Batalla naval o Acorazado, recuperación de juegos antiguos

Escrito por on may 7th, 2012 y archivado en Destacado, Estrenos, Fantástico, Galería de vídeo, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Batalla naval o Acorazado, recuperación de juegos antiguos

Acorazado o Batalla naval, aún no se cual será su título en México, es una cinta de ciencia-ficción extraña y más o menos novedosa, aunque  solo en cine, su tema ya ha sido motivo de cuentos y novelas tan importantes como Ciudad submarina o Marinia, de Frederick Polh y Jack Williamson (1954), sin embargo el cine solamente  nos ha dado ficciones tan pobres como Mundo acuático (Kevin Reynolds, 1995) o Vida bajo el mar (Baker y Fox, 2006), fuera de esto el papel de lo marino y subacuático ha estado ausente de las pantallas luego de las dos versiones de 20,000 leguas de viaje submarino (Stuart Paton-1916 y Richard Fleischer-1954).

La trama general está basada solamente en el juego de mesa que fabrica Hasbro, de hecho es un enorme infomercial para el producto pero al empaparlo de ciencia-ficción lo han transformado en una obra interesante, especialmente porque Peter Berg le dio un tratamiento arcaico, digno de los clásicos de los cincuenta; incluso con una historia de amor que vale la pena (Aunque tenga mucho de Reto al destino, Hackford, 1982).

En principio nos remite a Contacto  (Zemeckis,1997) por la introducción de los experimentos SETI en Hawái, todo en medio de una historia de amor y fraternidad entre marinos, uno de ellos no muy convencido y quien será el más involucrado en el asunto (Taylor Kitsch), pero el asunto es que los años invertidos  inútilmente (hasta ahora) en buscar inteligencia extraterrestre, enviando mensajes al espacio, fructifica en una invasión que utiliza como  base las aguas del Océano Pacífico, donde  la marina estadunidense realiza maniobras para estrenar su último gran acorazado que sustituirá al histórico Missouri.

Claro que dese la Segunda Guerra este tipo de barco ya no tiene sentido, su última epopeya fue con el Yamato y en la realidad aquellos magníficos cañoneros solo fueron útiles para desmantelar los nidos de artillería terrestres en Normandía y las islas del Pacífico, salvo lo que nos cuentan las dos históricas navales La batalla del río de la plata (Powell y Presburguer, 1956) y ¡Hundan al Bismack! (Lewis Gilbert, 1960), indudables modelos para Berg, quien hace  muy divertida su versión,  pero mucho más por los inventos tecnológicos que introduce: un tipo de proyectiles “implantables” que resultan terribles para el blindaje extraordinario de los buques de guerra y el sistema detector de oleaje que sirve de pretexto para la propaganda del juego de mesa.

Desde la intrigante película Algol, de Hans Werkmeister (1920) el cine ha estado preocupado por la visita de extraterrestres, en esta cinta, perdida con la  mayoría de los archivos de la UFA alemana, se inició una serie de citas que solo alcanzarán su esplendor con El día que paralizaron  la Tierra, de Wise (donde el visitante amigable pretende advertir a los humanos contra su excesiva arrogancia) y La guerra de los mundos (la invasión vista como operación punitiva contra la humanidad), el tema ha sido básicamente la competencia tecnológica por sobrevivir; con el advenimiento de los efectos especiales electrónicos (CGI) las cintas se han convertido en una competencia de diseño de los alienígena que a tenido enormes avances desde el descendiente amigable de Spielberg (E. T., desde luego) hasta la aniquilación humana propuesta por Skyline (Strause y Stause, 2010).

Brooklyn Decker en Batalla naval

Con Acorazado Berg añade a las tramas la dificultad que representa para los programadores de CGI el trabajo con aguas y la concepción de vehículos extraterrestres destinados tanto al viaje espacial como a la lucha en el mar, además, apoyado en las más recientes líneas de investigación astronómica, crea un tipo de alienígena menos monstruoso y más cercano a los patones humanos (incluso en exceso) al concebirlos como fruto de una evolución paralela en un planeta de características similares a nuestro mundo, pero muy distante en el cosmos.

Quizá lo más ingenioso de la película es la forma en que llega a concebir el paralelo del juego de mesa con su trama, al utilizar el sistema detector de tsunamis  para establecer una cuadrícula donde se utiliza el sistema del juego para localizar y hundir al enemigo; curiosamente todo resulta dentro de una lógica  humana reconocible como la mentalidad militar emanada de siglos de táctica y estrategia, los mismos extraterrestres proceden como cualquier potencia colonialista anulando todo sistema o máquina de comunicación para establecer su propia hegemonía y asegurar la plaza.

De hecho la novedad es que a través del astrofísico Cal Zapata (Hamish Linklater) se establecerá que: “…el contacto con los extraterrestres será como el descubrimiento de América, solo que ahora nosotros somos los indios…”, que servirá para justificar el desarrollo de una trama en la que se actualizan y conjuntan todos los lugares comunes del género, desde la utilización de trajes espaciales con exoesqueleto tecnológico (a la manera del Depredador de John McTiernan) hasta los sistemas computarizados para reconocimiento similares a los del Exterminador de Cameron.

En casi todo el desarrollo de esa película-juego, hecha con el nivel pretendidamente interactivo de Halo (Staten y Boren, 2001), lo más evidente es la presencia del sentido militar  propuesto por el Pentágono, desde la búsqueda de evitar víctimas “civiles” (los extraterrestres descartan   la destrucción de seres vivientes al reconocer las pupilas de los ojos) hasta la concepción de las armas no para destrucción masiva sino selectivas a la manera de las bombas “inteligentes” de la aviación estadunidense, lo que si es cierto es que   Berg tiene  una mano maestra para las escenas de combate.

Definitivamente Batalla naval confirma la aseveración de Truffaut acerca de la fascinación del cine de guerra, con todo y que la cinta cae en la ingenuidad de convertirse en una apología  de la Marina de los Estados Unidos. Incluso con la confirmación de que el barco que combate es el John Paul Jones, nombrado en honor del fundador del honor naval yanqui y finalmente se activa hasta el Missouri donde se firmó el armisticio con Japón y la trama sirve finalmente para hacer notal los beneficios del entrenamiento naval para forjar el carácter y al ciudadanía, como se ejemplifica en el caso del marino Alex Hopper (Taylor Kitsch) con el almirante Shane de la flota en el pacífico, cuya hija negociarán Liam Neeson, irreconocible,  y Kitsch en una comida con “burritos”.

Acorazado, o Batalla naval. (Battleship.) D. Peter Berg. Con: Taylor Kitsch, Liam Neeson, Brooklyn Decker,  Tadanobu Asano. Guión: Jon y Eric Hoeber. EUA. 2012.

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