Los años cincuenta, época de sueños nostálgicos para la generación de “tercera edad” (casi cuarta para algunos) que todavía poblamos el siglo XXI, el recordado por la ciencia-ficción tradicional (de ahí el título de novela y película de Kubrick-Clarke, como recuerdo del origen distante); pero en aquellos cincuenta la mayor fantasía se relacionaba con la explosión tecnológica: el primer satélite artificial en el espacio (el Sputnik ruso), la fiebre de los platos voladores, las películas de monstruos e invasores, el auge de Buck Rogers y Flash Gordon, los primeros aviones a propulsión a chorro, el terror atómico (la niñez educada para mantenerse alerta ante una guerra nuclear) y la aparición del Rock and roll. En este panorama histórico Brad Bird sitúa su cinta de dibujos animados El gigante de hierro, recientemente pasada por la televisión comercial (el 14 a medio día).
Aunque el cine de la época todavía conservaba un sistema de clasificación donde los niños se creían inocentes e infradotados mentalmente, la mayor parte de las películas fantásticas se hacían con ellos como mercado; sin embargo pocos eran personajes principales de las cintas de ciencia-ficción, quizá por un esnobismo que no consideraba importante el coeficiente intelectual infantil (la misma actitud que hoy nos causa asombro ante el rápido desarrollo infantil frente al mundo electrónico y virtual); salvo un par de películas (El día que paralizaron la tierra, de Wise con el pequeño Billy Gray, o El niño invisible de Herman Hoffman y el niño Timmie Merrinoe) en ellas los niños son una ausencia notable o el motivo de hechos de terror, como la niña traumatizada de El mundo en peligro y los pequeños chicanitos rescatados por James Whitmore sacrificándose, no había infantes en ese cine, es decir, no podíamos identificarnos con la trama.
Lo primero que hace notable a El gigante de hierro es que su personaje principal y narrador es el niño Hogarth Hughes (Eli Mariental), que sirve para hacer un juego de palabras con el nombre del millonario excéntrico de aquellos tiempos. Y nos lleva al trazo de un retrato de la época visto con mentalidad crítica hacia una era en que se forjaron la mentalidad militarista y la idea policiaca de la mayor potencia de la tierra.
Hay algunas imprecisiones en la trama de la cinta, pero la esencia del cambio humano ante la transformación tecnológica conserva una posición más clásica de la ciencia-ficción, que por cierto en aquellos años alcanzaba la edad Dorada, según Isaac Asimov. Por ejemplo el agente Kent Mansley (Christopher McDonald) es una caricatura muy precisa de los burócratas asociados a la Casa Blanca y también del héroe fílmico de esa era James Arness (de hecho lo representa como el g-men que encarna en El mundo en peligro), pero se comporta como si fuera el Félix Leyter de Ian Fleming con una sobredosis de anticomunismo (dice en algún momento que “no importa si -el gigante de hierro- fue construido por chinos, los rusos o seres de otro planeta, lo que importa es que no es nuestro y hay que destruirlo”), y para aquellos años cincuenta los proyectiles Polaris, del submarino atómico Nautilus, no habían sido probados (eso fue después de la “crisis de Cuba”) y sin embargo es con ellos que se ataca al robot extraterrestre.
Quizá el tercer personaje en importancia es el beatnik escultor que ayuda a Hogarth a esconder al robot (por cierto en la versión doblada al español el agente Mansley le dice Hippie, y todavía no llegaban los sesenta y la revolución de las flores, sospecho que le dice beatnik en inglés) y éste Dean Coppin (Harry Conick Jr.), que a su vez resulta un retrato bastante cercano al movimiento existencialista estadunidense que encabezaron gente como William S. Burroughs y Allen Ginsberg (con la fisonomía de éste), especialmente en la actitud crítica pero pasiva que caracterizó al movimiento Beatnik, lo único que se extraña es la ausencia de Be-Bop y el Jazz Cool de la época, tal vez porque el niño Hogath (seguramente alter ego de Ted Hughes, autor de la novela original) solo atiende al nacimiento del rock and roll en la radio pueblerina.
La paranoia militarista del ejército es confrontada con su inutilidad ante lo desconocido, sobre todo la actitud inicial ante lo nuevo, con el temor de que todo sea una amenaza, descarta (desde entonces y hasta ahora) la comunicación tomando la agresión como iniciativa, con lo que despiertan el síndrome de Frankenstein y hacen que el pacífico robot que sirve al niño de juguete colosal, se transforme en una máquina destructiva digna de los más deslumbrantes diseños de George Pal y Ray Harryhausen.
Bird mantiene un concepto de infancia idealizado, pero no por ello poco realista; en la relación del niño con la máquina se combinan la inocencia de la niñez, que es el primer contacto del monstruo con la humanidad para pasar al monstruo de la película Whale, y los personajes infantiles del cine que culminarán en el Elliott (Henry Thomas) de E. T., la culminación de esta versión de la niñez ya sin lo ñoño en las películas del grupo de Spielberg.
Gigante de hierro, El. (The giant of iron). D. Brad Bird. DIBUJOS ANIMADOS: Con (Voces): Vin Diesel (el gigante), Eli Mariental (Hogarth), Jennifer Aniston (Mamá), Harry Cornick Jr (Dean Coppin). Guión: Tim McCanlesw y Brad Bird, basados en la novela de Ted Hughes. EUA. 1999.
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