La exhibición de King Kong cambió la visión del mundo a muchas personas, especialmente a una joven con vocación plástica que se interesó en el cine desde la preparatoria a partir de la fantasía de Cooper y Schoedsack, era Ray Harryhausen. Fascinado por los diseños de Willis O’Brien en aquel 1933.
El propio Harryhausen describe la experiencia al entrevistarse con los hermanos Foward y Stephen Chiodo para describir su trabajo en la realización de El gran Gorila (1949): “ Estaba yo en preparatoria y conocí a esta chica que llevaba un libro lleno de dibujos de King Kong y me dijo que eran de su padre, quien trabajaba ayudando a Willis O’Brien”; aprovechando aquella amistad Harryhausen visitó al creativo en los estudios M.G.M., y por primera vez observó la factura de los muñecos de barro y piel elaborados por O’Brien con ayuda del mexicano Marcel Delgado; la experiencia le transformó, se ofreció a ayudar y el maestro de animación le pidió que hiciera un muñeco para prueba… “Me salió un muñeco que parecía hecho con salchichas y Willis me dijo que antes que todo debía estudiar anatomía…”
Fue el principio de una larga preparación estudiando no solamente anatomía humana sino comparada y esto le llevó a trabajar con George Pal durante los años de la Segunda Guerra Mundial ayudándole en la realización de los Puppetons, labor que realizó dos años aprendiendo a animar cuadro por cuadro con la técnica de sustitución de partes para lograr el movimiento, hasta que al final del conflicto, cuando Willis O’Brien regresó de la Costa Este se reclutó con él y colaboró en la realización de El gran gorila, que les daría un Óscar por efectos especiales.
De su formación cuenta Harryhausen que fue autodidacta y deductiva, estudiando en artículos de Mecánica Popular, donde encontraba textos de cómo hacer robots de juguete, cosa que influyó en que creara esqueletos móviles para animación, y así diseñó al Poderoso Joe Joven que estelarizó la película dirigida pro Ernest B. Schoedsack y produjo John Ford con su estrella Ben Johnson, quien se haría inmortal en las cintas épicas donde Ford lo dirigió al lado de John Wayne. En realidad hubo un número especial de la revista en que se hablaba del trabajo del “Obbie” O’Brien y aparecía Fay Wray junto al muñeco de King Kong de medio metro de alto.
A partir del Gran Gorila la carrera de Harryhausen fue meteórica; entre la pausa de la guerra y la persecución macartista posterior contra los sindicatos, los estudios suprimían las secciones de efectos especiales y el aumento de publicidad exigió cada vez más efectos, animados y de otro tipo, para los anuncios comerciales de cine y la naciente televisión; ese fue el nicho original con que George Pal y Harryhausen se acomodaron rápidamente a la demanda, pero el cine veía ya el devenir de un auge con los géneros fantásticos.
Curiosamente el regreso al cine para Harryhausen fue en una película documental, El mundo de los animales, de Irwin Allen (sí el productor original de Viaje al fondo del Mar y otras series fantásticas de la televisión de los sesenta y setenta), una película que pretendía dar un panorama de la vida en nuestro planeta desde sus inicios y que a diferencia de los documentales de Disney (especialmente la serie de People and places y los de fauna dirigidos por James Algar) no antropomorfizaba la conducta animal sino planteaba la amenaza que pendía sobre la fauna por el expansionismo de la civilización; tocó a Harryhausen trabajar la fauna antediluviana en su episodio inolvidable de la vida de los dinosaurios.
En realidad fue un trabajo breve, seis semanas de filmación según Harryhausen, donde expusieron las teorías más avanzadas sobre la aparición y conducta de los dinosaurios, así como de su extinción entre cataclismos terrestres, falleciendo entre erupciones volcánicas y terremotos., Como fuese con todo que la reconstrucción se basaba en las pinturas originales del Museo Fielding de Chicago (hoy solo un recuerdo entre los coleccionistas de la revista LIFE) coincidiendo con la versión de Disney en su Fantasía basada en El despertar de la primavera de Stravinski, el asunto es que fue de lo más convincentemente filmado hasta entonces.
Los años cincuenta fueron un reactivo para la fantasía en el cine, la amenaza de la televisión que entraba gratuitamente al seno de los hogares, con su programación inicial de películas y eventos deportivos así como noticiarios, orilló a los productores a profundizar en las fantasías de todo tipo y ahí estuvo el lugar ideal para Harryhausen, George Pal y los demás especialistas, pero el maestro O’Brien fallecería en pleno auge (1962).
Entre su trabajo en publicidad y propaganda y el Oscar por El gran Gorila, Harryhausen ocupó un mercado trascendental en la animación que pasaba por la crisis sindical de la casa Disney, ciertamente sus trabajos no tuvieron el carácter de las animaciones de Los Siete, los dibujantes de Disney, que se negaron a seguir siendo explotados luego del éxito de Dumbo y la hazaña de fantasía y novedades técnicas de Bambi, y se unieron al éxodo de especialistas que abandonó a los grandes estudios de Hollywood; en los dibujos animados fue Fred Quimby el ganado con el concierto que Tom y Jerry dieron en manos de Scott Bradley (Concierto gatuno, 1947), pero las historias para niños a través de la animación le toca a Harryhausen, asociado con George Pal, contarlas desde las clásicas de Perrault, los Grimm y hasta cuentos del sur profundo, que quizá motivaron a Disney para filmar su Canción del sur (1947), que perdió frente a El Gran Gorila en el rubro del Óscar de efectos especiales, a la que ni el brillante retorno de los dibujos en Alicia en el País de las Maravillas (1951) rescató para el mercado, pero básicamente la dupla de Pal-Harryhausen ocupó el espacio de los cortos animados que abrían toda función luego de los noticiarios en aquella época de salas familiares.
Con los cincuenta el auge del cine fantástico de posguerra adoptó un carácter más crítico y realista, el esfuerzo fue hacia la ciencia-ficción y ahí se dividieron los intereses con Pal, que abordó su propia productora mientras Harryhausen tuvo la asociación con Charles H. Sneer y un boleto directo a las películas de serie Z: cintas de platos voladores y monstruos espaciales (La bestia de otro mundo, 1957, Los primeros hombres en la Luna, 1964) o de tiempos y regiones remotas (Invasión de los discos voladores, 1955, El monstruo de las profundidades,) y sobre todo las fantasías míticas de la literatura universal, (Sinbad y la princesa, 1959, El viaje fantástico de Sinbad, 1974, Jasón y los argonautas, 1963, Sinbad y el ojo del tigre, 1977 y Furia de Titanes, 1981).
El de Harryhausen fue un trabajo único dentro del humanismo ausente de las pantallas, pues salvo Venus era una mujer de William A. Seiter, y el trabajo de algunos vanguardistas como Jean Cocteau y su La bella la bestia, 1946, la tradición literaria y clásica se diluía en guiones anodinos con pretensiones de actualidad pero solamente en dispendio de fantasías sin sentido destinadas a la distracción de un público empeñado en la reconstrucción del mundo destruido por la guerra.
Asociado con O’Brien Harryhausen fue parte de un amplio grupo de creativos de la animación y los efectos especiales que incluía a James Danfort, David Alen, Peter Petersen y especialmente Dennis Murren, quien será pionero en la creación de los Estudios Light & Magic, de George Lucas, a partir de su trabajo en El secreto de la pirámide de Barry Levinson (1985), pero también es una generación que llegó a contaminar la industria mexicana, puesto que Willis O’Brien tuvo planes para México y cristalizaron en dos películas. El monstruo de la, montaña hueca (1956), de Edward Nassur e Ismael Rodríguez y El escorpión negro, de Edward Ludwig (1957) cuyos efectos fueron realizados por el propio ayudante principal de Obbie, Peter Petersen, asociado entonces con Harryhausen; y el mismo participó todavía en los años ochenta, influyendo directamente en la animación de un tiranosaurio bufo para El cavernícola, de Carl Gottlieb (1981), donde empató sus esfuerzos con David Allen para seguir la línea trazada por Edward Fitzgerald en nuestro cina con la animación de dinosaurios para El bello durmiente, de Martínez Solares, con Tin Tán (1952).
En la historia de la animación fílmica los animales prehistóricos tienen un sitio singular, por haber sido los primeros personajes animados para el cine luego del Little Nemo in Slumberland, de Windsor McKay (1911) y el Gato Félix, de Joseph Oriolo, surge Gertie el dinosaurio (1914) en dibujos del propio McKay y la animación de dinosaurios en plastilina para el mundo perdido de Hoyt, que destruye parte de Londres, todo pareció cristalizar en la selva de pesadilla del King Kong de O’Brien, que tuvo como antecedente el corto Génesis de él mismo, solamente exhibido como parte de las antologías silentes hechas por la televisión alemana (recuperaciones de los archivos de UFA capturados por los soviéticos, con base a esto el corto de Obbie y Harryhausen para el mundo de los animales constituye el primer gran testimonio de vida prehistórica con pretensiones documentales, antes de los esfuerzos de BBC en el siglo XXI (caminando con dinosaurios).
Por otro lado la tendencia realista en el cine a mediaos del siglo se habían alejado de lo fantástico original y los dos proyectos de Harryhausen, Jasón y los argonautas y Furia de Titanes recuperan el espíritu de interacción entre los seres míticos y los humanos, aunque sus animaciones cuadro por cuadro con figuras de hule nos parecen hoy antiestéticas ÿ hasta cursis, fueron el perfecto antecedente a los logros crecientes de CGI que hoy dominan la cinematografía y también los intentos más serios de mantener la vena humanista original a partir de los clásicos grecolatinos.
loading...
loading...