La película más trascendental, profunda, contenciosa, de las siete que integraron el 16 Tour de cine francés, es “Tres mundos” (2011, de Catherine Corsini), cuestionando puntos éticos y morales de la gente, o conflictos de la inmigración de países pobres a lugares como Francia, o algunos negocios sucios de mafias.
Los tres mundos referidos en el título son los de los tres personajes que se entrelazarán por un accidente automovilístico: Al (Raphaël Personazz), el hombre que maneja el coche, el tipo al que atropella y Juliette (Clotilde Hesme), la mujer que fortuitamente se asoma a su ventana y ve el incidente.
A cada uno le afectará enormidades el episodio, le derruirá su cotidianeidad y su porvenir. En el caso del atropellado, venido de Moldavia, la tragedia se precipitará hacia su esposa, Vera (Arta Dobroshi), por quien conoceremos lo que deben hacer muchos inmigrantes para sobrevivir, su temor constante a perder el trabajo por cualquier falla o retraso; el acostumbrado cambio de identidad para obtener empleos y escapar de las autoridades; las escasas retribuciones, la falta de seguridad social, la indiferencia y menosprecio para con ellos, la invisibilidad en que han de transitar.
“Tres mundos” se radicaliza con el miedo de Al, configurado a su culpabilidad, su vuelta al lugar del crimen y al hospital para saber del atropellado. Ahí la directora Catherine Corsini le pone frente a la negligencia que le puede costar todo por lo que ha luchado, además será reconocido por Juliette, quien a su vez subirá en esa espiral de dilema si acusarlo, avisar a la policía, informarle a la familia del hombre que está en vías de fallecer. Y por qué se ha metido en ese berenjenal, el cual podría haber eliminado de su horizonte.
El guión confronta tres razones y formas de vivir, un momento capital fuera de sus expectativas, que acumula dureza por la procedencia del atropellado y saca a la luz el antecedente de Al, en liza de melodrama: el hijo de la afanadora que ha ascendido peldaños, se ha ganado el sillón de jefe y está por casarse con la hija; más las inconveniencias para invitar a su mamá y a su familia a la boda por la diferencia de clases.
Ese melodrama es minúsculo comparado con el sufrimiento de Vera y su discurso lleno de dolor en una secuencia desgarradora, en que los médicos le piden done los órganos de su esposo, y ella exige un pago, compensatorio, la igualdad en la muerte que los inmigrantes indocumentados no tienen en vida: lo que cuesta en su país un riñón, un corazón o un ojo en su país de donde salieron esperanzados para trabajar y tener un futuro mejor.
Un acicate teológico a la disyuntiva de Al y Juliette se inscribe en una clase de filosofía a la cual ella asiste, y que su novio es estudioso de esa materia; en amarre al salto natural a la interiorización e intimidad entre Juliette y Al, para sanar heridas, conciliar fantasmas.
La hondura de “Tres mundos” le pega a Marion (Adèle Haenel), la prometida de Al, quien también ve derrumbarse su mundo, se abate al quedarse sola, lo exhorta a retornar con ella por encima del dinero y los bienes.
El argumento conlleva a que los personajes miren y midan sus logros, sus deseos trozados; a cómo un descuido mínimo puede echar a perder una serie de vidas; a la necesidad de purgar un pecado o de hacer lo debido; a entender su posición en el mundo; y a la insensibilidad de muchos que optan por cerrar los ojos ante una imprudencia extendida a lo criminal y escabullirse y desentenderse, en tanto para unos será el jalón definitorio de sus existencias.
Catherine Corsini implica conducente a Vera, su llanto, su fortaleza, su enajenación transitoria que le hace ir a comprar un traje de altísimo costo para su esposo y acumulado un vestido para ella de esa marca excesivamente cara; y camino a la policía confrontar a Al en la inutilidad que se pase diez o doce años en la cárcel, echarle encima mas culpa.
Las caracterizaciones de los tres personajes, Al, Juliette y Vera, son imperiosas; más avasalladoras las de las dos mujeres, impregnadas de las desgracias, y la realizadora francesa Corsini tiene la fuerza de disparar la imagen de Al, un año después, para bucear en su mutación, en lo físico y su soledad.
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¿Es una copia del argumento central de Amores Perros?
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