La mosca de Cronenberg, y la otra: La mosca de cabeza blanca

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La mosca de Cronenberg, y la otra: La mosca de cabeza blanca

La mosca de cabeza blanca  es una cinta que impuso un par de temas interesantes en la ciencia-ficción fílmica; de una parte la transmisión de la materia por medios electrónicos y por otra la alteración de la integridad corporal por un mal uso de la ciencia; la película de Kurt Newman (1958) parece excesivamente ingenua al paso del tiempo, pero impuso parámetros dramáticos no superados y en general excluidos de la versión de 1986, La mosca, realizada por David Cronenberg.

El canadiense convirtió aquella historia de amor y horror  en  una reflexión insólita sobre la naturaleza biológica del ser humano, pero sobre todo en un ejercicio de lo grotesco destinado a los intestinos, si bien este último caso resulta el de casi todo el cine de miedo a partir de los años ochenta.

Tener miedo  través del cine fue antaño una experiencia que se aproximaba a lo desconocido o lo incognoscible, una herencia de la literatura gótica y romántica en general que bordeaba los límites de lo que se podía expresar con palabras, el cine de Whale, de Karl Freund y sus contemporáneos de la Universal había heredado del expresionismo alemán la confrontación de la racionalidad cotidiana con las aberraciones del instinto expresadas por medio de imágenes lo más artificiales posible, las calles del Gabinete del Dr. Caligari tienen    la misma irracionalidad orgánica que el laboratorio del Dr. Frankenstein o los salones de estudio para los eruditos de La Momia.

En los años cincuenta todavía quedaba  el resabio del científico aislado que contra la corriente académica tiene el conocimiento correcto y lo aplica fuera de los patrones establecidos, invariablemente la soberbia de sus actos era castigada con  la pérdida de control sobre los frutos de su trabajo, y con mucha frecuencia el cobro de la naturaleza era contra su vida o la integridad de su ser: Cronenberg conserva este  romanticismo con el personaje de Seth Brundle (Jeff Goldblum), pero éste no se entera de ello.

Cuando David Cronenberg experimenta el viaje electrónico (desintegración-integración en puntos distantes según el principio de comunicación de Lazarsfield) al mezclar sus moléculas   con las de una mosca, en la primera versión se habían intercambiando partes del insecto y del humano, Brundle  sencillamente mezcla las moléculas y se transforma por completo, y mientras André Delambre (David-Al Hedison) pasará los últimos momentos de su vida luchando contra la irracionalidad del animal que invade su organismo paulatinamente hasta su uxoricidio final que estará en función de salvar a su amada Helene (Patricia Owens) del horror de  tenerlo por esposo mientras que Jeff Godbloom disfruta demasiado el paso a la irracionalidad, quizá porque su invasión es más completa y definitiva,  puesto que se ha implantado a nivel genético (¿?) y el cambio paulatino de cuerpo va paralelo al de su mente, y conforme la necesidad lo orilla a comportarse como insecto va experimentando el placer del instinto, las nuevas posibilidades de su transformación, como un Jekyll y Hyde más actual, y se aleja cada vez más de los valores y conducta humanos.

La mosca de cabeza blanca

La historia de amor del científico Delambre-Brundle, en la versión original nos entrega el drama de la esposa Helene, quien además es acusada del asesinato de su cónyuge abriendo la trama policiaca en la historia (y la oportunidad de que participe el gran Herbert Marshall como el Inspector Charas), mientras que Geena Davis aparece nada más como objeto de las apetencias del Brundle librado de los prejuicios humanos (y además dará pie a la continuación muy mediocre de Chris Walas) y todo caerá en una especulación algo maniquea sobre los deberes y derechos de los científicos.

Lo verdaderamente inolvidable de La mosca de cabeza blanca se pierde en la versión de Cronenberg: Vincent Price, que con sublime sobre actuación, como siempre, va hilando los misterios a los largo de la trama y, siempre incrédulo y supuestamente racional  (porque cada vez que su actuación exagerada avala un razonamiento deja entrever  dudas dandinescas en la situación), y finalmente nos llevará a la parte menos creíble de la película: la mosca con la cabeza de Delambre_Hedison queda atrapada en una telaraña y va a ser devorada por el artrópodo ante los ojos de su hijo.

Para este cine del pasado el miedo y el horror vienen de la amenaza total a la vida o a la integridad racional, para Cronemberg en La mosca, fruto de una era más escéptica y pesimista, el miedo es la irracionalidad en sí y la parte oculta del hombre como ser no liberado completamente de lo animal o natural, o bien   tan lejano le queda que es incapaz de controlar su poder superior, la mente, para vivir con los demás sin amenazas, como sucede en Telépatas, mentes destructoras (1981), pero también siguiendo las dualidades de lo natural y lo humano según lo demuestra en la risible Parásitos asesinos (Shivers) (1975) (donde todavía semeja su cine al de otros tiempos, como el de El aguijón de la muerte (1959) donde William Castle y Robb White crean un ser creado por el miedo en el interior de la espina dorsal que termina por matar a sus creadores al contraerse rompiéndolos; no es muy difícil ver de dónde surgieron los Shivers de Parásitos asesinos).

Tal parece que para Cronenberg no hay mucha distancia entre lo que produce el miedo y los misterios del organismo, misterios que en sus películas (salvo las últimas tres) se transforman en seres vérmicos o artropoides, como  máquina de escribir de Almuerzo desnudo (1992) o los instrumentos quirúrgicos de Una vez en la vida (1988)  y en su momento más inexplicable en imagen se vuelven acción orientada por una libido fuera de toda racionalidad, como en Cuerpos Invadidos (1982), en Engendros del diablo (1979) o en Rabia (1977), aquí especialmente acentuado el efecto libidinal por la participación de la porn-star Marilyn Chambers.

Quizá sea esta liga con lo corporal   lo que orilla a Cronemberg a participar de la ciencia-ficción  fílmica, sus convenciones visuales le sirven para llevar sus creaciones a la pantalla mientras que la tendencia general del cine de horror a partir de los años ochenta está ligada no al miedo subjetivo sino al gore, a la mutilación y el asco,  la relación visceral con el  mundo, para Cronemberg el verdadero misterio es la mente en cuanto percepción del mundo y acción sobre la realidad.

En sus últimas cintas, y especialmente en Crash, extraños placeres  (1996) y en Telarañas (2002) el sujeto es la mente, solamente en la primera utiliza recursos de la ciencia-ficción (el futurismo del espectáculo de las carreras automotrices convertido en satisfactor insólito de una sexualidad más allá de lo plenamente corporal  y un placer exacerbado en los límites del dolor) pero cada día se aleja más de las convenciones de imagen y trama del cine y su lenguaje genérico, en la trama de la novela de Patrick Mc Grath Cronenberg introduce el arte excelso de Ralph Fiennes y nos adentra en el reflejo orgánico de los fenómenos de la percepción, su personaje Spider ha sido desfigurado hasta casi la animalización, sus dotes humanas de lenguaje y comunicación se han desarrollado tanto que están lejos de los parámetros de la comunidad, es un planteamiento de la locura no como una desviación sino como un camino autónomo hacia el conocimiento de sí y un desapego casi total del entorno, una paranoia done el mundo solamente  son los recuerdos, mal percibidos, de una vida alterada por la intromisión de los padres y adultos mediatizadores que imponen una manera de ser y actuar que aleja al individuo de su autonomía.

No resulta extraño que La mosca de Conenberg impacte a las generaciones que no vieron la primera versión, lo que difícilmente van a comprender estos jóvenes es la liga con el miedo de las últimas palabras de David  Hedison-la mosca: “Ayúdenme, por favor ayúdenme…!”, antes de que el inspector Charas los aplaste con una piedra. Perro vale la pena reflexionar sobre la copia pasada en Movie City y localizar a la de Kurt Neuman en DVD o en Sci_Fi Channel.

La mosca de cabeza blanca. (The fly). D. Kurt Neumann. Con: Al Hedison, Patricia Owens,Vincent Price. Guión: George Langelaand y James Clavel. EUA/CAN. 1958.

La mosca. (The Fly). D. David Cronenberg. Con Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz. Guiçon: Genroge LAngelaand y Charles Edward Poge. EUA!CAN. 1986.

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