Cisne negro, del cine y las mujeres.

Escrito por on may 3rd, 2011 y archivado en Destacado, Galería fotográfica, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Cisne negro, del cine y las mujeres.

Ante todo el título, que en los años gloriosos en que el cine podía llenar nuestro tiempo libre, con la única competencia de la radio; esa época de programas triples en cines de barrio y en matinés dominicales, El cisne negro era el nombre de un barco pirata donde sucedían aventuras y amores de Tyrone Power y la supremamente bella Maureen O’Hara; ahora, gracias a Darren Aranofsky es una historia en torno al ballet más visto y escuchado de Chaikovski: el Lago de los cisnes.

Muy, muy lejos de Henry King, Aranofsky nos entrega una cinta de la misma intensidad que hemos visto en El luchador, solo que ahora el duelo con el propio cuerpo no es de Mike Rourke sino de Natalie Portman, el cual ahora se enriquece con las profundidades psicológicas de Réquiem por un sueño. Porque de nuevo se trata de las obsesiones del director que explora asiduamente las fronteras de la realidad en el estrecho infinito de lo que llamamos mente. Lo de Chaikovski viene a cuento porque compitió contra Cisne negro para los Òscares a través de El concierto, de Radu Mihailenu. Sin embargo en la cinta rusa nos muestra el hecho olvidado de que la cultura soviética fue incapaz de cortar el significado burgués de la tradición dancística basada en la influencia francesa sobre los rusos, en tanto que Aranofsky la expone como la gran tradición occidental que consagra a la clase dirigente y la permanencia de un lenguaje, el del cuerpo codificado en el ballet, una afición que recuerda el lugar común del cine actual de los mafiosos adoradores de la Ópera.

Con el discurso explicativo del coreógrafo Thomas Leroy (Vincent Cassel) la cultura palaciega se perpetúa en el viejo cuento de la princesa hechizada que solo se logra liberar de ello con la muerte, lo curioso es que los realizadores de cisne negro sencillamente transforman en cine al viejo cuento y lo revitalizan de una forma extraordinaria al transformar el difícil lenguaje del cuerpo en el complicado juego de códigos audio- visuales del cine.

La narración se inicia jugando con el espectador desde el principio: vemos a Nina (Portman) ejecutar el cisne blanco en el escenario, pero de inmediato la vemos despertar y Aranofsky nos sitúa en el piso móvil de los sueños y la vigilia indiscriminados. Este será el tono general de la cinta, aunque la “realidad” parezca imponerse poco a poco, solo que esa “realidad” no es precisamente la que llamaríamos objetiva o extra cinematográfica, sino la del propio relato, que juega con la de los espectadores.

La trama es simple: la lucha profesional por el logro de un papel principal en la función de estreno de temporada en Nueva York, y Nina deberá remontar sus limitaciones (básicamente demasiado tiempo en el reparto secundario, las inevitables consecuencias de años de ejercicio que cobran la cuenta al organismo, la dependencia estrecha del amor de su madre –visto desde el inicio como una posesividad materna casi de cinta de Allen-, y la timidez e inseguridad propias de una mujer todavía joven y sin relaciones personales de importancia más allá de su trabajo -¿A poco no resulta un poco el mismo panorama del luchador de Rourke?).

La otra trama es la adaptación del Lago de los cisnes por Leroy, una concepción rayana en el terror en torno al hechizo que justificará la liberación por muerte de la princesa encantada, y todavía tenemos una tercera trama, la central: la visión de Nina acerca del papel de cisne negro y su transformación en el alter ego que hay que dominar, pero esto solo lo sabremos hasta el final, que es el mismo de la historia en el cuento.

Aranofsky nos llevará más lejos, a través de una cámara traviesa nos sitúa perpetuamente en un sitio inidentificable, quizá la mente de Nina, donde la realidad pasa de lo ordinario a lo extraordinario sin transición, lo real (dentro de la realidad fílmica) se transforma rápidamente y sin explicaciones en extraordinario, la propia Nina se mira a sí como cisne negro pero también como un reflejo pálido de la exigencia de representación que le impone Leroy, una exigencia que se hace explícita en ese devorador de libidos que funciona como coreógrafo (quizá su secreto para extraer de sus ejecutantes la ‘performance’ deseada), y entonces una tercera importancia significativa, abiertamente freudiana, toma sitio en al cinta cuando la lucha de Nina es con su libido, con su cuerpo, y habrá de ser precisamente esta pulsión provocada la que dominará y la llevará a la liberación a través del suicidio libertador. Pero antes ha de asesinar-asesinarse.

El director juega con nosotros los espectadores, va situando en el espíritu de la competencia los posibles culpables de la frustración de Nina, cada nuevo rostro (para nosotros, son bailarinas que para nosotros aparecen pero para Nina han estado ahí real o potencialmente siempre) y finalmente una de ellas (aparentemente Winona Ryder) será su alter ego malvado o impredecible ¿lo irracional? Que cometerá el asesinato muy femenino: con un pedazo de espejo.

La cinta nos deja picados, avanzados en busca de una resolución racional para algo que Aranofsky nos ha dicho desde el principio que no lo es, que la mente en esta trama es solamente una arena de lucha donde combaten el deseo, la conciencia, las frustraciones y la presencia de los demás, como fantasmas mejor que como agentes reales, y que hay en conjunto demasiados elementos inasibles e imperceptibles que no pueden ser presentados más que como una parábola visual, para lo que Aranofsky tiene dos grandes aliados en Colleen Bachnmaman en los efectos especiales y en la fotografía de Matthew Labatique, aunque considerando los elementos que hacen convincente a la película resultaría un repaso brutal a todo el personal de realización, pero, finalmente por eso existe la teoría del realizador y Aranofsky es el responsable por esta sorprendente visión de el lago de los cisnes, aunque no veamos otra vez a Power y Maureen O’Hara.

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Cisne negro. (Black swan). D. Darren Aranofsky. Con: Nathalie Portman, Vincent Cassel, Mila Kunts, Wynona Ryder. Guión: Mark Heiman, John MC Laughlin y Andreé Heinz. EUA. 2010.

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