La Revolución mexicana y la industria cinematográfica estadounidense. Quinto y último acercamiento.

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La Revolución mexicana y la industria cinematográfica estadounidense. Quinto y último acercamiento.

Los consorcios extranjeros y el mercado mexicano

La presencia de The Edison Manufacturing Company en México data de mediados de enero de 1895, cuando John R Roslyn —agente de Maguire y Baucus en el país— instaló cinco kinetoscopios en un local de la tercera calle de la Profesa número 6[1] y la tarde del domingo 20 de ese mes invitó al presidente Porfirio Díaz a una sesión en la que dio a conocer “el maravilloso invento de Edison”.[2]

En el “decente saloncito” de la calle de la Profesa número 6 se explotaban en octubre de 1896 el fluoroscopio, el kinetófono —un kinetoscopio adicionado de fonógrafo— y el kinetoscopio de proyección o vitascopio.[3] Este negocio —llamado “Agencia de Edison”— parece haber tenido cierta permanencia, y según la prensa, era un sitio muy concurrido.[4] Se conserva buen número de los programas de la agencia que se publicaron entre febrero y diciembre de 1897 en la sección “Diversiones” del Diario del Hogar, que refieren los breves filmes que se mostraban tanto en el kinetoscopio de proyección como en el kinetófono.[5]

El primer día de enero de 1899 comenzó a aparecer en El Universal un anuncio de la “Agencia Mexicana Edison” que se volvería habitual. El local de esta agencia se ubicaba en el número 2 de la calle de la Profesa y en él se podía adquirir el nuevo catálogo de The Edison Manufacturing Company que contenía un repertorio de más de mil piezas en cilindros para fonógrafos y grafófonos, y ofrecía en venta gramófonos, fonógrafos y cinematógrafos.[6]

Como se advierte en este anuncio, la Agencia Mexicana Edison ofrecía en la Ciudad de México kinetoscopios, proyectores Lumière y Edison, baterías eléctricas, fonógrafos y otros aparatos, pero no vendía películas

La competencia a este negocio surgió en septiembre, cuando los señores Espinosa y Alcalde —hijo, este último, de la señora Brígida González viuda de Alcalde, empresaria de varios jacalones de cinematógrafo— instalaron en la primera calle de San Francisco número 1 otra agencia de venta de fonógrafos, grafófonos, cinematógrafos y cilindros grabados, los cuales eran —según rezaba la publicidad— la especialidad de la casa. Agencia contigua, por cierto, a un salón de cinematógrafo que inauguraron los mencionados señores el jueves 4 de mayo,[7] que también daba exhibiciones a domicilio.[8]

El suministro permanente de películas representó un problema de consideración en los inicios del cine en México. Hasta 1905, los exhibidores más importantes compraban vistas por catálogo a las casas francesas Lumière, Pathé, Gaumont y Méliès, o bien a las estadounidenses Lubin y Edison; mientras que los menos importantes las adquirían usadas de manos de los primeros. Enrique Rosas y Salvador Toscano parecen haber utilizado laboratorios de copiado que les permitían abastecer sus salas con varias copias.

De guiarse por los anuncios que hacía publicar en diarios y revistas, la Agencia de Edison suspendió en 1898 la venta de películas en México; aunque Siegmund Lubin, de Filadelfia, vendía en nuestro país a precios módicos copias de los filmes norteamericanos y europeos manufacturados en Estados Unidos. Era un tiempo de mercados anárquicos en que los derechos de autor no preveían la propiedad de las películas y cualquiera podía copiar y vender las cintas de otros fabricantes.[9]

Fue entre 1899 y 1900 que la señora Brígida González viuda de Alcalde comenzó a importar películas, a venderlas y revender las de segunda mano. Ella y su hijo, Jorge A. Alcalde, tenían tratos con Pathé Frères, de París; Léon Gaumont y Compagnie, de París; Geo Méliés, de París; Urban Trading Company, de Londres; Warwick Trading Company, de Londres; Edison Manufacturing Company, de Nueva York; American Mutoscope and Biograph Company, de Nueva York; American Vitagraph Company, de Nueva York; Siegmund Lubin, de Filadelfia; y Poliscope Company, de Chicago.[10] Otro personaje conocido en materia de distribución fue Enrique Echániz Brust, exhibidor y cineasta.

Así y todo, no había en México un sistema adecuado de abastecimiento de películas y materiales para filmar. Aunque con cierta regularidad se alimentaban las funciones con cintas importadas de Francia y Estados Unidos, el repertorio de los exhibidores era en 1901 muy reducido. Téngase presente que la producción nacional era sumamente exigua, en parte, por la misma escasez de materiales para filmar, revelar y copiar.

En 1902 Pathé Frères formalizó su red comercial en el mundo y abrió agencias en Londres, Nueva York, Berlín, Moscú, Bruselas, San Petersburgo, Amsterdam, Barcelona, Milán, Rostov, Calcuta, Varsovia, Singapur, etcétera.[11] En México su agente fue el señor Emilio Cabassut, quien falleció en 1905.[12] Las películas de origen francés eran las preferidas por los públicos mexicanos, a tal punto que en ocasiones se hacían pasar por francesas las cintas estadounidenses, lo que casaba con el consabido afrancesamiento de los gustos porfiristas.

Los señores P. Aveline y A. Delalande abrieron en el mes de febrero de 1906 —en el número 10 de la calle de Zuleta en la Ciudad de México— un negocio para la venta exclusiva de todos los aparatos que fabricaba Pathé Frères de Paris en sus estabecimientos de Chatau, Vincennes y Joinville-le-Pont, Francia.[13] Los galos se presentaron al público como los únicos concesionarios en la república mexicana de la llamada “Compañía General de Fonógrafos, Cinematógrafos y Aparatos de Precisión”, y distribuidores exclusivos de las películas de la casa Pathé. Su local contaba con un saloncito de proyecciones para exhibir las vistas a sus clientes.

El señor Chissium —portavoz de los señores P. Aveline y A. Delalande— sostuvo con el señor Jorge A. Alcalde —cuya empresa comercial estaba ubicada en el número 10 de la calle de San José del Real de la Ciudad de México— una disputa por la exclusividad de la distribución de las películas de la casa Pathé, que se extendió de principios de junio a finales de noviembre de 1906.[14] Este agitado episodio de la distribución de vistas cinematográficas en el país transitó de lo dramático a lo patético y la casa francesa decidió surtir exclusivamente a los señores P. Aveline y A. Delalande. Cabe señalar, que la querella entre estos últimos y el señor Jorge A. Alcalde contribuyó a consolidar la distribución de películas en México, gracias a la guerra de precios y la inserción constante de anuncios de las empresas distribuidoras que desde entonces aparecieron en diarios y revistas; publicidad que reveló los métodos de venta de esas compañías y divulgó información precisa de los títulos de las vistas, de su extensión —ya que entonces se vendían por metro— y si estaban iluminadas o no.

 

En el edificio Quirk, situado en la esquina de las calles de San Francisco y Gante, se ubicaba el almacén de los señores P. Aveline y A. Delalande, concesionarios exclusivos de la casa Pathé Frères de Paris, fabricante de películas cinematográficas, aparatos de proyección, fonógrafos, discos y todos los implementos necesarios para montar desde un elegante salón de espectáculos hasta un sencillo y modesto aparato para familias. Ciudad de México, 1908

El éxito de su negocio llevó a los señores P. Aveline y A. Delalande a mudar su almacén a un local más amplio —ubicado en la calle de Gante número 1 en la Ciudad de México—[15] y a asociarse con los señores Enrique Rosas y José Alva para formar la Compañía Explotadora Cinematográfica.[16]

 

Almacén para ventas al menudeo de fonógrafos de marca Pathé en el céntrico edificio Quirk. Al fondo, a la izquierda y a la derecha, aparecen los señores P. Aveline y A. Delalande, respectivamente, únicos concesionarios en la república mexicana de la casa Pathé Frères de Paris, Francia. Ciudad de México, 1908

 

Aspecto del departamento de venta de fonógrafos al menudeo del almacén de los señores P. Aveline y A. Delalande en la Ciudad de México, 1908

 

 

Sección de venta de cinematógrafos en las oficinas de la casa Pathé en la Ciudad de México. Se exhibe para su venta el cinematógrafo Pathé reforzado modelo1908.

 

Oficina, privado, sala y salón de proyecciones de la casa Pathé Frères de Paris en la Ciudad de México, 1908.

Además de su casa matriz, sita en la capital de la república, la Compañía Explotadora Cinematográfica tenía en 1911 sucursales en la ciudad de San Luis Potosí y en Guaymas, Sonora. La empresa no sólo vendía aparatos y películas, sino que también las alquilaba a los exhibidores que lo solicitaran.[17]

En 1906 se instalaron en la capital del país unas oficinas y un almacén para la venta al por mayor de The Mexican National Phonograph Co., —ubicados en la Prolongación de la calle del 5 de Mayo número 77—, que ofrecían aparatos y películas de Edison; entre ellas, 13 vistas del terremoto de San Francisco, California.[18] Este negocio se trasladó posteriormente a la calle de Santa Clara número 117 y, en mayo de 1907, abrió una sucursal —ubicada en el número 4 de la calle de San Francisco— para ventas al menudeo.[19] En ella había fonógrafos y fonogramas de Edison, kinetoscopios de proyección y películas originales del “Mago de Menlo Park”, baterías primarias y ventiladores eléctricos Edison, foliadores automáticos de las marcas Bates y Edison, y otros muchos aparatos análogos.[20]

The American Amusement Company —asociada con Lillo, García y Compañía— era una empresa de origen estadounidense que estaba dirigida por el señor Clobi, que pasó del campo de la distribución al de la exhibición y luego al de la producción de películas. Se tuvo conocimiento de ella en 1906, cuando anunció en la prensa el alquiler de vistas “á precio muy módico”. En julio de 1907 arrendó el salón Monte Carlo en la Ciudad de México y posteriormente el Salón Majestic. La primera vista que produjo fue Costumbres nacionales (1906). Le siguieron Fiesta escolar en el Bosque de Chapultepec, Fiestas del 4 de julio, Aventuras de Tip-Top en Chapultepec y El grito de independencia o el grito de Dolores o sea la independencia de México, todas de 1907. La firma desapareció repentinamente a principios de 1908, cuando parecía que produciría y pondría en exhibición más películas, y cuando regenteaba más salas. Todo indica que se trató de un problema financiero originado en Estados Unidos, que repercutió dramáticamente en la empresa.

Ya por su parte, Lillo y Cía., S. en C., —con domicilio en la calle de Santa Clara número 20 de la Ciudad de México— anunciaba en marzo de 1908 la venta de aparatos Pathé, Edison y Projectograph, así como de películas de Pathé, Cinès, Corazón, Méliès y Grifo. También ponía a la venta vistas de medio uso y alquilaba “toda clase de aparatos, películas y refacciones para cinematógrafo”.[21]

En 1908 se intentó formar un monopolio para controlar la distribución de películas en todo el país, tal como lo hizo Edison en Estados Unidos. Se trataba de acabar con la competencia entre las muchas pequeñas compañías que surgían día con día y, sobre todo, de enfrentar a Jorge A. Alcalde, a la Compañía Explotadora Cinematográfica y a The Mexican National Phonograph Co. La llamada “Unión Cinematográfica, S.C.L. de C.V.”, se formó a comienzos del año y se consolidó el 2 de septiembre. Según la prensa, su mesa directiva quedó integrada por los señores Miguel Calápiz, presidente, Henrí Moulinié, gerente tesorero, Pedro García, gerente secretario, y T. Filler, comisario.[22] Su domicilio estaba en un vetusto edificio de la esquina de las calles de San Francisco y Bolívar en la Ciudad de México.

El diario El Imparcial informó del modo de operar de la Unión Cinematográfica:

Se forma el monopolio de los cinematógrafos.- Más de 400,000 metros de películas.- La nueva empresa cuenta actualmente con doscientos tres socios en la República.

 Hace pocas semanas dimos cuenta del nacimiento y muerte de una nueva empresa comercial que tuvo por objeto formar el monopolio de molinos para nixtamal.- El negocio, tal como fué planteado, agradó á todos los dueños de molinos y no tuvieron inconveniente en formar parte de la flamante compañía; pero dificultades no previstas hicieron que el negocio abortara cuando apenas tenía un mes de vida. Recordamos esos hechos para decir que se acaba de fundar en México una compañía que tiene por objeto monopolizar los cinematógrafos de la capital y de los Estados, á semejanza de lo que se propuso hacer la molinera. Sólo que en este caso las bases son más serias y muchísimo más liberales para los asociados, quienes, por lo visto, no están en el riesgo en el que estuvieron los pequeños propietarios de molinos para nixtamal, que á la postre resultaron perdiendo el dinero.

La compañía cinematográfica, que busca la unión de todos los empresarios de esos espectáculos, se limita únicamente á proporcionar películas y á cambiar diariamente los programas de los cinematógrafos.

Hace algún tiempo —varios meses— se fundó la empresa á que nos referimos; pero su gran fomento y desarrollo y sus nuevas bases, pues ha sido reorganizada, datan del día 2 del mes actual.

Doscientos tres socios.

El funcionamiento de la compañía es así: el gerente ó representante se apersona con los propietarios de cinematógrafos y los invita á formar parte de la sociedad, manifestándoles que sus obligaciones son las de tomar determinado número de acciones, y sus derechos los de disponer de las películas de la compañía, cambiándolas diariamente para poder presentar todos los días un programa diverso á sus respectivos públicos.

Sobre estas bases han aceptado actualmente el negocio doscientos tres empresarios de cinematógrafos, de México y de muchos Estados de la República.

El cinematógrafo que acepte las proposiciones, forma desde luego parte de la Unión; pero sus propietarios pueden seguir manejándolo y disponiendo á su voluntad de las entradas, sin dar cuenta á la Unión; pero en cambio, tienen el compromiso formal de no adquirir ni por alquiler ni por compra, películas que provengan de almacenes distintos á los de la Unión.

Esta compañía tiene un capital de trescientos cincuenta mil pesos y más de cuatrocientos mil metros de películas diferentes.

La Directiva.

En la asamblea general habida hace pocos días, se efectuó la remoción de algunos miembros del Consejo, y la elección de otros nuevos, habiendo resultado presidente el señor Miguel A. Calápiz, gerente tesorero, señor Henrí Moulinié, secretario, señor Pedro García y comisario T. Filler.[23]

 Por su parte, el semanario El Mundo Ilustrado proporcionó algunos datos adicionales de la empresa:

La “Unión Cinematográfica” aumenta diariamente el número de sus subscriptores en toda la República; recibe por cada correo las últimas novedades de Europa, y proporciona á diario veinticinco vistas diferentes á cada subscriptor para que estos puedan cambiar, también á diario el programa de sus funciones.

Ninguna empresa cinematográfica mexicana puede competir  con la “Unión” cuyo capital es de trescientos cincuenta mil pesos invertidos totalmente en aparatos, películas y toda clase de implementos cinematográficos.

El negocio se amplía sin cesar no sólo por el aumento de subscriptores, sino por las mejoras y novedades que constantemente se introducen para dejar satisfechos á los clientes.

La empresa á que nos referimos ocupa lugar muy importante entre los grandes negocios de México.[24]

 La empresa no corrió con suerte, “debido a la mala calidad del material”, “a pesar de sus 400,000 metros de películas diferentes”. En consecuencia, los “subscritos” se vieron en la necesidad de romper sus contratos con la Unión, perdieron el dinero que habían invertido en la compra de acciones y volvieron a alquilar películas a otras distribuidoras.[25] En efecto, en 1910 desapareció la Unión Cinematográfica, S.C.L. de C.V., que fue reemplazada por la Unión Cinematográfica, S.A., regenteada por Henri Moulinié.

 

Asamblea de socios de la Unión Cinematográfica, S.A., ubicada en la esquina de las calles de San Francisco y Bolívar de la Ciudad de México, 1908.

 

Operarios de la Unión Cinematográfica, S.A. Ciudad de México, 1908.

En enero de 1914 la agencia Pathé pasó a manos del señor Jacobo Granat —propietario del Salón Rojo desde junio de 1909— quien no escatimó esfuerzos por convertir la adquisición en un gran acontecimiento: “Es de fama universal y constituye un galardón para todos los cines más renombrados de Europa, la artística y selecta producción que lleva la marca Pathéfilms. Teniendo esto en cuenta y deseando corresponder la empresa del Salón Rojo a la predilección que el público le dispensa, ha logrado obtener tanto la exclusiva como la representación de la casa Pathé Frères, de París […]; en consecuencia, el público podrá ver siempre primero en el Salón Rojo los estrenos […]”.[26]

A partir de 1911 México se convirtió en una fuente inagotable de noticias para las productoras de noticieros cinematográficos en Estados Unidos. Pathe’s Weekly, Gaumont Weekly, The Universal Animated Weekly, The Mutual Weekly, The Hearst-Selig News Pictorial, The Hearst-Vitagraph News Pictorial y The Selig Tribune enviaron a sus camarógrafos a la caza de noticias en nuestro país, lo que les permitió satisfacer la curiosidad de sus respectivos públicos.

La afinidad cultural de los espectadores mexicanos con las producciones francesas facilitó la exhibición de películas de esa nacionalidad en la república. En lo que a los noticieros cinematográficos se refiere, el liderazgo indiscutible lo ejerció Pathé Frères, que desde mediados de 1913 exhibió con regularidad su noticiero editado en Francia. Los números de la Revista Pathé solían estrenarse cada semana en el reputado Salón Rojo de la Ciudad de México y luego se mostraban en el Trianón Palace, el Cine Buen Tono, el Gran Teatro-Cine Garibaldi o en el Cine Royal. Posteriormente, eran exhibidos en las salas de cine de los Estados. Aunque dicho noticiero incluía principalmente acontecimientos europeos, gozaba de mucha popularidad entre los espectadores mexicanos. De ahí que el Salón Rojo lo programara regularmente dos veces por semana. Cuando en 1916 el señor Jacobo Granat enfrentó dificultades para adquirir números nuevos, volvió a exhibir los de años anteriores.

El 13 de junio de 1913 un gobierno local publicó el Reglamento de Cinematógrafos del Distrito Federal, cuyas disposiciones fueron imitadas apresuradamente por la mayoría de los gobiernos municipales del país. El artículo de dicho reglamento que nos interesa destacar aquí es el que a la letra dice:

 Los importadores de vistas, antes de hacer el reparto de ellas á los cinematógrafos del Distrito Federal, ó antes de ponerlas en sus programas, si son dueños de cinematógrafos, deberán exhibirlas ante el inspector que nombre el Gobierno del Distrito, quien dará por escrito su autorización en cada caso. Toda vista fija ó de movimiento deberá tener un letrero que indique lo que significa. Todos los letreros que aparezcan en las vistas deberán estar escritos precisamente en español, quedando prohibidos los de cualquier otro idioma, á menos que se exprese la correspondiente traducción al español.[27]

 

 

, y, distribuidas convenientemente en los diversos departamentos, las escupideras necesarias”.”]

Portada del Reglamento de Cinematógrafos del Distrito Federal publicado el 23 de junio de 1913 en el Diario Oficial de la Federación. Éste prohibía “las escenas con delitos sin castigo de los culpables”; ordenaba a las señoras permanecer sin sombrero durante las exhibiciones; mandaba dar “protección síquica y moral á los niños”; instauraba la censura previa para el material importado; estipulaba que los letreros explicativos estuvieran en español; y disponía que hubiera “un teléfono en cada salón [para llamar a los bomberos en caso de incendio

Una vez impuesta la censura previa al material importado, y estando México envuelto en una sangrienta guerra civil, quedó claro a las casas productoras de noticiarios cinematográficos que las imágenes que sus camarógrafos recogieran en sus incursiones en nuestro país ni remotamente serían vistas por los espectadores nacionales y que sus únicos destinatarios serían los públicos extranjeros. En cambio, podían seguir exportando todo género de películas de ficción a México, siempre y cuando éstas no se ocuparan de temas comprometidos, cual era el caso del conflicto armado.

Así, mientras la Revista Pathé —editada en Francia— pasaba la censura y era bien acogida en nuestro país, Pathé’s Weekly —producido en Estados Unidos y que dedicaba mucho espacio a la “guerra mexicana”— jamás fue visto por los espectadores nacionales. Las filmaciones de Pathé’s Weekly —que incitaban constantemente a la intervención armada de Estados Unidos en México— quedaron excluidas de su exhibición en la república mexicana. Tal vez la excepción fue una batalla que filmó, desde el lado federal, Fritz Arno Wagner para Pathé’s Weekly y que los villistas ganaron. Película que fue confiscada y editada por órdenes del general Victoriano Huerta para que mostrara una versión “conveniente” de los acontecimientos. Ese documental, filmado entre el 10 y el 13 de abril de 1914, se estrenó en el Salón Rojo en el mes de mayo con el título El aterrador 10 de abril de San Pedro de las Colonias (1914) y fue precedido por anuncios sensacionalistas.

El diario El País: “Encuentro formidable de las fuerzas federales comandadas por los heroicos generales J. Refugio Velasco, De Moure, Mass, Romero, Ruiz, Casso López, García Hidalgo, Almazán, Álvarez, Monasterio y otros, con las fuerzas revolucionarias.[28]

El periódico El Imparcial: “¡Primera exhibición de la emocionante cinta que reproduce la batalla más sangrienta y encarnizada que se ha librado! […] película real, efectiva, sin artificio, tomada en el campo de batalla con gran peligro de su vida por un experto cinematografista de la casa Pathé Frères de Paris. La demostración más terminante y verídica de la cruenta lucha fratricida que ha hecho correr un mar de sangre por el suelo de la dolorida patria mexicana. […] La heroicidad de los combatientes y lo encarnizado de la lucha, acentuara en el ánimo de todos los mexicanos el deseo de unión para calmar las angustias de la patria destrozada”.[29]

 

Fotografía del general Victoriano Huerta en The Sphere del 25 de junio de 1914.

La censura solía aplicarse también al documental nacional cuando éste trataba asuntos políticos o militares que resultaban espinosos. Por ejemplo, en mayo de 1913 el periódico El Independiente dio cuenta de los violentos disturbios que ocasionó la exhibición de algunas vistas sobre la Decena Trágica en las poblaciones de Orizaba y Jalapa, Estado de Veracruz, por lo que las autoridades locales prohibieron su proyección.[30] En julio de 1914, a raíz de las iracundas protestas que originó la exhibición de un montaje documental sobre la invasión estadounidense del puerto de Veracruz, las autoridades de la ciudad de Puebla prohibieron la exhibición de películas que pudieran provocar escándalos o alterar el orden público.[31]

Las imágenes de la Revolución podían verse en las pantallas de las salas de cine del país siempre y cuando se ajustaran a la “versión oficial” de los sucesos. Tal fue el caso de la Revista Pathé, núm. 273, publicitada por El Imparcial como… “gran película nacional”, lo que no debe extrañar pues aludía a la autoría de los hermanos Alva. El contenido del noticiero agradó en sumo grado a los constitucionalistas, que habían emprendido ya su marcha triunfal hacia la capital de la república. La redacción de El Imparcial se percató claramente de ello e incluyó, complacida, los títulos de las escenas más importantes del noticiero: “Se exhibirá la salida de las tropas del general Francisco Villa al ataque de Nuevo Laredo. El resto de las tropas federales hacen a pie el trayecto de Presidio a Marfa. Hombres y mujeres hacen el viaje como prisioneros de los Estados Unidos [...]. Entrada triunfal del Jefe Supremo del Ejercito Constitucionalista. Gran película nacional que reproduce un enorme acontecimiento histórico. El señor general Don Venustiano Carranza, los principales jefes del Ejército y su Estado Mayor. Escenas de entusiasmo en la metrópoli. El señor general Álvaro Obregón al frente de su aguerrido Ejercito del Noroeste”.[32]

Mientras el Salón Rojo acaparaba toda la producción de Pathé, otros exhibidores mexicanos buscaban suerte y celebraban contratos con algunos de sus competidores. Por caso, Enrique Rosas —al hacerse cargo del Teatro Principal en la Ciudad de México en noviembre de 1912— anunció haber obtenido la exclusividad de la casa Gaumont.[33] Sin embargo, no hemos logrado comprobar que algún número del noticiero Actualidades Gaumont se exhibiera en dicho coliseo. En cambio, sabemos que en 1911 éste se proyectaba en el Salón Rojo,[34] y que el Salón Star y el Cine Palacio lo exhibían en 1913.[35]

Mientras Gaumont Weekly incluyó escenas de la Revolución mexicana en 1913, no ocurrió lo mismo con Actualidades Gaumont y con la Revista Eclair, que sí se exhibían en nuestro país. Al parecer, los espectadores mexicanos preferían ver acontecimientos de la “guerra europea” antes que los que los agobiaban cotidianamente. La revisión de la cartelera cinematográfica de la Ciudad de México en los años que duró la gesta armada permite comprobar que los habitantes de la capital sentían predilección por las películas que los alejaban de los problemas políticos y militares del momento.[36]

 

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Hoja volante que reza: “¡Te necesito, gringo! Pelea en la Revolución mexicana y siéntete orgulloso de cabalgar con Pancho Villa. La estación de reclutamiento más cercana: Juárez, México, 1915”.

Ciertamente, la programación de las salas de cine estaba repleta de melodramas —alemanes, daneses e italianos— y de monumentales películas históricas, particularmente italianas. Los  públicos mexicanos acudían a verlos con entusiasmo, por lo que algunos filmes de moda duraron semanas y hasta meses en cartelera. No sucedía lo mismo con los documentales nacionales de la Revolución mexicana. Éstas solían exhibirse en los cines de las ciudades más importantes del país, tal vez por una semana, para luego desaparecer de manera desapercibida de la cartelera cinematográfica. En cambio, los documentales nacionales de la Revolución se veían con asombro, frecuencia y admiración en los campamentos y en los cuarteles de las fuerzas revolucionarias.

 

Directorio de The Moving Picture World del sábado 22 de enero de 1916 en cuya parte inferior se anuncia: “Cine-Mundial. Edición mensual en español de The Moving Picture World impresa por The Chalmers Publishing Company en el número 17 de la calle Madison de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Llega al mercado suramericano. Suscripción anual: $ 1.50 dólares. Tarifas de publicidad sobre pedido”

A finales de 1915 la junta directiva de The Moving Picture World  decidió editar una versión en castellano de la revista —con una periodicidad mensual— y en enero de 1916 salió a la luz el primer número de Cine-Mundial: revista “[...] dedicada exclusivamente a los intereses de la industria del cine en toda Sudamérica y países hispanohablantes. [...] Las Repúblicas Sudamericanas ofrecen una oportunidad de oro para programas con filmes americanos.”[37]

 

Anuncio en The Moving Picture World de la revista mensual ilustrada Cine-Mundial de enero-marzo de 1916. “La auténtica publicación estadounidense impresa en castellano y dedicada exclusivamente a ver por los intereses de la industria cinematográfica en toda la América del Sur y los países de habla española. Envié su talón inmediatamente. Rebajas en las solicitudes. Las repúblicas sur-americanas ofrecen una oportunidad dorada a la programación de películas estadounidenses”

Lo que más importaba a Cine-Mundial era hacer propaganda a las películas estadounidenses en América Latina y España. Por ello, incluía infinidad de anuncios de distintas casas distribuidoras de cine estadounidense en Argentina, Brasil, Cuba, México y España; aunque también contaba con espacios que se ocupaban de las diversas industrias hispanas de cine y de sus producciones. Así, bajo el rubro de “crónicas” había secciones dedicadas a las actividades cinematográficas de distintos países, por caso, “Crónica de México”, que estaba escrita por el corresponsal Epifanio Soto (hijo). También había corresponsales en Madrid, La Habana, Panamá, Buenos Aires y el área Luso-Brasileira.[38]

Las crónicas de México versaban sobre las películas estadounidenses que se estrenaban en el país, pero también se ocupaban de las producciones nacionales y de los diversos teatros y cines que había en México.

 

Portada de enero de 1920 de la revista mensual ilustrada Cine-Mundial

Entre las diferentes menciones que se hacen a nuestro país en las páginas de Cine-Mundial destacan los anuncios de Germán Camus y Compañía que promocionan La banda del automóvil gris (1919), de las películas humorísticas interpretadas por Leopoldo Beristaín —como Viaje redondo (1919), en cinco partes, con argumento de Carlos Noriega Hope— o de las realizaciones de la Ehlers Company, propiedad de las hermanas Adriana y Dolores del mismo apellido. Por su parte, Martínez y Compañía. La Cinema, promociona dos “ediciones mexicanas”: La dramática (1920), interpretada por Torres Ovando en siete partes, premiada por el diario El Universal, y Partida ganada (1920), con argumento de Guillermo Ross. También se anuncia “nuestra tercera producción del año El Zarco (1920)”, con interpretación del joven sportman Miguel Contreras Torres secundado por Enrique Cantalauba, Gilda Chavarri, Graciela de Zárate y Luis Santamaría, bajo la dirección de Juan Manuel Ramos, con fotografía de Julio Lamadrid.[39]

 

Anuncio de Martínez y Cía., de México, en la revista Cine-Mundial de septiembre de 1920 en el que se publicitan las películas Viaje redondo (1919) y Partida ganada (1920)

 

Anuncio de Martínez y Cía., de México, en la revista Cine-Mundial de octubre de 1920 en el que se publicita la película El Zarco (1920).

En la sección “Crónica de México” se enlistaban los principales teatros de la Ciudad de México y se referían algunos eventos que se llevaban a cabo en la provincia. En efecto, las obras que los teatros Colón, Esperanza Iris, Fábregas, Arbeu, Lírico, Principal, Ideal y el Anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria ponían en escena, eran citadas cada mes, así como los espectáculos más destacados que tenían lugar en el interior del país.[40]

Formato de suscripciones a la revista mensual ilustrada Cine-Mundial, 5 de enero de 1920

 

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Anuncio de Martínez y Cía., de México, en la revista Cine-Mundial de octubre de 1920 en el que se publicita la película El Zarco (1920).

 Consideraciones finales

 Poco visto en nuestro país, el documental de la Revolución mexicana hizo, sin embargo, época en la industria cinematográfica estadounidense. Recordemos que el periodismo cinematográfico surgió con el cine mismo bajo la modalidad de las célebres noticias filmadas o actualidades, pero que a partir de 1900 tuvo lugar un ascenso de las películas ficcionales y una caída de las cintas no-ficcionales; evolución a la que correspondió un progresivo abandono de las funciones educativas, informativas y publicitarias del medio y un reforzamiento de su papel de entretenimiento. Esta situación cambió al comenzar la segunda década del siglo veinte debido al auge del noticiero cinematográfico, género que contribuyó notablemente a la expansión y transformación de la industria cinematográfica en Estados Unidos.

La aparición de los primeros noticieros cinematográficos en el vecino del norte coincidió con el inicio de la “guerra mexicana” y nuestro país se convirtió en un campo de experimentación para las casas productoras del género. Por consiguiente, los camarógrafos estadounidenses enviados a México pusieron a prueba nuevos equipos de filmación y ensayaron nuevas narrativas en las actualidades y los reportajes que alimentaban sus noticieros cinematográficos; recursos que, por cierto, emplearían posteriormente en sus filmaciones de la “guerra europea”.

 

Otis A. Aultman, con paliacate y sombrero mexicanos, acciona la manivela de su cámara filmadora cuando trabajaba para Pathé’s Weekly en el Estado de Coahuila en agosto de 1920. Fotografía de autor desconocido. Aultman se estableció en 1908 en El Paso, Texas, y comenzó a trabajar para Scott Photo Company, luego se asoció con Robert Dorman y finalmente abrió su propio estudio. El 6 de marzo de 1911 fotografió la batalla de Casas Grandes, Chihuahua, en mayo de 1911, la primera batalla de Ciudad Juárez, Chihuahua, y entre marzo y julio de 1912, la rebelión orozquista en ese mismo Estado. En 1916 fue uno de los primeros fotógrafos en llegar a Columbus, Nuevo México, luego del célebre ataque del general Francisco Villa. Otis A. Aultman incursionó en la cinematografía y trabajó para International News Service y Pathé’s News. En 1920 se ganó la simpatía del general Francisco Villa, quien lo apodó Gallo Banty por su corta estatura, pues Aultman medía 1. 62 mts

NOTAS


[1] El Municipio Libre, tomo XXI, núm. 16, México, D.F., sábado 19 de enero de 1895, p. 3.

[2] Diario del Hogar, año XIV, núm. 107, México, D.F., martes 22 de enero de 1895, p. 2.

[3] Diario del Hogar, año XVI, núm. 31, México, D.F., jueves 22 de octubre de 1896, p. 2.

[4] Diario del Hogar, año XVI, núm. 41, México, D.F., martes 3 de noviembre de 1896, p. 2.

[5] Diario del Hogar, año XV, núms. 135, 136, 155, 161, 163, 167, 168, 169, 170, 171, 172, 173, 174, 176, 177, 181, 182, 183, 184, 187, 188, 189, 194, 260, 263, 270, 277, 281, 293, 299 y 301; y año XVI, núms. 1, 5, 10, 21, 22, 27, 28, 35, 49, 55, 65, 68 y 71, México, D.F., del sábado 20 de febrero al miércoles 8 de diciembre de 1897.

[6] El Universal, tomo XVII, tercera época, núm. 1, México, D.F., domingo 1 de enero de 1899, p. 5.

[7] El Chisme, año I, núm. 158, México, D.F., lunes 18 de septiembre de 1899, p. 3.

[8] El Español, año III, núm. 87, Méjico, D.F., jueves 4 de mayo de 1899, p. 3.

[9] De los Reyes, Aurelio, Cine y sociedad en México. Vivir de sueños, vol. I., Instituto de Investigaciones Estéticas-UNAM, México, 1981, p. 46.

[10] El Imparcial, tomo XXI, núm. 3,564, México, D.F., miércoles 4 de julio de 1906, p. 3.

[11]  Sadoul, Georges, op cit., p. 47.

[12] De los Reyes, Aurelio, Cine y sociedad en México. Vivir de sueños, vol. I, op cit., p. 46.

[13] El Mundo Ilustrado, año XV, tomo II, núm. 19, México, D.F., 8 de noviembre de 1908, p. 612.

[14] Reyes de la Maza, Luis, Salón Rojo. (Programas y crónicas del cine mudo en México), Parte I (1895-1929), UNAM/Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, México, 1968, (Cuadernos de Cine, 16), pp. 31-34.

[15] El Mundo Ilustrado, año XV, tomo II, núm. 19, México, D.F., 8 de noviembre de 1908.

[16] El Mundo Ilustrado, año XV, tomo II, núm. 19, México, D.F., 8 de noviembre de 1908.

[17] El Imparcial, México, D.F., jueves 23 de marzo de 1911, p. 8.

[18] Reyes de la Maza, Luis, op cit., p. 31.

[19] Album de Damas, núm. 9, México, D.F., 1ª quincena de mayo de 1907, p. 42.

[20] Album de Damas, núm. 14, México, D.F., 2ª quincena de julio de 1907, p. 35.

[21] El Entreacto, México, D.F., jueves 5 de marzo de 1908.

[22] Reyes de la Maza, Luis, op cit., p. 51.

[23] El Imparcial, tomo XXV, núm. 4,365, México, D.F., sábado 12 de septiembre de 1908, p. 4.

[24] El Mundo Ilustrado, año XV, tomo II, núm. 14, México, D.F., 4 de octubre de 1908, p. 454.

[25]  Reyes de la Maza, Luis, op cit., p. 31.

[26] El Independiente, México, D.F., lunes 12 de enero de 1914, p. 4.

[27]  Reyes de la Maza, Luis, op cit., p. 96.

[28]  El País, México, D.F., domingo 10 de mayo de 1914.

[29] El Imparcial, México, D.F., domingo 10 de mayo de 1914, p. 8.

[30] El Independiente, México, D.F., domingo 25 de mayo de 1913, p. 5.

[31] El Independiente, México, D.F., lunes 6 de julio de 1914, p. 6.

[32] El Imparcial, México, D.F., 19 de julio de 1914, p. 9.

[33] El Imparcial, México, D.F., jueves 7 de noviembre de 1912, p. 7.

[34]  Reyes de la Maza, Luis, op cit., p. 77.

[35] El Independiente, México, D.F., domingo 19 de octubre de 1913, p. 6.

[36]  Amador, María Luisa y Jorge Ayala Blanco, Cartelera cinematográfica 1912-1919,

UNAM/Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, México, 2009, passim.

[37] The Moving Picture World, vol. 27, 15 de enero de 1916, p. 416

[38]  Recillas Enecoiz, Luis, “Detrás de la pantalla/Cine-Mundial” en La Calle, op cit., p. 12.

[39] Ibídem.

[40] Ibídem.

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1 comentario en “La Revolución mexicana y la industria cinematográfica estadounidense. Quinto y último acercamiento.”

  1. A partir de una nota en El Universal sobre Jacobo Granat, llegué a esta página, interesado en este momento clave del cine en México, su conocimiento y su difusión, me encuentro esta página a la que sin duda volveré en el futuro.

    El cine, su lectura y sobre todos sus espacios me intrigan sobremanera. Ahora que estamos a un paso de llegar (parece que no, pues no se ha anunciado su inauguración oficial) a la Cineteca del Siglo XXI, aún recuerdo de mi duda como estudiante asiduo al Salón Rojo de la calcinada primera Cineteca del siglo XX, en los terrenos que fueron estudios y hoy son Cenart, parece buen momento de emprender o reemprender la reconstrucción de un camino largo y sinuoso.

    Atentamente

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