Laura, de Otto Preminger, por Olivier Eyquem; selección de Dossiers du cinéma y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.
Los años cuarenta vieron nacer en los Estados Unidos eso que Andrew Sarris pudo definir con justeza como el “cine del recuerdo”. La reflexión acerca del tiempo deviene en parte por influencia de los cineastas europeos exiliados, una dádiva esencial que permitió a obras completas articularse con los juegos del presente y el pasado, de la memoria y la ausencia. El “gótico” inglés penetra en Hollywood, especialmente gracias a Rebeca, de Hitchcock y, sin entrar en el campo de lo fantástico, va a contribuir al nacimiento de un cine a la vez literario y psicológico. Entre todas las obras que, durante una decena de años aproximadamente, se inscribían en esta corriente, Laura no termina de ocupar uno de los principales sitios. Por su complejidad y riqueza, todo en tanto que por su esplendor formal, nos entrega de avanzada una percepción esencial acerca de la “aproximación” premigeriana.
Laura pertenece, así como lo ha subrayado Henri Angel, como parte de géneros distintos: sátira, filme policiaco, poema. Esta combinación, si bien está lejos de constituir su originalidad, es premonitoria.
Así la sátira, por velada que sea, prefigura un elemento de la “comedia social” que será perceptible hasta en filmes como Tempestad sobre Washington, más recientemente en Algo más que buenos amigos. Es necesario subrayar que el primer encuentro de Waldo Lydecker y Laura se desarrolla en el Hotel Algonquino, sitio de reunión “legendario” de un grupo de escritores y artistas de los años treinta, entre los cuales estuvieron Alexander Wolcott y George S. Kauffman, Dorothy Parker, etc.; figuras renombradas de la crónica neoyorkina por su espíritu agresivo y satírico. Los apartados de franqueza entre Waldo Lydecker y su misantropía orgullosa son los rasgos que le reprochará la mayoría del grupo, que probablemente conoció Preminger, y con los cuales arregló brillantemente algunas cuentas para concederles el homenaje oculto.
Clasificada quizá prematuramente como thriller, la obra no parece bien colocada entre los recursos de un género para el que tiene algunas fallas de construcción. Si Laura se articula sucesivamente mediante dos intrigas (la primera concerniente a la falsa muerte de Laura y la segunda en el asesinato de su rival Diane Redfern), la “resurrección” de Laura a mitad de la película, que le asegura una transición entre las dos intrigas, tiende a hacernos pasar a un segundo nivel de interés muy inferior. Mientras que el registro policiaco (por vía de la investigación) promete, en la primera parte del filme un ritmo narrativo y una apuesta uniforme, se recarga frecuentemente hacia el desarrollo de la segunda y fuerza la introducción de secuencias de distracción pura (la confesión de Shelby, las sospechas sobre Laura, etc.). La lógica profunda del filme exige demasiado pronto una confrontación entre Waldo y Mark, que podría aclarar la culpabilidad del primero, pero la lógica policiaca simple excluye esta revelación, que por lo mismo permite presagiarlo desde las primeras escenas: la segunda parte sufre entonces de un desequilibrio en su concepción misma y el papel específico de los elementos policiacos no siempre es feliz. La película no se “estrecha” a partir del falso arresto de la heroína. (A partir del interrogatorio de Laura, Mark dejará de comportarse como policía para fungir como amante) La última confrontación con Waldo reemplaza completamente el filme en su trayectoria mítica y le permite reencontrar su significado profundo.
Conviene entonces abordar Laura teniendo un conocimiento previo de su estructura policiaca con la finalidad de percibir mejor lo que constituye la base real de la película. El centro de la obra aparece mejor como un conflicto entre Waldo y Mark en torno de Laura, la liga del relato está constituida, aquí también, por la resurrección de Laura que va a tener repercusiones dramáticas en la evolución del conflicto.
La articulación de la escena ilustra el ambiente particular que será el de toda la cinta. La nota “de base” está dada por Waldo, quien evoca el recuerdo de Laura. La obertura de fondo sugiere, por otra parte, en hecho explícito de que el tiempo está detenido para Waldo, con la desaparición de Laura y que su vida solitaria estará consagrada enteramente entonces a redactar la biografía de la muerta (“Había comenzado entonces a escribir la historia de Laura”): toda la primera parte de la película será tan solo una confesión velada, entrecortada, sustituyendo a esta biografía que Waldo nuca escribirá. Interrumpido por la resurrección de Laura y esto o será develado mas que hasta el instante de la muerte de Waldo.
Con el movimiento furtivo que toma posición del departamento, todavía irradiado por el recuerdo de Laura, acontece la intrusión de Mark con su mirada inquisitiva que viola la intimidad de Waldo. Mark, todavía en desventaja, lleva finalmente a Waldo a revelarse más de lo que había previsto: a pesar de su actitud sarcástica Waldo ya está poseído por completo, y la curiosa fraternidad masoquista que trata de instaurar entre Mark y él mismo (evocando la descripción de las lesiones y el calor del dinero a la policía) no sirvieron más que para introducir el acento de su propia impotencia: Mark, el intruso bárbaro y frustrado, aparece entonces como culpable que oculta el bien más preciado por Waldo. En cuanto Laura renace pasará a su vez a un primer plano que en adelante estará en torno a su obsesión por descubrir la “verdad” a su manera y acerca de Laura quedará organizado el filme.
El relato de Waldo que sigue a la visita a los departamentos de Anna y de Laura, sin duda constituye una de las cumbres de la puesta en escena de Preminger. Cada impulso de la cámara descubre a Laura entre los entornos más diversos y bajo los aspectos más contrastantes, y parece hacer eco a los sentimientos de la confidencia a intercambios con apenas disimulada amargura del amor casi secreto, antes de que Mark tome el relevo de Waldo. Fascinado por la imagen de esta muerta que no conoció, cae, efectivamente enamorado por primera vez. Cada objeto apunta la ausencia de Laura, luego en el satín de su ropa interior colocada sobre la mesa ante la chimenea terminará por dormirse. El sueño de Mark triunfa de la muerte. Rápidamente la película pasa a su segundo “periodo”, que nos permitirá seguir a Mark en su obstinada diligencia para borrar de Laura el recuerdo de Shelby y de Waldo. O, si nos atenemos a la sencilla “verosimilitud psicológica”, parece evidente que Mark lo toma bastante mal. Por ejemplo no sabe oponer a Waldo más que la fuerza inercial y no lo separará de inmediato más que en la secuela de una culpa psicológica seria (Shelby, de la misma forma, luego de haber auxiliado a Laura para su mejoría, la perderá por un error que revela su vanidad). Preminger rechaza, contrariamente a como lo hace Vera Caspary, emplear un tercer relato (hecho por Laura, y que sería por sí solo capaz de sintetizar la película) y sumerge voluntariamente al espectador en la ambigüedad. La indecisión confesada por Laura frente a Mark sin duda es sincera, al menos en tanto es parte de su atractivo. Pero todos los temores que le invaden no aclaran su actitud. (Así Ann, para tranquilizar sus emociones le hará buen trabajo para reconquistar a Shelby). La revelación “final” acerca de Laura no podrá llegar más que luego de la muerte de Waldo, pero la película se detiene justo en este instante, dejándonos en total incertidumbre. Aquí Preminger juega, por primera vez (pero no por última) con una mecánica perfectamente completa y con la frustración por su ambigüedad. Igual que en toda la primera parte el hilo se apoya en los deseos del espectador por ver el renacimiento de Laura, la segunda nos excusa a la heroína en un momento decisivo y deja vagar sobre sus sentimientos las interpretaciones más contradictorias. Si Preminger vive intensamente el conflicto que opone a Waldo y Mark, romanticismo a un lado y realismo del otro, se guarda bien de optar por una solución que pondría en camino fundamental los principios de su arte. Desbordando continuamente el “pirandelismo” mecánico y puramente cerebral de Vera Caspary, encierra a Mark y Waldo en una red de complejas correspondencias (Cf. Los “interrogatorios” de Laura dirigidos por uno de los protagonistas).
El triunfo de Mark sobre Waldo será tan pasajero como risible. ¿Aún no está muerto Waldo en el instante que se derrumba ante Laura a causa de un síncope fulminante? El hechizo que obliga a Mark a destruir el reloj de Waldo, como para asegurarse de que ya no será el amo del pasado de Laura, el temor de una aventura trágica: el realista y el romántico están ordenados a destrozarse entre sí, pero el asunto del combate es dudoso, ambiguo su enredo. La muerte de Waldo introduce arbitrariamente al filme en un conflicto sin motivo real. Waldo jamás poseyó a Laura y el “vuelo” que emprende Mark deja a Laura suspendida al filo de un devenir indeciso. Habiendo atravesado ya sus aventuras casi virginalmente (Cf. El impermeable blanco de la “resurrección”), ella renace con el rostro que podemos imaginar en dos formas extremas, y anticipándose al resto de la obra de Preminger, con los rasgos de la Diana de Seducción mortal que, habiendo asesinado a su padre (el verdadero, no el “espiritual”) destruirá aquello que no ha demostrado ser digno de proteger su secreto; o algunos años más tarde, la Anne Larson de Buenos días tristeza, quien muere por haber querido llevar al final una soledad muy orgullosa. Pero ¿Puede ser que Laura no sea más que el sueño que comparten y luego rechazan dos personajes?
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FICHA TÉCNICA:
Laura.
Realización: Otto Preminger.
Guión: Jay Dratler, Samuel Hoffstein, Betty (Elizabeth) Reinhardt (con la colaboración no acreditada de Ring Lardner Jr.), basados en la novela de Vera Caspary.
Director de fotografía: Joseph La Shelle.
Efectos especiales: Fred Sersen.
Música: David Raskin.
Dirección musical: Emil Newman.
Dirección artística: Lyle Wheeler, Leland Fuller.
Decorados: Thomas Little y Paul S. Fox.
Montaje: Louis Loeffler.
Vestuario: Bonnie Cashin.
Producción: Otto Preminger- 20th Century Fox.
Duración: 88 minutos.
Reparto: Gene Tierney (Laura), Dana Andrews (Mark Mc Pherson), Clifton Webb (Waldo Lydecker), Vincent (Bullitt), Ralph Dunn (Fred Callahan), Grant Mitchell (Lancaster Corey).
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