La persecución despiadada, Jauría humana, The Chasse de Arthur Penn, con Marlon Brando por Patrick Brión

Escrito por on jul 7th, 2011 y archivado en Destacado, DVDver, Galería fotográfica, Thriller. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La persecución despiadada,  Jauría humana, The Chasse de Arthur Penn, con Marlon Brando por Patrick Brión

La persecución despiadada,  Jauría humana, The Chasse de Arthur Penn, por Patrick Brión: selección de Dossiers du Cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.

Dos prisioneros evadidos escapan juntos. Es el inicio de Jauría humana. También es el tema que ilustró notablemente la Warner Bros, en los años 1935-1945. James Cagney, George Raft, Edward G. Robinson, Humphrey Bogart, todos del lado malvado de la ley, y la mayor parte del tiempo asaltando con generosidad y camaradería. Pero aquí, en estas escenas, Arthur Penn revierte al género.

En tanto uno de los dos prisioneros, justamente llamado Butcher (carnicero), abandona a su compañero porque se negó a robar un automóvil y previno a una mujer  de color cuyo hijo quería intervenir: “Vuelve la cabeza. Mira para adelante. No tienes  que hacer nada y deja que los blancos arreglen asuntos de los blancos”. No es la época de los filmes idealistas: es el Estados Unidos de rapiña y malicia, de los problemas raciales, es el Estados Unidos de hoy. A partir de este hecho diferente la evasión de un prisionero, veremos toda la vida de un pueblo de Texas, Tarl, que va a incendiarse en  sentido real y figurado. Microcosmos de Estados Unidos, Tarl deviene en una sola  noche el centro de todos los odios, de todas las pasiones. A este pequeño pueblo sudista  nos lo podemos imaginar; es ese de las novelas de Faulkner, de Caldwell y de las obras de Tennessee Williams. Recordaremos esa atmósfera húmeda que hace sudar a los rostros (Les feux de l’été). Para intentar escaparse los habitantes del sur se refugian en el  whisky, el bourbon o en sus recuerdos (Una gata sobre el tejado caliente),- o cazando al negro entre dos fiestas. Todos los elementos que constituyen esta sociedad son implacablemente descritos, el poder corruptor del dinero, el odio racial, el sadismo, el abandono se entretejen en un ballet sulfuroso en esta nueva Sodoma.

Entonces, la muerte del héroe, autor involuntario de esta catarsis colectiva, es inevitable. Y esto ciertamente no es una coincidencia que él sea abatido definitivamente, estableciendo bruscamente una fantástica aproximación al asesinato de Oswald por Ruby y también a la muerte de John Kennedy, encarnación de toda una América desaparecida, aquella de Lincoln y la democracia. En su descripción del Modo de vida Estadunidense (American Way of Life), Penn no excluye a nadie. La religión aquí está simbolizada por una vieja-joven loca, la Sra. Henderson, y la visión de Penn  acerca  de  las distracciones de un sábado texano es pesadillezca. Yuxtapone a la acción las tres fiestas, revela su grado idéntico de putrefacción:

-Con Val Rogers, el jefe local, reina el dinero en disputa. Ahí se dona un millón de dólares, más por juego que por caridad, para un colegio. Una anciana se agita grotescamente en un vestido rosa de Scout del Lejano Oeste y comprendemos así  (Bubber Reeves, el fugitivo no ha llegado al pueblo) que la pareja Fox-Diana Hyland está desajustada.

-con los Stewart el alcohol reemplaza al dinero y las parejas se intercambian  cómodamente, los invitados no se preocupan sabiendo que en Texas, solamente un policía usa las armas de fuego.

-entre los adolescentes que invita Richard Bradford la atmósfera parece mucho la  buena infancia, esa de Elvis Presley, pero la continuación del filme prueba que estos  hijos no valen muchos más que sus padres. Nosotros habremos visto ya a estos  licenciosos acechar a los congresistas de la Asociación de Productos Dentales en su  llegada a Tarl. En tanto que Richard Bradford está fascinado por sus hijos en vías de  bailar y que Janice Rule le dice: “Deja de acechar a esas chiquillas; cada vez las buscas más y más jóvenes”, así queda claro, también, que algo ha cambiado.

A estas tres fiestas, se añade una más íntima pero de todas formas reveladora. La de Jane Fonda y James Fox en un motel. La pareja no se toma siquiera el tiempo para destapar la botella de champaña, James Fox la despedaza. Se tira al suelo con Jane Fonda y lo arruina todo dándole una joya de dos mil dólares que ella toma más como una propina insultante que como un regalo. Todos los elementos del decorado y de los personajes están en su sitio. El drama queda latente, no espera más que la llegada, a los alrededores del pueblo, del fugitivo Bubber Reeves para que se desencadene. En tanto la  presencia de este último sea confirmada en las cercanías de Tarl, la puesta en escena de Penn acelera. Al ritmo descriptivo (e incisivo…) de las primeras escenas, Penn lo  sustituye con estremecedores trozos de violencia.  Ante todo es una breve cacería del  negro en la cual los fiesteros avivan el fuego sin prisas contra el malhadado Joel Fluellen. Consciente del peligro que incuba, Marlon Brando, representante del orden local, había aconsejado a Richard Bradford lo que vale igualmente para todos los  habitantes: “Hágase de una botella y consígase una cama con la mujer de su amigo”, pero ya es muy tarde. Con la escena en la cual los mismos tres fiesteros, donde Richard  Bradford apalea a Brando con un salvajismo particular, el cataclismo final ha iniciado… Penn aumenta todavía la violencia de esta secuencia denunciando la indiferencia de la población que rechaza intervenir y donde vemos a los brillantes especímenes mascando chicle y bebiendo coca-cola. Aún más el personaje de Briggs, este extraño –un tanto marginal- que hemos visto circular por el pueblo con su esposa, casi como un filósofo,  reflexionando sobre los hechos, y haciendo que recordemos a ciertos personajes claves de las obras históricas de Shakespeare, nos va pareciendo simpático. Nos ha revelado el abandono, también testigo mayor que los demás, no tiene nunca el valor de asistir al primer lugar de espectador en la destrucción física de Brando.

Voluntariamente Penn ha elegido como decorado aquello que simboliza lo mejor de Estados Unidos, un cementerio de automóviles (ya habrá uno en Así soy yo).  Amontonados unos sobre otros esos símbolos difuntos del lujo son al mismo tiempo los de la destrucción, de la muerte y de la vida pasada. Es entonces normal que suceda en esta no man’s land, entre el presente y el pasado, que los diferentes grupos se enfrenten. Como en Cadenas de roca de Wilder un hecho diferente y trágico deviene en oportunidad para gran regocijo y los adolescentes cantan Muéstrate Bubber, ¿dónde estás?, y lo mismo que los mirones incitan a sepultarlo, víctima de la ambición del  periodista Kirk Douglas. Es también una gran fiesta: y los pulmones inflamados se desinflan saludando, amenazando tanto a Val Rogers, el poderoso del pueblo, mientras la luz de  las bengalas iluminan la noche, los autos se incendian y sobre todo la gasolina de la estación vecina que inexorablemente cae en las llamas. Este doble encaminarse (la gasolina bajando lentamente y luego, impulsada remonta a toda velocidad hacia la estación, como un arrastre flamígero) es una referencia casi directa a la pura e ideal llegada del agua en El pan nuestro de cada día, de King Vidor. Es igualmente el símbolo del desarrollo, del trabajo, de la solidaridad, de la democracia; ahora el agua es sustituida por la gasolina y es un símbolo nuevo. En lugar del líquido benéfico y tan esperado por cada uno para que tome su curso, es la muerte que se transporta en esa gasolina encendida, el anuncio del arrasamiento futuro del paisaje. Después de este apocalipsis de fuego, tan poético en el cine estadunidense como lo descubriremos al final de El beso mortal, y el asesino de Bubber dirige sus pasos a la oficina del sheriff, Penn riza su filme en dos escenas breves: Brando y su esposa escapando del pueblo, disgustados por la abyección de todo y de Val Rogers, comprenden la muerte de su hijo  amado. La voluntad de Penn para describir implacablemente esta población de Tarl se manifiesta y es comprendida desde la selección de los actores. Utilizando ciertos intérpretes opuestos a sus personajes habituales, crea un segundo nivel que ofusca (y  aún así es voluntario) a los espectadores. Martha Hyer, la estrella asexuada de las producciones Hal  Wallis, la profesora frígida de Dios sabe cuánto amé, se convierte  aquí en una alcohólica dispuesta a cualquier cosa (y sobre todo con cualquiera). Lori Martin que hizo a la tierna heroína del folletón de televisión Gran premio (National Velvet), y retomara el papel de Elizabeth Taylor, enamorada de los caballos y de  grandes aires, juega a ser una adolescente viciosa que acosa a Bubber Reeves y le reclama insidiosamente lo que ha hecho con su hermana y se complace morbosamente  en el recuerdo de esa relación pasada. Finalmente, y más astutamente todavía, Penn hace actuar a Jocelyn Brando, la misma hermana de Marlon, en el papel de la Sra. Briggs, la esposa del filósofo local, floja y bien pensante, que será la que aumente nuestra molestia en tanto que Brando es apaleado sin que nadie intervenga (ni siquiera su hermana).

Pero más que un filme dirigido constantemente con mano maestra (será  necesario haber contemplado las vacilaciones de Jane Fonda o de Brando derribando  una mesa luego de haber sido golpeados salvajemente), Jauría humana es un gran  filme hollywoodense.- Penn ha declarado haber estado turbado durante el rodaje, no haberse sentido libre, no ser el autor del filme… Ya conocemos esa canción, es la misma de la leyenda negra de Hollywood. Hoy día que ese pueblo luminoso se extingue  lentamente, Jauría humana aparenta ser un fulgurante renacimiento, combinando,  como en el pasado, la historia dramática, una interpretación conocida y un realizador de gran clase. Que esta ósmosis la debamos a Sam Spiegel, a Arthur Penn o a la antigua máquina filmadora que rueda libre, como lo es de todas formas el cine estadunidense, importa poco a partir del momento en que hay un resultado, Jauría humana, inflama estos planos…

-En Jauría humana usted parecía estar molesto por la maquinaria holivudense…

Arthur Penn -Lo estaba. Es algo terrible hacer una película con tantos técnicos en torno de uno, tanta gente muy calificada y muy hábil: si tienes una idea inmediatamente se vuelve filtrada como el humo por el filtro de un cigarrillo. Tú idea, cada uno de los que te rodean sabe exactamente como hacerla y esto resulta finalmente en que entre todos esos esfuerzos de precisión deja de ser tu idea, pero se convierte en el arquetipo de esa idea según Hollywood, un lugar común y banal. Si quieres evitar esto, es necesario decir continuamente que no a los colaboradores: rechazar sistemáticamente sus proposiciones, desde un matiz de color a la elección de una corbata; será necesario  cambiarlo todo. Si quieres que el resultado de tu trabajo te pertenezca siempre y te exprese personalmente es necesario vigilar todo, en cada escena, para asegurarte de que el menor detalle sea tal y como lo deseabas. Rápidamente, cada vez te interesas menos y  no tienes toda la energía para hacerlo todo por ti mismo y he aquí por qué, finalmente, Jauría humana se convirtió en un filme de Hollywood más que de Penn.”

Arthur Penn en Cahiers du Cinéma No. 196, diciembre de 1967.

Ficha Técnica :

Jauría humana (The chase /La poursuite impitoyable), 1965.

Realización: Arthur Penn.

Segundo equipo de dirección: Jim Havens.

Guión: Lillian Hellman y –no acreditados- Michael Wilson, Horton Foote, Ivan Moffat, basados en una novela y pieza teatral de Horton Foote.

Fotografía: Joseph La Shelle y –no acreditado- Robert Surtees.

Decorados: Richard Day (p.d.), Robert Luthard (a.d.), Frank Tuttle (s.d.).

Música: John Barry.

Edición: Gene Milford.

Asistentes: Russ Sanders, Bob Templeton, C.M. “Babe” Florence.

Supervisión del guión: Marshall Schlom.

Operador de grúa cangrejo: Al Ducharme.

Efectos especiales: Dave Koehler.

Camarógrafos: Bill Norton asistido de Bon Hosler, Gene Le Noir.

Vestuario: Don Feld.

Director de producción: Joe Wonder.

Genéricos: Maurice Binder.

Producción: Sam Spiegel para Columbia (Horizon Prod.), EE.UU.

Tecnicolor- Panavisión.

Duración: 138minutos.

Intérpretes: Marlon Brando (Calder), Jane Fonda (Anna Reeves), Robert Redford (Bubber Reeves), E. G. Marshall (Val Rogers), Angie Dickinson (Ruby Calder), Janice Rule (Emily Stewart (Miriam Hopkins (Sra. Reeves), Martha Hyer (Mary Fuller), Richard Bradford (Damon Fuller), Robert Duvall (Edwin Stewart), James Fox (Jason “Jake” Rogers), Diana Hyland (Elizabeth Rogers), Henry Hull (Briggs), Jocelyn Brando (Sra. Briggs), Katherine Walsh (Verna  Dee), Lori Martin (Cutie), Marc Seaton (Paul), Paul Williams (Seymour), Clifford James (Lem), Malcolm Atterbury (Sra. Reeves), NydiaWestman (Sra. Henderson), Joel Fluellen (Lester Johnson), Steve Inhat (Archie), Maurice Manson (Moore), Bruce Cabot (Sol), Steve Whittaker (Slim), Pamela Curran (Sra. Sifftitieus), Ken Renard (Sam).

No acreditados: William Mims (George Seely), Richard Collier y Gary Sutton (invitados a la fiesta de Val Rogers), Eduardo Ciannelli (Sr. Sifftitieus), Amy Fonda (Anna Reeves, la joven en la foto), y George Winters, Ralph Moody, Howard Wright, Monte Hale, Mel Gallagher, Ray  Galvin, Davis Roberts, Pat Quinn, Vicky Draves.

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