“La edad atómica” (L’áge atomique, 2011), guión y dirección de la francesa Hélena Klotz, narra una noche de dos jóvenes apenas en la veintena, uno polaco, Rainer (Dominick Wojcik) y Víctor (Elliot Paquet), los incidentes por los que atraviesan, donde su amistad con pespuntes de homosexualidad se filtra, solidifica, les unirá hacia el arribo del amanecer. El viaje en tren a París, en que Víctor tararea y escucha “In the Ghetto”, de Elvis Presley; el encaminarse a un antro, donde se enlazan con algunos de los asistentes. Víctor asegurará que pasará la noche con una bella muchacha que le ha atraído y que ni le tomará en cuenta. Rainer intercambia posiciones y conceptos en que sobrevuela la cuestión gay, con un muchacho de cabello largo y rasgos femeninos, sin parar de bailar ninguno. Víctor tratará de relacionarse con otra atractiva muchacha besada un instante antes por otro joven con la excusa de un favor y por una apuesta; sostendrá una conversación con ella acerca de inocencia, el enamoramiento; la conmueve; a ella se le saltan las lágrimas, pero eso no impide que lo corte abruptamente y se aleje.
Al abandonar la discoteca, los dos amigos se topan con una pandilla, discutirán, se pelearán, tratarán de reingresar al antro, los rechazarán en definitiva. En el metro se les aparecerá fantasmalmente una muchacha, traída por el deseo de Víctor, con quien por un momento él considera irse por el resto de la noche. Habrá un titubeo por los comentarios de Rainer acerca de ellos; entiende que le debe a Rainer permanecer a su lado. Continúan su vagar nocturno, que les remolca a un bosque.
La directora Hélene Klotz, cuyos padres Nicolas Klotz y Elizabeth Perceval son cineastas, salvó el transito de las calles del D.F. y aterrizó corriendo al final de la función de prensa de “La edad atómica”.
Habló de que existen dos razones para el título. Una, que antes de ponerse a filmarla, había pasado cuatro años en la realización de otra película que no llegó a completar. Se encontraba muy triste por no poder terminarla y entonces rodó “La edad atómica”, en doce días. La hizo de corrido, en orden. Fue como si esos cuatro años que había pasado en la otra película hubieran sido de preparación y de golpe se despertó para hacer ésta. La segunda razón se tiene hacia el final de “La edad atómica”, “era como si fuera un epitafio.”
Para Klotz, “Es un filme acerca de la juventud, pero no sólo la de ahora sino de siempre; una juventud en general del siglo XX, donde la edad es como un fantasma, ese del siglo XX, del romanticismo. Por eso la última escena camina sobre esta historia del siglo XX.”
Piensa que para su planteamiento, es muy importante tener esos dos personajes, esa pareja, uno sexi, guapo, y el otro como un fantasma.
“Cada escena es la visión subjetiva de los personajes. Ninguna escena es descriptiva; siempre es como si la cámara estuviera en la cabeza de uno de ellos. Eso quería, estar en su cuerpo.”
En cuanto a las referencias literarias que saltan en diálogos y alusiones, “tienen que ver con que la poesía y la juventud están muy cerca, van de la mano”. “Quería que estas dos cosas fueran en la película como un fuego que las enciende”, y que “Goethe, Von Kleist y Rilke” anduvieran por ahí, así como la música, “tanto de Joy Division como el Hip-Hop”. “En la parte en que los dos personajes van al antro, hay una escena que es como un bote que se hunde y podrían ser palabras escritas por Rilke.”
Su hermano Ulysse Klotz compuso la mayor parte de la música de fondo. Por ese entonces ellos vivían juntos y fue fácil trabajar en esa situación. Poco antes había visto “Rebeca”, de Alfred Hitchcock, donde siempre hay música, por ello decidió hacerla un personaje más, ponerla todo el tiempo; porque la música es la narración.
Dice Héléna Klotz que realizar “La edad atómica” le resultó muy especial, pues alguien muy querido había muerto poco antes. Entonces, empezó a sacar este dolor, a ir noche tras noche a esas discotecas y antros, a bailar, y así consiguió sacarlo. Ir a antros y caminar por el bosque es algo que hacía con frecuencia, por ello la película es una fase de su vida.
“La edad atómica” es la primera parte de una trilogía que tiene en mente. La segunda se llamará “Theo”, y es acerca de un traidor. La tercera se desarrollará en los suburbios, y trata de un joven de raza negra que roba el uniforme de un policía por una noche y se convierte en un justiciero. Serán muy diferentes las tres.
Después retomará la que estaba filmando previamente. Un thriller, de un hombre joven que es cómplice de un asesinato. A Héléna Klotz le fascina esta cuestión de dos jóvenes. Y piensa le sirve para explicar aspectos relativos a diverso tipos de juventud que hay.
“La edad atómica” se proyectó en el 3er. Distrital. Cine y otros mundos.
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