Alimentación y desproporción: “Nosotros alimentamos al mundo”

Escrito por on oct 14th, 2012 y archivado en Destacado, Documental, Galería fotográfica, Thrillers. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Alimentación y desproporción: “Nosotros alimentamos al mundo”

Nosotros alimentamos al mundo

“Nosotros alimentamos al mundo” (2005) es la primera parte de una trilogía del director austríaco Erwin Wagenhofer, con la cual busca concientizar a la gente acerca de la desproporción en la producción, el consumo, y el desperdicio de comida. Su documental voltea hacia Europa para su alegato e imputaciones, pero igual le pega a los Estados Unidos o Asia, sobre todo contra los países desarrollados o del llamado primer mundo, y las abismales resonancias para con los países pobres.

Las imágenes y texto con que abre Wagenhoffer son impactantes: los miles de panes que se tiran a diario en Viena, porque no fueron vendidos, y que podrían servir para alimentar a gente que se muere en otros continentes.

El viaje de Wagenhoffer conduce a aprender los desperfectos y horrores a que ha empujado la industrialización en la agricultura o la pesca; a priorizar lo híbrido o artificial por encima de lo natural; los dislates que generan los enormes subsidios otorgados –y que con ese dinero se crearían empleos y se daría de comer a muchos niños que en estas horas han fallecido- en los países ricos a los agricultores, en contra de los campesinos o pequeños productores, que poco pueden competir en esas condiciones.

Entrelaza lo que vemos u escuchamos con acotaciones y cifras expuestos por Jean Ziegler, Relator especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, acerca de los excesos de los países privilegiados, los empresarios, las grandes corporaciones, los ricos, y que siempre van en detrimento y para hundir más a los pobres, a empujarlos a que abandonen sus tierras, emigren, pongan en peligro sus vidas, y se empleen en lo que sea en las ciudades europeas, y mal vivan.

El documental pone en entredicho las bondades del “mercado libre”, acusa de generar la producción masiva, los males que esto ha engendrado, sea en la pesca en Francia, donde aprendemos las diferencias entre la pesca artesanal y la industrializada, cómo afectan y perjudican las ilógicas encuestas efectuadas por científicos de la Unión Europea que simplemente extrapolan datos y malogren sus condiciones de trabajos y el alimento bueno.

O en Rumania, donde miles de hectáreas sembradas de girasoles, contrastan con los carros jalados por caballos, y las berenjenas híbridas les ganan a las naturales, así estas sean más bonitas y nutritivas, y lo artificial pueda ser usado una vez y eche a perder la tierra; o infesten de sembradíos de soya con desinfectantes que matan todo lo que florece; o siembren maíz y otros cereales solamente para producir energía.

Y estén acabando con extensiones inmensas de tierras verdes y selváticas en el Matto Grosso brasileño (copropiedad del gobernador del estado) para llenarlos de soya que irá para la exportación y es alimento de ganado; en tanto que unas familias tienen que darle de comer a sus hijos solamente leche de cabra y esconder al bebé de la cabra para ganarle su alimento. Y en otras zonas toman agua de estanques sucios, y contaminados, porque es lo único que hay. (Y Jean Ziegler habla de las regiones donde ponen a hervir una piedra para engañar a los niños de la comida),

El contenido de “Nosotros alimentamos al mundo” va más dirigido a espectadores europeos o con dinero que están ajenos a estas problemáticas y que les importa más que el tomate o la cebolla se vean bien y cuesten poco, sin saber su lugar de procedencia o los miles de kilómetros recorridos –lo cual es contrario a lo fresco-, o que con esto afectan a campesinos imposibilitados de meter sus productos en el mercado, ni de los ínfimos salarios que les pagan a los trabajadores en el campo.

Wagenhoffer entrevista a personas conocedoras de estos conflictos, que los viven a diario, por ejemplo un agrónomo en Rumania contratado por una corporación gigantesca (a quien poco después corrieron y jubilaron por sus comentarios en este documental  a favor de lo natural); y para contrastar pone en cámara al presidente de la Nestlé, compañía ansiosa de obtener más ganancias sin importarle estropear los recursos naturales, hablando de las supuestas  bondades de lo que hacen, pugnando porque se privatice el agua y disparates análogos.

Una muestra más de los perjuicios de la producción a gran escala se da en Almería, España, en un pueblo que hace pocas décadas tenía mil habitantes y ahora supera los cien mil, porque se han creado miles de invernaderos en un espacio mayor que países completos como Holanda o Bélgica, y se contrata a inmigrantes subsaharianos dispuestos a aceptar pagos mínimos, y se cosecha con técnicas ultra modernas para poder sobrevivir en la competencia y vender sus productos, porque hoy día Marruecos, Israel o Italia, han construido parajes semejantes.

Pero la parte más espeluznante de “Nosotros alimentamos al mundo”, otra pavorosa “Pesadilla de Darwin”, y a la que dedica buen tramo de metraje el documentalista, es una fábrica productora de pollos. Observamos el proceso completo para nuestra consternación y pánico. En instalaciones perfectas y especiales, tienen a los gallos y gallinas. De ahí saldrán los miles y miles de huevos diariamente, transportados en bandas de montaje hacia máquinas para incubarlos y acelerar el nacimiento de los pollitos. Una vez salidos de los cascarones, los pollos serán también movidos en esas inhumanas bandas para juntarlos y aventarlos en otro espacio inmenso y acondicionado para que crezcan apresuradamente. En unas semanas esos pollos serán grandes y pasan a su tormento. Es terrorífico lo que cuentan los empleados, su deshumanización, la manera en que los engañan para luego matarlos, electrocutados. Entonces viene otra pavorosa línea de montaje industrial, donde ante nuestro espanto vemos cada detalle de cómo tras ser masacrados, otros duros e insensibles empleados los cuelgan en unos fierros, desde donde empezará su póstumo martirio, descabezándolos, desmembrándolos, sus residuos sangrantes; hasta las fases últimas en que les doblan y atan las extremidades y los ponen en charolas cubiertas de plástico de donde saldrán hacia los mercados consumidores.

“Nosotros alimentamos al mundo fue proyectada en función especial en el IFAL, con presencia de su director, Erwin Wagenhoffer.

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