Woody Allen y el derecho: hacia un estado ético

Escrito por on dic 24th, 2010 y archivado en Cine Viñetas, Destacado, Galería fotográfica, Policíaco. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Woody Allen y el derecho: hacia un estado ético

Pese a su tradición de filmar en la Gran Manzana, Woody Allen salió de su añorada Nueva York para rodar una excelente trilogía londinense: La Provocación (Match Point, 2005) Amor y muerte (Scoop, 2006) y El sueño de Cassandra (Cassandra’s Dream, 2007). Las tres abordan fuertes dilemas morales que son pretexto perfecto para hablar del derecho como una especie dentro del género norma. En las tres, el también autor de las clásicas y excelsas Dos extraños amantes (Annie Hall, 1977) y Manhattan, 1979, perfila dos distintas formas filosóficas de entender qué es el derecho, llamadas desde la iusfilosofía como naturalismo y positivismo; en el primer caso, el derecho se entiende como algo inherente al ser humano, independiente del poder público estatal, en el segundo el derecho es tal en la medida de que puede ser impuesto por el Estado, de que es coercible. Esto tiene consecuencias fundamentales en la práctica, no sólo para el desarrollo de toda la juridicidad sino en general del Estado, de la sociedad.

En la retórica de Match Point, la norma jurídica es entendida bajo las ideas del iuspositivismo mientras que en Scoop y Cassandran’s Dream se conceptualiza como algo más que la coercibilidad y se asocia a la ética.

Match Point narra la historia de un profesor de tenis que enamora a la hermana de uno de sus alumnos de la alta burocracia londinense, esto le abre las puertas de un mundo que antes le era inalcanzable. Recibido por los padres de la joven con beneplácito, es transformado pese a su nula preparación, en un hombre de negocios con no mucha pericia, que suele tener importantes pérdidas en la bolsa de valores, mismas que son respaldadas sin mayor problema por su suegro, lo importante es que la hija sea feliz. El ahora empresario, interpretado por Jonathan Rhys-Meyers, se envuelve en una relación pasional con una joven actriz esquizofrénica, Scarlett Johansson en un papel brillante y sólido. Cuando la amante resulta embarazada, las circunstancias del protagonista lo comienzan a cercar, la presión para que deje a la esposa es cada vez más agobiante. Sin embargo, al enfrentarse a la verdad, pese a vivir con mayor intensidad con la amante, el ex profesor de tenis cae en la cuenta que el abandonar a su esposa resultaría perderlo todo, regresar a ser un don nadie. El nudo se resuelve cuando el protagonista asesina a la amante, cuidando todos los aspectos de carácter fáctico con la finalidad de no dejar indicios que pudieran incriminarlo.

Un inspector de policía comienza a hilar argumentos que le hacen sospechar que el asesino es el joven empresario, y aquí radica el quid de la película: la escena de apertura de la cinta nos muestra una pelota de tenis tocando la red, si cae de nuestro lado perdemos el punto, si cae del lado contrario es a nuestro favor, es decir, el papel del azar en la vida,  de esta forma un anillo que por el azar cae de uno de los lados de esa cancha que es la vida, permite por simple suerte, perfeccionar la coartada del asesino y por ende de lograr el crimen perfecto.

Las críticas hacía Match Point son del todo favorables, para muchos es una de las mejores películas de Woody Allen en los últimos años, los aspectos cinematográficos son excelsamente ejecutados: las actuaciones, el guión, vestuario, escenografía, etcétera. Mención especial merece la música, una selección inigualable de operas de un Allen melómano, cada aria es rigurosamente escogida para la escena, generando un binomio perfecto de acto-música.

En esta trama del director de origen judío, la norma es importante en la medida de que es coercible, en tanto que el Estado puede hacer uso de un aparato para castigar; por ello, la principal causa de reflexión del asesino no es si su acción es buena o mala, sino si será descubierto y puesto tras las rejas. Al reducir el derecho a esta idea de la sanción (positivismo jurídico, como lo hemos acotado) provoca un grave problema, pues la justicia se relaciona con el castigo y por ende el derecho pierde vigencia e importancia en el individuo y en la sociedad cuando hay impunidad. Claramente evocada en la cinta la novela de Dostoievsky Crimen y Castigo, podemos ver la diferencia con el personaje del escritor ruso: Raskolnikov se enfrasca en debates interiores sobre si su acto fue bueno o malo.

Y este es el corolario aplicándolo a las condiciones de nuestro país: hay un sector social que reflexiona y actúa con base en las posibilidades de que sea sancionada su conducta, por ello se infringe la ley cuando se ve imposibilidad de castigo. Debemos fortalecer la parte contraria, retomar el valor de la norma por sí misma y en la medida de que es útil para todos, como sucede en el caso de Scoop y Cassandra’s Dream. A contrario sentido que en Match Point, frente a la falta de mecanismos legales suficientes, donde un asesinato quedará impune y por ende la sociedad lacerada, en las otras dos cintas el corolario implica una sanción para el criminal, pero cimentada no estrictamente en la legalidad, sino en la ética.

Amor y muerte (Scoop, 2006) es una comedia fácil, enmarcada en todos los clichés de Woody Allen. La musa en turno del director neoyorkino (Scarlett Johansson) es una nobel reportera a la que el fantasma de un afamado periodista le revela que un joven empresario londinense es un asesino en serie. Auxiliada por un mago fracasado (Woody Allen interpretándose a sí mismo una vez más) se inmiscuye sentimentalmente con el empresario con la finalidad de llevar a cabo su investigación. Terminará enamorada de él, pero continuará su investigación para descubrir que efectivamente es el asesino. Así, en esta cinta el derecho es enfocado desde una perspectiva positivista o legal, pues la justicia se basará en la ley, pero sin contraponerse a la ética.

En El sueño de Cassandra (Cassandra’s Dream, 2007) una familia clase media londinense de mediocre futuro, es auxiliada constantemente por un tío con fortuna económica. Los dos hijos de la familia se verán en un dilema moral cuando su pariente potentado les exija lo ayuden a asesinar a una persona que pone en riesgo su éxito y fortuna. Las atmosferas del debate ético, de la tensión emocional que sufren ambos personajes cuando lidian entre cumplir o no con la petición del tío, son aderezadas ad-hoc por una excelente y excelsa música, encargada a pesar de la tradición de Allen de elegirla personalmente, al gran músico Philip Glass (quien ha sido creador de otros soundtracks de antología, entre ellas Kundun, Drácula y Las horas). Después de consumado el asesinato, uno de los hermanos sufre enormes remordimientos morales y quiere entregarse a la policía al contrario del otro, que antepone su ambición, futuro e intereses personales. En un final shakespeareano, mientras navegan, discuten sobre si se deben entregar o no, en la reyerta cae por accidente el ambicioso, el golpe le causa la muerte. El arrepentido se suicida, dando a la trama un final de justicia divina.

En la trilogía cinematográfica reseñada, Allen plantea tres escenarios complejos desde una perspectiva jurídica: la impunidad (Match Point) la legalidad (Scoop) y la justicia moral (Cassandra’s Dream).

Así, podemos retomar desde la pantalla grande el debate jurídico ¿qué es el derecho? Y por ende otra pregunta que hacíamos en algunas otras colaboraciones ¿Por qué debemos respetar el orden jurídico, el estado de derecho? Para Kelsen, el respeto nace de la coacción, no obstante que reconoce que cuando el orden se cumple, no hay diferencia entre coacción y moral. Sin embargo, tenemos que ponderar ¿Qué pasa si desde la legalidad no existen elementos para el orden? Es decir, en Match Point y Cassandra’s Dream los asesinos planearon un crimen perfecto, elaboraron sus coartadas y borraron indicios, de tal forma que de ser sometidos a un juez, este tendría que, bajo los principios de la legalidad, absolverlos. Parecido a lo que sucede en las matanzas de sicarios en el país, por su modus operandi, prácticamente no existen mecanismos de corte legal que permitan hacer justicia, de tal forma que la sociedad se siente lacerada ante esta total impunidad.

Cuando no hay justicia desde la legalidad ¿qué nos queda? La respuesta de Allen es desde la ética en Cassandras… pues pese a no existir elementos en contra de los asesinos, surge en uno de ellos el arrepentimiento.  Así, el derecho se une inexorablemente a la ética. Se dice en el ámbito jurídico que el derecho es un mínimo ético exigible, en nuestro caso, consideramos que son en realidad un binomio. Ejemplificando: mientras unos ciudadanos de este país cometen delitos porque no hay posibilidad de ser sancionados, el resto respetamos el orden no porque sea exigible o coercible, sino porque creemos en él, la ética heredada de nuestros padres nos lo pide.

Por ello, proponemos como salida de la crisis en que se encuentra nuestra nación redirigir el estado de derecho hacía uno ético, sin olvidar que está cimentado en el sistema jurídico, como señalaría el pensador español José  Luis L. Aranguren: “una ética social, no pura, sino ético-técnica, es decir, inscrita en las estructuras jurídico-administrativas o, lo que es igual, institucionalizada. Esta ética…  parte de la constatación de que la moral individual, confiada a la buena voluntad, es insuficiente, por impotente, para resolver los problemas sociales de justicia. El Estado se convierte, cada vez más, aunque no lo diga, en Estado ético, en Estado no simplemente de derecho, como el liberal, sino de justicia”

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