Aunque parezca disco rayado de tanto repetirlo disfrute enormidades en mi infancia y adolescencia (años cincuenta del siglo pasado) con las películas del director John Sturges, mucho antes que pudiera distinguir que a ellas las unía el lazo común de un mismo realizador. Así fue. Tuve en mi “baúl” de favoritas, mencionadas en el orden su estreno,: Hombres o bestias; Conspiración de silencio; La capa escarlata; Cinco tumbas, Duelo de titanes; El tesoro del ahorcado; El último tren; Siete hombres y un destino y El gran escape, en lo que podríamos llamar la etapa “primaria” en que la preferencia derivaba del género a que pertenecían las películas, para después tomar en cuenta a los actores y actrices que las protagonizaban, hasta que a mediados de los sesenta comencé a tomar en cuenta o conciencia de los directores, lo cual me llevó, en el caso de Sturges, a revisar y disfrutar de sus primeros años en Columbia con Mares de arena y de sus primeros filmes en la M.G.M. El misterio en la playa, Entre el águila y la serpiente y Una noche traicionara. Después del gran éxito de taquilla y crítica de El gran escape se suele manejar entre los críticos que Sturges vino en decadencia con cintas irregulares en que no estaría ya las alturas de sus mejores obras realizadas entre 1953 y 1962, aunque para nosotros Estación 3 secreto supremo; La hora de las pistolas, Abandonados en el espacio y Joe Kidd, mantienen un buen nivel de las mejores cualidades de la narrativa de Sturges, un director que si bien cuesta trabajo elevarlo a las alturas de un gran autor cinematográfico en los conceptos clásicos del Cahiers Du Cinema, tampoco es válido tildarlo de un mero artesano competente.
En los canales de televisión Movie City Classic y TCM en los último meses ha sido posible ver, en forma reiterada programadas Hombres o bestias, Conspiración del silencio; El último tren, Cuando hierve la sangre y Siete hombres y un destino que me llevaron a la revisión de sus obras y disfrutar nuevamente de estos buenos filmes, al tiempo que quise escribir una breve nota sobre este director que este 18 de agosto cumplió 20 años de haber muerto en San Luis Obispo, California, a la edad de 82 años, pues nació el 3 de enero de 1910 en Oak Park, Illinois, Estados Unidos.
Su inicio en el cine data de 1932, cuando ingresa a la sala de montaje de la RKO como ayudante y será hasta 1939 en que aparezca su nombre en los créditos de una película como editor, siendo esta la película La mujer del otro (They Knew What They Wanted) interesante melodrama de Garson Kanin con Carole Lombard y Charles Laughton en los roles protagónicos. Participa como editor en otros cuatro filmes en la industria, para en 1942 marcharse a trabajar en las fuerzas armadas de su país, durante la Segunda Guerra Mundial en la realización de documentales de propaganda bélica, tanto en calidad de editor como de director de algunos de ellos, aunque como era usual en la época sin llevar crédito. Al regresar a la vida civil la Columbia Pictures le contrata y le da oportunidad de debutar como director en Yo arriesgo mi vida (The Man Who Dared), un thriller policiaco con Forrest Tucker y George Macready, que le ganó algunas buenas críticas. En la Columbia dirige otras nueve cintas de las cuales sólo conozco Mares de arena con Randolph Scott y Ella Rains, situada en época actual sobre un grupo de hombres, a los cuales los acompaña una mujer, en la búsqueda de unas carretas llenas de oro perdidas en el desierto, en la región fronteriza entre Tijuana y California, hacia 1880, ya que durante una partida de póker un viejo minero, asegura haber visto, en una de sus andanzas buscando oro, durante una tormenta de arena en que por momentos quedaron al descubierto. A los seis jugadores se les une la chica que trata de proteger a su joven novio, Randolph Scott amigo de ambos y un detective que quiere capturar al muchacho. Realizada un poco después que El tesoro de la Sierra Madre de John Huston es imposible no reconocer influencias de esta cinta en Mares de arena, aunque aquí el grupo esta integrado por nueve personas, lo cual permite una mayor tipología de comportamientos individuales sobre el despertar de la codicia, al sentirse poseedores de una fortuna, la cual será mayor en la medida en que la repartan entre menos compañeros. Al final de cuentas el desierto termina por volver a devorar las carreras, no sin antes haber contemplado varias disputas y muertes en el grupo, habiendo mantenido siempre la calma Randolph Scott quién se había unido al grupo por ayudar a un joven amigo y su chica. Por la atmosfera y el espacio geográfico en que se maneja la trama y el comportamiento de los personajes, no resulta muy forzado considerar a Mares de arena como un western, máxime que su protagonista principal es, como ya lo hemos señalado reiteradamente Randolph Scott.
De su etapa de Columbia también se encuentran buenas críticas de su labor en La captura, siendo la última que dirige para ese estudio, al pasar a la Metro Goldwyn Mayer, que le permite acceder a mayores presupuestos y mejores repartos, en la medida que va ganado reputación como un buen director de filmes de acción y sobre todo westerns. En sus dos trabajos iniciales lleva de protagonista a Ricardo Montalbán, entonces la máxima estrella latina de la M.G.M., el primero es el policiaco de suspenso El misterio de la playa y el segundo Entre el águila y la serpiente de ambiente boxístico en el cual, aparte de luchar en el ring, Montalbán debe pelear abajo del cuadrilátero con Dick Powell por el amor de June Allyson, sin ser algo extraordinario ambos filmes se dejan ver con agrado. Si bien Una noche traicionera puede considerarse un filme menor de Spencer Tracy, no por ello deja de ser un interesante policiaco; al igual que Devoción de mujer con Barbara Stanwyck, tratando de salvar a su herido marido Barry Sullivan, luchando contra el criminal John Hodiak. Estimable es, igualmente, la comedia dramática Abigeos peligrosos con Polly Bergen y Howard Keel, realizada antes del western Hombres o bestias con el cual inicia la etapa brillante de la carrera de Sturges que suele señalarse, como mencionamos líneas arriba culminar con El gran escape. Sturges sabe manejar con eficacia su material y aprovechar adecuadamente los escenarios, manejando el espacio como parte de la dramaturgia, igualmente sus personajes, en particular los considerados al margen de la ley, manejan un sentido del humor cínico, con tintes filosóficos que logran ganarse la simpatía de los espectadores, destacando en tal sentido el Doc Hollyday de Kirk Douglas en Duelo de titanes y el Clint Hollister de Richard Widmark en El tesoro del ahorcado. Si bien ese humor también se encuentra en Siete hombres y un destino, es más problemático destacarlo en uno sólo de los personajes de ese estupendo western y de cierta manera también agregaría al Doc Hollyday de Jason Robards jr., en La Hora de las pistolas.
Quim Casas en su libro El Western: el género americano al comentar sobre El tesoro del ahorcado con título en España de Desafío en la ciudad muerta señala: “John Sturges estuvo activo como realizador durante tres décadas, de 1946 a 1976, y dirigió 43 películas. Quince pertenecen al género western. De ellas, tres no han sido estrenadas en España, The Walking Hills (Mares de arena, 1949), The capture (La captura, 1950) y The Scarlet Coat (La capa escarlata, 1955); dos más se inscriben en el cruce mestizo, y no demasiado afortunado, entre western y comedia, Tres sargentos y La batalla de las colinas de whisky (en México Como casi se perdió el oeste); una se supedita al divismo de Charles Bronson y a la política de coproducción italo-franco-española, Caballos salvajes (en México El Chino), coacreditada también a Duilio Coletti; otra se limita a perpetuar sin demasiado interés el esquema mítico de los protagonistas del OK Corral, La hora de las pistolas, inferior a todas luces al primer acercamiento de Sturges al tema Duelo de titanes; y una última cabría definirla de neowestern por su ubicación física y las características de sus personajes, la excelente Conspiración de silencio”.
“Quince menos ocho. Quedan siete westerns puros, por definirlos de alguna forma, al que el lector puede tener acceso con relativa facilidad. Pues bien a partir de esos siete filmes, Fort Bravo (en México Hombres o bestias), El sexto fugitivo (en México Cinco tumbas), Duelo de titanes, Desafío en la ciudad muerta (en México El tesoro del ahorcado), El último tren de Gun Hill, Los siete magníficos (en México Siete hombres y un destino) y, en menor medida, Joe Kidd, se ha edificado el respeto crítico que el cine de Sturges puede suscitar aún entre ciertos sectores. La repercusión de sus trabajos en otros géneros queda minimizada, quizá con la excepción de la popular La gran evasión (en México El gran escape), por su trayectoria firme en el western. Pero al igual que Hawks, Walsh, Mann, Daves, Toureneur o Ray, autores todos de obras capitales en el cine del Oeste, Sturges no puede ni debe ser clasificado o tenido en consideración simplemente por sus westerns. Su cine, no tan personal como el de los directores citados, tenía sello y espesura propia. Su mirada, a veces resultaba muy poco convencional. El tesoro del ahorcado, que no tiene la carga emotiva y mítica de sus dos westerns, Duelo de titanes y Siete hombres y un destino, es una buena prueba de esa óptica ajena a los tópicos y las normas. Es, además, uno de los escasos westerns que los detractores de Sturges (Bernard Tavernier y Jean Pierre Coursdon, por ejemplo, en sus 50 ans de cinema américain, París, Nathan, 1991) se atreven a defender”.
Quim Casas considera western a La captura, aunque por las referencias que hemos encontrado de ella, más se acerca a una cinta policiaca o film noir, ubicado en una zona petrolera de México, en los años treinta del siglo pasado, aunque como se trata de una región rural con traslado en caballos, hace supone un ambiente westerniano. El guión es de NIven Busch especialista en ambos géneros y además de solida solvencia en sus trabajos, lo cual hace interesante la búsqueda de este filme en algún sitio de descarga en internet, para conocerla. En cuanto a La capa escarlata, ubicada en los tiempos de la guerra de independencia de los Estados Unidos, narra un episodio histórico, sobre la búsqueda de un traidor de nombre clave Benedict Arnold, el cual ofreció la rendición del Fuerte West Point a las tropas inglesas a cambio de dinero, la considero más un sólido filme de aventuras, espadachines y suspenso, que un western, donde luce esplendorosamente bella Anne Francis, si es que el recuerdo no me traiciona y con un Cornel Wilde como el oficial del incipiente servicio secreto del ejército americano, encargado de buscar al traidor. Son ya muchos los años que han pasado de mi última visión de La capa escarlata, pero tengo un buen recuerdo de la misma, por lo cual la mencioné, líneas arriba, entre mis favoritas de la obra de Sturges.
Por su parte el santón de la crítica estadounidense Andrew Sarris en su siempre citable libro El cine norteamericano dentro del apartado de los directores que considera de “seriedad forazda” comenta sobre Sturges lo siguiente: “Mucho antes de Siete hombres y un destino, parecía que John Sturges se encaminaba, quizá inconscientemente, a ser el Kurosawa norteamericano, atormentado sin humor, conscientemente social. Bien vistas las cosas, ¿hay mucha diferencia entre la cruzada de karate de Spencer Tracy en Conspiración de silencio y los alardes de espada samurái de Toshiro Mifune en Yojimbo? La ventaja de Kurosawa estuvo en que su personalidad está más a tono con la violencia y la misantropía. Sin embargo, es difícil explicarse porque la carrera de Sturges fue considerada alguna vez como de significación. Así, qué ingenuidad fue afirmar que Sturges había resuelto los problemas del cinemascope con sus agrupamientos alegóricos en la ya mencionada Conspiración de silencio. Incluso en la época de El misterio de la playa, Una noche traicionera y Hombres o bestias resulta incomprensible la fácilmente adquirida fama de técnico experto de este director. Donde Daves se gana la atención con sus abatidores movimientos de grúa, Kubrick con sus seguimientos sin significación y Wise con las perforaciones IBM de su montaje, Sturges, con sus útiles de trabajo sólo consigue un análisis visual superficial y un giro de la cámara, desperdiciado. El hecho de que El gran escape sea de tanto éxito y que Como casi se perdió el oeste sea un fracaso, indica no sólo que Steve McQueen tiene una personalidad más convincente que Burt Lancaster sino también que Sturges debía ocuparse sólo de la parte seria y quizá solemne del género”.
Tal parece que Sarris se hace eco, seguramente, del comentario del especialista francés del género Jean Louis Rieupeyrout en su libro La grande aventure du western 1894-1964 cuando señala: “Los westerns de Sturges están cuidados según las más ortodoxas reglas hollywoodienses, con los instrumentos necesarios para hacer pasar por atrevimiento lo que no es más que una distinguida vulgaridad (…) Las imágenes lujosas de John Sturges sorprenderán a los crédulos y los vanidosos, partidarios siempre de la ‘obra bella’.”
Lo cierto es que como lo señalamos en un inicio Sturges es algo más que un mero artesano ilustrador, aunque no un autor pleno, debido, posiblemente, a que en muchas ocasiones se vio envuelto en la función de director y productor, por lo cual no se arriesgaba mucho en apuestas de una creación personal y buscaba caminar por los lugares seguros de complacer al público, algo que logró en muchas ocasiones, tal y como hemos querido señalar al nombrar un poco más de una quincena de títulos debidos a Sturges que merecen ser revisados y revistos.
Textos relacionados:
Hombres o bestias de John Sturges
Conspiración de silencio: Bad Day at Black Rock
Duelo de titanes: Sturges y la balacera de O.K. Corral
El último tren de John Sturges con Kirk Douglas y Anthony Quinn
loading...
loading...
[...] John Sturges: autor de recordables y disfrutables westerns [...]