Sucedió una noche, It happened one night, New York.- Miami. De Frank Capra, con Clark Gable y Claudette Colbert

Héctor Enrique Espinosa Rangel Escrito por on May 18th, 2011 y archivado en Comedia, Destacado, Directores, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Sucedió una noche, It happened one night, New York.- Miami. De Frank Capra, con Clark Gable y Claudette Colbert

Sucedió una noche, It happened one night, New York.- Miami. De Frank Capra, por Anne Villelaur; selección de Dossiers du Cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.

“Es una historia bien construida acerca de los sentimientos humanos sencillos, los decorados inusuales, los diálogos picantes y adultos, una intimidad sin prejuicios, y sobre todo nada que remita a los tics habituales de Hollywood.”

Georges Sadoul, en Dictionnaire des films, Ed. Seuil, Paris, 1965.

Sucedió una noche obtuvo cinco Òscares principales. El filme tuvo tal éxito que Frank Capra se guardó de filmar durante un año porque no creía ser el autor de este éxito. Ciertos historiadores del cine se complican: ¿Es Sucedió una noche o Sérénade a´trois de Lubitsch la primer gran comedia estadunidense? Otros, en respuesta no la consideran al filme como una obra destacada de Capra. Polémica inútil por un lado: ¿Como comparar una obra de Lubitsch que parece regida matemáticamente con estas comedias de Capra en las que al contrario busca dar la impresión de improvisada? Desprecio incomprensible en el otro lado: basta comparar Sucedió una noche con las comedias más célebres de la época, por ejemplo la Sylvia Scarlet de ese gran director de actores que es Cukor, para percibir que, fincada en el plano de la interpretación, hay algo de esencialmente moderno. Cuarenta años antes nada parecía asegurado, fechado, jubilado. Claudette Colbert, Clark Gable y todos los comediantes tenían ya la impronta de los Gary Cooper y James Stewart en sus comedias ulteriores, y muy felizmente Capra no había descubierto aún las virtudes de las grandes parejas pseudo-humanitarias de las que abusará de inmediato.

El guión de Sucedió una noche difiere sensiblemente de los precedentes. Luego de haber mostrado los brocados de lujo en aparador en Pasa el circo y La rubia platino, Capra había querido llamar la atención sobre un pobre periodista, que firmaba el “Correo sentimental” (Prohibido) y de un banquero en quiebra (La locura del dólar)  y acerca de los gánsteres con gran corazón (Dama por un día) (1933). Ni la riquísima Ellie Andrews (Claudette Colbert), ni el periodista Peter Warne (Clark Gable) despertaron piedad o admiración. Cierto que se ha dicho que Warne fue uno de los primeros  Sr. Ceniciento (luego del periodista de La Rubia platino, y antes que Deeds), y le falta un poco de inocencia para completarse. Sabe muy bien negociar  el dinero con el director de su periódico, y será sin prejuicios quien le propone un trato a Ellie: no revelará dónde está ella si le asegura la exclusividad de un reportaje sobre su escapada a través de Estados Unidos. Cuando, hacia el final, no le pide al Sr. Andrews más que el reembolso de sus gastos le parezca extraordinario que para un millonario que le propuso 10,000 dólares por regresar a su hija y se prepara a donar 100,000 más al prometido oficial de su hija como premio por su renuncia. Viviendo en un mundo difícil Warne se defiende. No es ningún regalo, y no lo exige. Ellie, por su parte está habituada a los lujos. Pero nosotros no podemos menos que tomar conciencia en esta ocasión de la breve discusión al principio en el yate y cuando lo deseamos, ese lujo, en las dos últimas secuencias, se reduce al interior luego de que Ellie afirma que la vida es una turbulencia en tanto que el viejo Andrews hace todo lo que puede para sabotear la magnificencia (ridiculizada por Capra) del matrimonio. La fortuna y el modo de vida de los Andrews todavía son evocados por la cinta: actitud del padre poniendo en obra todos los medios de un millonario para recuperar a su hija o las reflexiones de Ellie acerca de las cuales ironiza Warne. Este contexto no debería tener importancia, si no se tratara de la típica comedia estadunidense. El guión notablemente construido por Robert Roskin y tan solo es un pretexto para una serie de escenas donde se mezclan el humor (súbitamente familiar) y lo sentimental, y, por añadidura, algunas breves ideas amadas por Capra. Pero sus finales son tan complicados en la película que pasan alegremente. Así, como “·la solución de todos los problemas reside en una ayuda mutua”, vemos una valiente mujer desvanecerse porque ella y su hijo no han comido durante la vigilia. Se les ofrece algo, pero Ellie simplemente lo hace por obligación y luego no tendrá para su pasaje y seguir el viaje. No importa ya hacer la apología de la vida sencilla, si es posible en una isla del Pacífico (verdadero Shangri-la en pequeño) que Warne ha visto una vez y a donde sueña llevar a la mujer que ame. Pero, en lugar de la isla, que maravilla es forjar panecillos en el desayuno, o disfrutar una zanahoria, ¡O  cuando menos saber hacer su cama con heno! ¡En contraste, con lo ridículos que resultan la suficiencia y los caprichos de una niña rica! En el momento que Ellie exige al chofer del autobús que espere, no entiende cómo puede partir sin ella, Ellie Andrews. En tanto que ella es respetada por Warne, imagina que bastará con decir “yo le pagaré” para que él renuncie a su trabajo. Y como ella está asombrada cuando sucede, ¡Se dedica a hablar de sus gobernantas, de sus guardaespaldas!  ¿Pero  está  confundida y también deliciosamente avergonzada porque Warne se encoleriza y se burla de ella?  En suma si Peter Warne es el portavoz de Capra, no lo hace utilizando los grandes discursos de un Deeds, Smith, Long John Willoughby (El mandamiento supremo), Martin Vanderhof (Vive como quieras) y otros.es en el curso de sus diálogos breves, encadenados con una notable rapidez, que se expresa aquí Capra más social para distraernos de nuestra convivencia. Esta ligereza y vivacidad son las cualidades esenciales de Sucedió una noche.

Los personajes, es verdad, son gente de rápidas decisiones. Estos arquetipos que son –y sobre todo serán- la hija rica rebelde, el periodista obstinado y franco, el millonario de gran corazón, uno puede maravillarse, puede aceptarlo también. Desde la primera escena Ellie pone un término a la discusión con su padre saltando al agua. Si enseguida aparece desorientada por una situación que ignora (la falta de dinero), se acomoda tan rápido que adopta pronto y sin protestar las soluciones de suerte sugeridas por Peter. En la célebre secuencia de la petición de aventón, la vemos también, luego de haber escuchado la lección en puntos x acerca de las mejores formas de parar un vehículo en la carretera y seguir con atención la mímica de Clark Gable, le propone “¿Puedo ensayar?” y, bien aprendida, acertar. A veces su sorpresa y su falta de costumbre hacen la función de un gag: así lo entendemos en la primera secuencia del motel donde ella debe ir a tomar su ducha en el otro extremo del corredor, en bata de dormir y pantuflas muy grandes, y pasando delante de una niña desnuda. Pero finalmente pasa bien la prueba. Y esto es una introducción para la escena del encuentro en que juega con Peter  con la finalidad de dar tiempo a los policías que la buscan: llanto y crisis de la hija del plomero que se pelea con su marido. Puesta en desventaja esta vez todavía se coloca rápidamente en la piel de su personaje.  Es entonces cuando ella realiza todo el viaje y de la manera que comprende como necesaria. En cuanto a Peter Warne y al Sr. Andrews, esa rapidez de reacción los hacen parte de su trabajo, el de periodista y el de hombre de negocios, que no tienen tiempo de tergiversarlo si quieren rechazarla. Es entonces, al menos por el momento, que Warne se hace de la misma raza que él, porque su hija está enamorada y el viejo Andrews prefiere al periodista que al novio pretendiente. Uno imagina muy bien cómo el millonario aplaude a Warne cuando espanta a Shapely, -el viajero que ha reconocido a Ellie y le propone avisar al padre compartiendo el premio 50/50- y adopta un aire de gángster y le dice sucintamente: “¿eres un idiota? Podría ametrallarte. Haríamos que el padre nos escupa”, y la amenaza funciona tan bien que escapa como perseguido por gansos.

Frank Capra gusta de colocar a sus personajes en una situación donde las circunstancias les constriñen a jugar algún papel, y este es uno de los grandes recursos de la comedia estadunidense, que se basa en la ocurrencia y no inventa nada. Claudette Colbert a todo lo largo del filme debe depurar su personalidad de hija de millonario que intenta confundirse en la multitud.  Pero lo que prefiere el realizador es poner a Ellie y Peter en situación donde deberán jugar el papel de pareja casada. Esto empieza en el  autobús. Para evitar sentarse al lado de Peter, Ellie ha heredado a un vecino gordo que se acomoda sobre ella; ella escoge a otro, un charlatán risueño de sus propios chistes y la aborda. Para evitarlo Peter finge ser su marido y enseguida entra en la piel de su personaje, le da lecciones de economía. Esto prepara la parada en el primer motel, y el compartir la misma recámara, pretexto para chistes, golpes de mediación sentimental salpimentados con un poco de erotismo (hechos para eludir la censura, que será sobreexplotada de inmediato). Esta secuencia se repite de inmediato dos noches más tarde, con le mismo chiste básico: la instalación de una cobija para separar la recámara en dos partes –la primera vez, Ellie geniuda y desafiante, Peter muy desenvuelto, y termina con un plano general de los dos a cada lado de la cobija; la segunda vez, ambos ya habituados al ceremonial, evocan, melancólicos, su próxima separación, y fin con un  gran acercamiento de Ellie llorando, luego de que Warne la ha cobijado en su cama. Entre los dos la escena campestre y bucólica de la noche pasada bajo las estrellas, cada uno en su cama de paja, con la vigilia de Peter que abraza a Ellie. En el autobús también las gentes parecen cantar y bailar para ellos, lo mismo que el hombre que les da el aventón tiene el aire de cantar para celebrar su pretendida luna de miel. Este artificio crea una atmósfera a la vez gentilmente chusca y un poco problemática en la que Capra juega mejor que con efectos de apoyo, y con el diálogo, la relación de una edición que hace pasar insensiblemente de un registro al otro, todo apoyándose en el arte de recortar. Recortar en el plano del montaje de donde proviene su fondo encadenado. Recortado también en el sentido de que son yuxtapuestos dos planos para mostrar el acto y sus consecuencias, sin pasar por el “·comentario”: desde que el autobús se detiene media hora, Ellie rechaza seguir con los pasajeros. “Me reconocerán” dice. Regresa y el autobús ha partido. Más tarde Peter y Ellie no tiene dinero para continuar el viaje. El corre tras un vehículo y regresa con él. Ellie le embarra el ojo con betún. Es también la rapidez lo que permite hacer pasar ciertos momentos un poco débiles de la película. El final feliz, por ejemplo. Si las ceremonias del matrimonio no fuera llevadas a tambor batiente, la insistencia de padre para que Ellie se escape con Warne sería un tanto forzada. Pero en el torbellino esto pasa muy bien. Y se resume en los planos siguientes. “Muros de Jericó a punto de derrumbarse”. El Sr. Andrews. “Que se escapen”. Sobre un plano de trompetas de bazar un ruido de trompetas y Fin.

En el dominio de la comedia loca estadunidense, en la que el tema es el menos ligero y perfectamente conformista, pero que sin cesar da la impresión de frescura, de improvisación, de libertad –obtenida por un rigor sin el cual lo cómico no tendría el mismo impacto- Sucedió una noche es un modelo que ha sido imitado frecuentemente, y aunque algunos disienten, es una obra maestra.

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