Identidad sustituta, el sueño de ser otro…y uno mismo

Escrito por on ene 18th, 2011 y archivado en Destacado, DVDver, Fantástico, Galería de vídeo, Galería fotográfica. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Identidad sustituta, el sueño de ser otro…y uno mismo

La cibernética nació con un propósito definido y benéfico para la humanidad: crear mediadores mecánicos que mejorasen o supliesen a los medios humanos para optimizar la existencia individual o suplir deficiencias accidentales o innatas de cada quien; este trabajo iniciado en 1948 con la publicación de Cibernética, de Norbert Wiener, llegó a mayor especificidad con la invención de la Biónica en 1972, todo esto antes de que Isaac Asimov ideara los robots como servidores humanos y Philip K. Dick creara los sosías o sustitutos humanos en su novelística. De hecho las prótesis, principal producto de la cibernética y la biónica, son el tema de Identidad sustituta, de Jonathan Mostow.

En el cine la fantasía en torno a las prótesis alcanza su máxima expresión con el Dart Vader de Lucas y una de las mejores versiones, humanizada, del fenómeno, se expresan en el Yo robot de Alex Proyas, donde el conflicto de humanidad provocado por la máquina insertada en el hombre (secreto de la maldad de Dart Vader que nunca supo expresar adecuadamente Lucas) proviene del exterior a la mente individual, de la independencia en la evolución mecánica. Pero ¿qué pasa cuando el individuo Es la máquina, cuando Todos Son la máquina?

El título original, Delegados (Surrogates) describe mejor el fenómeno que exploran Mostow. Ferris y Brancato puesto que los humanos en la sociedad que presentan han delegado su existencia corporal y psíquica a cuerpos cibernéticos que sustituyen su acción y experimentación de la vida activa, sus cuerpos cibernéticos o biónicos llevan a cabo todas las actividades controlados a distancia por el individuo cuya existencia sustituyen, de ahí la creatividad del título en México: lo que sigue en duda es el problema de la identidad, que será el tema central para el rol de Bruce Willis.

Para el actor que podríamos calificar como el héroe rudo por excelencia del cine pre-posmoderno (quizá con De Niro y el francés Jean Reno) el papel del agente Tom Greer del FBI resulta un campo de acción estrecho y hasta forzado por sus escasas posibilidades de movimiento, sin embargo para el actor más que maduro y con nuevas deficiencias físicas fruto de la edad, resulta un campo de experimentación en humanismo casi tan rico y equivalente a los papeles que ya ha representado en Mi encuentro conmigo (1999) y Sexto Sentido (1999), o que consagrará este mismo año con RED (2010).

Lo interesante es el enfoque dado por la realización del filme: la duda sobre la propia identidad ante un mundo en que lo artificial ha llegado al absurdo de ser absoluto. Ciertamente hemos de concordar con Gillo Dorfles en que todo lo relacionado con los seres humanos ha sido articulado a través de nuestra presencia en el planeta y en consecuencia la distancia entre  natural y artificial es casi indiscernible, de hecho se hace difícil utilizar el término naturaleza con referencia a cualquier forma cercana a nosotros, especialmente considerando que hasta el pensamiento está sometido a una evolución manipulada pro la cultura, y solamente lo relativo a la integridad corporal da sitio a que hablemos de artificialidad ante la presencia de las prótesis; pero ¿Y cuando todo el cuerpo es prótesis?

La utilidad de un cuerpo sustituto estiba en las relaciones novedosa con el dolor y las otras sensaciones; respecto del dolor, umbral para medir y evitar el daño a todas las partes del cuerpo, podría ser eliminado para permitir mayor campo de acción al trabajo, y de hecho esto es lo que se utiliza en los “delegados” robóticos, no son más que un vehículo de trabajo con el que los individuos continúan su relación con el mundo y la sociedad sin poner en peligro su integridad psíquica ni su personalidad, especialmente en una sociedad masiva y cada vez más violenta; sobrevivir ya no es un riesgo individual atado a la integridad del cuerpo, es un asunto de adaptación psíquica y capacidad económica para cambiar de “delegado” o sus partes de ser necesario, pero ¿se identifica el propietario con su máquina?  Es la pregunta que se plantea el agente Tom Greer, y lo hace durante la investigación de un extraño caso criminal.

Lo más parecido a estos “delegados” en la literatura de ciencia-ficción han sido los Simulacros de la tetralogía de Philip K. Dick (Los Simulacros, ¿Sueñan los robots con ovejas eléctricas?- Origen de Blade Runner-. Nuestros amigos de Frolik 8 y Podemos Construirle, todas localizables en español gracias a Editorial Martínez Roca y a la colección Nébula) pero su función es muy diferente: son robots humanoides hechos para acompañar a los conquistadores del espacio alejando la fobia por la soledad, o trabajadores para llevar la huella humana donde nadie puede residir. Optativamente esos cuerpos humanoides pueden ser total o parcialmente protésicos según otras de las novelas del maestro Dick, pero nunca delegados de la existencia individual, mucho menos de la identidad.

En la sociedad aterrorizada de fondo en que vive Greer aparece un arma capaz de aniquilar simultáneamente al “delegado” y al propietario y eso pone activa la conciencia del agente; de pronto la nostalgia por la sensación “real” del cuerpo amado, la “verdadera” sensación de los elementos, del sabor “natural” en los alimentos, de estar “verdaderamente” en el mundo y no nada más en reposo privado mientras las extensiones del hombre trabajan en su lugar, convierten al policía en un investigador policiaco en busca de la ontología humana.

Esta intriga magistral debería ocupar lo mejor de la cinta, sin embargo Mostow opto por el camino fácil de acceder a los lugares comunes del género creados en las últimas décadas y así incluye la intervención de John Cromwell, el dudoso sabio-villano de otras películas de ciencia-.ficción hollywoodesca, y de pronto surge el recurso de una fuente de poder y control centralizada, inexplicable en un sistema de producción individualizado y de inmediato aparece el pirataje o hackeo de personalidades que lleva a un fácil, quizá demasiado fácil final que deja incompleta la trama.

Sin embargo la evolución en la conciencia de Greeer hacia la nostalgia por las sensaciones, desde la confrontación con los “delegados”  adictos a estímulos electrónicos (retrato breve de una sociedad profundamente aburrida y con abundancia injustificada), la lucha con los “naturalistas” que maldicen la vida sustituida por máquinas, y la angustia del científico Canter (Cromwell) ante la impotencia de su poder para salvaguardar a su propio hijo, compensan en parte el apresurado final, pero lo mejor de todo es la confrontación final de Greer con su esposa Maggie (Rosamund Pike), viéndose directamente como son y no como los compensan las máquinas (un recordatorio de la muerte de Vader en Guerra de Galaxias) y sobre todo ver en el gran Bruce Willis la mirada de un amante real de su pareja, cualquiera que sea el daño que el tiempo le hubiese infringido.

Finalmente Identidad sustituta trata de la realidad y sus relaciones con la conciencia, de comprenderla como la integridad de relaciones entre la experiencia total de mente y cuerpo respecto del mundo y los otros seres, incluyendo la racionalidad y los sentimientos, de la monstruosidad de privilegiar tan solo una de las potencialidades humanas, especialmente la tecnología por encima de la integridad del ser.

FILMOGRAFÍA:

Identidad sustituta. (Surrogates). D. Jonathan Mostow. Con: Bruce Willis, Rhoda Mitchell, Rosamund Pike, John Cromwell. Guión: Michael Ferris y John D. Brancato. EUA. 2009.

Yo robot. (I robot). D. Alex Proyas. Con: Will Smith, Bridget Moynahan, James Cromwell. Guión: Akiva Goldsmith, Jeff Vintar, basados en el libro de Isaac Asimov. EUA. 2004.

Sexto sentido. (Sixth sense). D. M. Night Shyamaland. Con;
Bruce Willis, Halley Joel Osmendy, Toni Collette. Guión: M: N: Shyamaland. EUA. 1999.

Mi encuentro conmigo. (The kid). D. Jon Turtletaub. Con: Bruce Willis, Spencer Breslin, Emily Mortimer. Guión: Audrey Wells. EUA. 2000.

Guerra de las Galaxias, La. (Star Wars). D. George Lucas. Con: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher. Guión: G. Lucas. EUA. 1977.

Blade Runner. D. Riddley Scott. Con: Harrison Ford, Rutger Hauer. Guión: Hampton Fletcher y David Webb. G.B. 1982.

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