Prometeo, de la necesidad de un ensayo sobre lo verosímil

Escrito por on jul 7th, 2012 y archivado en Destacado, Estrenos, Fantástico, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Prometeo, de la necesidad de un ensayo sobre lo verosímil

Ciencia-ficción es un término voluntariamente paradójico para conciliar opuestos totales: la certeza del conocimiento adquirido sistemáticamente y tan certero como lo permita nuestro avance psicológico y la potencialidad imaginativa del arte que nos conduce a una sabiduría muy por encima de los otros certificados y cotejados con la experiencia; quizá por esto Riddley Scott, un artista con muy seria formación científica, escogió este modo de expresión desde Alien, el octavo pasajero hasta su actual Prometeo.

Como género la ciencia-ficción tiene un sitio nada envidiable en el aprecio de los académicos y los humanistas tradicionales, los atados a la angustiante realidad inmediata que todavía no asumen la volubilidad de la materia y lo paradójico de las leyes físicas más recientemente establecidas, en especial la de partículas y los misterios de la materia negra u oscura, todavía designada así imprecisamente pero que responde a un enorme porcentaje del universo conocido que desconocemos; esta falta de valoración por el género en realidad denota un horror ante lo apabullante de lo desconocido que nuestra mente explora en medio de una realidad social e histórica donde no hay sitio para la calma investigativa necesaria para encontrar las realidades del universo. Y de esto trata justamente Prometeo.

Con Blade Runner Scott incursionó en algunas de las dudas ontológicas que inquietan al ser humano cuando menos desde la obra de René Descartes en la Ilustración: el sentido de la vida, el significado de las emociones y la conciencia, la trascendencia del existir y entender fenómenos como la  muerte; ya al hablar de su obra maestra basada en Philip K. Dick, señalé que Scott iba rumbo a la exploración de la mística y la religiosidad (que además ya abordó en Cruzada), al parecer no estuve muy lejos, Prometeo es una búsqueda de los dioses y su relación con nosotros desde una perspectiva laica.

Noomi Rapace en Prometeo

En conjunto la obra de Riddley Scott no apunta a un ser interesado en la fantasía pero si en la imaginación, esa controlada de especialista en historia que no puede prescindir de los datos duros pero lee es indispensable una fértil imaginación para entender los hechos irrecuperables en el tiempo, la mayoría de sus películas tienden a ubicarse en instantes cruciales de la historia donde justamente la inteligencia humana suele ubicar las respuestas sociales o personales, y cuando se adentra en el campo de la ciencia-ficción el centro es la propia mente como sujeto y objeto de la trama y sus alcances, así sucede en Prometeo, donde la historia misma como instrumento de conocimiento campea desde un principio en tanto fuente de las trama, solo que ahora Scott recurre a un instrumento difícil de la historia: la arqueología, desde cuya perspectiva se decide a ir en busca del origen de nuestra especie hacia ´planetas lejanos.

La hipótesis de un origen extraterrestre de la humanidad no proviene de la ciencia-ficción ni de la literatura fantástica, sino del astrónomo británico Fred Hoyle, que incidentalmente también escribió ciencia-ficción, es famosa su novela La nube negra, que sirvió de base a Alan Dean Foster para el guión de Viaje a las estrellas, la película, de Wise; como tema este origen extraterrestre solamente se trata directamente en Misión a Marte, de Brian De Palma (2000) y tangencialmente en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, de Spielberg (2008), la primera de estas cintas de gran familiaridad con 2001 , una odisea del espacio, de Kubrick  y extensivamente con Prometeo en la medida que adoptan un sistema narrativo similar para presentarnos el viaje espacial, y en el fondo gravita la presencia de Hoyle que en realidad en su hipótesis de la Panspermia solamente acentúa el hecho de que estamos formados de la misma materia que forma a todo el universo y que todavía ignoramos muchísimo de ella, asunto que Scott acentúa en su película.

Fuera del prólogo arqueológico (ya visto en El día que la tierra de detuvo, de Scott Derrickson, 2008) Prometeo nos da un paseo por todos los temas y tratamientos de la conquista del espacio emprendidos por el cine de ciencia-ficción, incluso detalles ausentes en la narrativa fílmica pero que pertenecen a la narrativa de autores como Arthur C. Clarke o Isaac Asimov, así la introducción al viaje utilizando al androide Dave (Michael Fassbender) en viaje solitario en una nave donde duermen los científicos humanos, responde a muchas de las reflexiones de la novela 2001,… o de Un guijarro en el cielo, y resulta familiar el hecho de que el robot se alimente intelectualmente con películas, música, noticiarios y hasta cintas caseras para favorecer su formación heurística y mejorar su interrelación con los humanos (más adelante le preguntarán por qué se coloca yelmo de respiración si él no respira y dirá: porque estoy hecho ´para que se sientan cómodos conmigo), y es que viaja en una nave prácticamente automática.

Charlize Theron en Prometeo

Desde Alien, Scott mostró interés por hacernos creíble el viaje a través de la reacción de los tripulantes al despertar de la hibernación (planteada originalmente por Kubrick y Clarke) y aquí lo hace más puntillosamente al describir mucho mejor los efectos sobre el organismo de los durmientes (náuseas y mareos, calambres, atrofia muscular y circulatoria por la inmovilidad del cuerpo, etc.), efectos que ya habían sido apuntados en cintas como La nave de la muerte, (Paul Anderson, 1997) y aún desde Más allá de la tierra (Joseph M. Newman, 1955), pero para Scott es solo un recurso que le lleva a develar misterios que había dejado pendientes en Alien, como lo será el origen del monstruo, que desde luego no es lo que esperamos.

Desde una perspectiva formal la película es un magnífico ejemplo de escatología y utilizando el término con toda propiedad en las dos vertientes de su significado: de una parte los misterios del organismo y sus funciones respecto a nuestra concepción de lo que  somos en cuanto cuerpo material, con la característica muy especial en Scott de ciertas obsesiones por la resistencia femenina al dolor y la concentración de la importancia de la cabeza como parte crucial del ser corporal (al parecer esto es un remanente witgensteiniano en la ideología de Scott); y en el lado opuesto la inquisición acerca de la naturaleza de los dioses, la cual parece inspirada por la obra de Olaf Stapledon, que en El hacedor de estrellas (1937) plantea el proceso creador muy singularmente: “..poco a poco se sintió alejado de la hermosura de su criatura que amaba aún. Luego aparentemente sin conflicto de reverencia o impaciencia, puso nuestro cosmos en su lugar entre otras obras…”; para Stapledon, también británico, dios pasa a formar parte de la ciencia-ficción con la apariencia de un artista bohemio y medio loco, y algo similar nos dejará como percepción de lo divino Scott al presentarnos a sus “ingenieros” creadores del ser humano.

Su narrativa resulta una reproducción perfeccionada de la aplicada en Alien, de nuevo es un ejercicio de misterio y terror que ahora llega mucho más lejos que a la simple muerte, básicamente concentra en cuatro personajes, La doctora Elizabeth Shaw (Noomi Rapace), Peter Weyland (Guy Pearce), Meredith Vickers (Charlize Theron) y el robot David la determinación del significado del viaje, así como de su credibilidad (¿Atravesar el universo solo para ver si es cierto que somos creación de extraterrestres? Absurdo en cualquier financiero, ¿o no?), mientras el resto de la tripulación serán solo víctimas propiciatorias para el contacto con los creadores, incluso el talentoso capitán Janek (Idris Elba), solo serán agentes pata el verdadero viaje al origen que nos dejarán pendiente Scott, Jon Spahits y Damon Lindeloff.

La mejor parte de la película consiste en una tecnología destinada a hacernos todo creíble, incluso la propia tecnología utilizada por los personajes y encontrada en poder de los creadores de la humanidad, lo terrible es que la mayoría de las cosas que presenta Scott (escaneadores de tercera dimensión para vigilar y explorar sitios, máquinas quirúrgicas automáticas –capaces de realizar una cesárea en minutos-, memorias de reconstrucción de hechos en tercera dimensión –desde luego no humanas pero testificadas por los viajeros para la reconstrucción de los “ingenieros”- y sobre todo el robot que casi es más humano que los de carne y hueso) lo increíble es que todo cae rápidamente en nuestra conciencia como algo no imposible y hasta creíble en la medida que lo vemos actuar y ser utilizado, y es que los efectos en Scott no son defectos para atraer público, aunque sin lugar a dudas será un gran atractivo de la película, sino un efecto para dar a sus personajes y situaciones una cercanía a nosotros que el futurismo no puede conquistar con facilidad, a menos que se conserve en el plano de lo entretenido y sin importancia, pero Scott no quiere eso, quiere que nos preguntemos con los personajes ¿Por qué? de la acción de los creadores, y sobre todo nos pone en situación límite al descubrir que nos dejaron un agente destructivo para la especie. (ese agente que acentúa lo escatológico corporal cuando destruye la belleza de Charlize Theron para darnos la semilla del monstruo que dará las secuencias de Alien) y el heroísmo de  Sigourney Weaver.

Prometeo. (Prometheus). D. Riddley Scott. Con: Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron, Guy Pearce, Idris Elba. Guión: Jon Spahits y Damos Lindeloff. EUA/G.B.. 2012.

Textos relacionados:

Ridley Scott: sus películas

Alien, el octavo pasajero, la maestría del terror y la ciencia ficción

Robin Hood, el canto del petirrojo

Robin Hood: lo épico y la belleza visual

Gángster americano: cine con memoria

Red de mentiras: el espionaje y el terrorismo

25 años con Blade Runner

Blade Runner, de lo que somos en los otros

Prometeo, el origen del monstruo

Charlize Theron: o algo más que un mero símbolo sexual

Charlize Theron: sus películas

Fuego: La reprimida búsqueda de la felicidad

The Burning Plain: Lejos de la tierra quemada: EL TITUBEANTE DEBUT DE ARRIAGA

El tránsito por el cine de John Irving

Blanca Nieves y la leyenda de la edad de la razón

 

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Prometeo, de la necesidad de un ensayo sobre lo verosímil, 10.0 out of 10 based on 2 ratings

3 comentarios en “Prometeo, de la necesidad de un ensayo sobre lo verosímil”

  1. Jorge Rodríguez Nieves dice:

    Un excelente artículo para la película más intEresante hasta el primer semestre de 2012. Solo faltaría incluir algo sobre los escritos de Daniken sobre el involucramiento de extraterrestres en el origen y desarrollo del ser humano.

    GD Star Rating
    loading...
    GD Star Rating
    loading...
  2. me parecio inútil, Von Danioken hace una clase de ensayo tan racista que no me explico de què forma darle importancia a menos que se participe de sus prejuicios, ya algo de ello anotè en el comentario acerca de Indiana Jones y la calavera de cristal, pero en este caso el asunto es màs serio, me parece que Scott tiene una crítica sutil a la inutilidad de la bùsqueda de dios fuera del àmbito teològico y dentro de la racionalidad cientìfica, aunque no deja de ser un artista quer nos deja abierto el panorama para entenderlo cada uno a nuestra manera, como sea gracias por el comentario y prometo hablar del tema màs adelante (hay mucha ciencia-ficciòn por venir)

    GD Star Rating
    loading...
    GD Star Rating
    loading...

Dejar una respuesta

Anunciante

Cineforever en Facebook

Síguenos en Twitter