Teorema, de Pier Paolo Pasolini con Silvana Mangano

Escrito por on abr 23rd, 2011 y archivado en Actores y Actrices, Destacado, Galería fotográfica, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Teorema, de Pier Paolo Pasolini con Silvana Mangano

Teorema, de Pier Paolo Pasolini, por Claude Cluny; selección de Dossiers du cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.

De reducido a simple enunciado el teorema propuesto por Pasolini puede provocar sonrisas, y es así porque hemos perdido el sentido de lo natural, el qué es lo natural, y cuando nos ha hecho ver al hombre desnudo en su desierto (digamos como se precisa ahora: el medio ambiente) definido desde las primeras secuencias, es la propia sociedad, sea cuando contesta, se refugia y en donde la elaboración y la preservación  más inmediata es su propia justificación ¿Cómo ese medio ambiente puede admitir una revuelta no recuperable, la rebelión mediante la sexualidad? El tema es claro y no puede menos que desatar la hostilidad, en tanto que son atacados los tabúes. Había en Madre Juana de los Ángeles, de Kawalerowicz, una fuerza análoga y de la misma naturaleza, que sobre todo destrozaba los hábitos religiosos; aquí es todo un sistema de alienación social lo puesto en juicio. Pero la eficacia de Pasolini debe mucho a la relativa sencillez de un filme que ha evitado los recursos de mitologías disfrazadas, la imaginería (en que ha de caer Medea), las pretensiones brechtianas de Porciles. Estamos frente de un filme silente, aquello que importa deberá ser experimentado, mejor aún que demostrado. El sentido de la visitación va a jugar según la verdad de cada uno de los personajes (y de la nuestra). La construcción de Teorema resulta estricta, dividida en dos partes. La función de los planos a cortes directos y repetitivos (el desierto recorrido por el viento) sirve para eliminar toda teatralidad –todo discurso en referencia al monólogo interior- y sublimando la dramatización, la imagen entonces no es más que el marco donde resuena el Réquiem de Mozart. Paradójicamente este filme, que es un poema lírico, es el menos literario de los filmes de Pasolini.

La imagen reduce todo para la evidencia, pero esta evidencia indecible del deseo que va a revelar cada ser a sí mismo, porque el deseo entonces resulta absoluto. La sirvienta, en la medida que es sencilla, en la medida que también no imagina que llegue a ser capaz de escuchar nunca, será la primera convertida por la presencia del Visitante. También es la única que, sin razón de sus orígenes campesinos, será quien pudiera guardar una clase de sentimiento frustrado de lo sacro- la ironía es que ella también es un tanto conservadora. En cuanto al ángel no sabemos de dónde viene, pero de inmediato es reconocido por cada miembro de la familia. El único signo anunciador es el telegrama, breve palabra aislada: “Llego mañana”. Llega el que no tiene identidad y tampoco habla. El ángel (Terence Stamp) por el solo hecho de su aparición justifica su ser. Las Iluminaciones de Rimbaud también son una luz: en ella, perlada como el cielo de Lombardía, Pasolini comienza a escribir acerca del color de la hierba, de los delicados acordes grises y blancos del cielo y de decorado en una elegía imposible, que llega hasta el grito, que quisiéramos se formara en los labios, sorda a las alarmas de la pobre hija (pero que se quiere). Pasolini usa inmediatamente al plano secuencia: Terence Stamp sentado con su libro (Rimbaud) permanece inmóvil, la criada (que interpreta magistralmente Laura Bette),  súbitamente es invadida por el deseo yendo y viniendo, corriendo torpe y desesperada a la cocina de la residencia, presa del pánico entre la naturaleza inadmisible del impulso y sus obligaciones –ente esta naturaleza que la rechaza y la esconde de su vida, llega al último recurso que es el suicidio. En el interior del plano secuencia como un todo, Pasolini introduce entonces los planos cortos, breves, acerca del ángel y la sirvienta, que entregados, en el encierro del espacio dado al marco estilo americano, el movimiento de dramatización luego de la comunión física en el espacio ocupado completamente por los cuerpos –todo entonces, estando entregados al amor. Progresión (encierro) en que Pasolini jugará todavía con la seducción de la madre (con el decorado del parque y el chalet), del padre (el paseo a lo largo de la ribera), porque sí, por ellos, la libertad tomada exteriormente, en tanto las escenas de amor con el hijo y después con su hermana esclarecen una liberación hacia el interior del grupo. Es la empresa familiar (La devoción al padre) que debe romper o rebasar: la joven hija se protege desesperadamente tras el álbum de fotos de familia; la adolescente deberá asumir su vocación (ser pintora)  - un plano americano fijo la muestra sentada junto al ángel ojeando una obra sobre el pintor Francis Bacon…

La verdadera lírica súbitamente ha hecho aparecer desde el realismo una verdad fabulosa y como las raíces paralelas de lo sagrado. El sexo habla en lugar del Verbo, y, quién sabe, en su nombre: La levitación de la sirvienta, milagrosa, alimentada antes con ortigas hervidas, es el fabuloso transporte al Amor en su inocencia crepuscular y dorada que habrían de pintar tanto Bellini como el aduanero Rousseau – como santa Tersa de Ávila habría podido gritar las confesiones de la Madre Juana de los Ángeles acerca de los rabos de vergeles del pare Suryn… La violencia se fortifica por las barreras que se impone a eso que es verdadero, que un opone a  que es natural (y a lo sobrenatural) en lo que n creemos más, a ese impuso hacia la bondad, a la potencia de la belleza, y que puede ser nos provoque “Todo ángel es terrible”, ¿No lo escribe así Rilke?

Terence Stamp, quien es el de Teorema, sirve muy bien a las intenciones de Pasolini. Se hace presente con una sensualidad tan evidente que cada episodio de la primera parte nos parece una celebración compartida donde quedará, para cada uno de los personajes, abandonados abruptamente, como una exigencia más grande contra sí. “El sexo sobrenatural de la belleza” –para retomar las palabras de Cocteau- ha creado la soledad. Los diferentes avatares: el despojamiento del padre, la ninfomanía de la madre y la catatonia de la hija no son más que otra forma de desnudo, aquel de una realidad donde todo es falso y se vuelve insoportable.  La visita ¿será negativa? Pasolini (que se arriesga a la hoguera en cada secuencia) nos ha dado una fábula sin otra moraleja que la que deseamos recordar –y cada uno de sus personajes va reaccionando a la fuga del ángel en función de su propia naturaleza. Cada uno debe asumir su propio beneficio. Para algunos ya es tarde, el juego ha terminado. Para el padre, el único enriquecimiento posible es el despojarse (de sus fábricas, de su razón social; y el joven milanés en la estación que busca su buena fortuna, justamente es esto reflejo de lo que rechaza). Pero si la sexualidad puede dar el sentido que falta en la revolución, el amor apenas es reconocido y aceptado puede que no todo esté perdido, es en una escena, rápida y metafórica, que hace reconocer la esperanza apenas marcada: cuando el hijo sale de la casa-en un hechizo con el proyecto fijo en el libro sobre Bacon-, acompañado hasta el corredor, como jugando, por el Visitante, y la cámara sigue entonces al grupo de adolescentes que se alejan y que, con el maro ocupado entretanto, cierra a  mediana altura en la reja, no vemos más que un balón pasado de mano en mano bajo la luz del día.

Así sucede también que si el sexo es una relación, el amor es el lenguaje. El milagro de la sirvienta, después de haber suscitado la desconfianza en su pueblo, sea adorada a partir de que el lenguaje con que habla (el de los milagros) se ha convertido en la escritura visible de lo sobrenatural. Esto no sucede sin humor: el sexo, instrumento de la locura, tiene el defecto de elevar las montañas, hacer volar a la dulce idiota por encima de los techos… Nuestra credulidad, como nuestra fe, nace de lo que no provoca nuestra sed, con Fra Angélico no es su locura que nos es ajena y no así su pintura. En Teorema la música de la imagen es el único lenguaje de Pasolini, pero no para quien no sabrá aceptar que el amor suele liberar las cohesiones morales, sociales y religiosas, el hecho mismo de que nada en este filme se suponga obsceno y se encuentre escandaloso. El segundo verso de Teorema es la búsqueda, el aprendizaje del lenguaje del amor por aquellos a quien la soledad acaba de invadir, o que se encuentran a punto de ese abismo que enloquecía a Pascal: le quedará al hijo inventar su creación, como a cada cual su bondad, es decir su relación con el mundo. Pero porque los gestos del amor sirven a esta posible relación, más allá de la soledad, es necesario que la revolución pase al interior nuestro. El fracaso de la  madre es flagrante, porque no ha retenido más que la sed por un placer físico. Teorema nos hace pasar de un registro al otro, del cumplimiento sensual dispensado por el Ángel con una sencillez pagana que la imagen sugiere la plenitud pagana en el desconcierto, la confusión también absoluta, y cuando el Visitante parte, el tiempo retoma su color en las corrientes del mundo.

El sitio cercano de la Visita estalla, Pasolini remite a sus personajes de nuevo al decoro cotidiano: los otros aparecen, gente joven campesinos, la multitud milanesa en la estación. Es por ellos que el milagro debe recomenzar, son ellos a quienes hay que convencer de reencontrar esa relación del sexo con la vida que la sociedad ha sabido enajenar por completo. Como el Ángel, Pasolini ha mantenido la prudencia a partir de dejar cierta cercanía al silente, evitándonos los juegos charlatanescos de Marx, Freud y Jesucristo. El padre sencillamente dice: “haz venido, te seguí, y me haz destruido el jamás…” Con esto traduce el teorema, es la irrupción del absoluto, la razón perfecta, en una sociedad de compromisos, enajenada básicamente y represiva. La irrupción y aceptación más allá de las “Mitologías”, de una bondad natural. Eso es lo que escandaliza y lo que resulta fabuloso.

“(…) para m el erotismo es un hecho cultural y en Teorema lo expreso mediante un sistema de signos (…) quiero decir que el erotismo del filme se identifica con su ‘lenguaje’. Por ejemplo, ese dios, ese Ángel que aparece en la historia e este relato, se comunica con los demás con auxilio de un sistema específico de signos, diferentes al sistema lingüístico. Por lo demás es posible que sea de lo único de que es capaz. En efecto ¿que idioma humano podría emplear para la evangelización? Por demás no ha vendo a evangelizar sino a dar testimonio…”

Pier Paolo Pasolini, extraído de la entrevista con Jean Duflot, p. 89, de Entretien Avec Pier Paolo Pasolin, ed. Belfond, 1970.

Textos relacionados:

Silvana Mangano: la belleza amarga del cine italiano

Evocación de Silvana Mangano a 21 años de su muerte

Dino de Laurentiis: pilar de la cinematografía italiana

FICHA TÉCNICA:

Teorema (Théorème)

Realización: Pier Paolo Pasolini.

Guión: P: P. Pasolini.

Director de fotografía: Giuseppe Ruzzolini.

Camarógrafo: Otello Spila.

Asistente de operador: Luigi Conversi y Giuseppe Buonaurio.

Asistente de director: Sergio Ciffi.

Ingeniero de sonido: Dino Fronzetti.

Edición: Nino Baragli.

Decorados: Luciano Puccini.

Consejero para técnicas de pintura: Guiseppe Zigaina.

Efectos especiales. Goffredo Roccheti y Manlio Roccheti.

Continuista: Wanda Tuzi.

Director de producción: Paolo Frasca.

Secretario de producción: Sergio Galiano.

Peinados: Maria Teresa Corridoni.

Vestuario: Marcella de Machis.

Las ropas de Silvana Mangano fueron creadas por Roberto Capucci.

Música: Réquiem de Mozart, de discos MK para los coros de la Academia rusa y la Orquesta Sinfónica de Filarmonía de Moscú, música original de Ennio Morricone.

Dirección musical: Bruno Nicolai.

Estudios: Elios Film, Roma.

Sonorización: Nisfilm.

Proceso: Eastmacolor.

Longitud: 3,180 m, en 35 mm.

Duración: 1.40 hrs.

Distribución: RANK.

Intérpretes: Silvana Mangano (la madre), Terence Stamp (El Visitante), Massimo Girotti (el padre), Anne Wiazemsky (la hija), Andres Jose Cruz (el hijo), Laura Betti (la sirvienta), Nietto Davoli (el factor), Susanna Pasolini (l vieja campesina).

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Teorema, de Pier Paolo Pasolini con Silvana Mangano, 9.5 out of 10 based on 2 ratings

2 comentarios en “Teorema, de Pier Paolo Pasolini con Silvana Mangano”

  1. [...] Teorema, de Pier Paolo Pasolini con Silvana Mangano [...]

  2. Grupo Kinoks dice:

    Es inusual encontrar un texto sobre una película que no obedezca a los criterios de banalización y esterotipo que aplasta a la apreciación del cine, algo que ha generado un desprecio aberrante por las obras. Compartimos la afición de escribir y escribir bien, sobre las películas que amamos.

    GD Star Rating
    loading...
    GD Star Rating
    loading...

Dejar una respuesta

Anunciante

Cineforever en Facebook

Síguenos en Twitter