Nacidos para matar, ¿Duros o nadaístas?

Escrito por on dic 19th, 2011 y archivado en Destacado, Estrenos, Galería de vídeo, Galería fotográfica, Thrillers. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Nacidos para matar, ¿Duros o nadaístas?

Nacidos para matar

Desde la exhibición de Duro de matar, a finales de los años ochenta, al firmamento fílmico ascendió un personaje que sin ser nuevo renovó la afición por el héroe de conducta dudosa `pero plenamente justificada: el Duro. Para su consistencia el comediante Bruce Willis (Luz de luna, su mejor presentación por entonces) tomó buena parte de las actitudes escépticas y ásperas de Humphrey Bogart en Casablanca y las enriqueció con un vocabulario neoyorquino rico en paradojas y diálogos pronunciados como en las historietas de Stan Lee; con este modelo muchos otros nuevos actores han ascendido en la preferencia de esta generación, ahora Gary McKendry los utiliza con intensiones de reconstrucción histórica en Nacidos para matar y que también se puede ver en los sistemas de cable con el título de Asesinos de élite.

Este es un cine de especialistas acerca de especialistas, no hace mucho el oportunismo de Sylvester Stallone reunió a la mayoría de los actores encasillados en el personaje para realizar Los invencibles, una fallida apología del mercenarismo supuestamente idealista y libertario, al cual ya ha descartado la historia desde las guerras en Angola y el Congo; desde Los mercenarios de Jack Cardiff fue opacándose el posible idealismo o nacionalismo de los soldados de fortuna (la muerte infame del personaje de Jim Brown en ella cerraba el círculo de idealismo)  y hasta Claude Lelouch se metió con ellos en Vivir por Vivir mucho antes de que el nuevo periodismo influyese en obras como Los perros de la guerra y El día del Chacal, denunciando al militarismo como un cáncer asociado a las peores ambiciones del capitalismo salvaje. Con todo esto encima McKendry se atreve al tema y con buen éxito.

Falta considerar a las estrellas con quienes emprende esta visión más o menos actual (menos que nihilista nadaístas) de la violencia y los violentos. Ante todo está Robert De Niro, uno de los más grandes actores de finales del siglo pasado, junto de Al Pacino y el perenne Marcelo Mastroianni, ha sido uno de los personalizadores más versátiles cuya fama alcanza su apogeo cuando representa a Vito Corleone joven para la Segunda Parte de El Padrino, a partir de entonces ha sido un violento contenido y consciente de sus actos, especialmente en sus coestelares con Pacino (Fuego contra fuego y Asesinato justo en particular) y llega al clímax del personaje con Ronin, de la cual parece extraer McKendry a este veterano de la elite criminal que respalda al poder trasnacional.

Ganando terreno en la imagen de violento, Jason Statham, se ha colocado en el favor de los amantes de la brutalidad a partir de la serie de El transportador, sucesivamente ha ido especializándose en un personaje antisocial atrapado entre el deseo de integración a la especie humana (según el modelo burgués que descarta lo irracional del ser) y la pulsión irrefrenable de contestar violentamente a las limitaciones de la sociedad, quizá su personaje más singular se dio inspirado por Roger Corman en la versión de su Carrera de locos denominada Carrera de la muerte, desde la cual es casi imposible disociarlo de violencia y automovilismo.

Hasta su aparición en Los niños del hombre, Clive Owen no parecía un actor muy singular, su incursión en el cine británico representa una medianía oscura, hasta que se incluyó entre los desclasados conscientes como el tallador-escritor de Croupier (1998) y el espía casi involuntario de Agente Internacional que es forzado a la brutalidad gratuita. Con todo ello queda atrás el glamoroso espía “al servicio del rey y la patria”, no obstante la insistencia del exotismo en viajes y complicaciones de acción.

Inicia un enfoque nuevo a la acción fuera de las leyes con que el statu quo preserva el “estado de derecho”  (que podemos entender mejor como a la vigencia del poder); así como a partir de James Bond de Ian Fleming se cultivó a la tecnología como un personaje indisoluble a la acción del agente secreto, ya desde la última versión de Duro de matar, Bruce Willis demostró que vale más el uso de mente y cuerpo que todo el despliegue tecnológico ya armamentista frente al ser humano que tiene por qué actuar.

Jalando y estirando el nuevo enfoque no descarta la tecnología, pero su principal interés resulta de la capacidad del cuerpo humano para superar toda tecnología y hasta toda violencia proveniente de otros (McKendry nos entrega una secuencia de pleito en sitio cerrado –Owen y Stratham- más intensa y verosímil que la clásica de El regreso del agente 007, de Terence Young) donde la voluntad de hacer supera con mucho cualquier tecnología y llegará más lejos con Stratham atado a una silla salvando a Owen solo para demostrar la igualdad de situaciones de los personajes antagonistas.

La historia podría ser lo de menos: un grupo de profesionales del asesinato (de ahí su título original: Asesinos de elite) es coaccionado por un reyezuelo, el jeque de Omán, a vengar la muerte de sus hijos mediante el secuestro del líder moral del grupo (Robert DeNiro) y los asesinos de elite han de asesinar a un grupo de elite de la SAS, la organización de fueras especiales de la OTAN, para los cuales trabaja Owen.

Materialmente duros contra duros, especialistas contra iguales en algo que pudo tomarse como un duelo al estilo del viejo oeste, pero solamente es una carnicería cuidadosa en la que el carnicero si escucha los chillidos del puerco. Desde luego es un cuestionamiento de la profesionalidad como acto independiente de moral o ética, una competencia entre los esbirros del sistema y los que no pueden librarse de él en nombre de la libre conciencia.

Nada menos que un discurso de arrepentimiento solapado en una película de acción violenta que pretende ir en contra de la violencia, además se envuelve como alegato existencial contra el mercantilismo y la avidez de capital, y para ello asume la forma de un triste alegato de viejo: el jeque de Omán dice que de nada le sirve al poder ni el dinero, que necesita heredar al único hijo que le queda una muestra de honor para su pueblo…. Pero es el hijo un ser pragmático que se “occidentaliza” y vende a su país al sistema, vende igualmente a los combatientes y mantiene el ciclo de la violencia.

Opcionalmente el conjunto de personajes, en cualquier nivel de la trama, solamente resultan ser títere de una fuerza mayor: el deber de los soldados atado a la noción de una supuesta patria que ya no es asunto de fronteras sin de intereses, el sentido de posesión de los capitalistas que disfrazan con el discurso patriótico, y los mercenarios entrampados en su propia violencia irrefrenable a pesar de la voluntad de vivir y ansia de paz.

Parece que McKendry hace un homenaje a James Clavel y su inusitada película La espada y la rosa (1971) donde también se hace el alegato anticapitalista pero desde el inicio, en la época renacentista cuando se crean las instituciones que son la columna vertebral de su trama y nuestro devenir, pero en particular de la aparición del soldado de fortuna (encarnado por Michael Caine) y el soñador idealista o mercenario (entones un muy joven Omar Sharif), ambos sirvientes a una entidad abstracta: el poder material y el espiritual, Mc Kendry se conforma con que su abstracción sea la libertad misma que es la cuestión en Nacidos para matar.

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FILMOGRAFÍA:

Asesinato justo. (Righteous kill). D. Jon Avnet. Con: Al Pacino, Robet deNiro, Carla Gugino. Guión: Rusell gerwitz. EUA. 2008.

Croupier. D. Kike Hodges, Con Clive Owen, Nick Reding, Nicholas Ball. Guión: Paul Meyersberger. FRA/GB/ALEM/IRL. 1998.

Día del chacal, El. (The day of te jackall). D. Fred Zinemmann. Con: Edward Fox, Terence Alexander, Michael Auclair. Uión de Frederick Forsite y Kenneth Ross, según la noverla del primero. G.B./FRA. 1973.

Duro de matar. (Die hard) D. John McTiernan. Con: Bruce Willis, Alan Rickman, Bonbjie Bedella. Guión Roderick Thorp y Jeb Stuart, EUA. 1998.

Espada y la rosa, La. (The last valley). D. James Clavel. Con: Michael Caine, Omar Sharif, Florinda Bolkan. Guión. J, Clavel según la novela de J. B. Pick. Eua/can. 1971.

Fuego contra fuego. (Heat). D. Micahel Mann. Con: Al Pacino, Robert DeNiro, Val Kilmer. Guión: M;. Mann. EUA. 1995.

Invencibles, Los. (The expendables). D. Sylveste stallone. Con: S. Stallone, Jason Stratham, Jet Lee, Bruce Willis. Guión: Dave Callaghan y S. Stallone. EUA. 2010.

Nacidos para matar (Killer elite). D. Gary Mckenddry. Cn;: Jason Statham, Robert de Niro, Clive Owen, Dominic Purcell. Guión Matt Sherring, basado en el libro de Ranulph Fiennes. G.B./EUA. 2011.

Niños del hombre, Los. (Children of men). D, Alfonso Cuarón. Con: Clive Owen, Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor. Guión: Thomoty Sexton y A. Cuarón. MEX/GBEUA. 2006.

Padrino 2, el. (The goodfather Pat II). D. Francis Ford Coppola. Con: Al PAcino, Robert DeNiro, Robert Duvall. Guión: Mario Puzzo y F. F. Coppola. EUA. 1974.

Perros de la guerra, los. (Dogs of war). D. John Irvin. Con: Chritopher Walken, Tom Berenger, Colin Blakely. Guión: Gary Devore y Geroge Malko, según la novela de Frederick Forsite. G.B. 1980.

Ronin. D. John Frankenheimer. Con: Robert DeNiro, Jean Reno, Natasha McElhoe. Guión: J.D. Zeik. EUA/GB. 1998.

Transportador, El. (The transporter). D. Louis Lettelier  y Corey Yuen. Con Jason Stratham, QiShiu, Matt Schultze. Guión: Luc Besson y Ronet Mark Kamen. EUA/FRA/CHI. 2002.

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