganar la partida, consiguiendo su parte del dinero y quedándose en el último plano con la cantarina Jane Russell. Pero el comentario, laudatorio, del que ha sido su enemigo en los negocios y en el amor, encierra uan triste realidad: el personaje de Gable representa el pasado, lo que ya no tiene continuidad, la imagen ya cansada (en este sentido, la elección del actor fue fundamental) del western tradicional. Walsh le sitúa vencedor, pero sabe que los negociantes astutos e hipócritas como el que encarna Ryan están tomando el relevo.”

“Si en ‘Garras de Ambición’, escrita por el fordiano Frank S. Nugent y, curiosamente, Sydney Boehm (un periodista reciclado en guioniusta de thrillers urbanos como ‘Destino de Fuego’ Undercover Man, 1949 de Joseph H. Lewis y ‘Los Sobornados’, The Big Heat, 1955, de Fritz Lang), la geografía resulta cambiante y varipinta y se pasa de una escaramuza con los indios en la nieve a una fulgurante refriega con unos bandidos dispuestos a hacer pagar peaje a los protagonistas para cruzar un territorio libre, en ‘Un Rey y Cuatro Reinas’ y ‘Mi Pecado Fue Nacer’, el tercer filme con Gable, los espacios abiertos se empequeñecen y un inesperado tono claustrofóbico se apodera de la mecánica del relato. Las dos películas, además, se sirven de otros géneros para ratificar la apertura walshiana hacia nuevos temas y ámbitos. ‘Un Rey Cuatro Reinas’ parece fluctuar en el inicio con la comedia, al presentar una situación de parodia, desarrollo y final ciertamente atípicos: Gable, que se define con sorna como un vendedor de ideas, llega al rancho donde la madre de cuatro forajidos y sus respectivas esposas se han atrincherado esperando el regreso del único miembro de la banda que sobrevivió al atraco a un banco. La situación es por momentos irreal, desconcertante, con permutación constante de sentimientos y afectos engañosos que Walsh maneja con especial disciplina para que los personajes no se le escurran entre los dedos. ‘Mi Pecado Fue Nacer’, por el contrario, se empapa desde su primera secuencia de los atributos del melodrama sureño (sin relación alguna con ‘Lo Que El Viento Se Llevó’, filme con el que fue comparado en el momento de su estreno) , utiliza la esclavitud y la guerra civil como decorado vivencial, y se implica hasta el fondo en los amores de una mestiza, Ivonne de Carlo, y un negrero, Gable. Walsh toma elementos muy puntuales del género, más marcados por el escenario histórico que por el propio relato (en similar situación está otro filme del autor, ‘Sangre y Plata’ Silver River, 1948, una tragedia humanista ambientada en los días posteriores a la batalla de Gettysburg), y demuestra su filiación emotiva y física a ciertos ideales sureño, que ocupan una parcela importante en su dedicación al western”.

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