La Ilustración es una etapa que nos ha dejado la impresión de una Europa que despertaba del oscurantismo medieval y ascendía a la luz de la racionalidad; desde luego es la época en que nacen la mayor parte de las formas de vida que caracterizan a la civilización occidental, especialmente el Estado y el pensamiento liberal con sus individualismos, pero históricamente es una de las etapas más oscuras y paupérrimas del continente, aunque el cine y la fantasía popular la llenen de reinos legendarios y cortes románticas así como bellas princesas acosadas por todo tipo de monstruos; en realidad éstos últimos eran lo que imperaba junto con el desaseo, la superstición y las enfermedades a más de una naturaleza indómita donde el hombre no tenía sitio, es el ambiente en que se desarrolla el cuento Blanca Nieves y los siete enanos y el trabajo literario de los hermanos Jacobo y Guillermo Grimm, a más de las películas Blanca Nieves y la leyenda del cazador y Espejito, espejito.
Como literatos los Grimm dejaron una cantidad de historias que han nutrido a las películas desde el nacimiento de la ficción con Méliès (Cenicienta, 1899, Caperucita roja,1901),y una de sus obras más celebradas en el cine, quizá por ser la primera gran cinta de largometraje en dibujos animados, fue Blanca Nieves y los siete enanos (1937), de Walt Disney, que sirvió de inicio a un mundo de fantasía acaramelada y cursi inspirada en un estilo derivado lejanamente en los caprichos en diseño del rey Ludwig de Baviera con sus excentricidades cortesanas, pero muy lejos de la Europa verdadera.
Verdaderamente hay pocas narraciones que retraten al continente europeo de antes de la Revolución Francesa, quizá lo más cercano esté en relatos de Balzac (Un asunto tenebroso) o en la insuperable Historia de dos ciudades, de Dickens, donde auténticamente se contempla el lodoso panorama del nacimiento de la civilización moderna, y la terrible iniquidad que orilló a los franceses a ejecutar a su nobleza para empujar luego a Napoleón a expandirse para llevar la salubridad y la justicia al continente.
Un personaje común en las narraciones de la época es la mujer malvada que usurpa el poder varonil y trae desgracia a la comunidad, especialmente se la relaciona con la magia negra y un instinto filicida que caracterizó a las madrastras de cuentos infantiles, y pocas son tan destacadamente malvadas como la reina de Blanca Nieves, que en interpretación de Charlize Theron alcanza nueva brillantez luego de que fuera interpretada por Sigourney Weaver bajo dirección de Michael Cohn (1997) para televisión (La verdadera historia de Blanca Nieves) y contrasta tristemente con la caricatura de Mujer Bonita que utiliza Julia Roberts en la cinta de Tarsem Sing.
Por lo que toca al principal personaje los directores recuperan la descripción del por qué de su nombre: la púrpura de sangre materna destacando sobre la nieve al pincharse con un rosal (motivo absolutamente romántico) y se hace notable en contraste entre la Lily Collins (sí, como Barnabás) que casi es un reflejo del dibujo animado original y la estupenda imagen de libertad femenina creado por Kristin Stewart, casi tan adecuada como Taryn Davis-Monica Keena de Cohn.
Las dos nuevas versiones, Espejito, espejito y Blanca Nieves y el cazador (en España lleva el título de Blanca Nieves y la leyenda del cazador), resultan mejor una mirada al trabajo erudito de los Grimm como folcloristas y exploradores de la lingüística y filología en la ilustración alemana, pero sin descuidar su vena dentro del romanticismo sublime de la ilustración alemana, apenas un indicio de que en su obra se incluye haber establecido los orígenes indoeuropeos de las lenguas continentales a partir del estudio del sánscrito.
Ambas cintas exploran la depauperización popular y los abusos de la nobleza, la situación desesperada de un sistema económico basado en el capricho de los gobernantes y la indefensión de los pobladores sin acceso alguno a la ciencia y al conocimiento, perpetuando la teocracia medieval a través del culto a la superstición, pero sobre todo la formación de pequeñas comunidades entre semejantes, como los pueblos de “gente pequeña”, enanos, pues, en las selvas de pinos y cedros, y el bandolerismo como actividad límite abandonada por los gobernantes hasta la llegada del Código Napoleónico, impuesto además por la fuerza más allá de los límites de Galia, lo que ocupa mejor la cinta biográfico-mítica de Terry Gilliam, Los hermanos Grimm.
Espejito, espejito, desde su arranque nos introduce en el ámbito de la farsa, explota la sátira de la original animada de David Hand y elude sus incongruencias, como la cohabitación de la princesita con siete varones deformes., a los que además cambia de mineros a ex mineros asaltantes e instructores de armas para la venganza de la niña amenazada, con todo y tener un guión adecuado falla en el ritmo de su realización con algo que favorezca el tono de farsa y padece una comicidad dura sin agilidad que igualmente corte los vínculos con la comicidad original de la animación, pero conserva el vínculo melodramático y ese romanticismo que hace perdidizos los giros de una comedia y se pierde en el tema de amor que pretende rescatar a todo trance.
Blanca Nieves y el cazador resulta completamente opuesta, sin llegar a la recuperación melodramática femenina, aquí Rupert Sanders convierte la historia en un relato de aventuras fantásticas, lo que en la actualidad quiere decir película de efectos visuales, y sí que los tiene, pero bien dosificados y precisos, aplicados para que no rompan una verosimilitud naturalista necesaria para el tema y su tratamiento.
El estatus de madrastra y consorte real se vislumbra en ambas cintas como una acción de auto viudez, pero en tanto Tarsem Singh inserta un hechizo que hace del rey el monstruo del bosque al que reencontrará Blanca Nieves por la daga que le heredó, la consorte Charlize Theron lo asesinará en el lecho nupcial en una secuencia de dominio femenino inconcebible en la época y por lo mismo comprensible como parte del conjunto de atributos demoniacos de la bruja, del ansia de poder renacentista que refleja sus relaciones incestuosas con el hermano “protector” y el uso de los varones en su beneficio, así como también el de las jóvenes a quienes extrae juventud y belleza como en su momento hizo la princesa Erzsebeth Bátory que se bañaba en sangre de doncella para mantenerse joven (Hungría, siglo XVI).
Pero Rupert Sanders no cae en la facilidad del Gore, aprovecha la belleza de la Theron para introducirnos en el engaño de la belleza como arma del mal, nos introduce en él presentándola en un baño de leche que nos remite a las ceremonias de Cleopatra, y cuando se ha de reforzar su juventud con el sacrificio de una joven al extraerle el aliento no se regodea con lucecitas ni animaciones, basta la actuación de ambas mujeres, deja los efectos de computadora para asuntos más cruciales como el combate con las armaduras de escoria de metal o la confrontación de Blanca Nieves con los seres del bosque (una extraordinaria versión de la secuencia disneyana de la persecución de la niña entre la arboleda viva y malvada, que aquí cobra cuerpo y movimiento para que la princesa despliegue sus dotes de guerrera).
Tanto Sanders como Singh hacen de los efectos visuales un asunto secundario que refuerza la idea central de sus películas, Singh recurre a la teatralidad fílmica a la manera de Terry Gilliam, y de manera fársica enseña abiertamente trucos de prestidigitación para darnos a entender el engaño de la magia como recurso para dominio de los demás: los enanos se transforman en gigantes mediante zancos de resorte.
Hay en ambas cintas una tendencia clara a explotar lo grotesco de manera que sea un reflejo de la actualidad, una actitud carnavalesca que se manifiesta en el final de ambas películas para acentuar el rechazo de la realidad tanto histórica como actual, una actitud de subversión de los valores para ir al reencuentro de nuevas formas de estar en el mundo a través del redescubrimiento de lo posible en las desviaciones del humanismo a partir de la expansión napoleónica y sobre todo la revisión de lo racional como más que simplemente lógica y restituyendo su sitio a todo lo eliminado del humanismo por racismos o nacionalismos absurdos.
Espejito, Espejito.(Mirror, mirror). D. Tarsem Singh. Con: Julia Roberts, Lily Collins, Armie Hammer. Guión: Jason Keller y Marc Clein. EUA. 2012.
Blanca nieves y el cazador. (Snow White and the Huntsman) (en España Blanca Nieves y la leyenda del cazador). D. Rupert Sanders. Con: Kristen Stewart, Charlize Theron., Chris Hermsworth. Guión: Evan Daugherthy y John Lee Hancock.EUA. 2012.
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