El doble de diablo, la obsesión por el “otro”

Escrito por on oct 5th, 2012 y archivado en Destacado, Estrenos, Galería fotográfica, Thriller, Thrillers. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

El doble de diablo, la obsesión por el “otro”

El doble del diablo

Desde que el romanticismo anglo sajón despertó el interés por el alter ego de cada uno de nosotros, especialmente con El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde, de Stevenson, el establecimiento de un “otro” que es y no es al mismo tiempo identidad, ha enriquecido la temática de la narrativa artística; en una dimensión mucho más política Samuel Leghorn Clemens (Mark Twain, pues) creó El príncipe y el mendigo, que ha interesado al cine cuando menos desde 1922 con la versión austriaca de Alexander Korda, en esta modalidad política y algo metafísica se ubica el reciente El doble del diablo, del oceánico Lee Tamahori.

Cojo parte de las obsesiones estadunidenses del siglo XXI el problema del llamado Medio Oriente o Asia Menor, ocupa un sitio privilegiado en el cine y la televisión del coloso del norte, en especial la trama de la guerra y ocupación de Irak, problema prolongado e las secuelas psicológicas y sociales sufridas por los gringos en la cuna de la civilización, pero especialmente la injustificada ocupación y el asesinato de si líder Sadam Hussein.

El doble del diablo cuenta la historia del teniente Latif Gahira, elegido por Uday Hussein (ambos encarnados por Dominic Cooper) para suplantarlo públicamente como alter ego, doble pues, pero si algo nos enseñan la narrativa y la historia de los dobles de famosos es que en el fenómeno de la suplantación sucede el de la sustitución, paulatina o violenta, entre el sujeto y su reflejo, y de esto pretende tratar Tamahori.

Como la trama se desarrolla dentro de la esfera del poder en Irak la película necesariamente es política o acerca de políticos, pero Tamahori y Michael Thomas parecen tener solo una pincelada de conocimientos en el tema o bien se nutrieron de la prensa escandalosa que hizo propaganda en favor de los Bush  durante el reinado aterrador de los republicanos globalizadores.

Hasta Walt Disney (con George Scribner, en 1990) comprendió la dimensión política del doble manejada por Twain en su novela, aún con el insulso ratón Miguelito alcanza dimensiones profundas en la puesta en pantalla, ni que decir de las versiones estelarizadas por Errol Flynn (1937) y Charlton Heston (1978), que fueron sumergidos en el maremágnum de las intrigas palaciegas del renacimiento británico; tratándose de la Edad Posmoderna la complejidad del fenómeno implicó adentrarse en la psicología (o patología) del poder entre tiranos de la era nuclear, y en esa patología de los abusos que desde los totalitarismos del siglo XX son un espectáculo brutal digno de la mejor escatología.

Con muy diferentes estilos, aunque de igual calidad documentada y de factura, Luchino Visconti y Pier Paolo Pasolini se han aproximado al fenómeno de la patología del poder, en Los malditos (1969) y en Saló o las 120 jornadas de Sodoma y Gomorra (1975), ambos directores coinciden en la transparencia de una relación entre abusos y la necesidad del ejercicio del poder, aún en el plano puramente individual, pero Tamahori no parece conocer a estos autores o sus películas ni tampoco un asomo de psicología social elemental.

La película campea en exhibicionismo de abusos (asesinatos, violaciones, transgresiones en la sexualidad de pareja, torturas, matanzas) por parte de la familia Hussein contra sus gobernados, pero todo aparece superficialmente como resultado del capricho individual de los personajes, los asuntos relativos a la política y el gobierno son tangenciales o suprimidos para centrarse en la personalidad o subjetividad de alguno de ellos, en suma pretende ser un retrato de la casta dictatorial que justifique moralmente la intervención estadunidense como némesis del mal y en el mejor de los casos denuncia la descomposición de la oligarquía iraquí y la amenaza de una efebocracia naciente, la del hijo Uday que desafía la posición tradicionalista del Saddam multifascístico (Philip Quast) que aparece fortuitamente en la película.

Así como resulta esquemática la presentación de los Hussein y sus actos caricaturizados, el Bagdad donde se desarrolla la acción (que fácilmente pasa de la Costa Azul a Chipre sin cambios notorios) es una silueta deslavada donde los habitantes podrán estar en San Cristóbal de las Casas o en un mercado persa o de París, sin  más signos de identidad que ciertas vestimentas que arquetípicamente pueden identificarse como islámicas, pero nada en la conducta social identifica al pueblo iraquí, todavía más, los abusos de Uday cuando pasa buscando preadolescentes para sus vicios, a la salida de una escuela, podrían suceder en san Cosme cerca de la secundaria dos, y ni quien se diera cuenta; tal vez esta confusión no sea inhabilidad o accidente, sino advertencia de Tamahori y sus productores para todo territorio fuera de EUA.

Considerando todos estos desarrollos incompletos de una trama históricamente atractiva, parecería que la película fue concebida a partir de la mentalidad y/o testimonios de algún Jarhead, de algún soldado raso cuya visión se reduce a los esquemas implantados por la ideología militarista y la línea de mando, o por el recuerdo parcial de algún ex combatiente que reúne sus pedazos de experiencia para contar una historia que complementa con la parcialidad de las notas de la prensa al servicio del Estados Unidos invasor y sin asomo de conciencia histórica, no obstante que al final señala documentos que avalan la verdad y trascendencia de los hechos en la vida del teniente Latif Yahia, avalados con la imagen de televisión del cómo fue atacado Irak en la primera Tormenta del desierto para “liberar” a Kuwait y contaminar permanentemente el Golfo Pérsico y la atmósfera de la península arábiga, pero al gemelo, todo cuento.

Doble del diablo, El. (The devils double). D. Lee Tamahori. Con: Dominic Cooper, Ludivine Segnier, Road Rawl, Philip Quast. Guión. Michael Thomas y L. Tamahori basados en la autobiografía de Latif Yahia. BEL/HOL. 2011.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...

Dejar una respuesta

Anunciante

Cineforever en Facebook

Síguenos en Twitter