El Tour de cine francés se ha convertido en el festival o muestra cinematográfica en México que es visto por mayor número de espectadores -en el 2011 superó la barrera de los 200,000-; y que llega a mayor número de ciudades y pantallas -en este año se tiene contemplado que se exhiba en 68 ciudades y 118 complejos cinematográficos-, dentro de los cuales se incluye los cinco países centroamericanos donde Cinépolis cuenta con salas.
El 16º Tour de cine francés será inaugurado el 7 de septiembre en el cinépolis Diana, como se ha hecho tradición, y su itinerancia proseguirá hasta diciembre. Se han programado siete largometrajes de entre lo sobresaliente de la producción de aquél país europeo en estos dos últimos años, incluso alguno sin estrenar aún en Francia, y se complementa con la proyección de diecinueve cortometrajes mexicanos a exhibirse antes de cada película.
Estos cortometrajes compiten por el premio denominado “La Palmita”, cuyo ganador se dará a conocer el 9 de septiembre, y de manera automática obtiene la invitación al Festival de cine de Clairmont-Ferrand, el más reputado a nivel mundial en lo que respecta a esta categoría.
Los filmes franceses seleccionados para este 16º Tour han participado en importantes festivales de cine, han merecido críticas favorables, y dan cuenta de los variados temas que atañen a sus directores, de las nuevas generaciones de cineastas.
“Los infieles” (Les infidels, 2012) rinde homenaje al cine italiano de los años sesenta, a las películas de episodios, a sus directores y actores, como Alberto Sordi o Vittorio Gassman. Siete realizadores, entre ellos los dos protagonista, Jean Dujardin (el galán de la multipremiada “El artista”) y Gilles Lellouche, se aproximan a la cuestión de la infidelidad por parte del hombre, en un florido catálogo de sus posiciones y trampas para conseguir sus placeres y deseos; de sus maneras de ser, su bajeza o cinismo, su honestidad o ingenio, su tranquilidad o insistencia.
“La delicadeza” (La délicatesse, 2011) lleva en el papel central a la tierna Audrey Tatou, la “Amélie”, en una comedia con rangos de tragedia y de musical, en postura contraria a lo acostumbrado por el cine comercial hollywoodense. Codirigida por los hermanos David y Stéphane Foenkinos, adapta la novela homónima del primero, quien es un reputado y constante escritor. Es la ópera prima de este par de hermanos, uno, David, novelista y el otro, Stéphane, el más conocido de los directores de reparto en Francia.
“Declaración de guerra” (La guerre est declaree, 2011), fue el film que abrió la semana de la crítica en el festival de Cannes en 2011 y narra el drama particular de los intérpretes, coguionistas y directora, Valérie Donzelli y Jérémie Elkaïm, pareja en la vida real, y su sufrimiento ante la noticia de que su hijo de 2 años tiene un tumor cerebral; lo que deberán afrontar por años, las secuelas que les pegará, las tristezas y esperanzas ante los médicos, la fortaleza con que se sobreponen.
“Los hombres libres” (Les hommes libres, 2011), bajo la dirección de Ismaël Ferroukhi, se remonta al 1942, a la segunda guerra mundial y el relevante papel que tuvieron durante la ocupación alemana los argelinos franceses, metidos de lleno en la Resistencia. Especie de retribución a esos franceses venidos del norte de África, a su patriotismo hacia Francia, a la constancia y valor demostrados, a que cada día se hace palpable la deuda que tienen con ellos. Interpretado con vigor y sensibilidad por Tahar Rahim (el protagonista de “Un profeta”) y el veterano Michael Lonsdale.
“Metal y hueso” (De rouille et d’os, 2012) es el más reciente film de Jacques Audiard, uno de los más importantes cineastas franceses y mundiales de la actualidad. Un drama que alcanza niveles intensos, sobre todo en la caracterización de Marion Cotillard, sus desgracias y sentimientos remarcados en sus rasgos faciales, quien debió ganar por ésta el premio de actuación femenina en el festival de Cannes de 2012. Audiard rotula la tragedia y hace sentir que hay salidas para sobrevivir o revivir ante las desgracias. Adapta un cuento de Craig Davidson y le sacude lo esquemático que pondría una versión estadounidense.
“Tres mundos” (Trois mondes, 2012), parte del atropellamiento de un joven inmigrante para otear en la culpabilidad y el deseo de expiación, en el nacimiento de unos afectos y relaciones, en un triángulo especial, en la dura existencia de muchos inmigrantes indocumentados en Francia, y en Europa; la colisión de tres mentalidades. Catherine Corsini dirige con moderación y un tanto de suspense el “dilema moral” de un hombre, la caída de su sentido de responsabilidad, el temor a ser denunciado.
“¿Y si viviéramos todos juntos?” (Et si on vivait tous ensemble?, 2011), dirigida por Stéphane Robelin, es una de esas películas dedicadas dentro y fuera de la pantalla a la gente de la tercera edad o adultos mayores, o ya entrados en el otoño de su vida, con un reparto multinacional, funcional y acorde: Jane Fonda, Geraldine Chaplin, Pierre Richard, Daniel Bruhl. Retrato de la amistad al transcurrir los años, de la necesidad de otras personas, de las carencias y malestares que sobrevienen con la edad, de las riquezas emocionales que se pueden encontrar aún.
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