El término provinciano suele ser un epíteto despectivo de los metropolitanos para designar todo lo que no cae dentro del caos cultural de las grandes ciudades, sin embargo este solo concepto carece de sentido cuando las metrópolis son menores en extensión y alcance que las provincias (Nueva York está muy lejos de la extensión de Los Ángeles o Washington, por ejemplo), sin embargo gracias a Carlos Fuentes y sus Buenas conciencias tenemos un paralelo mejor para comprender el provincianismo: el juego de doble moral y la simulación que resultan innecesarios en el maremágnum de las metrópolis, pero sobre todo está el uso del idioma, lo que en el caso de Jorge Pantoja Merino resulta peculiar.
Divulgar la cultura cinematográfica es un oficio lleno de baches y cambios de paso, y con una variedad absorbente, baste repasar un poco la obra de Henry Langlois para entender la incomprensión de un oficio del siglo XX, por citar a nuestros clásicos, y la multiplicación de especialidades que exige, objeciones que solo significan el amor al séptimo arte.
El verdadero amor hacia el cine tiene la desventaja de pagar poco (pecuniaria y moralmente), pero el placer de compartir lo que aprehendemos del arte no tiene comparación, una buena crítica es como un buen cuento, satisface al lector y al autor, y en los textos de Pantoja hay una suficiencia discreta que acusa también la existencia de múltiples charlas de café o cantina, aunque su uso del español acusa audiencias intolerantes o esnobismos inconscientes.
Lo primero que destaca en las críticas y análisis de Pantoja Merino es su muy acuciosa documentación, es fácil determinar la mayoría de sus fuentes, evidentemente hay independencia de criterio y adhesión con algunos autores como Andrew Sarris (en la espantosa traducción que vende Diana) y a la teoría del autor cinematográfico; su mejor virtud es hacer estos parámetros accesibles y razonables al lector promedio y su dificultad ante el pésimo manejo de terminología fílmica en los textos ibéricos.
El español americano, este que usted y yo practicamos, tiene la dinámica extraordinaria por virtud de su multiplicidad nacional y étnica, con todo y las inevitables influencias tecnológicas e imperiales ha conservado de los clásicos lo más útil y adoptado los neologismos convenientes, por esto decimos que el provincianismo se caracteriza por los arcaísmos, pero en el caso de Pantoja hace falta un diccionario de localismos ibéricos, ya que con frecuencia su jerga madrileña o castellana no da sitio a nuestra lengua cotidiana.
En más de doscientas crónicas y análisis fílmicos Pantoja nos entrega un panorama claro de lo que ha sido la difusión fílmica en Guanajuato (ciudad provinciana de gran metropolitismo merced al Festival Cervantino), pero sobre todo del trabajo divulgador del propio crítico, puesto que sus escritos no registran solamente la exhibición en cineclubes y salas, sino los hallazgos en televisión y festivales, aunque la selección de películas tenga particularidades provincianas por su criterio decimonónico.
Con algo que parece una intensión universalista Pantoja entrega un panorama muy heterogéneo del cine mundial, criterio que excluye particularmente a los géneros populares en beneficio de las películas de festival, tan solo cuatro cintas de ciencia-ficción merecen la atención del crítico y lo hacen desde la perspectiva de puntos álgidos de la narrativa fílmica, tampoco el western o el policiaco merecen atención especial ni el melodrama lacrimógeno indispensable en la exhibición cotidiana de los géneros.
Sin embargo predomina el amante del cine y Pantoja nos entrega algunas revalorizaciones interesantes de la obra de autores casi olvidados, como con El mandamiento supremo, de Capra (1941) o nos habla del Chano Urueta político en Mi candidato (1937) o aún del Huston-Bradbury incomprendido en Moby Dick (1956).
Son 320 páginas muy legibles e informativas que publica la Universidad de Guanajuato y ojalá no se quede en librerías universitarias u oficinas de gobiernos municipales, sino que llegue a los amantes del cine que no van obligatoriamente a ferias de Libro.
Hojas de cine a vuelapluma, por Jorge R. Pantoja Merino, Guanajuato, México, Universidad de Guanajuato, 2008. 320páginas.
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