Scaramouche, de George Sidney con Stewart Granger

Escrito por on may 5th, 2011 y archivado en Aventuras, Crítica Perdurable, Destacado, Galería de vídeo, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Scaramouche, de George Sidney con Stewart Granger

Scaramouche, de George Sidney, por Patrick Brion: selección de Dossiers du cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.

Cuatro años después de Los tres mosqueteros, en versión de Gene Kelly, y unos meses antes de El prisionero de Zenda, de Richard Thorpe, Scaramouche marcará la apoteosis del filme de capa y espada. Al que ilustró con brío la Metro-Goldwyn-Mayer.

La cita de Rafael Sabatini pone en realce el título de Scaramouche. “Nació con el don de reír y el sentimiento de que el mundo está ‘loco’, lo bastante para situar el filme e indicar que no es un producto banal en serie. El decorado va a ser el de los últimos años del Viejo Régimen, pero al mismo tiempo el de una Francia idealizada y estilizada en la cual, bajo el pseudónimo de Marcus Brutus un joven noble llamado Philippe de Valmorin escribió un panfleto titulado “Libertad, Igualdad y Fraternidad” que fue depositado en los departamentos reales… Cuando el marqués de Maynes, el más fino de los duelistas, .dijo estas palabras: “Jamás vi a la Francia tan radiante como esta mañana”, que se atribuyen a María Antonieta, de quien él estaba enamorado secretamente.

Tal como lo hizo George Sídney, el decorado del filme habría podido ser entre una comedia musical opuesta al mundo pintoresco de los actores ambulantes y aquel de la aristocracia en peligro, amenazada por esa flama revolucionaria que fue incapaz de contener. Sídney va a colocar en esta Francia llameante una intriga muy sencilla a primera vista y de hecho de una complejidad diabólica. El argumento del filme es tan lineal como posible: André Moreau ha jurado vengar a su amigo Philippe de Valmorin asesinado por Noël de Maynes. Pero Sídney va a pulverizar esta idea esquemática de venganza estableciendo las líneas, de hecho ya poco habituales, entre los diferentes personajes. El amor de André Moreau por Aline de Gavillac resulta estorbado por el hecho de que el joven cree que su amada es su hermana. Este parentesco es falso pero en revancha André es realmente el hermano de Maynes, todo hasta aquí en la gran tradición de la novela popular del siglo XIX.

Por otra parte el tema, por su descripción de la vida de un grupo de comediantes, El capitán Fracaso y el filme coinciden gracias a los guionistas y a Sídney deviniendo en una variación virtuosa de la paradoja del feriante. Impulsado de amor por su “hermosura” André Moreau va a asesinar a su hermano el día que se convierte en diputado del Estado de Tiers, la noche en que interpreta el papel de Scaramouche y por la mañana de un bravucón infatigable. Por otra parte es en la escena de un teatro donde André desenmascarará a Maynes, auténtico aristócrata y verdadero cobarde (por su manera de utilizar la espada), después, siendo él mismo ya desenmascarado, falso actor pero auténtico caballero. Algunas horas más tarde, en el mismo escenario, André Moreau sabrá el secreto de su nacimiento por boca de Georges de Valmorin y descubrirá una verdad inverosímil. Pirandello ciertamente que habría amado a este aventurero que por juego es diputado, por necesidad (se esconde como) actor y por deber ¡duelista político!

El hecho de que el verdadero intérprete del papel de Scaramouche (que actúa enmascarado) sea en realidad un hombre de rostro repulsivo, es una idea de genio porque su máscara justifica entonces una segunda excusa.

La gran inteligencia de los autores del filme ha consistido sobre todo en prolongar al máximo la novelística original que fue adaptada con gran fidelidad por Rex Ingram en 1923. Despojada de esta “fidelidad” para Sabatini, el guión ha cambiado muy bien los nombres a una parte de los personajes e introdujo situaciones dramáticas nuevas (por ejemplo la complicidad maravillosa de Janet Leigh y de Eleanor Parker, unidas para evitar el duelo ineludible entre Stewart Granger y Mel Ferrer, o la idea que Stewart Granger tiene de ser el hermano de Janet Leigh.

La novela y el filme de Ingram concuerdan en otorgar un sitio más importante a los hechos históricos mientras que aquí Sídney parece casi disfrutar con esta revolución que retumba y esta monarquía que se derrumba. La dialoga en miedo. María Antonieta pregunta a De Maynes, hablando del panfleto de Marcus Brutus. “Noël, la gente que redacta esos horrores ¿Qué quiere entonces?”, y el Marqués responde con una puntada: “Quieren vuestros bienes, nuestros derechos, nuestras cabezas, vuestra Majestad”. En la versión cinematográfica precedente asistimos también a la toma de las Tullerías. Sídney al contrario delata esta crónica de los hechos, desarrollando a la inversa las relaciones amorosas entre los personajes: De Maynes, lo mismo que André Moreau, ama a Aline de Gavrillac. Todo se opone a ambos hombres: el juramento de André al morir Philippe de Valmorin, su diferencia social, el desprecio de André por los aristócratas cuya mala conducta provoca dramas como el suyo (es un hijo natural) y finalmente este amor por la misma mujer. Entre Mel Ferrer, afectado y cruel y Stewart Granger, encantador y valiente, Janet Leigh va a encarnar, opuesta al abatimiento de Eleanor Parker que retoma un papel ideado originalmente para Ava Gardner, el encanto y la dulzura de las heroínas amadas por George Sídney, Al principio uno la cree escapada de una institución para muchachas y luego poco a poco aparece la mujer mustia y angustiada cuando descubre perpetuamente a un André Moreau en huida, con la espada en la mano. Su deber le impone esposar a Noël de Maynes, pero su corazón se ha inclinado a favor de André luego de mucho. Y por esto ambos hombres le gustan. Al final nos revelará por qué.

En el momento que André y Noël se arriesgan a lanzarse en un duelo mortal, la comediante Lènore y la aristócrata Aline abandonan todos los prejuicios para salvar al hombre que ambas aman. De Maynes se convertirá así, cargado de las misiones más asombrosas: inspector del orfelinato de niñas de la nobleza en Saint-Germain de Laye, de los chorros de agua de Versalles y de las reservas de perdices en el Trianon…

Como en su versión de Los tres mosqueteros, Sídney baraja con buen humor y espíritu de aventura las novelas de capa y espada. Así mientras de Maynes descubre que André, tomando lecciones de esgrima con Doutreval no le queda más que partir a París el propio André con la finalidad de practicar el arte de las armas con Pèrigore, el mismo maestro de Doutreval. Esta ecuación sorprendente la resume André Moreau así: “·si el hombre que ha enseñado a mi enemigo no puede enseñarme más ¿Qué hay mejor concebible en este loco mundo que aprender de mi enemigo?” No olvidemos en efecto que André y de Maynes, hermanos sin saberlo, ¡Comparten a la vez el amor por Aline de Gavrillac y las lecciones de Doutreval de Dijon, célebre maestro de armas!

Escena del duelo final en Scaramouche

Scaramouche es célebre a la vez justamente por su duelo final, un inolvidable momento cinematográfico y ciertamente el duelo más espectacular y más prestigiado de la historia del cine. Fue Jean Heremans, antiguo campeón de esgrima de Bélgica y profesor en el Club Atlético de Los Ángeles, a quien debemos esta secuencia inolvidable. También le debemos igualmente los inolvidables duelos de Los tres mosqueteros (1948) y el enfrentamiento entre Stewart Granger y James Mason en El prisionero de Zenda (1952) y el combate final de El príncipe valiente.

Entre 6’ 23’’ y en 115 planos Mel Ferrer y Stewart Granger van a librar los asaltos más locos rebotando por doquiera entre las butacas del Ambigú, se baten en los palcos, sobre la gran escalera, entre las luces tanto como en el propio escenario y en los corredores. La abundancia de golpes teatrales, la variedad de uniones y el despliegue de dos actores nos entrega un duelo continuamente apasionado y de una riqueza visual innegable.

Este cuidado pictórico es una de las características generales del filme y difícilmente en el cine los decorados y la vestimenta estuvieron tan relucientes ni tan bellos. Según su gusto apreciaremos su soto bosques coloreados en rosa mientras galopan Chabrillaine y sus hombres, sus castillos que parecen surgir de una bruma romántica, esas forestas de pinos y esos pozos de agua donde se contrastan las decoraciones pintadas del mundo teatral con sus personajes y vestimentas falsas, heredadas de la Comedia del Arte. Recordamos a Janet Leigh de blanco opuesta súbitamente a la atmósfera en negro del castillo de su padre (el conde Armand de Gavrillac que acaba de fallecer) o de la llegada de Janet Leigh en violeta a medio duelo que opone al castillo de Maynes y al marqués con André Moreau. Y cómo no evocar a Watteau y todo un estilo pictórico a propósito de la escena en que Mel Ferrer, en traje agua-marino levanta a una Janet Leigh de amarillo.

¡Por esta perfección colorista, tanto como por el placer que provoca, Scaramouche es un filme raro, una de esas milagrosas ósmosis cinematográficas, como lo fueron Cantando en la lluvia o Cautivos del mal, ese mismo año en la Metro-Goldwin-Mayer! Cada nueva visión permite descubrir un detalle olvidado, un plano fulgurante en que la memoria haya traicionado al recuerdo, sin hablar de la caída final que atrapa a los espectadores franceses ante el reciente reestreno del filme; Lènore se consuela del matrimonio de André y Aline en compañía de un joven oficial galante que no es otro sino Bonaparte…

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FICHA TÉCNICA:

Scaramouche. 1952.

Realización: George Sídney.

Guión: Ronald Millar, George Froeschel basados en una novela de Rafael Sabatini.

Fotografía: Charles Rosher (Technicolor)

Decorados: Cedric Gibbons, Hans Peters, Edwin B. Willis y Richard Pefferle.

Música: Victor Young.

Edición: James E. Newcomb.

Secuencias especiales: Peter Balbusch.

Efectos especiales: A. Arnold Gillespie, Warren Newcomb, Irving G. Ries.

Vestuario: Giles Steele.

Consejeros de color: Henri Jaffa y James Gooch.

Maestro de armas: Jean Heremans.

Producción: Carey Wilson para MGM.

Duración: 118 minutos.

Intérpretes: Stewart Granger (André Moreau), Janet Leigh (Aline de Gavrillac), Eleanor Parker (Lènore), Mel Ferrer (Noêl, marqués de Maynes), Henry Wilcox (caballero de Chabrillaine), Nina Foch (María Antonieta), Richard Anderson (Philippe de valmorin), Robert Coote (Gastón Binet), Lewis Stone (Georgess de Valmorin), Howard Freeman (Michael Vanneau),Curtis Cooksey (Fabian),  John Dehner (Doutreval), John Litel (Doctor Dubuque), Jonathan Cott (sargento), dan Foster (pierrot), Owen Mc Giveney (Punchinello), Hope Landin (Sra. Frying Pan), Frank Mitchell (Arlequin), Carol Hughes (Pierrette), Richard Hale (Perigore), Patrick Conway (Paul), Rex Reason (Edmond).

La precedente:

Scaramouche, 1923.

Realización: Rex Ingram; Guión: Willis Goldbeck basado en Sabatin; Fotografía: John F. Seitzx. Edición: Grant Whylock; Director de producción: Curt Rehfeld; Vestuario: O’Kane Cornwell, Eve Roth, Van Horn; Maestro de armas: Henry J. Uyttenhove.

Intérpretes: Ramón Novarro (André Louis Moreau), Alice Terry (Aline de Kercadiou), Lewis Stone (Marqués de La Tour d’Azyr), Lloyd Ingram (Quintin de Kercadiou), Julia Swayne Gorrdon (Condesa de Plougastell), William Humphrey (caballero de Chabru¡illane), Otto Matiesen (Philippe de Vilmorin), George Siegmann (Georges Jacques Danton), BOwditch Turner (El sombrerero), James Marcus (Challefau Binet), Edith Allen (Climéne Binet), John George (Polichinella), dfe García Fuerburg (Maximilen Robespierre), ¿Roy Coulson (jeasn Paul Marat), Edwin Argus (Luis XVI),

Clotilde Delano (María Antonieta), Slavki Vrkapitch (Napoléon Bonaparte), Howard Gaye (Visconde de Albert).

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3 comentarios en “Scaramouche, de George Sidney con Stewart Granger”

  1. deliamaria dice:

    El doble de Mel ferrer fue el brillantisimo actor Britt Lomond,quien con su excelente gracia y capacidad de manejar la espada cubrio su doble.

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  2. [...] Scaramouche, de George Sidney con Stewart Granger [...]

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