Al pueblo de Gun Hill arriba el Marshall Matt Morgan (Kirk Douglas) en busca de dos vaqueros que violaron y mataron a su esposa india, cuando ella iba en el campo a visitar a sus familiares acompañada de su hijo. Matt sabe ha donde ir a buscar, ya que su hijo logró huir en el caballo de uno de los vaqueros, el cual llevaba una silla de montar con la marca de propiedad de Craig Belden (Anthony Quinn), viejo amigo de Morgan y que en algún momento le llegó a salvar la vida. La infausta casualidad hace que uno de los involucrados en la muerte de la esposa de Matt sea Rick Belden (Earl Holliman), el único hijo de Craig, poderoso terrateniente y cacique de Gun Hill. Morgan pretende llevarlo a su pueblo para presentarlo ante el juez para que se haga justicia y aunque Belden sabe que su hijo es culpable, su amor de padre y su propensión a salirse con la suya, sabiéndose dueño de vidas y propiedades en la región, le lleva a buscar impedir, a toda costa, que su hijo sea sacado del pueblo, ya que ha sido capturado por Matt, quién se ha guarecido en el hotel, a la espera de la llegada del tren a las nueve de la noche y que justifica el título del western dirigido por John Sturges: El último tren (The last train from Gun Hill, 1959).
En una primera apreciación de El último tren encontramos similitud en su arranque de un hilo conductor en la concentración en un tiempo determinado para que se cumpla, inexorablemente, una determinada hora para encontrarse con su ineludible destino, con varios westerns realizados en esa misma década de los cincuenta, empezando por la seminal A la hora señalada (High Noon, 1952) de Fred Zinnemann, en la cual el sheriff Will Kane (Gary Cooper) se pasa tratando de buscar ayuda para enfrentarse contra Frank Miller y tres de sus hombres al mediodía; pero los habitantes del pueblo, al cual ha protegido durante años le dejan solo. Por su parte John J. Macreedy (Spencer Tracy) en Conspiración de silencio (Bad day at Black Rock, 1955) arriba, por un solo día, al pueblo de Black Rock, un poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, en busca de un japonés que reside allí y del cual no le quieren dar cuenta los moradores del pueblo y en cambio comienzan a hostilizarlo, ya que ha venido a remover un tormentoso episodio del pasado. Estaba escrito (Star in the dust, 1956) de Charles F. Hass es un interesante western menor de la Universal con John Agar como el sheriff Bill Jorden que debe de cumplir con el ahorcamiento del asesino a sueldo Sam Hall (Richard Boone) al atardecer a pesar de que parte del pueblo se opone a ello. En El pistolero invencible (The Fastest Gun Alive, 1956) de Russell Rouse el tendero George (Glenn Ford) que había ocultado su habilidad para las armas es retado por el bandolero Vinnie (Broderick Crawford) a un duelo, para demostrar quién es el más rápido de los dos, después de amenazar con matar en una hora a un grupo de niños que tiene secuestrados si no sale George a enfrentarse. En El tren de las 3:10 a Yuma el granjero Dan Evans (Van Heflin) acepta el encargo de hacer subir al mencionado tren, al bandolero Ben Wade (Glenn Ford), a pesar del acoso de la pandilla de Ben que tratará de impedir que cumpla con su cometido. Y, quizás si seguimos expurgando un poco más encontraremos otros westerns, pero considero que con estos cinco es más que suficiente para establecer las semejanzas y al mismo tiempo volver a señalar que en los filmes de géneros esto en sí mismo no es un defecto, pero que las virtudes estarán en las pequeñas diferencias en como se resuelve el desarrollo de la historia y que hace apreciables, por diferentes razones, a cada uno de los seis westerns, incluyendo El último tren, sobre el cual vamos a centrarnos en esta ocasión. Cabe mencionar que en este mismo sitio pueden encontrar textos relativos sobre A la hora señalada; Conspiración del silencio; El Pistolero invencible y El tren de las 3:10 a Yuma. Espero pronto presentar el correspondiente a Estaba Escrito.
He perdido la cuenta de las ocasiones en que he visto El último tren, tanto en cine, como en televisión ya sea en Movie City Channel o en el DVD, pero fácilmente supera la treintena y sin embargo en cada una de ellas no pierdo el interés en la misma, desde la secuencia inicial en que la mujer que va en un carruaje, acompañada de su hijo, es avistada por un par de vaqueros que se encuentran bebiendo, los cuales, al verla, prácticamente, sola deciden divertirse con ella, pues al final de cuentas no es más que una india, la cual se defiende con un látigo marcando el rostro de Rick Belden, quien enfurece para violarla y matarla, en tanto el muchacho toma uno de los caballos y va al pueblo en busca de ayuda. Esta secuencia la resuelve en forma expedita Sturges, con un manejo sobrio de la cámara, al tiempo que la intensidad del momento es subrayada por una eficaz música de Dimitri Tiomkin, la cual se mantendrá en un excelente plano a lo largo de toda la cinta, siendo uno de los elementos coadyuvantes en El último tren para sostener, matizar y exaltar el suspenso que acompañara al desarrollo de la trama de este western, apoyada en varios matices sobre las motivaciones de los personajes principales.
Por una parte tenemos la tensión que anima la relación de los viejos amigos que fatalmente tendrán que enfrentarse. Matt impulsado por el deseo de justicia confundido con el de vengar a su esposa, ante los moradores de un pueblo que implícitamente se cuestionan si este sheriff se tomaría tantas molestias por una “squaw” si esta no hubiera sido, precisamente, su mujer, manifestando un racismo a flor de piel que queda debidamente registrado, aunque no ahondado.
Craig Belden sabe que su hijo es culpable y aunque en su fuero interno reconoce haber fracasado como padre al malcriar a su vástago, más allá de las emociones encontradas que le provoca una amistad traicionada, es consciente de que todo se está alineando para un final trágico, al no poder dejar de proteger a Rick.
Por su parte Linda (Carolyn Jones) amante de Craig y la cual conoció, casualmente, a Matt en el tren que los trajo a Gun Hill, es la única que ayuda al sheriff, impulsada más que por un sentido de justicia, por un soterrado anhelo de vengarse de Rick, a quién considera la verdadera causa de que Craig no acepte casarse con ella y por lo que intuimos en los diálogos quién causó la golpiza que le propinó Craig y la llevó a buscar curación en un hospital de Laredo, de donde venía en el tren en que se topó con Morgan.
Filme de antagonismos y sentimientos encontrados en que a pesar de escudarse de palabra sus protagonistas en el afán de justicia, en el fondo estamos en las motivaciones personales que llevan, a la búsqueda de la reparación del daño, bajo la antigua premisa del “ojo por ojo”, haciendo clara la difusa separación entre barbarie y civilización, representadas, aparentemente, por una parte por Craig, el cacique dueño y señor de vidas y haciendas en la región de Gun Hill y por otra parte Morgan, que protegido por una chapa de sheriff, da por supuesto que su acción es civilizatoria y no impulsada por la afrenta de haber perdido a su esposa.
John Sturges logró uno de sus mejores trabajos de su carrera, llevando adecuadamente el ritmo de tensión de este western urbano, apoyado en una eficaz música de Dimitri Tiomkin, pero principalmente en dos estupendas interpretaciones de Kirk Douglas y Anthony Quinn, razón más que suficiente para no dejar de ver El último tren, cuando sea proyectado en Movie City Canal o TCM, aunque mejor sería que buscaran el DVD en una versión que respete el formato original del Vista Vision de Paramount, para disfrutar a plenitud de los aciertos técnicos en la composición fotográfica, dominada por los tonos ocres debida a siempre bien apreciado cine fotógrafo Charles Lang, a quién, por cierto, también se debe la estupenda fotografía de Duelo de titanes, otro de los grandes westerns de John Sturges.
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