“Buscando un amigo para el fin del mundo” (Seeking a friend for the end of the world, 2011) trata la cuestión apocalíptica desde un contexto de comedia existencialista con dejo romántico. Es ciencia ficción subjuntiva acerca del comportamiento de la gente al enterarse que el planeta Tierra está por extinguirse, por explotar ante la embestida de un asteroide –sensatamente bautizado “Matilda”.
Más que promisorio debut en la dirección de largometrajes de Lorene Scafaria, quien ya nos había afectado a favor con su guión de “Nick y Nora” (Nick and Norah’s infinit playlist, 2009).
El argumento se estructura cuando en las noticias alertan de la inminente colisión y que los científicos la dan por hecho, avisando los días que restan, el reloj caminando inexorable hacia el cero.
Por “Buscando un amigo para el fin del mundo” corren la ilusión de recuperar al amor de la vida, de darse cuenta lo elemental y trascendente de nuestro tránsito por el mundo, lo que hemos dejado atrás, lo que podríamos haber conquistado, lo que aún es factible.
Lorene Scafaria fragua con su maleable pareja de actores, Steve Carell (Dodge) y Keira Knightley (Penny), vibrante en la química que configuran, opuestos y fidedignos, consolidados en sus reductos, las contingencias ante lo inevitable. El discordante talante con que las personas aguardarán su último suspiro.
Con una emotiva banda sonora, en canciones y viniles de colección (de los Beach Boys y Herb Alpert a John Cale y los Walker Brothers), se escancia este breve y perentorio road movie, en lugar de derruirse en el terror, ganando en compostura y sensibilidad conforme se suman personajes y situaciones: la sirvienta mexicana de Dodge, la contrición y aferramiento del novio de Penny; entre lo amargo y dulce del tipo (William Petersen, en un papel rondando lo sublime) que contrató quien lo mate; al grupo que se ha encerrado en su bunker, con resonancias de la Guerra Fría; hasta caer en el papá (Martin Sheen), loable e intuitivo.
Tremores en clave de recuerdos, sentimientos y paranoia, circunvalan “Buscando un amigo para el fin del mundo”, atronando con suicidios intempestivos (el cuerpo cayendo encima del automóvil), o el humor negro de que hay puestos vacantes de alto nivel (y a nadie le urge solicitarlos).
Con trasiegos bucólicos, en la metrópolis los vándalos arman motines, destrozan lo que hallan, desquitan sus chascos; y apenas cruzar a pueblos pequeños, se ventila el control y la calma, se encuentran sitios donde el amor el éxtasis y armonía brotan en ramas –un restaurante llamado Friendlys-, así sea por los influjos de la droga, el alcohol.
Fábula comprimida sin estragos de efectos especiales para apesadumbrar. Escarchas amorosas emparejadas al compás de las agonías. “Buscando un amigo para el fin del mundo” nada en contra del pesimismo o lo depresivo.
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Sería buehno tener la ficha técnica dfe la película para buscarla, graciuas.
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