El de la guerra cristera ha sido uno de esos episodios de la historia que pasan en la oscuridad de los textos y la enseñanza, quizá porque es una cicatriz mal curada en la piel del pueblo mexicano, esa piel histórica de identidad y conciencia cultural resultado de una memoria incompleta que cada quien cuenta a su manera, y no hace menos Dean Wright con su película Cristiada, la verdadera historia (o en versión complementaria La verdadera historia de los cristeros que te quisieron ocultar) que inicia corrida en las salas regulares del D.F.
Detrás del episodio de enfrentamiento entre el gobierno de México y la iglesia católica hay un cúmulo de incomprensión entre las partes e incluso hacia el interior mismo de las causas; en tanto hecho social y de armas presenta una gran cantidad de contradicciones irresolutas que se presentan parcializadas a fuerza por la canonización y beatificación con que Juan Pablo II impulsó a algunos de sus personajes, lo que parece haber motivado la realización de la cinta.
Para el cine mexicano el tema no es nuevo, desde los años cuarenta (recién finiquitada la guerra) fue preocupación inmediata de la industria fílmica que presentó cintas como El insurgente (Raphael J. Sevilla, 1941) y más adelante con Criollo, un caballero de Jalisco (Fernando Méndez, 1945), en las que se expresa claramente el sentimiento de identidad separada de los habitantes del Bajío y las zonas aledañas de Jalisco, Guanajuato y demás entidades cercanas, si bien jamás se habla en ellas abiertamente de la guerra o de la persecución religiosa.
Hasta que John Ford realiza El fugitivo (1947) el cine no abordó abiertamente este conflicto, de hecho esto llegará hasta los años setenta en que los cineastas formados en la UNAM abordan el tema (De todos modos Juan te llamas, de Marcela Fernández Violante, 1976). Entretanto apenas si la persecución a curas transgresores se insinúa en cintas tangenciales como Miércoles de ceniza (1958), pero de hecho no se nombra la guerra cristera, ni siquiera en la obra de Buñuel Nazarin (1958), aunque se ubica un relato de Pérez Galdós en el México cristero.
En el ámbito laico de la ciudadanía ha gravitado siempre la sombra de esta guerra desdibujada de la historia mexicana, sin embargo la memoria se dispersó más allá de la frontera norte a través de los emigrados por el mismo conflicto (para quien parece estar hecha la cinta de Wright); así el recuerdo de Anacleto González, o Enrique Goroztieta junto a muchos otros que la promovieron y lucharon contra el gobierno de Plutarco Elías Calles se perpetúa en el secreto familiar o en la conseja militante de las partes subrepticias de la iglesia (en retiros espirituales, en las aulas escolares, a veces en el púlpito), porque Roma no consagraba ni reconocía esta guerra tampoco, hasta Juan Pablo II.
Oficialmente el ejército mexicano tampoco reconoce o rememora públicamente la Cristiada, sin embargo gran cantidad de oficiales deben su grado a las victorias contra los levantiscos, de hecho el único aviador con grado de coronel en las fuerzas armadas alcanzó el grado ametrallando cristeros desde su aeroplano en el Bajío. De otro lado la cristiada dio origen a la obra de Juan Rulfo, cuando menos a El llano en llamas.
La película de Wright comienza en 1926, “cuando la revolución mexicana no había cumplido en dar paz a la población…”, la verdad es que el movimiento contra Porfirio Díaz primero y después para crear una nueva nación con mejores leyes todavía cargaba el resabio anticlerical del juarismo y la influencia de los militares del norte en el nuevo gobierno abría la puerta a nuevas manifestaciones de religión que repugnaban a la iglesia católica, que veía amenazado su poder absoluto sobre la religiosidad de los mexicanos.
En la cinta esta religiosidad es la pacífica y pueblerina de quienes asistían a viejas iglesias barrocas, con curas modestos y humildes como Cristóbal Magallanes (Peter O’Toole), y las fuerzas del gobierno hostigan a familias de criollos bien avenidas y mejor portadas, que resultan ofendidas por la ciega brutalidad de Calles con su ley, pero aunque en la película aparezca que los obispos cesan el ejercicio del culto por órdenes de Pío XI, no dice que los curas acusaron al gobierno federal de prohibir la religión, tampoco permite ver que varios sacerdotes ya estaban en armas y hostilizaban a la tropa y volaban ferrocarriles, hasta que Plutarco les envió el grueso de la tropa a los Altos de Jalisco.
Como película de guerra resulta mediocre y mentirosa, o por lo menos absolutamente parcial, porque trata de engrandecer a Goroztieta (Andy García) y toda acción militar de él o los suyos sucede célebre y sin sangre, mientras todo lo que realiza el ejército federal se subraya por cruel y abusivo, pero no hay un sentido en las escenas guerreras, ni para ensalzar ni para condenar el hecho, nada más presentan de complemento a una trama que parece ignorar demasiado de los hechos reales o de investigación histórica, por otra parte el poco cuidado en la ambientación, especialmente de las formas del Bajío, donde la autoridad rige sobre todas las costumbres familiares y sociales.
En el colmo de la parcialidad el director justifica la beatificación de José Luis Sánchez (Mauricio Kuri) mediante el procedimiento de que se niega a abjurar de su fe y ensalzar al gobierno, como se hacía en las películas de mártires romanos, y los juegos políticos entre la iglesia, a través de los obispos, con el presidente Calles (Rubén Blades) y los estadunidenses tan solo es un pretexto para enaltecer a Goroztieta que se negará a aceptar esos tratos y alcanza la fe con el sacrificio de José.
El viejo PRI siempre defendió la actitud oficial hacia el movimiento cristero aludiendo a la existencia de una conjura contra México, con Cristiada se confirma su existencia, que por lo demás consta en el libro La flama, de José Vasconcelos, donde él mismo se dice parte de ella y abandonado por los obispos al filo de la lucha.
LA falla de la película es su exhibición en salas, carece de sentido porque en el DVD se encuentra todo explicado por completo, la presentación del tema y la trama utilizando los testimonios de Jean Meyer y de autoridades eclesiásticas como el cardenal Posadas Ocampo, justifican plenamente su naturaleza propagandística, al contrario sin los complementos la película resulta un engaño más acerca de esa época y además con la convicción de ser verídica, según pregonan sus anuncios.
Ensalzar a través del cine la beatitud o la santidad se topa con el cúmulo de sangre derramada por el pueblo campesino (ya nos entregó esa versión Carlos Enrique Taboada en Guerra santa, de 1977) mientras las buenas familias criollas perdieron hegemonía autoritaria oficialmente y emprenden (en la realidad) una guerra mediática para imponer como señas de la identidad mexicana el modelo criollo (la vestimenta charra, los mariachis, el calzón de cuero y lana, las tardes de toros, etc.) y negando a la cultura mestiza la riqueza histórica de su variedad, a la que tratan de reducir a la simple definición de casta colonial para el mestizo reduciéndolo a mezcla de indio y español.
Además el final con copia de Butch Cassidy queda demasiado grande a la estrella García y al novel director Wright, al final esto mata las intenciones originales.
Cristiada, o la verdadera historia. (Greater Glory, the real history of cristeros). D. Dean Wright. Con: Andy García, Oscas Isaac, Eva Longoria, Catalina Sandino Moreno, Peter O’Toole, Ruben Blades. Guión: Michael Love. MÉX. 2012.
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Sería mucho más interesante y productivo analizar el filme de Matías Meyer, Los últimos cristeros. Esto por su manufactura y la forma en que abordar ese periódo de la historia mexicana. Por más que quieran los gringos, su cine histórico sobre otras geografías o países siempre resulta trivial y sin profundidad. Lo que buscan es el billete y no ahondar en los episodios que filman.
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NO estoy de acuerdo, el tratamiento de la historia por los yanquis si es manipulado, pero no ingenuo ni solamente comercial, su mercado más rico es imponer su visión de la historia como dedicada a consagrarlos como dueños o árbitros del mundo, así que si en algo son cuidadosos es en la historia según su moral y malas costumbres, ve cualquier biografía o episodio histórico abordado por ellos y tiene mejor categoría de propaganda hasta que el cine soviético de la mejor etapa (Eisenstein, Pudovkin, etc), pero gracias por el comentario, sigamos en comunicación por este medio que no es para cobardes.
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