El dictador, del humor como significancia

Escrito por on oct 2nd, 2012 y archivado en Comedia, Destacado, DVDver, Estrenos, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

El dictador, del humor como significancia

Escena de El Dictador

De acuerdo con El lenguaje que usted habla o con Gazapos en su tinta, Arrigo Coen, aquel lingüista y filólogo único erudito de su tipo en la época que enseñó entre nosotros la forma de uso del idioma, nos dice qué hay en la mente y la historia cultural de quien lo emplea, sea un individuo o un pueblo, de otra parte este empleo concomita con las conductas de vestido y costumbres que utiliza, así un idioma bien empleado nos dice de una conciencia clara de lo que se es o pretende ser el empleador, y de entre los idiomas todavía utilizado en el mundo el inglés demuestra la elasticidad menos dúctil y la mayor contaminación usual de lenguas ajenas, y en películas como El dictador de Jerry Charles, esto es más que evidente.

Primero que todo se trata de una cinta de propaganda política confusa y profundamente racista Que usa a la comedia en sus extremos más burdos, incluso al ser traducida, o “doblada”, al español. Aún más, las copias en DVD que circulan carecen de los créditos de doblaje, evidentemente mexicano, y mucho menos tiene el del traductor (traditore) y re adaptador de los diálogos que en sí recibir crédito por este trabajo fue una moda fugaz de Televisa que sucumbió ante las exigencias del derecho autoral absolutamente inaceptable para los negociantes de mexicanos medios.

Y valga la indicación en la televisora mexicana respecto de la traducción, porque es un estilo de habla casi agotado por la triste etapa del cine de ficheras y barrios reinventados, de los peores momentos de Alejandro Suárez, Héctor Lechuga y Manuel Valdés buscando imitar la inteligencia ingeniosa del albur de barrio, pero quedando en la triste caricatura posmoderna del humor ridículo de una clase media alta y pretenciosa según el modelo impuesto por Facundo y los juicios gregarios y ultra machistas de Esteban Arce.

Lo curioso es que la versión en inglés resulta muy pobre en riqueza de lenguaje soez (o floritura sería mejor decir), de hecho el idioma de Hemingway y Capote no tiene mucha riqueza de sinonimia escatológica o insultante (lo que en Shakespeare es riqueza e ingenio igualables tan solo a la flor del albur nuestro), si bien hace brutalmente la burla al racismo de todo los  niveles y al ultranacionalismo, tanto estadunidense como de las culturas del grupo judío e islámico.

Mirada la película bajo las muchas pieles de cebolla que la abren con vulgaridad rupestre y sutileza ajenas al entretenimiento de quien no sea meso oriental o neoyorkino, de cultura semítica pues, trata de un tema fundamental para la globalización del siglo XXI: la sobrevivencia de atavismos propios de la civilización reflejados en la afirmación de identidad a partir de partes elementales y pre modernas a las que denominamos nacionalismos, primitivismos políticos (la dictadura es uno nacido con Julio Cesar) y hasta chauvinismos, tanto de tipo genérico sexual cuanto que políticos.

La caricatura de Hafez Alhadeen (Sacha Baron Cohen) es una suma de personalidades entre Fidel Castro, Anhuar Khadafi, y toda la caterva de gorilas hispanoamericanos inventados por EUA desde Morazán hasta Chávez, pero en su nivel de caricatura escatológica (por la parte coprofílica, claro) y en los sentidos orgánico y mítico de la especialidad, llega al absurdo rayando en Ionesco o del Ubu Roi, pero sin la sutileza de éstos.

Su puesta en pantalla mezcla un poco de Grand Guignol, teatro del absurdo y los recursos de la Commedia dellartre, pero la sensiblería del final destruye el efecto extremo o neo romántico (casi de heavy metal) que pudo alcanzar.

No es extraño que en su realización haya gran participación de españoles (parte de la filmación en Andalucía, parte en Nueva York, of curse) ni que se destile brutalmente el sentimiento anti-moro o la islamofobia, además de esta raíz se explica el continuo ataque al machismo como proveniente de la cultura semítica.

Lo que resulta sencillamente molesto es la versión al español vaciada evidentemente en México, porque nos remite a ese tipo de comedia que reinventa gratuitamente la cultura popular de barrio en versión de adolescentes posmodernos inspirados por Gael García y Diego Luna tras Y tu mamá también (2001) y Por la libre (2000), donde los autores se burlaban de la adopción absurda del lenguaje popular por la juventud universitaria de las clases altas, y que ha pasado a ser parte de una actitud contestataria en la adolescencia posmoderna de esta segunda década del XXI.

Y todo porque citando a Arrigo, en la herencia lingüística del español, con procedencias diversas “enriquece el caudal del léxico en sus varias acepciones campando por mérito propio, legítimamente conquistados en la lucha por el logro de una significación definida e inalienable”, y esta significación trascendente no puede estar reducida al uso sistemático de la palabra Guey o e los muchos vocablos insultantes del español defeño en versión más vacía.

De otra parte recordemos que Valentín Voloshinov ya estableció claramente que el uso del lenguaje es una pista para determinar la ideología o idiosincrasia de un pueblo y a través de éste empleo viciado del español de México (no que no exista sino que se exagera desvirtuando su verdadero uso y ubicación en la población) se pretende la degradación de la cultura popular que no surge de las imposiciones mediáticas, y Televisa es la principal impositora de modelos “populares” derivados de alguna viciada imitación de lo metropolitano (según el caso) y frecuentemente usa este recurso para justificar hacer “una televisión jodida para jodidos” con el pretexto de que esa es la demanda en nuestro mercado ¿Será?

Dictador, El. (The Dictator). D. Larry Charles. Con: Sacha Baron Cohen, Ana Faris, ben Kingsley. Guión: S: B. Cohen, Alec Berg y David Mandel. EUA 2012.

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