La historia del cine mexicano es una asignatura pendiente de nuestro sistema académico, su gran importancia económica y cultural no solo no es valorada sino que por ello mismo se ha puesto en peligro una actividad estratégica para comprender a este país y sus pobladores, así como su trascendencia más allá de las fronteras; es el caso de las temáticas desarrolladas por la cinematografía nacional que con sus charros, rumberas y luchadores ha conquistado mercados cercanos y alejados más allá de su influencia hacia el interior, por eso es una buena noticia la aparición del libro universitario ¡Quiero ver sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores, de Rafael Aviña, Raúl Criollo y José Xavier Navar.
Este trío de autores resulta de lo más incongruente a primera vista con la imagen del crítico e historiador universitario: totalmente anti solemnes, forman el grupo ideal para reseñar y catalogar un cine despreciado sistemáticamente por los críticos e historiadores de medios de comunicación, sin embargo su estilo desenfadado permite comprender mejor la trascendencia directa y desviada que las películas del “pancracio” han tenido en cinematografías como la estadunidense (impositora de modelos por tradición) y a la cultura hispanohablante del planeta.
Desde luego hemos de partir del hecho que consagra a esta forma particular de cine como un mito popular ajeno a las corrientes High Brow de la sociedad globalizada, pero el enfoque de Aviña-Criollo-Navar se establece desde el interior del mito y no desde la periferia de erudición académica, sin embargo su rigor metodológico denuncia las ligas universitarias de sus autores (UAM, U. Veracruzana y UNAM respectivamente), pero sobre todo el ejercicio de la crítica cinematográfica en diversos medios desde hace mucho tiempo.
Valga esto porque en casi cualquier texto de historia del cine mexicano el género del pancracio apenas ha merecido comentarios despectivos o abiertamente hostiles, ni el Zar Ayala Blanco (ingeniero con sueños de escritor) ni el multicitado Emilio García Riera (enfadoso erudito con ínfulas de español dolorido por refugiado) han dado un sitio de importancia al género ni analizado la trascendencia, aunque sea económica, de él y si en cambio se han ocupado de desprestigiarlo por razones no siempre racionales ante el público: El trío de autores que ¡Quieren ver sangre! se ocupan de una pasión comprensible y de una forma de comunicación que conforme no se analiza menos se comprende su valor o no de ella, cosa que emprenden en este volumen donde hasta la influencia hacia el cine pornográfico está consignada (abiertas todas las posibilidades a que sean enriquecías más adelante).
Al extenso trabajo de estos tres críticos se añade la sabrosa parentación que hace Juan Villoro, promotor consuetudinario de la cultura popular ligada al deporte, quien se ocupa de situar en las categorías comunicacionales y sociológicas las características del cine de luchadores, de explicar los recovecos de relaciones entre este cine y el mundo de los medios, mismas que documentan extensamente los autores, que no dejan fuera ni siquiera a los locutores de cabina y de ring relacionados con los costalazos.
El gigantesco volumen de 320 paginas a todo color, está ilustrado profusamente con algunas de las mejores fotografías y carteles de las películas, además contiene la filmografía más extensa (y quizá completa, aunque sea imposible) jamás publicada sobre el género, comentada al alimón por los autores con la acuciosidad de aficionados casi fanáticos con toda la información y el gusto tanto por el espectáculo entre cuerdas como del cine.
La opaca es la edición que en la época del cómputo y la corrección foto electrónica (el Photoshop, pues) cometen errores tan garrafales como dejar pasar fotos con las marcas de lápiz graso con que algunos almacenistas inconscientes dejan a los originales, poner pies de grabado equívocos señalando como cartel francés uno evidentemente escrito en alemán. En fin, parecen gajes del oficio de sacar una edición a todo trance, pero queman a los autores con los cuates y lectores.
Historia del cine de luchadores, ¡Quiero ver sangre!, por Raúl Criollo, José Xavier Navar y Rafael Aviña; México, UNAM, Coordinación de Difusión Cultural, 2011; 320 pp.
Textos relacionados:
¡Quiero ver sangre¡: Cine de luchadores, Sangre, diversión y anécdotas en un libro
a WordPress rating system
a WordPress rating system
[...] ¡Quiero ver sangre!, indispensable libro para entender nuestro cine GD Star Ratingloading…GD Star Ratingloading… [...]