Borrar de la memoria, no se olvida, no se olvida…

Escrito por on may 12th, 2012 y archivado en Destacado, DVDver, Galería fotográfica, Thriller. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Borrar de la memoria, no se olvida, no se olvida…

Mil novecientos sesenta y ocho es un año de mala cosecha vitivinícola, demasiado rojos los caldos de vid. Demasiados hechos sociales que se ubican en todo el globo. Demasiada fuerza en el inicio de una rebelión que no termina, que heredan las generaciones y niegan los Integrados, es que envejecen y solo pueden mirar lo que han logado material y egoistamente y lo defienden  más que a la vida y su sentido.

Dos de octubre no se olvida, este ritornello ya cansa, especialmente porque van desapareciendo los que sí lo recordamos, pero no todos estaban en Tlatelolco ni frente al ejército, y así como los testigos sobrevivientes no podemos borrar lo que la política y los medios persisten en borrar o aprovechar a su coleto, las generaciones nuevas van heredando secuelas de la matanaza y de sus motivos que no necesariamente pertenecen al mundo estudiantil o académico, la idignacion más o menos pasiva de los hoy jóvenes se apoya en el mismo desconento que sacudio a la cultura en mil novecientos sesenta y ocho.

De los estudiantes afectados por el movimiento del 68 en la capital de México (que no fue su sitio exclusivo, como afiman Paz y sus seguidores) trata Borrar de la memoria, de Alfredo Gurrola y Rafael Aviña, todavía una película vista poco y por no muchos, pero finalmentee en circulación contra todos los númenes del siencio oficial, y me atrevo  dar crédito al director y al guionista en el mismo nivel porque sin ambos puede ser solo un thiller del montón u otro filme “de protesta” perdido en el afán de la propaganda.

Ante todo hablamos de cine, de una historia interesante y bien contada que tiene el mal tono de adentrarse en el más doloros de los recuerdos: el del proceso político y social que nos arrojó al régimen propiciador de miles de asesinatos y al desencanto político y la depauperación de las mayorías.

Conociendo a Gurrola y a su obra casi esperamos un filme al estilo de Costa-Gavras, una película de acción con la inteligencia de aproximarse a la realidad más allá de los límites de la ficción fílmica, pero por las características de lo que narra la opción debería ser un documental imposible y Gurrola no desconoce ni confunde los límites entre documento y ficción, pero tampoco ignora su poder.

Del guión puede ser dicho que básicamente es realista pero paradójicamente también es romántico, su realismo adquiere el tono de la constatac      ión de hechos y testimonios, en la inevitabilidad de relatar lo que sucedió verdaderamente y después rescatarlos y redactarlos para hacerlos coherentes, de alguna manera esto es interpretarlos y ajustarlos a un relator (Hermes Zuñiga-René Campero); su romanticismo consiste en el paso por esta mente pero tambien en el propio hecho de convertirlos en relato, en ligarlos con nuestra actualidad (esa Torre Latinoameicana que siempre está ahí, aunque cambies San Juan de Letrán,  la Alameda, o Madero).

Por otra parte la película tiene una liga sólida con la actualidad histórica merced a su tratamiento de thriller periodísico, aunque sería mejor calificarlo como una clase de lo que es, o debe ser, la investigación, esencia fundamental del periodismo y de la preservación de la conciencia en un mundo abrumador y absurdo.

Los clásicos del estudio de métodos para investigación enseñan ante todo que la buena investigación no tiene una meta definida, que como en el laberinto de Borges un camino lleva a varios más y así Hermes se adentra en la búsqueda de quiénes asesinaron, destazándola y empaquetándola, a una jovencita, años atrás, en pleno terror del 2 de octubre, se acerca demasiado a la historia subyacente en hechos que no parecen tener conexión y sin embargo son la entraña misma del malestar social, son como el contenido del inconsciente colectivo sin relación alguna con Jung, sino con la historia real. Porque  los asesinos y sus asesinatos son los mismos, es un solo motivo y agente: la conservación del poder y los privilegios.

Con una trama hiperbólica Gurrola y Aviña nos llevan a la columna vertebral del sostenimiento del poder mucho más allá del realismo polìtico y las teorias maquiavélicas, porque no encuentran que sea el príncipe (¿el presidente, su secretario de gobernaciòn?) en quien recae la táctica y estategia del estado, sino en la red de acciones y personas reclutadas para sostener el pulso del sistema, de la captación de cuervos como Armando Megido (Jorge Luke) que inevitablemente sacarán los ojos a alguien.

En la bifurcación de los senderos investigados evidenciarán a los propios pilares del sistema, los encargados de sostenerlo, y todo porque más allá de los intereses inmediatos está la red que sostiene históricamente a la sociedad dividia, entre los que deciden por todos, que nos arrojan ineludiblemente al individuaismo aislado, y el avance a la conciencia a partir de la investigación que va dando breves pasos hacia otra cosa, a pesar de la permanencia del sistema, la sociedad conoce y despierta.

Como película de misterio y acción es como se deja ver la mano magistral de Gurrola, muy lejos ya de los documentales echeverriístas (donde se le obligaba a filmar calles limpias nada más o edificios que respondieran a la imagen oficial) y luego de sus  inicios en el policiaco desde Llámenme Mike- Se dice Maik, (1979), y su extensa carrera en el thriller al estilo de los Almada (Asalto en Tijuana, 1985; Cabalgado con la muerte, 1986) va llevando la trama de Aviña al inevitable duelo inútil, al western urbano involuntario, reforzador del vacío final de Hermes con la pérdida total de rostros, con la cabeza borradora del mecanismo de conservación del sistema, en la esquina de una Alameda nueva y siempre la misma.

Borrar de la memoria. D. Alfredo Gurrola. Con: René Campero, Kariam Castro, Alejandro Cuétara. Guión: Rafael Aviña. MÉX. 2010.

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