La amenaza nuclear motivó un resurgimiento de la ciencia-ficción fílmica en los años cincuenta, en aquel momento fue parte de un auge en el interés por la ciencia y la tecnología generalizados por la carrera armamentista de posguerra iniciada en Álamo Gordo; extrañamente el tema parece volverse a tomar con relevancia en el cine actual, aunque en una modalidad indirecta que parece derivada de las hipótesis de crisis humana planteadas por H. G. Wells en La guerra de los mundos. Desde que Ronald Reagan estableció una hostilidad abierta contra las naciones islámicas y gracias al clímax del terrorismo con la destrucción del World Trade Center el miedo nuclear parece despertar de nuevo en la cultura estadunidense o así se deduce de películas como La división (o La brecha del apocalipsis, o Aislados) de Xavier Gens.
El tema, aún desde Wells, se relaciona directamente con el género de los apocaliptos, textos religiosos pre renacentistas escritos en la época de asentamiento del cristianismo en la Europa mediterránea hacia el final del imperio romano; con el tema de un cambio radical en la condición humana los apocalípticos escribían textos proféticos en los que se pronostica el final de una forma de vivir, o del mundo sencillamente. Esto es lo que Wells describe en su primer gran novela de ciencia-ficción y ha continuado como sub género con autores como Richard Matheson (Soy Leyenda), George R. Stewart (La tierra permanece) o John Windham (El día de los trífidos), por lo que toca a las novelas, si bien abundan los relatos del fin del mundo en autores de todas las lenguas; el cine fue algo más parco al respecto pero tiene igualmente una larga tradición que comienza con el propio Wells.
El principal motivo para la extinción de la humanidad suele ser la guerra, una mundial que se prolonga y degenera a la especie en Lo que vendrá, de William Cameron Menzies (1936) basada en un guión del propio Wells, y una de terrorismo que ocupa armas nucleares en La división, basada en un guión de Karl Mueller y Ebron Sheean. El asunto central es pronosticar el destino final de la humanidad a partir de ser diezmada.
Con cintas como El fin del mundo, de Corman (1956) este director fue el primero en poner en el cine la transformación demoniaca del hombre, de hecho los afectados por la radiación en esa cinta se transforman en caníbales escamados con cuernos y cola que persiguen a los demás sobrevivientes; en La hora final, Stanley Kramer utiliza a un submarino en un intento de rescatar la vida humana y los valores en un mundo radiactivo donde uno de los sobrevivientes resulta ser Fred Astaire y la última mujer Ava Gardner; con Los últimos Cinco, Arch Oboles nos coloca en medio de un quinteto cuya única obsesión es salvar al hijo por nacer de la última mujer y salvar con ello a la especie.
Xavier Gens nos pone en el instante exacto en que una joven, Eva (Lauren German), mira la explosión nuclear sobre Nueva York; desde el inicio nos introduce a su mirada que refleja el hongo explosivo y será nuestra guía con un grupo reducido de refugiados en el sótano de un condominio de lujo donde tratarán de sobrevivir, pero el proceso es lo que importa.
Desde que el conserje Mike (Michael Biehn) clausura la puerta de acceso al subterráneo comienza la escalada de violencia entre los que escaparon a la explosión, una competencia por el control primero, con la intensión de preservar la vida frente a la lluvia radiactiva, y después por el dominio, la imposición de la fuerza que finalmente quedará en manos de Josh (Milo Ventimiglia –si, el de Héroes) ascendiendo rápidamente al abuso conforme la desesperación se adueña de todos y predomina el veneno de la testosterona.
Hasta aquí la narración de Gens se ha colocado muy ortodoxamente a la altura de los ojos de sus personajes, especialmente de Eva, pero conforme la violencia toma visos subhumanos (según el concepto moderno y racionalista) la cámara va distanciándose para contemplar al grupo de manera casi clínica: desde la distancia necesaria para no caer en el gore cuando deberán destazar los cadáveres de sus muertos y seguirá hasta un paseo de la mirada por el trío que sodomiza a Marilyn (Rossana Arquette) sin caer en los lugares comunes de la filmación pornográfica, y paulatinamente asciende la cámara para que veamos a los personajes cuando recorren los pasillos de su encierro como contemplando un laberinto de Skinner.
Ya no estamos simplemente en un drama dentro de un espacio reducido, estamos contemplando la transformación total de la conducta humana como efecto del apocalipsis, hasta que el extremo de la violencia nos regresa a los ojos de Eva, a su trayecto materialmente a través del excremento para contemplar las ruinas del mundo, regresar a sus pupilas contemplando la herencia humana a la última mujer: Eva.
La división, o La brecha del apocalipsis, o Aislados. (The divide). D. Xavier Gens. Con: Lauren German, Michael Biehn, Milo Ventimiglia, Rosana Arquette. Guión: Karl Mueller y Eron Sheean. EUA/CAN/ALEM. 2012.
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