En el blue ray de “Invictus” (2009) vienen varios extras, uno acerca de Morgan Freeman y Nelson Mandela, otro enfocado en Matt Damon y cómo lo entrenaron para caracterizar a un jugador de Rugby, y uno denominado “El Factor Eastwood”, que es un extracto de unos veinte minutos del documental escrito y dirigido por el crítico Richard Schickel, acerca de la figura de Clint Eastwood.
Richard Schickel (1933) lo presenta y comenta que también está escribiendo un libro acerca de Eastwood, y que el documental completo forma parte de la caja para conmemorar 35 años y 35 películas del actor y director dentro de la Warner Bros. que salió al mercado el año pasado.
En esta porción de “El Factor Eastwood”, se narra algo de los años iniciales en la actuación de Clint, su paso por la serie de televisión “Rawhide” (1959-1965) donde actuó por seis temporadas y fue una de sus plataformas para saltar al papel del “Hombre sin Nombre” en los filmes de Sergio Leone que lo encumbraron: “Por un puñado de dólares”, “Por unos dólares más” y “El bueno, el malo y el feo”. Unos fotogramas de “La escuadrilla Lafayette” (1958, de William A. Wellman) permiten verlo joven, en años previos, al lado de Tab Hunter y David Janssen.
Eastwood se refiere a cuando lo convenció un alto ejecutivo de la Warner para que se fuera a trabajar a ese estudio, donde ha continuado su trayectoria; y antes a las películas que hizo para la Universal, donde debutó como realizador con “Obsesión mortal” (Play Misty for me, 1971) y el año anterior había actuado en “El engaño” (The beguiled), dirigido por Don Siegel, con quien en 1973 iniciaría la saga de “Harry el Sucio”.
La primera película dirigida y también protagonizada por Clint Eastwood para la Warner –de la cual pasan escenas- sería “La venganza del muerto” (High plains drifter, 1973), argumento que años más tarde retomaría para “El jinete pálido” (1985).
Acompañándolo, llegamos al recinto dentro de los estudios Warner, donde se guarda la ropa que ha utilizado en sus películas. Deborah Hopper, colaboradora perenne de Eastwood en el diseño del vestuario, tiene acomodado afuera en maniquís el saco y camisa de Harry Callahan, el saco y sombrero de Will Munny en “Los imperdonables” (Unforgiven, 1992), lo cual da para un equívoco al decir ella “Unforgettable” (Inolvidable) en lugar de “Unforgiven” y Clint matiza, “ciertamente es inolvidable para mí” –por los Oscar obtenidos-.
Dentro de ese almacén, casi un museo en sí, está bien resguardada toda la ropa, que Deborah Hopper va comentando a qué película pertenece, y por una pared se ve el traje de astronauta de “Jinetes del espacio” (2000) , así como de otras cintas del oeste de las de Eastwood.
Un collage de las películas de “Harry el sucio” (desde Dirty Harry a The Dead Pool), lo muestra en algunos de sus diálogos célebres, como aquél donde apunta su Magnum 44 al villano que está en el suelo y le lanza lo de “Estás pensando si disparé cinco o seis balas…”, ante lo que al malo se le observa el rostro aterrado. O cuando se enfrenta a su superior en “Magnum Force”, y le espeta su furia; o una más en que unos matones entran a un restaurante y se les adelanta al disparar.
El poco tiempo de este mini documental y el montaje le da prioridad a sus películas de las décadas del 1990 y 2000 –debo entender lo que más espectadores actuales conocen de él-; a aludir a “Los puentes de Madison” (The bridges of Madison County, 1995) y ver una escena con Meryl Streep, a la vez que Eastwood nos guía al lugar dentro del estudio en que se rodó. Por esos senderos se ubica la cabaña donde en “Golpes del destino” (Million dollar baby, 2004) era el restaurante en que Maggie (Hillary Swank) lo llevaba a comer un excelente pay. A esa película le dedican varios minutos, al tema del padre y la hija, a las escenas en que ella le pide sea su manager, la del ring en que la contrincante le golpea arteramente, a la decisión de retirarle el oxígeno.
Similar tiempo le destinan a “Río Místico” (2003), narrando algo de la trama en tanto vemos escenas, de los amigos niños, cuando se llevan a Dave, o que fue de ellos cuando crecieron, el instante en que descubren el cuerpo de la hija de Jimmy (Sean Penn).
Más espacio hay para “Los imperdonables”, con secuencias y durante la filmación o los preparativos. Eastwood platica de los años que transcurrieron para filmarla, de los arreglos que le quiso hacer al guión de David Peoples y que por suerte se dio cuenta que en poco ayudaba y retornó al texto original.
Vemos que al estudio de sonido le han puesto su nombre, lo han renovado. Ahí es donde se ha grabado la música de los filmes realizados por Eastwood para la Warner, donde él mismo ha tocado sus arreglos y composiciones. Se permite el chiste de que acaso pudieran haber puesto ese nombre en la entrada de los estudios.
El montaje de este “Factor Eastwood” parcial deja la impresión que es una panorámica de la carrera del actor-director orientada a un grupo de espectadores recientes, y que para quienes les atraiga o deseen completar su trayectoria vayan a conseguir el documental largo y completo – que ya ha sido rebasado, pues Clint Eastwood continúa activo y a ritmo galopante y ya ha rodado tres-cuatro películas más, cada vez acrecentando su epopeya cinematográfica-.
Una actualización a manera de epígrafe a este “Factor Eastwood” podría ser su intervención en la Convención Republicana hace un par de semanas en Tampa, donde con facilidad le ganó los aplausos y el presidio al candidato Mitt Romney, y que le puso en periódicos del orbe. Y su ingreso a los “reality show”, con el estreno de “Mrs. Eastwood and company”, así el estelar sea su esposa y Clint sólo aparezca de rato en rato.
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