Stanley Donen, por Anne Villaleur

Escrito por on abr 13th, 2011 y archivado en Actores y Actrices, Crítica Perdurable, Destacado, Directores, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Stanley Donen, por Anne Villaleur

Stanley Donen, por Anne Villaleur; Selección de Dossiers du cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.

En el principio eran Minnelli-Kelly-Donen, y será en vano tratar de determinar lo que la comedia musical moderna deba a uno o otros, o en el pasado las tímidas tentativas de un Busby Berkeley para salir de la escena del teatro e introducir alguna abstracción en las producciones monumentales, o aún en Fred Astaire, intimista y que sabía escapar de los límites del espacio escénico e insertar su danza en la acción.  Que Minnelli, Kelly o Donen partan de célebres operetas de Broadway o de un guión original para cine, que sea o no así en sus películas los números son el escenario, el baile y el canto se integran en una acción que ellos hacen avanzar, el color, la coreografía y la interpretación constituyen un todo en el que la cámara juega su propio ballet, coreografía tras coreografía, espacio puramente cinematográfico que niega el espacio escénico y, más importante todavía, el espacio real; de aquí una impresión de onirismo, de fantástico o de sofisticación –los tres elementos pueden jugar separadamente o en conjunto, y de una forma paradójica son lo mismo y tan  sensibles que el filme se sumerge profundamente en las raíces de lo real.

Si se puede definir así la comedia musical, tal como la concibió el célebre trío, los mismos principios merecen ser aplicados a la obra completa de Stanley Donen, de quien todos sus grandes filmes son conmovedores, sentimentales, irrealistas (“es una obligación…” dijo en una entrevista con Colo y Bertrand Tavernier, “…la de esclarecer una parte de la vida de una manera o de otra. El artista está completamente atado a la vida. Debe explorarla…”), importe poco que no encuentre en sus comedias musicales más que una secuencia exitosa por aquí y por allá, ha sido formado por la comedia musical y, que realice comedias puras, comedias satíricas, melancólicas, amargas o tragedias, está marcado ya por esta formación. Diría también que debe, como él mismo, hacer aclarar los colores en Cantando bajo la lluvia, La cenicienta de París o en Charada, refinar la decoración en La indiscreta o en Un Fausto moderno, crear el espacio del musical gracias a una cámara móvil en Un día en Nueva York, Siempre hay un día feliz o en El beso del adiós, Un camino para dos, y también hacer deformar a la fotografía, al espacio, entregar la perspectiva incierta y móvil del color como en Arabesque, por ser capaz de borrar, borrar cualquier ganancia de los personajes, como en La escalera.

Punto de partida, entonces, la comedia musical, y es en Un día en Nueva York un ballet ininterrumpido teniendo por centro a la ciudad de Nueva York y su vida cotidiana. Bien que este filme sea sobre una fecha en la historia de la comedia musical y que Gene Kelly y Stanley Donen demuestran estar en plena posesión de sus medios, es en el segundo filme que realizaron en común donde se encuentran usando el máximo de posibilidades. Sabemos que Cantando bajo la lluvia se sitúa al final del silente y los comienzos del sonoro, es lo que le permite situar una parodia (pero ligera y pintada de simpatía melancólica) de las primeras comedias musicales, con, a la vez, estilización y fidelidad pictórica. En la aparición del género por la primera parte, ni cantada ni bailada, está montado por lo tanto como ballet y las secuencias musicales tienen todas un carácter específico. Cuando O’Connor se abandona a una danza acrobática y chusca con el compás de Hazlos reír, crea su propio espacio. Sin embargo, cuando en un foro desierto Kelly recurre a a la ayuda de todos los proyectores, filtros, ventiladores y crea la atmósfera para un dueto de amor con Debbie Reynolds – con la escalera doble jugando el papel de balcón- y la pareja baila a ritmo de Fuiste hecha para mí, la cámara describe lentos movimiento en espiral que hace bailar al espacio en torno de ellos, entonces ella barre la calle de una acera a la otra en larga sinuosidad siguiendo el movimiento del paraguas que hace ondular Kelly bailando en la calle bajo la lluvia. De igual forma Kelly y O’Connor, tomando las lecciones de dicción, aceleran poco a poco la cadencia de una frase ritmada y de este ritmo hablado nace el canto, después el baile. No falta ni el baile vulgar en un ritmo de equilibrio (Cyd Charisse se debate entre un cierto Al Capone y un buen joven Kelly), ni la secuencia onírica en que el baile de Cyd Charisse se duplica en la danza de sus largos velos blancos, ni el ballet endiablado en trío (Kelly-Reynolds-O’Connor) con la utilización de todo el mobiliario de una recepción, ni el gran ballet clásico de Broadway chorreando colores.

Cierto, Stanley Donen forzará más lejos ciertas de sus investigaciones en ciertas películas. En siempre hay un día feliz los pasajes actuados le sirven realmente como un preludio a la danza, y el virtuosismo con la cámara será aún mayor. El ritmo de todos los grandes ballets de Juego de pijamas estará mejor ligado a la acción – se convertirá en la propia acción- y el juego mismo, para adquirir tal poder onírico demandará de otra elaboración en el baile de Cyd Charisse. Sucede lo mismo en Un camino para dos, donde las cosas pasan sin cesar insensiblemente del realismo al onirismo. La fotografía y el color de La cenicienta de París, estudiados con Dick (Richard) Avedon, evidentemente son de una calidad muy superior y están más al servicio de la acción y de la música. Hay más encuentros visuales en Charada… En resumen Cantando… no comprende toda la obra futura, es el abecedario. Abecedario sobre todo en plano técnico abarcando también algunos problemas, pero menores. Encontraremos por ejemplo, bajo la forma de citas, en Charada y en Un Fausto moderno el gusto de Stanley Donen por las películas antiguas viejas. La nostalgia de épocas pasadas que se transparentan será el tema mayor de sus últimas películas. El retrato de la estrella, más malintencionado que chusco, anuncia la vena satírica que tendrá libre curso a partir de Nunca el amor fue más bello y sobre todo en Siempre hay un día feliz. Ciertamente recordamos mejor el notable ballet de Cyd Charisse en el ring de los amigos que boxean, pero no podemos disociarlo de la danza estrepitosa de Dan Dailey en la mesa durante la penosa discusión con los magnates de televisión, ni la magnífica pelea final en la salida del programa previsto. Cuando Un Fausto moderno, segundo filme fáustico –después de Lo que Lola quiere…, que probablemente jamás veamos en Francia- no solamente es una sátira sobre quienes gustan optar por la facilidad, rechazan asumir sus responsabilidades, sino también de quienes abusan de su poder, y las últimas imágenes de esta película “Chusca” da la impresión de una angustia irreprimible.

Más angustioso con Donen es la sensación de tiempo que pasa y degrada todo, La nostalgia de Cantando bajo la lluvia deviene en toma de conciencia dramática de los efectos del tiempo que pasa para las parejas. Parece que bajo el narcicismo de Yul Brynner, bajo las crisis y gesticulaciones de Kay Kendall, en Otra vez con amor, persiste ya el desarrollo de la pareja abandonada.  Es el tema de un camino para dos, donde los pasajes cómicos son bastante raros. ¿En qué se convierte la alegría de vivir de una pareja joven luego de treinta años de matrimonio? ¿Y su complicidad? No quedan más que dos seres solitarios cara a cara, dos seres heridos que ya no tienen que enfrentar juntos las dificultades y que perciben que “han cambiado”. El final deja al espectador libre para entender si la pareja sabrá asumirse, tal cual es, marcada por la vida común o si elegirá una media soledad entre dos, por miedo a la soledad…sola. Pero la seriedad de Un camino para dos, el drama de pareja, enmascarado en cierta forma por la fascinación que ejercen Audrey Hepburn y Albert Finney, en donde las evoluciones son elevadas al límite de la danza, sensación que acentúan los movimientos lentos y envolventes de la cámara. La belleza plástica, la perfección del ritmo, el incesante paso del sueño a la realidad, la alegría que estalla cuando son evocados sus primeros viajes, nos hacen olvidar la tristeza del presente. Puede ser que porque Stanley Donen está consciente de que ha entrampado a los personajes de La escalera en el estrecho campo de la cámara, suprimiéndoles todo el aire, todo el paisaje en torno a la pareja Rex Harrison-Richard Burton. Estamos lejos de los paseos por las calles de nueva York, San Francisco, París o Londres seguidos por una cámara bailarina. El Londres de La escalera se reduce a algunas perspectivas huidizas de un barrio popular, triste como la pareja deshecha que se desagarra: triste como el paseo en motocicleta, derivando inútilmente. Rostro regordete y enturbantado de Burton, Hechura frágil de Rex Harrison, todo esto en la imagen del turbante de Burton, listo a desmoronarse, dejando al desnudo el desenvolvimiento de la pareja, ligada a pesar de todo pero jamás por miedo a una soledad todavía más atroz.

Lejos de Un día en Nueva York, en La escalera, y porque Stanley Donen no da más la impresión de esparcimiento. Después de haber ido al límite de las búsquedas formales en Arabesque, tomó un segundo aire y eligió el desarrollo de ciertos temas casi esbozados en su obra. Contrariamente a sus últimos personajes Stanley Donen llegó a bien en su vejez.

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FILMOGRAFÍA:

Un día en Nueva York. (On the town/ Un jour à New York). Con: Gene Kelly, Frank Sinatra, Betty Garret. Guión: Adolph Green y Betty Comden. EUA. 1949.

La boda real. (Royal wedding/ Mariage royal). Con: Fred Astaire, Jane Powell, Peter Lawford. Guión: Alan Jay Lerner y S. Donen. EUA. 1950.

Nunca el amor fue más bello. (Love is better than ever/ Inédita en Francia) Con: Larry Parks, Elizabeth Taylor, Josephine Hutchinson. EUA. 1951.

Cantando bajo la lluvia. (Singin’in the rain/ Chantons dans la pluie). Con: Gene Kelly, Debbie Reynolds, Donald O’Connor. Guión: Betty Comden y Adolph Green. EUA. 1952.

¿Quien dijo miedo? (Fearless Fagan / L’intrépide). Con: Janet Leigth, Carleton Carpenter, Keenan Wynn. Guión: Frederick Hazlitt Brenan y Sídney Franklin. EUA. 1952.

Yo seré estrella, o Tres chicas con suerte (Give a girl a break/Donnez-lui una chance). Con: Marge Champion, Gower Champion, Debbie Reynolds. Guión: Vera Caspary y Frances Goodrich. EUA. 1953.

Sinfonía del corazón. (Deep in my heart/ Au fond de mon cœur). Con: José Ferrer, Merle Oberon, Helen Traubel. Guión: Elliot Arnold y Leonard Spigeglass. EUA. 1954.

Siete novias para siete hermanos. (Seven brides for seven brothers/ Les sept femmes de Barberousse). Con: Jane Powell. Howard Keel, Jeff Richards. EUA. 1954.

Siempre hay un día feliz  (It’s always fair weather/ beaux fixe sur New York). Con: Gene Kelly, Dan Dailey, Cyd Charisse. Guión: Betty Comden y Adolph Green. EUA. 1955.

Cenicienta de París. (Funny face/ Drôle de frimrosse). Con: Audrey Hepburn, Fred Astaire, Kay Thompson. Guión: Leonard Gershe. EUA. 1956.

El beso del adiós. (Kiss them for me/ Embrasse-la pour moi). Con: Cary Grant, Jane Mansfield, Leif Erickson. Guión: Julius J. Epstein y Luther Davis. EUA. 1957.

Juego de pijamas. (The pajama game/ Pique-Nique en pijama). Con: Doris Day, John Raitt, Carol Hanley. EUA. 1957.

La indiscreta. (Indiscret). Con: Cary Grant, Ingrid Bergman, Cecil Parker. Guión: Norman Krasna y S. Donen. EUA. 1958.

Lo que Lola quiere… (Damn Yankees/ inédita en Francia). Con: Tab Hunter, Gwen Verdon, Ray Walston. Guión: George Abbot. EUA. 1959.

Otra vez con amor. (Once more with feeling/ Chérie, recommençons). Con: Yul Brinner, Kay Kendall, Geoffrey Tone. Guión: Harry Kurnitz. EUA. 1959.

Paquete de sorpresas. (Surprise package/Un cadeau pour le patrón). Con: Yul Brynner, Mitzi Gaynor, Noel Coward. Guión: Art Buchwald y Harry Kurnitz. EUA. 1960.

La mujer que quiso pecar. (The grass is greener/ Ailleurs l’herbe est plus verte). Con: Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum. Guión: Hugh Williams y Margaret Vyner. EUA. 1960.

Charada. (Charade). Con: Cary Grant, Audrey Hepburn, Walter Matthaw. Guión: Peter Stone y S. Donen. EUA. 1963.

Arabesque (Arabesque). Con: Gregory Peck, Sophia Loren, Alan Badel. Guión: Julian Mitchell y Stanley Price. EUA. 1965.

Dos para el camino, o Un camino para dos. (Two for the road/ Voyage à deux). Con: Albert Finney, Audrey Hepburn, Eleanor Bron. Guión: Frederick Raphael. EUA/GB. 1966.

Un Fausto moderno. (Bedazzled/ Fantasmes). Con: Peter Cook, Dudley Moore, Eleanor Bron. Guión: Peter Cook y Dudley Moore. EUA. 1967.

La escalera. (The staircase/ L-escalier). Con: Richard Burton, Rex Harrison, Cathleen Nesbitt. Guión: Charles Dryer basado en su pieza teatral. EUA/GB. 1969.

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