El vengador del futuro, la segunda parte o el devenir de Orwell

Escrito por on sep 10th, 2012 y archivado en Ciencia Ficción y fantastico, Destacado, Estrenos, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

El vengador del futuro, la segunda parte o el devenir de Orwell

El vengador del futuro

Definitivamente las relaciones entre literatura y cine de ciencia-ficción parecen destinadas a un desastre; solamente H.G. Wells tuvo injerencia en la filmación de parte de su obra, y autores como Ray Bradbury o Isaac Asimov han sufrido de toda clase de distorsiones que si bien no socavaron la calidad original si reducen su obra a nivel de historietas en el mejor de los casos la infortuna de las Crónicas marcianas, y de El hombre ilustrado -tatuado en cine- o de El hombre bicentenario y Yo robot, hablan por si mismas), Jack Williamson o Theodore Sturgeon ni siquiera han llegado a la pantalla grande, al menos con el crédito correspondiente, en el caso de Philip K. Dick la fortuna es muy desigual, por una parte Riddley Scott convirtió su novela crucial de la tetralogía de simulacros en un clásico fílmico (Blade Runner), pero su breve relato Recuerdos al por mayor, que ha merecido un par de tratamientos infames y un guión (de David Cronemberg para trabajarlo con Richard Dreyfus) con méritos guardados en la tinta, todos esto bajo el título de Reclamo Total para las cintas que conocemos como El vengador del futuro, ahora llevada a la pantalla por Len Wiseman en este 2012..

Con todo la versión de Wiseman tiene méritos insospechados en el subtexto de su trama y tratamiento, por desgracia es un asunto para especialistas: resulta ser que Kurt  Wimmer y Mark Bomback ubican la acción en un mundo neo organizado geográfica y políticamente en base al modelo establecido por George Orwell para su 1984, es decir una reorganización del mundo con bases ideológicas (considerando que el liberalismo posmoderno ha descartado la palabra ideología pero solo para sustituirla por términos como mercado e interés) y así la Ingsoc (Socialismo Inglés: las islas británicas, América y Australia en la novela) se transforma en esa unión econopolítica de América, parte de China continental (Hong Kong sobre todo) y la Europa anglosajona en que se desarrolla la acción de El vengador del futuro actual.

Por otra parte también el sistema social que describe esta cinta parece un derivado posmoderno del totalitarismo vigilante y mirón de 1984, hasta ha desarrollado sistemas policiacos y de vigilancia basados en el control visual de cada situación, y la débil rebelión terminada en aceptación resignada se transforma en una guerra de terrorismos entre la clase en el poder (Cohaagen-Bryan Cranston) y los trabajadores rebeldes con quienes milita Douglas Quaid-Colin Farrell, con un más allá interlineando relaciones con Animatrix en la medida que el poder pretende sustituir el trabajo humano con simulacros (“artificiales” aquí).

En el centro de todo y como una idea cohesionadora está el tema de Dick: la naturaleza y función de la memoria respecto de lo real; la anécdota del niño que salvó a la tierra pactando con extraterrestres y de los juegos tecnológicos para implantar y modificar la memoria individual para controlar el sentido de la realidad. Sin embargo ni Paul Verhoeven ni Len Wiseman se acercan a la dulzura racional del cuento (¿Que habrá escrito Cronemberg?).

Formalmente El vengador del futuro juega a ser un apocalipto profético de la inutilidad del avance científico y tecnológico reflejado en el desarrollo de la ciudad como hábitat humano, lejos de la grandiosidad apologista a la arquitectura urbanista iniciada por Fritz Lang con Metrópolis, el urbanismo de Wiseman se aproxima al de Spielberg en Sentencia Previa, o al tremendismo de Luc Besson en El quinto elemento, pero se desarrolla en el ámbito opresivo y laberíntico interior de 1984, especialmente el de la versión de Michael Anderson (1956); sin embargo lo que predomina es una historieta mal construida de espionaje y traición sexual encarnada por Quaid y las dos mujeres que se relacionan con él (Kate Beckinsdale y Jessica Biel en ésta y Sharon Stone y Rachel Ticotin en la de Schwarzenegger de 1990).

Una lejana mención del planeta Marte como anhelo de viaje para el niño del cuento motivó al guionista Ronald Shusett para que Paul Verhoeven trasladara la acción total e introducir la lucha de clases teñida con el sentimentalismo lumpen de los escritores neerlandeses de entreguerras (especialmente Jan Valtin con su La noche quedó atrás), ahora Wiseman revive la noción de lucha de clases aquí, en la tierra, que incluye a los robots (como lo hace Osamu Tetzuka con su versión animada de Metrópolis, 2001), como sea en ambos casos la nostalgia del marxismo o el llamado de la sociedad con estado benefactor campea en la trama y habría que considerar que es una cinta que revive la obra de Verhoven, quien parece destinado a estos “remakes” puesto que ya Invasión se anuncia en nueva versión de la novela de Robert A. Heinlein, Tropas del espacio.

Para el neoliberalismo globalizante la cinta deberá ser considerada reaccionaria, puesto que ha desterrado de su terminología la palabra revolución, y el combate de liberación se identifica con el terrorismo, por no ser un orden legal combatiendo con otro (el Estado), pero tanto Verhoeven como Wiseman proponen el regreso significativo de la violencia revolucionaria del marxismo tradicional o guevarista, aunque aquí no sea fruto del combate una victoria final sino de una intriga de espionaje. Nada nuevo en suma, una producción destacada a rellenar o cumplir los compromisos por derechos de autor, o quizá conservar la continuidad de la ciencia-ficción de historieta para un mercado de productos virtuales establecido como parte del entrenamiento generalizado en el manejo de la Red y la computación o el celular.

Vengador del futuro, el. (Total Recall). D. Len Wiseman. Con: Colin Farrell, Bokeem Woodbine, Bryan Cranston, Kate Beckinsale, Jessica Biel. Guión: Kurt Wimmer y Mark Bomback, basados en  un cuento de Philip K. Dick. EUA/CAN. 2012.

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