Niñez y miedo son cosas que van juntas, pero los miedos infantiles se supone sean una fase de ignorancia que vence la edad, sin embargo Sigmund Freud probó que eran mucho más que eso en toda la ficción que nutre el arte humano, incluyendo al cine; sigue siendo un tema recurrente el temor infantil, sobre todo los terrores nocturnos (que nos han dado obras tan destacadas como Los 5,000 dedos del Dr. T-1953- y Monsters Inc.-2001) y de esto trata la cinta Intrusos de Juan Carlos Fresnadillo, pero también es un asunto de la magia, especialmente la comprendida en el lenguaje en sí.
Hay en el nuevo cine español (ya no tan nuevo después de algunas décadas de suceder el “destape”) es una búsqueda de auténtica modernidad donde lo racional ocupe un sitio real en la existencia, a través de autores como Pedro Almodóvar o Alex de la Iglesia el absurdo y la sátira desnudan siglos de oscurantismo ideológico asentados en la cultura ibérica, pero en un cineasta como Alejandro Amenábar o Fresnadillo la búsqueda hacia el subconsciente hispánico a través del miedo resulta muy interesante.
Lo ausente en Intrusos son los terrores nocturnos y su reflejo más directo en las pesadillas, el cineasta busca darnos un panorama de los actos que originaron estos miedos y para ello recurre al estereotipo del complejo de Edipo, que, como sabemos, consiste no en el asesinato de Layo-el-padre, sino en el celo infantil por la posesión del progenitor favorito, siendo más claro y definido el caso de la madre y más dramático y definitivo en el varón en la pareja; pero lo que en psicoanálisis tradicional se llamaba Complejo (o síndrome según el dominio anglosajón) para Fresnadillo, Casariego y Marques es asunto de la simple incomunicación intrafamiliar. Lo curiosos es que lo plantean desde una perspectiva cultural muy curiosa.
Juan y Mía comienzan a manifestar el malestar por la lesión territorial que significa para ellos descubrir que su progenitor favorito no es propiedad exclusiva sino tiene privacidad propia, para Juan (Izán Corchero) esto será transformado en terrores nocturnos que alteran la paz física y mental de su madre Luisa (Pilar López de Ayala), y la orillarán a buscar la solución en alguna autoridad que la cobije, en este caso muy española, la iglesia es su solución; para Mía el problema es mayor porque su organismo ya no es infantil y la reacción es psicosomática, pierde la voz, pero también parece contagiar a su padre John Farrow (Clive Owen) enloqueciéndolo en apariencia.
El hilo narrativo justamente es un relato para la tarea escolar en que ambos niños proyectan sus miedos a la literatura, en ambos relatos el personaje carece de rostro (Carahueca para Juan, Hollowface con Mía) pero ninguno está terminado: el cuento no puede acabar porque el miedo permanece. Miedo que comparten Luisa en su soltería condenada por la tradición religiosa y social y John identifica con Mía sus fantasmas con él mismo; ambos adultos funcionarán conforme la necesidad de los hijos.
En la trama española Fresnadillo expone la persistencia de la tradición como un ancla: Luisa enseña a Juan un conjuro (medieval) para alejar las pesadillas, su joven confesor, el padre Antonio (Daniel Bruhl) quiere exorcizar al niño hasta que el cura viejo (Héctor Alterio) le dice que eso es asunto de psiquiatría no de la iglesia (haciendo valer la experiencia vivida en lugar del dogma). Por parte de Farrow la rápida intervención de la seguridad social londinense lo convierte en una amenaza a la seguridad mental de su familia y obliga a la separación legalizada. Dos tradiciones como cárceles en diferentes culturas de la civilización posmoderna.
La cura de Juan deberá ser la verdad: su madre copula con un extraño, Mía recibirá el auxilio de John que habrá de romper la legalidad para estar con su hija y hacerle comprender la verdad como un producto de su percepción anómala del mundo, una percepción que, como la de Juan mismo, se distorsionan primero por la incomprensión de la edad y luego por la falta de claridad de los padres en su relación familiar, una falta de claridad denunciada en el uso del lenguaje por los mayores hacia los hijos, siempre disfrazando los hechos con palabras parecidas o conceptos paralelos y no hablando directamente dando su nombre a cosas y hechos, esto es lo que Farrow conjura por medio del habla, quizá porque comprende que Mía deja de hablar por miedo a las palabras y escribe por su confianza en la magia del lenguaje, magia a la que Farrrow le llevará hasta comunicarse con ella y consigo mismo, dándonos Fresnadillo una guía para vivir mejor en una sociedad caracterizada por las familiar disfuncionales (incomunicadas sería mejor).
Intrusos. (Intruders or Hollowface). D. Juan Carlos Fresnadillo. Con: Clive Owen, Carice Van Houten, Ella Purnell, Izán Corchero. Guión. Nicolás Casariego y Jaime Marques. EUA/GB/ESPÑ. 2011.
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