Jazz, buen licor y mejor comida, apartamiento solitario y adecuado al encuentro fortuito del amor físico y las tormentas privadas, son algunos de los elementos cruciales para la vida de un soltero urbano de la segunda mitad del siglo XX y, aparentemente, de éste, según la versión del inglés Steve McQueen (en Steve Rodney McQueen) Deseos culpables (o vergüenza).
Para quienes pudimos, o tuvimos que, vivir el inicio de la edad madura a solas, la cinta parecerá autobiográfica y probablemente dolorosa: lejos de la tradición familiar de un matrimonio joven y obligaciones tempranas, el mundo liberal exige una vida socialmente productiva y privadamente intensa, aunque paradójicamente tiende al absurdo y la angustia, así le sucede a Brandon (Michael Fassbender, antes de ser robot de Prometeo), cuyo atractivo físico se luce a lo largo de toda la cinta en cuantas posibilidades visuales ofrece el cuerpo y rostro de este nuevo gigoló americano que será analizado internándonos en su espíritu a través de sus actos a veces incomprensibles.
Brandon es el retrato del hombre exitoso de la civilización urbana, el espécimen correcto del proceso globalizador: sutilmente misógino tiende y cultiva un atractivo sexual que es tanto su arma como su condena, porque si bien su formación le capacita al éxito social y erótico, igualmente le encierra en la inevitable condición de varón en tanto protector, proveedor y dominador por excelencia según exige su entorno social y humano, su identidad masculina, es un condicionamiento más fuerte que cualquier conciencia.
Ese es el problema de Brandon, la conciencia, un asentamiento en la realidad más allá de la piel que lo confronta finalmente con Sissy, su hermana, y se va reflejando en cómo mira y se relaciona con las demás mujeres. A través de Sissy se le revela todo lo rechazable de la condición femenina: la dependencia cómoda, la inestabilidad de carácter y sentimientos que les hace impredecibles, la manipulación y el chantaje como armas que finalmente se revuelven contra la usuaria, e implacablemente contra el varón.
Sissy canta jazz, un estilo post cruzader que le aleja del intérprete clásico pero le hermana en el tono free y angustiado a través de su voz y el lánguido piano que la acompaña en el boite de nuit metropolitano, es como Brandon tiene el único acceso a lo profundamente femenino que se nos permite saber que percibe, el resto será el varón domado a través de los ojos y las sensaciones que voluntariamente emiten las mueres ante su propio encanto erótico.
La eventual desaparición anunciada de Sissy (parcialmente deseada también)parece que le llevará al dominio de la conciencia y la asunción de la realidad como lo ajeno, pero puede más la testosterona orgánica e histórica, Mac Queen nos deja en el filo de la reconsideración de sí, en el descubrir incompleto de que la voluntad no es libre como preconizan los liberales, que solo es una condición del entorno profundamente humano creado desde una evolución biológica incontrolada y convenientemente condicionada por el poder social que sí lo utiliza en función de fines muy ajenos al individuo.
Deseos culpables, o vergüenza. (Shame). D. Steve Mc Queen. Con: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge. Guión: Abi Morgan y S. McQueen. G.B. 2011.
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