Como lo indica el travelling que precede la primera secuencia, en contrapicado por la vegetación africana, La Reina Africana no comienza realmente más que con el inicio del viaje de un Humphrey Bogart en tanto aventurero canadiense sumado a un propósito único: su vieja bañera (y eventualmente también a sus botellas de ginebra) con una Katharine Hepburn, vieja hija de la Inglaterra y completamente devota a un hermano misionero, el reverendo Sawyer, y a la Madre Patria: el amado Imperio Británico: Como sea las primeras cinco secuencias de prefacio permiten a John Huston situar a sus personajes con tal precisión que resultará indispensable para una comprensión verdadera de las relaciones que se irán creando poco a poco.
Padecía un breve retraso por causa de que la primera escena de La Reina Africana resultase francamente burlona: en una rústica iglesia en pleno Congo, el pastor Sawyer y su hermana Rosa se aventuran enseñando a los negros sus cánticos religiosos, que ellos transformarán a la melopea africana. Por una parte esa extraña pareja de ciñe a una dignidad y buena conciencia, y por otra detrás de esos rostros inexpresivos que detalla John Huston. De la confrontación surge tal sentimiento de culpabilidad que la risa apenas puede resistirse. Tan pronto llega el Reina Africana, la barcaza que anima con silbidos el aire, y quien aparece es el rústico Charlie Allnut, vivaz y peleonero, entonces uno se siente liberado de la malevolencia originada con la primera escena. Es un sentimiento nacido una vez que entramos en la casa de los misioneros donde el reverendo y Rosa han invitado a Allnut a tomar el té. EL silencio es tan opresivo, la atmósfera tan sofocante que tenemos la impresión de sentir el mismo calor y estar igualmente incómodos que Allnut. El cuadro del conformismo: Rosa, de frente, rodeada de sus maneras perfectamente conformistas y simétrica con su hermano y Allnut, que es la imagen misma de la rigidez hospitalaria falta de propósito. Como perfectos ingleses Rosa y Sawyer toman su té dignamente, en tanto que Allnut trasega el té, pan y mantequilla, haciendo ruidos al tragar apresuradamente. Rosa, ya escandalizada, habrá de sufrir otro ruido: los gorgoteos del estómago de Allnut, y pero todavía, los comentarios del invitado acerca del “bocado”· que uno quisiera olvidar –que nosotros quisiéramos ignorar también, como ella responde ante una mirada de su hermano. Después de algunos comentarios ácidos del reverendo acerca de los adelantos del pastor anterior –mescolanza de envidia, chisme e hipocresía- es a propósito de dar valor a Allnut cuando anuncia como incidentalmente que ya no tendrá que correr por mucho tiempo más a causa de la guerra en curso y que el reverendo y Rosa comprenden que “la Inglaterra” está en guerra. Hecha ésta revelación Allnut tranquilamente tomará un descanso, dejando a sus huéspedes meditar acerca de esta “guerra de verdad” que va a alcanzarlos en la secuencia siguiente: los alemanes incendian el poblado en el que ya solo quedan los ingleses. Víctima de una insolación el reverendo da algunos toques complementarios al retrato de los misioneros en tanto delira y luego fallece.
El regreso de Allnut liga el preámbulo con el filme propiamente dicho. Lo práctico, aconseja Charlie en seguida, es que “·por este calor” se entierre al pastor rápidamente. La oración fúnebre es pronunciada –el trabajo realizado- y él se lleva a Rosa en la Reina Africana. Pero justo antes de introducirnos en la vida de los sujetos podríamos valorar el sitio que tendrá África en este filme, rodado en sus cuatro quintas partes en el Congo: a lo largo de muchos años de misión los Sawyer han vivido al margen, no veían nada, no comprendían nada, Allnut sí está preocupado a tal punto con su barquichuelo que no tomó en cuenta al África más que como un fondo natural: es un semivagabundo que pasa sus días llenándose con ginebra, hace viajes regularmente y ha aprendido a valorar los peligros… para evitarlos. Ni para el uno ni para la otra existe el África pintoresca y por eso toda imagen de postal quedará excluida: apenas si entreveremos algunos simios, cocodrilos… por el río, pero no serán las bestias amenazantes las que provocarán problemas a Rosa y Allnut, sino los mosquitos y las sanguijuelas; el escenario será dominado por tintes neutros, gris-verdosos, azul-grises, que darán al barco y a la pareja los únicos puntos de referencia. Si bien es cierto que los rápidos de la corriente se previenen como obstáculos serán afrontados voluntariamente y no como una imposición del paisaje. África no ha sido pegada. Simplemente es, podemos sentir su presencia, solo participa en tanto que tal. Estrella de filmes clásicos de aventureros, Huston le otorga otro papel: aislar al Reina Africana y a la pareja. El Reina Africana se convierte en el único sitio para la acción, sitio exiguo que se reprochan Rosa y Allnut y concentrará el interés para esta pareja con tantos asuntos que atender. Por otra parte el Reina Africana será el único medio para llevar a buen fin la operación, y todo el tiempo será objeto de disputas entre Rosa y Allnut.
Por supuesto será Rosa quien, al descubrir los explosivos a bordo, decide ir a hundir al Luisa, un cañonero alemán que patrulla en el lago por algunos centenares de kilómetros. Allnut, que no quiere exponer su barco, protesta, pero después, en una tempestad, renuncia a discutir. Con la empapada tras la lluvia se establece una cierta promiscuidad que subraya lo destacable: personajes con el mismo plano o panorámica uno del otro; predominio de los planes a medias y ausencia casi total de un verdadero plan grande los separa a uno de la otra. Una técnica tal que subraya, al final, la cómica disparidad de los personajes, nos permite medir los cambios que, poco a poco, se operan en ellos: la vieja señorita inglesa que abandona su reserva, su prudencia, para encontrar una cierta naturalidad (Katharine Hepburn minimizada y totalmente diferente de la mujer sofisticada que ha interpretado siempre), mientras que Allnut se civiliza, dejando aparecer un Humphrey Bogart lleno de buena voluntad, limpio y (casi) coqueto, papel al que nos tiene acostumbrados generalmente, pero ya no más. Lo que sucede en las escenas intimistas (confrontación, dulzura, alegría) o en las secuencias de acción que se alternan regularmente con ellas, Huston se atiene a esta forma de cortes: planos extraños ensamblados con algunos insertos del medio ambiente, especialmente dos planos memorables: uno cómico, acerca de las botellas de ginebra tiradas por Rosa, que se hunden en el río con un gluglú, y otro, impresionante, en los rápidos. Tan solo estas tres secuencias fueron concebidas por separado: la del avance con la cuerda, al cabo de la cual el Reina Africana falla y cede a la tempestad, terminando por naufragar, ambas sin pausa, y especialmente la escena a bordo del Luisa donde Huston utiliza un montaje alternando planos del Luisa con los de la proa del Reina a la deriva.
A esta homogeneidad de niveles en la imagen corresponde una semejanza en el nivel de la música: un tema de acción que arranca en cada inicio, en cada confrontación; un tema íntimo que desde el principio deja presentir los encuentros futuros de Rosa y Allnut, y subraya sus momentos de concordancia (con excepción de su rebelión luego de la primera noche pasada juntos, que se entrega sin música); y el tema de los alemanes, con golpes de címbalo como anuncio cada vez que amenazan a la pareja luego de haber destruido al villorrio. Esta composición musical bastante estricta aparece con menos claridad en función del empleo de los ruidos que de pronto surgen y se sobreponen más fuertes que la música: (el ruido de los rápidos, de los mosquitos que aterrorizan a Rosa) o la sustituyen, notoriamente los sonidos de la selva y de la actividad a bordo (las reparaciones del barco, tanto como la elaboración del té vertido al suelo). Finalmente la secuencia de la cuerda y encallamiento que es puntuado igualmente por el ruido del machete y el rozamiento de las plantas y es rematado por un breve aire de flauta: en tanto que un tema nuevo es introducido en la última secuencia jugando con la imagen y alternando con el de los alemanes, solo hasta que Rosa y Allnut ríen juntos como únicos sobrevivientes y Charlie entona la canción del Marino de Pimlico.
Curiosamente este rigor pone en evidencia las disonancias del filme: el humor y el amor, la imagen concentrando la atención en la actitud de la pareja y en su vacua aventura, la música añade solamente una nota de ironía o de ternura que no podría leerse en los gestos o en los propósitos. El humor ciertamente está por doquier en el filme, los cánticos de melopea africana o el Marino de Pimlico, en los diálogos, en las confrontaciones de Rosa y Allnut, pero sobre todo en “la epopeya” que se lleva a cabo. No serán ni el patriotismo de Rosa ni el valor obstinado de la pareja los responsables de esta victoria: una lluvia providencial desata al Reina Africana; después una corriente hará el trabajo posterior. En relación con un objetivo fijo todos los esfuerzos serán irrisorios y si el Reina Africana ha sido el eje del tema, será como en los filmes anteriores la ruta de John Huston: la acción es irrisoria –sea que el empeño resulte lucrativo, patriótico o de otra clase. Pero en las premisas al final la óptica ha cambiado: Rosa por su inexperiencia y su terquedad son contrarias de Allnut que se sobrepasa, lo que sucede al afrontar los rápidos para darle una lección o al reparar la barcaza que juzga irreparable: Allnut a su lado, enseña a Rosa a obrar en consonancia con la causa: cada esfuerzo remontado en común va forjando a la pareja, y transforma una atracción simple en amor, en bondad. El propio humor que llegaba ligado a elementos externos se transforma en convivencia y su explosión en risa al final no es más que una derivación de la risa de los sobrevivientes en El tesoro de la sierra Madre: es la risa del bienestar, la risa de dos enamorados que han rebasado la cuarentena y llegan a descubrir el amor –sin ser ridículos por ello. Resulta sintomático para este propósito que Huston haya cambiado el final de la novela de C. S. Forester en su adaptación: Allnut se acordará in extremis de una mujer que desposó mucho tiempo atrás. Cinco años más tarde John Huston volverá a este tema con El cielo fue testigo ambiguamente –probablemente por razones de censura- : la monja y el militar ¿encontrarían verdaderamente el amor a Dios y al Ejército? Una sola mirada entre Katharine Hepburn y Humphrey Bogart deja fuera cualquier ambigüedad: La Reina Africana es la victoria del amor.
*La Reina Africana, de John Huston, por Anne Villeur; selección de Dossiers du cinéma (1971) y traducción del francés por Héctor Enrique Espinosa R.
Textos relacionados:
John Huston: la pasión por la aventura y la acción individual
John Huston, creador singular , según Joe McCarthy
Mientras la ciudad duerme: The asphalt jungle
Moby Dick o la zambullida de la monstruosa ballena blanca
El halcón maltés de Hammett y Huston
Huracán de pasiones: Key Largo de Bogart
El cielo fue testigo, O Dios sabe cuanto…amo
Freud: Pasiones secretas de John Huston
Bogart, un libro, un ídolo, un dolor inmenso
Humphrey Bogart: sus películas,
Maldita Mujer con Lizabeth Scott,
Llamar a cualquier puerta (Horas de angustia) de Nicholas Ray, con Humphrey Bogart
Ava Gardner y La Condesa Descalza,
La condesa descalza, The barefoof contesa de J.L. Mankiewicz
Tiempo de angustia: Horas desesperadas con Humphrey Bogart
Humphrey Bogart: un seductor sin cualidades de seducción cumple 53 años
Hace 69 años se estreno El halcón maltés con Humphrey Bogart
Hace 54 años murió Humphrey Bogart
Katharine Hepburn: Catalina la grande del cine
Hasta cuando Catalina* (Katharine Hepburn)
Katharine Hepburn: sus películas
Una gran actriz-estrella: Katharine Hepburn
En 1907 nació Katharine Hepburn
loading...
loading...

[...] La Reina Africana de John Huston, por Anne Villeur con Humphrey Bogart [...]
[...] La Reina Africana, de John Huston, por Anne Villeur con Humphrey Bogart [...]
[...] La Reina Africana, de John Huston, por Anne Villeur con Humphrey Bogart [...]
[...] La Reina Africana, de John Huston, por Anne Villeur con Humphrey Bogart [...]
[...] La reina africana, de John Huston, por Anne Villeur con Humphrey Bogart [...]
[...] La Reina Africana, de John Huston, por Anne Villeur, con Humphrey Bogart [...]