Travesía del desierto, o no todos son del gobierno

Escrito por on jul 12th, 2012 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Policíaco. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Travesía del desierto, o no todos son del gobierno

Desde que los hermanos Fernando y Mario Almada descubrieron el filón de oro que ha representado el tema del narcotráfico para el cine independiente o marginal, este subgénero del policiaco ha sido fuente de múltiples seriales que han intentado explicar los avatares del mundo del crimen fuera de las protectoras urbes y la policía ciudadana, y los mismo ha servido como denuncia mal fundamentada de la corrupción oficial y de las dificultades inherentes a la organización policiaca (de las muchas policías del país) para dar un verdadero servicio, que para crear una mitología populachera en torno de los contrabandistas y narcotraficantes como agentes de respuesta a la brutalidad y el autoritarismo gubernamental. Con Travesía del desierto Mauricio Walerstein abre un canal diferente, fresco por la visión exterior del fenómeno.

Los Walerstein fueron un pilar de la industria fílmica mexicana en la época que los capitales golondrinos provenientes de Cuba formaron una producción en serie similar en efectividad y calidad a la fabricación de churros (de harina, claro, de los otros se infiere pero no se dice), pero esta estirpe hoy emigrada a Venezuela asentó su capital durante un tiempo en el sistema de producción mexicano formando una cierta escuela de producción y financiamiento que fue útil a la industria manteniendo en circulación interna el dinero invertido y producido por el cine nacional, aunque los Walerstein como financieros impusieron modos y esquemas de producción y realización que casi paralizan la evolución de nuestro cine, hasta que los excesos nacionalistas del presidente Echeverría y la presión de nuevos talentos en dirección y producción orillaron a su migración con todo y dinero al cono sur.

Lo insólito en Travesía de desierto es que a cada paso quiere permanecer en el tema de la realidad inaccesible de la leyenda, del mito prefabricado, de la vida voluntariamente marginal y sin embargo dentro de un mundo fácilmente reconocible y próximo, así comienza en un relato legendario en lengua náhuatl cuyos receptores, los niños Víctor y José Francisco, comprenden parcialmente pero se fascinan con él hasta la obsesión en Víctor Iraousllin (Humberto Zurita), y perpetuará su sensación de insólito cuando él topa en plena aridez con la visión añil de Patricia Díaz (Claudia La Gatta) y el inesperado encuentro con un equipo de filmación en mitad del desierto; y sin embargo todo es perfectamente asible y coherente en el mundo selecto de la clase poderosa, aquella que permanece lejos de las preocupaciones sociales y políticas y se concentra en su propio placer (como el de hacer dinero)  .

Víctor es un financiero millonario que elude su vida familiar rutinaria, que se dedica a sus fugas infieles y la permanente búsqueda de un placer que incluye la multiplicación de su fortuna y los favores sexuales femeninos. En segundo plano está una historia de la persistencia de la amistad en el tiempo: Víctor y José Francisco son amigos de la infancia pero separados por clase social y etnia (el uno criollo de familia empoderada, el otro hijo de campesinos indígenas a su servicio) que serán unidos más allá de toda prueba por un capricho del destino y de la conquista momentánea del millonario, pero sobre todo por una violencia generalizada en el país a la que no escapa ni la impunidad del poder económico.

De un capricho erótico, la pasión sexual desmedida de la modelo venezolana Patricia  y la debilidad caprichosa de Víctor hundido en la obsesión infantil del cuento náhuatl, luego del fallecimiento de la narradora, madre de José Francisco, pasa a capricho del destino cuando coincide su aventura con el hecho de que el grupo de filmación es una máscara del narcotráfico que pasa su producto en las latas de película hacia allende la frontera norte, y la personalidad social de Víctor compromete el secreto del delito y se decide eliminarlo, así, abstractamente, solo una voz autoritaria en el teléfono determina eliminarlo creando todo un disfraz mediático en el que se involucran y sacrifica a su amante, la reportera de televisión Perla (Valeria Maldonado) y se inicia una persecución mortal por el árido altiplano del norte fronterizo.

Repentinamente Walerstein recurre al road-movie en búsqueda del estilo de Peckinpah, aunque sin lograr la intensidad del director yanqui, si bien el guión de Claudia Nazoa otorga demasiados elementos que escaparon a la habilidad del director, por ejemplo el personaje de Mura Roca (Mónica Dione), esa lesbiana binacional y bisexual de entrañable presencia como apoyo determinante a la debilidad de carácter de Patricia tanto como a la fidelidad viril de José Francisco,

El juego de significados que encierra el título se contradice en apariencia porque a lo largo de la travesía por el desierto hay abundancia de personajes, desde el viejo ciego padre de José Francisco (José Carlos Ruiz) hasta la vaquera cantadora de los ganaderos en tránsito (Lila Downs), pasando por la presencia imprescindible del eterno actor de apoyo José Antonio “Chino” Estrada como el posadero don Anselmo, los personajes enfrentan mejor el desierto interior de sus propias vidas, Víctor en el vacío de significado de una clase social que compromete sus acciones a despecho de sus pasiones, en Patricia el abandono de mujer condenada a la feminidad usufructuable y sin más horizonte, mientras para la Mura el bisexualismo la condena a una perpetua lucha para imponerse en un mundo que la repulsa y compele en ambas direcciones de su impulso sexual y de su formación bicultural, y José Francisco cuyo destino cultural como heredero de lo indígena y factor de la sociedad moderna queda atado a una amistad preñada de servilismo con el hijo del amo que lo aprecia sin darle igualdad real.

Lo más insólito es la denuncia del narcotráfico utilizando a estos cientos de equipos de filmación comercial a los cuales patrocinan lo mismo el estado que la clase industrial y comercial, y que involucran a las fuerzas policiacas en un trabajo más allá de lo represivo hacia una labor de ejecutores ciegos para el sostenimiento de un poder extra gubernamental y fuera de toda organización formal dentro o fuera de la ley. Viniendo de uno de los familiares de quienes construyeran la industria fílmica como negocio parece llevar a algún otro significado que solo será especulativo.

Travesía del desierto. D. Mauricio Walerstein. Con: Humberto Zurita, Claudia La Gatta, Enoc Leaño, Mónica Dione, José Antonio Estrada, Lila Downs. Guión: Claudia Nazoa y M. Walerstein. MÉX. 2010.

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