La guerra de los mundos de Spielberg, revisitar los clásicos.

Escrito por on ago 21st, 2012 y archivado en Ciencia Ficción y fantastico, Destacado, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La guerra de los mundos de Spielberg, revisitar los clásicos.

Parece una condena y una decadencia lo que sucede en el cine del siglo XXI, donde todo se vuelve una versión de algo ya hecho o una actualización de obras que parecerían desfasadas de textos y películas importantes en su tiempo. Se ha creado una cierta clase de cine de segunda línea decepcionante y absurdo para quienes amamos este arte; casos tan terríbles como las versiones de Lo que el viento se llevó (Scarlet, de John Erman) y Casablanca (la serie homónima con David Soul y Héctor Elizondo, 1983) o en la ciencia-ficción los tristes filmes de terror semi-gore con que repitieron la magnífica El enigma de otro mundo (The thing) de Chirstian Nyby y Howard Hawks (1951) nos llevan a uno de los temas con más versiones en el género por toda la historia fílmica: La guerra de los mundos, cuya versión más valiosa y apreciada por el público de todos los tiempos fue realizada por George Pal y Byron Haskin (1953) y fue inevitablemente referencia obligada para la cinta que produjo Steven Spielberg en 2005.

Salvo la clásica y casi olvidada Lo que vendrá (William Cameron Menzies, 1930), basada en el libro de H. G. Wells La forma de las cosas futuras (1933) y con guión del propio escritor, la decadencia humana por invasores ha sido un tema que va, cuando menos, desde las aventuras de Flash Gordon (episodios realizados desde 1936 a 1940, contenidos en La invasión de Mongo, Marte contra la tierra y Flash Gordon conquista el universo) hasta la reciente Skyline de Colin y Greg Strause  y La guerra de los mundos 4, el fin de la humanidad –(Alien Armagedon), de Neil Johnson, 2011, contando además con la serie de televisión hecha como homenaje a Ann Robinson por Greg Strangis (La guerra de los mundos II: la nueva generación, 1988-1990) haciendo de paso homenaje a Pal y Haskin en su formato y conservación,  de personajes y situaciones extrapoladas, cuya seriedad seguirá Spielberg respaldado pro Tom Cruise en 2005.

La cinta del genio de los efectos especiales y el rescate de último minuto resulta ser la más cercana al texto original de Wells, con todo y que padece de la insufrible “actualización” que destruye paulatinamente al género en el cine actual, incluso Spielberg con sus guionistas Friedman y Koepp recuperan la desesperación y el terror logrados por Wells en su texto.

Por principio los personajes principales de Wells suelen ser eruditos o intelectuales que le servirán al autor para la doble función de estar calificados intelectualmente para exponer los elementos científicos de la narración, y al mismo tiempo satirizar a la clase ociosa de la gran Bretaña imperial del siglo XIX (excesivamente auto satisfecha y segura de su poder); Spielberg opta por el punto de vista opuesto: Ray Ferner (Tom Cruise) es un obrero portuario, representa al estadunidense confiado en su sistema de vida y completamente ajeno a lo que no sea su propia existencia, más o menos el equivalente sociológico del inglés ochocentista: el ciudadano ciego a todo lo ajeno.

Desde luego esto implica una apología del individualismo liberal (lo ,que inevitablemente nos remite al pensamiento de Marta Robles, cuando dice que: “Los liberales son los peores machistas en privado –igual que racistas, añadiría yo) en la cinta no se aprecia ningún negro, y todo sucede en el ambiente “clean” del Este y el medio Oeste norteamericanos, lo que en sí o necesariamente carece de crítica implícita; además en el texto y en la cinta hay una ausencia notoria de cualquier asunto religioso, salvo en la narración de apertura y cierre, curiosamente bíblicas.

La primera recuperación importante del texto welsiano consiste en capturar la atención en el hecho de que los marcianos utilizan en su beneficio la sangre humana (no en vano Wells se enlaza con el romanticismo inglés de finales del XVIII e inicios del XIX que cristalizó en la obra de Mary Shelley (1816) y culminó con el Drácula de Stoker (1897), Spielberg llega a ser tan fiel al texto original cuando describe cómo sacan la sangre del cuerpo humano mediante una especie de manguera-jeringa  y cómo transportan a los humanos en jaulas añadidas a las máquinas caminantes; por demás también Dennis Muren pone su parte en la fidelidad al texto al haber diseñado las máquinas marcianas con miembros articulados sin la grosera apariencia de los ensambles rígidos sino con la semblanza de máquinas orgánicas que tanto costó describir a Wells; secuencia aterradora que Spielberg hace presenciar a Ray-Cruise desde la ventana de un sótano desde donde también testifica Harlan Ogilvy (Tim Robbins)  viendo el crecimiento de la selva roja con que los marcianos hacen su proceso de martificación (por analogía con la terraformación que pretendemos hacer en el planeta Rojo contaminando su atmósfera), asunto ya planteado por Anthony Hoffman en Planeta Rojo, 2000.

Esta es otra recuperación de Spielberg, aunque en su versión resulta mucho más aterrador que en el original, porque el crecimiento de la selva roja marciana se hace mediante la pulverización de sangre humana, y en ese sótano el ex asistente de Roger Corman sitúa gran parte de lo más significativo de la historia: la relación de Ray con su hija Rachel (Dakota Fanning) y el contraste entre su frialdad aterrada con la histeria del sobreviviente Ogilvy, cuyo estado mental llega al clímax cuando este filósofo de la revancha descubre el uso de la sangre humana y se desquicia (reuniendo en si al clérigo y al cañonero de la novela).

En este punto es donde la actualización de Spielberg-Friedman.-Koepp se hace más evidente y en equivalencia a la sátira de Wells: Ogilvy-Robbins planea quedarse bajo tierra y formar una resistencia contra los marcianos porque: “la historia nos ha enseñado que ninguna ocupación tiene éxito,,,” y la dice justo en el momento más duro de la política de Bush Jr. hacia Afganistán e Irak, un reflejo del imperio británico en su debacle sudafricana de finales del XIX.

De otra parte Spielberg tiene demasiado respecto por la continuidad del lenguaje cinematográfico y su comunicación con el público, así que desde el principio del proyecto se sabía deudor de dos versiones: la radiofónica de Orson Welles y la fílmica de Haskin-Pal recuperando dos de los instantes cruciales de la versión de ellos: la caída de la máquina marciana y el avance de la mano con tres dedos hacia  la luz solar como signo de agonía, y hace también un homenaje al cine de ciencia-ficción y sus estrellas cuando incluye como suegros de Ray a Gene Barry y Ann Robinson.

La caída del primer aparato marciano resume la obra, tanto en  Spìelberg como en  la cinta de Haskin, aunque en esta es menos obvia al dar un mensaje religioso cuando en la primera versión un rayo destruye la imagen de San José en una iglesia católica de Los Ángeles y con Spielberg hay un rescate del texto original del programa de radio, a lo que Orson Welles había dado un tono salmodiado y bíblico a la ascensión de los microorganismos como instrumento divino contra la invasión, mientras que Wells había dictado toda una conferencia sobre la evolución diferente y la muerte por falta de anticuerpos en las últimas páginas de la novela y un discurso sobre higiene y enfermedad, aunque las últimas páginas también se dedican a la descripción aterrada del mundo en poder de los marcianos, pero esto será objeto de otras películas como la insufrible Alien Armageddon, de Johnson.

Guerra de los mundos, la. (War of the worlds): D. Steven Spielberg. Con: Tom Cruise, Dakota Fanning, Tim Robbins, Gene Barry,. Ann Robinson. Guión: Josh friedman y David Koepp. EUA. 2005.

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