La antesala del infierno, Detective story con Kirk Douglas y Eleanor Parker

Escrito por on sep 3rd, 2010 y archivado en Actores y Actrices, Destacado, Galería de vídeo, Galería fotográfica, Policíaco. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

La antesala del infierno, Detective story con Kirk Douglas y Eleanor Parker

Mucho antes que llegarán las series de televisión al estilo de “La ley y el orden”, en las cuales parte de su trama es darnos detalles del vida diaria en una comisaría de policía, en el cine norteamericano, sobre todo en los cuarenta y los cincuenta con el auge del film-noir, los espectadores de aquellos años ya disfrutábamos con historias sobre la cotidianidad del trabajo de los policías, en particular con la labor de los detectives, las cuales lograban trasmitirnos el duro trabajo y la presión a que eran sometidos en su lucha contra con el crimen.

Entre ese tipo de películas destacó “La antesala del infierno” (Detective story, 1951) y que en España llevó el título de “Brigada 21”, dirigida por William Wyler, llevando en los roles estelares a Kirk Douglas, Eleanor Parker, William Bendix, Lee Grant, George Macready  y Cathy O’Donnell, basada en la obra teatral de Sidney Kingsley y guión de Philip Yordan y Robert Wyler.

Al verla programada en el canal de televisión City Stars dispuso todo para poder disfrutar de este film y sobre el cual guardaba un grato recuerdo, en particular por la actuación de Kirk Douglas y Eleanor Parker, la cual recibió una de las cuatro nominaciones al Oscar que obtuvo el film en la entrega correspondiente al año 1951. A saber Eleanor Parker como Mejor Actriz, aunque la ganadora fue Vivien Leigh, por su inolvidable interpretación de la inestable Blanch Dubois en “Un tranvía llamado deseo”; William Wyler nominado como mejor director tuvo que resignarse a que la estatuilla fuera para George Stevens por su dirección de “Ambiciones que matan” (A place in the sun), uno de los grandes éxitos de Elizabeth Taylor y Montgomery Clift. A su vez la debutante Lee Grant, que igualmente había hecho su debut en Broadway en la representación de la obra de teatro de “Detective story”, en el papel de la cleptómana Susan Carmicheal fue nominada como Mejor Actriz de reparto, siendo la triunfadora, esa ocasión, Kim Hunter por su labor en “Un tranvía llamado deseo” como la esposa de Marlon Brando y hermana de Blanche. Aunque Lee Grant si recibió el reconocimiento de mejor actriz en el Festival de Cannes donde se presentó “La antesala del infierno”. Por cierto que la carrera cinematográfica de Lee Grant sufrió un atorón  debido a que fue citada a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas, donde le pedían que acusara a su marido, el escritor Arnold Manoff, de pertenecer al Partido Comunista. La Grant se negó a ello y al no ser llamada al cine, a pesar de su brillante debut, se refugió en los escenarios teatrales de Broadway y en trabajos esporádicos en la televisión. Al cine regresaría con regularidad hasta mediados de los sesenta y en 1975 ganaría el Oscar de Mejor Actriz Secundaria por su trabajo en “Shampoo”. La cuarta nominación para “La antesala del infierno” fue en el renglón de mejor guión adaptado para Philip Yordan y Robert Wyler, pero la estatuilla paró en las manos de Michael Wilson y Harry Brown por su trabajo en “Ambiciones que matan”.

La acción gira, en un solo día,  en torno al detective Jim McLeod (Kirk Douglas) con una admirable hoja de servicios, aunque en su afán por perseguir a los maleantes y conseguir sus confesiones acuda a métodos cuestionables, por su forma de acosarlos. McLeod es inflexible y ve el mundo dividido en dos absolutos: buenos y malos o como se lo dice su compañero Lou (William Bendix) ves “las cosas en blanco y negro” -para agregar- “estas cavando tu propia tumba”, al ver la manera en que se rehúsa a darle otra oportunidad a Arthur (Craig Hill) un joven que ha cometido su primera felonía, al tomar un dinero de la compañía en que trabaja, para poder impresionar a una vieja amiga a la cual pretende, pero que se ha convertido en modelo y ahora sus gustos se han vuelto caros; pero Susan, la hermana de ella y que siempre lo ha amado ha acudido en su auxilio, consiguiendo que el  jefe del muchacho esté dispuesto a perdonarlo si le reintegran su dinero. McLeod se muestra inflexible en no levantar el acta, ya que no cree en la regeneración de los delincuentes, porque la única ocasión en que se compadeció de unos ladrones, estos volvieron a las andadas y maltrataron a su víctima.

McLeod carga con un turbio pasado a causa de su infancia con un padre alcohólico y golpeador, el cual maltrataba, tanto a él como a su madre y que era un delincuente. Lo único que humaniza a McLeod es su amor, hasta la veneración, hacia su esposa Mary (Eleanor Parker), a la cual, prácticamente considera un ángel de pureza inmaculada, aunque la única sombra en su matrimonio es que a pesar de varios años de casados ella aún no se ha logrado embarazar.

El detective ha estado persiguiendo, desde tiempo atrás, al doctor Schneider (George Macready), el cual tiene una clínica en la cual práctica abortos clandestinos y ahora, en el día de la narración, cree tenerlo atrapado por contar con una testigo dispuesta a señalarlo y a una mujer en el hospital, a la cual le ha practicado un aborto. El abogado de Schneider advierte al jefe de McLeod, el teniente Monagham (Horace McMahon), que su cliente está dispuesto a ir a la comisaría a declarar, pero que conste que se encuentra sano y sin heridas en su cuerpo, ya que teme que McLeod use sus métodos violentos en Schneider para hacerlo confesar, al tiempo que desliza una sutil insinuación de que McLeod tiene un interés especial en su cliente, que va más allá de su celo profesional, por lo que, prácticamente, lo amenaza en que llegado el caso descubrirá los motivos personales para hostigar a Schneider.  El caso se le viene abajo a McLeod, cuando la testigo se niega a reconocer a Schneider, pues, aparentemente, ha sido sobornada por el abogado defensor y cuando van camino al hospital, para que la paciente lo identifique, avisan que la chica ha muerto. Cegado por la ira de que no podrá enjuiciar, una vez más, a Schneider, McLeod lo golpea causándole daños.

El abogado le señala al teniente Monagham que hable con un tal Tami Giacopatti y Mary, al esposa de McLeod, para que sepa de los motivos personales del detective para perseguir a Schneider con tal saña. Así que resulta que Mary tiene un pasado, el cual ignoraba su pasado, como es el de haber sido cliente de Schneider años atrás, en que abortó, después de haber quedado embarazada por un hombre casado, que no le podía cumplir sus promesas de amor. McLeod se derrumba y maltrata también a Mary, debido a su obsesión por sólo ver el mundo dividido entre buenos y malos; pero tendrá su oportunidad de redimirse, aunque esa parte ya no se las contamos, para que nuestra recomendación de que vean este interesante thriller pueda surtir efectos, ahora que será proyectado en el canal de City Stars el próximo jueves 9 a las 22.10 hrs. (tiempo de México); el miércoles 15 a las 14.30 hrs y el sábado 18 a las 7.13 hrs., y el 6 de octubre a las 14.17 hrs., al igual que el domingo 24 a las 20.00 hrs y a las 23.34 hrs

William Wyler salió airoso en cuanto a lograr una película de gran tensión dramática, en unos pocos escenarios, sin que “La antesala del infierno” resulte meramente “teatro filmado” y, aunque Kirk Douglas fuera ignorado a la hora de las nominaciones al Oscar, para los espectadores de la época su caracterización de Jim McLeod es una de las que mayormente contribuyeron a consolidarlo en el estrellato y que fuera uno de los actores favoritos de los años cincuenta, pues logra darle intensidad y credibilidad al inflexible McLeod, cuya cerrazón a tratar de entender a los otros, antes que en condenarlos sin piedad, le ha llevado a deshumanizarse. Por su parte Eleanor Parker se muestra brillante, como en casi todas sus actuaciones dramáticas de la época, lo cual hace justificada la visión de “La antesala del infierno”.

Por cierto José María Aresté en su libro “Pero…¿Dónde está Willy?: En busca de William Wyler” dice en su sinopsis de “La antesala del infierno” o “Brigada 21” como se le conoce en España: “El detective ha estado mucho tiempo persiguiendo a un médico que se dedica a la venta de niños no deseados. En la atención clandestina de los partos ha provocado a veces verdaderas carnicerías. El siniestro doctor Schneider es para Jim paradigma del mal que combate”. Pero para los espectadores mexicanos en los años cincuenta, quedaba claro en la traducción de los diálogos en los subtítulos de que se trataba de un médico que realizaba abortos ilegales y para nada se mencionaba que se dedicara a la venta de niños no deseados. Igualmente ahora que la volví a ver tuve cuidado en checar los diálogos en ingles y se habla precisamente de abortos, así que me permito suponer que la censura española de los tiempos de Franco, con  eso de que era obligatorio doblar las películas, lo cual en sí ya es una forma de censura, se inventaron lo de los “niños no deseados”, porque seguramente consideraban muy grave la palabra aborto. Así, que hay que agregar al dislate de “Mogambo” de hacer hermanos a Grace Kelly y su marido, para que cuando cayera en la redes de la seducción de Clark Gable no se le considerara una mujer adultera, aunque por la manera en que se comportaba Grace con el “hermano”, daba a pensar que entre ellos había una relación incestuosa. En fin un ridículo más de la censura franquista.

Pero continuando con José María Aresté y su acercamiento a “La antesala del infierno” nos dice: “Junto a Jim McLeod el film presenta a unos cuantos de sus compañeros detectives. Todos los policías aprecian a Jim y admiran su profesionalidad; pero también advierten sus excesos y tratan de ayudarle. Entre ellos destaca el teniente de la Brigada 21. A éste le toca la tarea nada agradable de destapar la historia que Schneider tiene contra McLeod. El momento en que lo hace tiene una presentación muy gráfica: cuando McLeod deja la oficina del teniente, la puerta cerrada se interpone entre los dos; lo mismo ocurre con los datos que saldrán a la luz. Al teniente le pesa su investigación, su obligación de interrogar a Mary y aun antiguo amigo de ésta; pese a lo impetuoso que es Jim, siempre le ha disculpado. ‘Tiene sus manías, dice. Con los detectives pasa como con las huellas. No hay dos iguales. Cuando Mary   confiesa el teniente cree confirmada su sospecha de que Jim se ensañaba con el médico por esta afrenta. Pero descubre, buscando la verdad, que no es así. Se trata sencillamente del odio que siente hacia todos los criminales. Pero llegar a tal conclusión le hace desvelar el secreto de Mary –ella misma se lo cuenta a Jim-, que produce el tambaleo del matrimonio de su amigo”.

“Otro tipo de personajes son los detenidos. Hay una pobre chica cleptómana, no muy bien de la cabeza: robó un bolso en una tienda y teme que su hermana se entere de su detención. La joven tiene salidas que logran acabar con la paciencia de un pacifico policía. No para de hacer preguntas y comentarios ridículos; por ejemplo, después de ver al policía leyendo un tebeo de Dick Tracy, se fija en una viñeta donde el héroe tiene un reloj transmisor, y cree descubrir en la muñeca de su custodio uno semejante”.

“El doctor Schneider y su abogado, tipos sin escrúpulos a los que no importa la moralidad de sus actos, recurren a trucos sucios para lograr sus propósitos. Tampoco son muy recomendables Charles y Lewis, ladrones de baja estofa, en cuyas confesiones se incriminan mutuamente. Charles es un tipo histérico, astuto, perdedor nato. Inventa historias, una detrás de otra: por ejemplo afirma que su dinero procede de trabajar en la construcción, pero sus manos sin callos le delatan. Se burla de Arthur y Susan cuando observa el cariño que hay entre ellos. Y no duda en arrebatar el arma de un policía descuidado, desencadenando el clímax de la película”.

“Muchos de los actores habían trabajado en la versión teatral en Nueva York, y el propio Kirk Douglas, que encarna al detective, actuó durante una semana en el Sombrero Playhouse de Phoenix para habituarse a su papel. Además, Douglas  se documentó in situ en una comisaría sobre el trabajo de un policía corriente; durante varios días estuvo realizando tareas rutinarias, como la toma de huellas digitales”.

“La película resultó impecable como cuadro de personajes complejos. Jim, pese a su comportamiento final de valiente policía, no es de una pieza. Su profesionalidad no proviene del deseo de servir a la justicia, sino de determinados sucesos de su vida que le han creado una determinada psicosis. Su enfrentamiento al final con Charly es sin duda heroico y no suicida como han querido ver algunos, según las palabras del propio Wyler. En ese momento Jim está en su salsa, en una situación que puede entender. Un ladrón se ha apoderado de un narma, un grupo de inocentes está a su merced. Los ojos le brillan y recupera parte de la seguridad en sí mismo perdida por las revelaciones sobre su mujer. Cierto que su proceder es alocado. Pero no suicida sino de alguien cansado, que no planea muy bien lo que va a hacer, sino que actúa. En esta escena Wyler había pensado que Douglas fuera tiroteado a bocajarro. Ello provocó una discusión entre ambos hasta que el actor demostró que, aun siendo balas de fogueo, podía sufrir algún daño si no se guardaba una distancia de seguridad. En sus memorias el actor no duda en referirse al director como al ‘gran Willy Wyler’. Pero también constata lo dicho por otros actores. ‘era un director raro: nunca te dirigía. Sólo te decía que volvieras a hacerlo, hasta que conseguía lo que quería’”.

El film transcurre en un escenario único, la comisaría, y Wyler lo rodó en planos largos que intensificaban la tensión dramática. Eran planos muy bien concebidos, en que a veces se pasaba de un grupo a otro de personajes, lo que dotaba de continuidad al relato, y también de agilidad. El director salvó con creces el peligro de que el film evidenciara demasiado su origen teatral, aunque no faltó quien dijo que no había tenido éxito en ese aspecto. Wyler pensó en un principio en airear la historia: mostrar la casa del detective, la calle, etc. Pero desechó la idea ya que ‘la obra estaba construida de tal modo que la acción era muy concentrada, muy rápida, muy buena’. E intentó ‘hacerla cinemática, darle movimiento. Así que dimos ilusión de movimientos de apertura. En otras palabras, no cambié la construcción de la obra, simplemente cambié el escenario. En vez de tener dos pequeñas habitaciones como en la obra, tenía cinco, seis habitaciones. La construcción de la obra, que era buena, sólida y con fama en la escena, no fue cambiada. Pero conseguimos dar la sensación de que no era teatro fotografiado’. En otra ocasión explicaba lo que consideraba era un miedo infundado a caer en la pura teatralidad: ‘Un error que se comete a menudo al adaptar una obra de teatro a la pantalla es mostrar como acción algo que en la obra era sólo comentado. El adaptador se cree  que saca pleno partido al medio (cinematográfico), cuando en muchos casos ese incidente era sólo comentado, no por las limitaciones del escenario, sino porque podía ser mucho más dramático escuchar su discusión por las partes interesadas que ver directamente que sucede’. Si Wyler se hizo famoso por rodar más tomas de cada escenas que ningún otro director, este film parece que fue una excepción. Los actores conocían bien sus personajes y el operador Lee Garmes era muy rápido: como consecuencia, la película se terminó varios días antes de lo previsto”.

Ya para terminar sólo comentar que Kirk Douglas en su autobiografía “Kirk Douglas: el hijo del trapero” cuenta esta anécdota sobre su preparación en la comisaría de Forty-seventh Street: “Pasaba el tiempo en el cuartelillo, observando y finalmente participando en sus tareas. Un día llevaron a un negrito que pescaron robando y me pidieron que le tomara las huellas dactilares. Mientras le entintaba los dedos y los hacía rodar por el papel, el detenido me examinaba atentamente”.

“-¿No es usted Kirk Doglas?

“Lo miré desdeñosamente”.

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3 comentarios en “La antesala del infierno, Detective story con Kirk Douglas y Eleanor Parker”

  1. [...] La antesala del infierno, Detective story con Kirk Douglas y Eleanor Parker [...]

  2. [...] La antesala del infierno, Detective story, copn Kirk Douglas y Eleanor Parker [...]

  3. daniel lotuffo dice:

    una genialidad de kirk,brillante el trabajo de eleanor una pelicula que ya no vuelve”extraordinaria”

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