Sacco y Vanzeti, del documento fílmico

Escrito por on jun 28th, 2012 y archivado en Cine Viñetas, Destacado, DVDver, Galería fotográfica, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Sacco y Vanzeti, del documento fílmico

La edad de la información que vivimos es una era confusa donde parece mejor entenderla como de la Información, y éste es el trabajo fundamental del periodismo, y el cine es un medio destinado a la información estética, es decir a dar forma a través de las emociones más allá del razonamiento, aunque claro, sin eximirlo. Sin embargo desde su origen el cine se caracteriza por ser un registro de la realidad frente a la cámara, que no está (originalmente) en control de quien la opera y esto liga al cine con un realismo forzado e inevitable: el de la mirada sobre los objetos, el de la captación de los mismos en el material fotográfico. Con todo el cine actual ha rebasado esta limitación a través de los efectos especiales (FX), aunque la sofisticación de la electrónica, especialmente las CGI que no son trascendentales para lograrlo, antes bien con rudimentos de cámara y dirección ideológica apropiada directores como Guiliano Montaldo lograron hacernos viajar en la historia con cintas como Sacco y Vanzeti (1971).

El registro directo de hechos de la realidad fue la función principal del invento de los hermanos Lumière, quienes calificaron su invento de “juguete científico”, y solo gracias al mago del Robert Houdin parisino la voluntad de transformación se hizo realidad en las películas de Georges Méliès, el cual convirtió a las películas en un ser de magia, de sueños, de entretenimiento, pero no las despojó de su liga con la realidad.

Habría que agradecer a Alfredo Gurrola y a Rafael Aviña que en su más reciente película (Borrar de la memoria, 2011) comiencen explicando que estaremos ante un arte de prestidigitación, de escamoteo, ante un escondrijo de la realidad en función de una idea impresionante, esto es un acto ideológico, aunque no necesariamente político; en Sacco y Vanzeti es donde la reconstrucción acuciosa del instante en que la represión del estado defiende sus intereses contra los inmigrantes que ponen crisis en la seguridad de su ser.

Como registro de la realidad histórica la reconstrucción de los hechos por Montaldo no puede aceptarse en tanto documento, en vista que la suma de datos no son una captura de la realidad sino su interpretación, por muy certera u objetiva que sea, sin embargo como aproximación racional a la cultura, como reconstrucción casi forense, como antropología, tiene mucho valor, pero además como película que cuenta una historia resulta de los más interesante, aunque difícilmente entretenida.

La historia estadunidense tiene un instante delicado en la construcción del futuro que vivimos en el siglo XXI, y es su ascenso al poder luego de haber ganado la Primera Guerra Mundial y entrado en proceso de administrar las mayores riquezas de la historia (materiales y culturales); igualmente es el momento en que Estados Unidos absorbe la mayor cantidad y variedad de inmigrantes en su historia, y con ellos la pluralidad étnica y cultural que marcará permanentemente el ser y el sueño de los estadunidenses, y de esto trata justamente la película Sacco y Vanzeti.

Nicola Sacco (Riccardo Cucciolla) y Barlomeo Vanzetti (Gian Maria Volonté) fueron dos inmigrantes italianos trabajando en la industria del este norteamericano y sometidos al régimen de 17 o 18 horas de jornada laboral que promovió la formación de sindicatos socialistas pretendiendo aprovechar las experiencias europeas en reivindicación laboral, pero también la acción extrema del radicalismo entre comunistas y anarquistas (de terrible memoria por el inicio de la guerra europea); en 1919 se desataron atentados dinamiteros contra la casa de varios miembros del Congreso my especialmentre de gente como J. P. Morgan y John D. Rockefeller, ninguno con resultados fatales, todos con el sello terrorista que a partir de ese momento se endilgó a los sindicatos en el país del norte. Un año más tarde Sacco y Vanzeti fueron capturados en una redada policiaca y acusados de asesinato en primer grado, no contra un millonario o congresista, sino de otro camarada trabajador.

Los años setenta para el cine representaron la primera prueba de sobrevivencia para el medio frente a la amenaza de la televisión, un desarrollo de autonomía y mercado propios enriquecidos súbitamente por temáticas y relatos inaccesibles al medio audiovisual que penetraba al seno del hogar, así se fueron radicalizando la presencia del sexo y la violencia en las pantallas grandes, pero también la ideología política se expresó abiertamente en las salas que antes la tenían excluida. Es el momento en que el cine europeo, aún sin recuperarse de los daños de la guerra, reaparece con nuevas propuestas, especialmente el cine italiano que ofrece por un lado los talentos emanados del neorrealismo y por el otro la inquietud política de una izquierda que lo mismo se radicalizaba que rompía con los viejos atavismos de partido, así resulta que proliferaron las películas militantes realizadas por directores como Elio Petri (La clase obrera va al Paraíso-1971-, La propiedad ya no es un hurto-1973), Pier Paolo Pasolini (El evangelio según san Mateo-1964, Saló, 120 días de Sodoma y Gomorra-1975) y Guiliano Montaldo entre los más destacados.

El formato elegido por Montaldo para su reconstrucción histórica se deriva directamente de la televisión, donde el éxito mayor en las décadas a mitad del siglo pasado había sido el de los seriales de juicios, encabezados por Perry Mason (¡271 episodios!), de Erle Stanley Gardner, que servían como forma de divulgación de la legislación y el sistema jurídico estadunidense, y siguiendo esta pauta Montaldo hace un repaso a la jurisprudencia yanqui, pero involucrándola con el trasfondo político y racial que implica (asunto cuidadosamente excluido de las series y las filmaciones con referencia jurídica estadunidenses).

La reconstrucción de la captura y juicio de Sacco y Vanzeti sirve a Montaldo para establecer un juicio al liberalismo estadunidense y a las contradicciones entre el sistema legal y los verdaderos intereses por la conservación del poder entre los WASP (asunto que aclara treinta años después Clint Eastwood en J. Edgar), específicamente hace que el abogado que los defendió Fred Moore (Milo O’Shea) descubra un complot para condenarlos por ser extranjeros y anarquistas que ponen en crisis la integridad de las instituciones estadunidenses.

En los años críticos de 1918 a 1925 Estados Unidos crea un sistema jurídico y policiaco que garantice por un lado el principio de presunta inocencia (Eastwood lo ilustra con la formación del FBI y la lucha anticomunista de J. Edgar Hoover al frente del mismo) y por otra el restablecimiento del orden social resquebrajado por la caída de la bolsa que hundió al sistema económico en una crisis permanente que solo fue resuelta al interior mediante el establecimiento del New Deal de Roosevelt, quien reforzó las instituciones conservadoras (y los privilegios de los WASP) mediante la movilización popular, el financiamiento de las masas laborales y una mayor intervención del estado en las funciones económicas y financieras más allá de una simple administración tolerante y liberal.

Con todo Montaldo hace su película en dos planos narrativos, el de los hechos sociales de que se nutre el periodismo y las actitudes individuales que definen claramente una intensión casi antropológica pero no descuida la emocionalidad individual. Destaca sobre todo la crisis nerviosa de Niccola Sacco que estalla cuando siente desplazada su identidad cuando la masa deja de llamarlo Nicola para clamar libertad para “Nick and Bart”, mientras el bravo Vanzetti confronta su confianza ideológica y humanista con el intolerante gobernador de Massachusetts sirviendo además al director para hacer la defensa de la izquierda como parte de la tradición humanista latina.

En un juego dialéctico de narrativa fílmica que fue el último suspiro del marxismo consciente en el momento de los revisionismos y el ascenso de la escuela de Frankfurt, todavía fuertemente enraizado en la tradición fílmica heredada de los clásicos soviéticos y la crítica de las hegemonías ideológicas de Gramsci.

El DVD de Riple’s Home Video, de 2003, ofrece una excelente versión del original en el italiano y con la música de Joan Baez y Ennio Morricone y diálogos completos sin censura.

Sacco y Vanzeti. (Sacco e Vanzetti). D. Giuliano Montaldo. Con; Riccardo Cucciolla, Gian María Volonté, Cyril Cusak, Milo O’Shea. Guión: Fabrizio Onofri y G. Montaldo. ITAL/FRA. 1971.

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