007, sobre el aniversario de Bond

Escrito por on oct 17th, 2012 y archivado en Actores y Actrices, Destacado, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

007, sobre el aniversario de Bond

Sean Connery e Ian Fleming

La primera aventura de James Bond llevada a la pantalla (chica) fue Casino Royale, en 1954, por William H. Brown Jr. Con Barry Nelson como el agente británico y llevando por el villano le Chiffre a Peter Lorre, ni más ni menos, en su etapa más difícil y popular (la de comparsa de horror comedia con Vincent Price para la Hammer), en los años cincuenta, ya con Saltzman y Broccoli como productores, el escritor Ian Fleming seleccionó personalmente a Sean Connery, un escocés de poca monta, como el ideal para encarnar a 007.

A estas alturas Connery apenas descollaba como actor de reparto, su papel más destacado lo interpretó como villano de Tarzán con Gordon Scott en La gran aventura de Tarzán (1959), de John Guillermin, pero Saltzman y Broccoli comenzaron la maquinaria de propaganda que haría de 007 el más formidable ejemplo de seducción masculina jamás llegado a las pantallas, ni siquiera con Clark/Reth Butler/Gable, y a través de la revista Life comenzaron la promoción de Connery como la encarnación total del cínico y eficaz asesino del M16 con licencia para matar.

Era 1962, México estaba bajo la fascinación de la modernidad gracias al “milagro mexicano” promovido por Adolfo López Mateos (¿Paseos?) y bajo la hegemonía del régimen “juvenil” de los Kennedy (católicos como los mexicanos, jóvenes, bellos y mafiosos) y el influjo del rock and roll en ascenso mientras Elvis no saliera al servicio militar; parte de los atractivos de esa época era encontrar novedades en moda, costumbres y tecnología que no proviniesen de Estados Unidos, así los trajes de Seville Road que vestía Connery, los  pequeños y poderosos autos europeos (Sunbeam Alpine 5 en Dr. No, Aston Martin DB5 en Goldfinger) y el sorprendente diseño que precedía al 007 (aquella pistola parabella formada por el número 7) resultaban fascinantes, para acabarla de forjar en El regreso del agente 007 (o si quieren en Desde Rusia con amor) apareció un epítome de mexicano tanto o más elegante que Connery, Pedro Armendáriz, que en el papel de Kerim Bey casi opaca por completo al agente británico (tal y como en la novela).

Todavía no se convertía esa fascinación inexplicable en la adoración por este machista pos victoriano ni Connery era más que otro personaje de aventuras, eso llegaría con 007 Vs. Goldfinger (1964), con la voz de Shirley Jones cantando con el jazzista John Barry y la aparición del Aston Martin DB5 y el Mustang convertible, así como el Oddjob (Harold Sakata) el terrible, y con el cuerpo dorado de Shirley Eaton.

Hay que señalar también que para el Bond inicial se había propuesto al corporizador original de El santo, George Sanders (El nuevo caso del Santo, Espña, 1940), pero declinó hasta de Simón Templar, aunque poco después lo encarnaría Roger Moore (desde 1962), quien años después estará al relevo de Connery. Fatalmente Nicolás Alvarado y Federico Patán, en su charla desordenada en canal 4 del DF afirman que “Fleming lo hubiera elegido como Bond ideal”, sin considerar lo que el escritor dijo de Connery en Life y sin tener en cuenta la descripción cuidadosa del personaje en novelas como Casino Royale y Solo se vive dos veces, en las que es puntual con la “sonrisa cruel y la (tenebrosa) cicatriz en la mejilla, recuerdo del Smersh de la KGB”, muy lejos de la fisonomía de Moore y destacada a fuerza de actuación y maquillaje en Connery.

La mención de los Kennedy juega porque la mejor propaganda para el personaje se basa en el hecho de que el presidente John tenía las novelas de Fleming como favoritas, y que en aquellos años sesenta solamente se podían conseguir en México en una importadora de tabacos situada en los bajos de la Torre Latinoamericana, y era casi imposible conseguir Goldfinger en aquella traducción colombiana, y todo porque hablaba mal de los mexicanos (comienza con el asesinato de uno).

La inclusión de Gert Frobe, Adolfo Celli, Tetsuo Tanaka a un lado del encanto de Úrsula Andress, Honor Blackman, Daniella Bianchi, Luciana Paluzzi, y todas las bondgirls (ojo con el neologismo) fue haciendo de Connery la encarnación irreducible de James Bond, por eso el descalabro de aparecer George Lazenby (Al servicio secreto de su majestad, Peter R. Hunt, 1969), un modelo de ropa, como 007, y sin embargo llegó al recate la vengadora Señora Peel, Diana Rigg, como la hija del corzo mafioso Draco (Gabriel Ferzetti), pero solo fue un intermedio temperamental de Connery que llegaría a definitivo con su asesinato en Hong Kong para Solo se vive dos veces, y con música de Barry cantada ni más ni menos que por Nancy Sinatra.

Para la pareja Alvarado-Patán ahí comienza Bond, porque según ellos debe ser una caricatura consagratoria de lo británico, y ni Fleming, ni Saltzman, ni Broccoli o acaso Terence Young pretendieron esta elaborada crítica a su sistema, antes bien era la consagración de una nostalgia imperial que solo moriría con Margaret Thatcher (y sin embargo tendría su paladín en Pierce Brosnan y Judi Dench), pero desde luego la perspectiva neoliberal y globalista de Alvarado y Patán no va más allá de una aproximación de gusto, y de gusto corrompido definitivamente a partir de esa clase media-media ligada a la clase poderosa y especialmente al juracismo priísta, alimentados bien, física e intelectualmente, fuera de su contexto nacional y reimplantados por la alternancia panista como centro de la vida cultural, con un gusto que se define por lo subjetivo y la antimodernindad de no conceder racionalidad a los actos humanos, pero James Bond es, con todo y lo imaginario, demasiado humano para esto.

El misterio de las novelas que jamás tocaron Young, Guillermin o Guy Hamilton consideraron fue El dolor de Vesper (así como jamás apareció el auto mestizo de Bentley y continental que maneja Bond en Londres) en el recuerdo del tatuaje al dorso de su mano donde lo marcan con la Sh rusa de espía por el SMERSH al servicio de la KGB, tras estos odios está la justificación del cálculo de James y la impiedad para ejecutar sus tareas, apenas ahora Martin Campbell y Neal Purvis comienzan a rescatarlos con Daniel Craig (aunque es cierto, Bond nunca llora, ni ante el tormento de Le Chiffre, pero tampoco baila).

Viene todo esto a cuento porque canal 4 del DF repite cada que puede el programa Final de Partida con Nicolás Alvarado y Federico Patán, donde celebran el sesquicentenario de James Bond, y con ello solo hace homenaje a una caterva intelectual que esperamos esté de salida con el régimen felipista y esos nuevos juniors de la cultura sean menos el modelo del junior tipo Azcárraga.

Como sea en el sesquicentenario de Bond para la pantalla (grande, of curse) la televisión mexicana vagamente ni recordó (quizá por no pagar derechos de autor a alguien) y el encargo a la pareja Patán-Alvarado refleja un desprecio hacia la cultura ´popular que no se disfraza de charro ni oye música de mariachi (“Tomar champagne a más de seis grados es tan terrible como oír a los Beatles –y al mariachi- sin orejeras…” James Bond en Goldfinger), o bien una carencia de aptitud para un mercado al que no accede la empresa sin costoso pago de impuestos como en casi todo lo que hace.

Volviendo un poco a Bond, más allá de los cambios de titular, que desde luego han sido complicados, y de que Fleming ha desaparecido a partir del ascenso de Roger Moore (las novelas estaban agotadas cuando decidieron hacer El hombre del revólver de oro-1974-. Con el último de los directores que hicieron al personaje para cine, Guy Hamilton), el humano detrás del personaje se supone el más actual de los héroes de ciencia-ficción antes de la aparición de Bruce Willis y Will Smith: un ser transformado por la tecnología que permanece con sus instintos básicos a pesar de los cambios y esto lo hace sobrevivir y superar todo.

El machismo poco sutil que hace seductor al personaje parece basado en el desprecio por la humanidad y el sistema que condenó a su amada Vesper (confrontar la novela Casino Royale y la versión fílmica con Craig) y no cura su dolor ni ofrece nada a cambio salvo sustituir la salud de la libido con el placer de la violencia y la sangre.

A punto del estreno de Skyfall con Craig vale entender cómo la fascinación mundial de Bond se debe a su familiaridad con nuestro Señor Hyde, con el brutal joven que oculta nuestra racionalidad moderna y que, en el fondo, es lo que exalta la ciencia-ficción de efectos especiales, a la que  Bond condenó a no estar en la entelequia del futuro sino en el mundo cotidiano, aunque no todos tengan a su alcance más allá de los “gadgets” electrónicos desde la Internet hasta los teléfonos celulares, a menos que algún Q (Desmond Llewellyn/John Cleese)  nos los proporcione.

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2 comentarios en “007, sobre el aniversario de Bond”

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