Himno de batalla de Douglas Sirk con Rock Hudson

Escrito por on ago 27th, 2010 y archivado en Bélico, Destacado, Galería fotográfica, Melodrama. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Tu puedes dejar un comentario o enviar una referencia

Himno de batalla de Douglas Sirk con Rock Hudson

“A la manera de John Ford, cineasta complejísimo que todo lo hacía sencillo cuando se encerraba en los ritos del western, el estilo de Sirk buscó su línea de plenitud en las fórmulas estereotipadas del. llorón género melodramático, sin vulnerar sus estrechos códigos comerciales, pero orientando a estos hacia una manera hasta él inédita de exprimir la sobada esponja de las lágrimas. Resultado: un melodrama de Sirk es a primera vista como cualquiera otro de su época, pero a segunda vista resulta ser absolutamente distinto, Esa fue la argucia de su voluntad de estilo: hacer penetrar la distinción en un saco lleno de homogeneidad”.

Ángel Fernández Santos

Recién he vuelto a ver la cinta “Himno de batalla”, ahora que ha sido programada en el canal de televisión City Stars, dedicado a cintas clásicas o por lo menos realizadas entre 1930 y finales de los años setenta, lo cual nos permite revisar filmes que guardamos en el recuerdo y sobre esta cinta en mi texto, publicado en abril de 2009 en este mismo sitio, titulado “Douglas Sirk: maestro del melodrama” señalaba de manera apresurada: “se necesita mucho aprecio por la obra de Douglas Sirk para intentar rescatar de la medianía a “Himno de batalla” (Battle hymn, 1956) lacrimógena versión de parte de la vida del pastor religioso y aviador militar Dean Hess, realizada en el tono de “mi personaje inolvidable”, al estilo de los textos de la revista Selecciones del Readers Digest. Es la menos visible de sus ocho colaboraciones con Rock Hudson, al cual indudablemente ayudó a convertir en la gran estrella de la Universal de los años cincuenta”.

Vamos entonces a matizar lo que allí señalamos, empezando con eso de la menos visible de sus ocho colaboraciones con Rock Hudson, hay que entender, simplemente, que en un orden de descendente de preferencias del uno al ocho, “Himno de batalla” estaría colocada en el octavo sitio, pero de ninguna manera que se trata de un filme horrible del cual uno deba alejarse, porque como bien señala el redactor del sitio cinema de perra gorda, sobre la cinta de Sirk y “Patrulla indómita” de Fritz Lang: “son encargos indudablemente alejados del mundo expresivo y las inquietudes de sus realizadores, en líneas generales quizá hasta impersonales, pero que de forma esporádica consiguen dotar de interés a base de intensidad cinematográfica”.

O sea que aunque se trata de una biografía de una persona contemporánea que no le permitía muchas libertadas -a Sirk-  para alejarse del hombre de una “pieza”, sin muchas contradicciones internas, aunque , es obvio, que el reverendo metodista Dean Hess, apodado “Killer” Hess por sus compañeros de armas, en la Fuerza Aérea durante la segunda guerra mundial, las debió de tener en abundancia en la vida real, pero al ser tratado como una “vida ejemplar”, las posibilidades de mostrar su desgarramiento interno, como bien lo señala Sirk en su interesante libro entrevista con Jon Halliday, siempre estuvieron acotadas por la misma supervisión que ejerció Hess durante el rodaje del filme en Corea.

Es por ello, como acertadamente señala Ángel Fernández Santos, en la aparente homogeneidad de los melodramas de los años cincuenta y en particular los producidos en la Universal, en una segunda visión de ellos la profundidad de los realizados por Sirk, tanto en la manera de abordar las historias como en su puesta en escena, logran una distinción que los eleva por sobre otros de la época, pues por algo el danés es indudablemente el maestro del melodrama en el cine norteamericano.

Así que en el contexto global del cine norteamericano y en el particular del género del melodrama, es indudable que las virtudes de su elegancia y su capacidad para saber contener los excesos lacrimógenos, nos llevan a mirar o revisar con especial interés los filmes de Douglas Sirk, por lo que ahora que estará pasando en City Stars les recomiendo la visión de “Himno de Batalla”.

Himno de batalla” es la historia de un piloto aviador que en la segunda guerra mundial por error soltó una bomba en el pueblo alemán de Kaiseberg, al pasarse de su objetivo inicial, la cual cayó en un orfanatorio causando la muerte de 37 niños.  “Expió” su culpa en Corea, cuando con la ayuda de unos compañeros y una abnegada coreana, pudo salvar cerca de 400 niños coreanos de caer en las manos de las fuerzas comunistas del norte durante su ofensiva militar de finales de 1950, para llevarlos, Hess,  a la isla de Cheju, donde se fundó un orfanatorio para esos niños de la guerra de Corea.

Por su parte el crítico Lluis Miñarro en su ensayo “Douglas Sirk: la mística de la imágenes” publicado en el número 101 de la revista española Dirigido nos señala: “Reconozco mi resistencia a comentar un film bélico, entre otras razones porque siempre  me queda la duda de su honestidad”.

“Basada en la actuación de un personaje real –piloto y cura- durante la guerra de Corea, Himno de batalla tiene una primera hora que no deja de ser la visión redentorista de la guerra. Sirk no antepone ninguna distorsión al desarrollo lineal de la historia. Sin embargo, el creciente protagonismo de los niños coreanos y las reflexiones orientalistas (‘…La diferencia entre lo imposible y lo posible es la medida de la voluntad del hombre’… ‘No hay mejor acción que una buena obra’…) tornarán el discurso en ‘pacifista’ sin por ello dejar de banda el triunfalismo del ejército norteamericano. La ambigüedad persistirá hasta el final”.

“Film de construcción sólida, de fotografía color acero, con momentos de suspense y en que el protagonista real es la máquina: los aviones, símbolos del materialismo. Fascinación que se verá acentuada por los ‘close-ups’ de la carlinga, por los vuelos en paralelo e incluso por la terrible ‘belleza’ de la destrucción de los bombarderos”.

“No tengas miedo. La tierra es un lugar tenebroso y lleno de malas pasiones. La gente se detesta mutuamente. Piensa que más allá hay una puerta., Cuando esa puerta se abre y nos es permitido entrar, abrimos los ojos a la verdadera luz. Eso es todo. Sólo hay un paso de las tinieblas a la luz…”

Himno de Batalla está plagado de citas como ésta y de ‘Glory-Glory-Allelujah’. La secuencia final será una apoteosis multirracial en la que la avalancha de niños coreanos hacia los aviones de salvamento y los soldados blancos y negros, parecen entonar aquello de que ‘no toda máquina sirve para la destrucción’.”

Y como complemento a este acercamiento al filme no puedo resistir la tentación de dejar hablar al propio director Douglas Sirk, transcribiendo  la parte de la entrevista, ya citada, al director, realizada por Jon Halliday, en que se refiere a Himno de Batalla:

“Estoy muy sorprendido de que hiciese usted Battle Hymn. ¿Quién era ese Dean Hess, que mataba a la gente un día y salvaba a los niños al siguiente? Leí algo sobre él en el ‘Reader’s Digest’, que parecía resumir esta contradicción, quizá inconscientemente: ‘Para Dean Hess la guerra era una cuestión compleja. Estaba en Corea con una doble misión: oficialmente para eliminar a tantos enemigos como pudiera; personalmente, para salvar a tantos niños coreanos como fuese posible’. ¿Qué tipo de persona era?”.

“Un personaje ambiguo, en otras palabras, muy interesante como tema para un drama. Hess mesclaba la actitud de un soldado con la de un predicador. Era lo bastante ingenuo para comprometerse a ello, y lo bastante inteligente para darse cuenta de su contradicción”.

“¿Cómo se metió usted en esta película?

“Era un proyecto de la oficina central de Edward Muhl. No sé si al principio me interesaba o no, porque era una biografía, de una persona viva, y yo no creo en hacer biografías. Pero me interesaba hacer una película de aviación. Siempre me había fascinado la aviación, como usted sabe. En la marina volé en un avión para descubrir las minas del Báltico, que se lanzaban entonces desde los buques de guerra. Quería ir al Lejano Oriente para ver Corea y, sobre todo, el Japón que siempre había querido visitar”.

Pero Dean Hess debía de ser un tipo extraño…

Extraño sí. Era piloto y predicador, un hombre que intentaba redimirse de haber matado. Hay un libro de Ward L. Miner sobre Faulkner en el que cita una frase de Light in August: ‘Su evasión está en la violencia, en la bebida y la lucha y la oración’. Y en la oración: fíjese en el lugar de la religión. La yuxtaposición de la violencia y la oración conforma también Battle Hymm. Toda la salvación de los niños resulta de la matanza de niños. Porque, como recuerda, había bombardeado aquel orfelinato de Alemania y se sentía culpable”.

“Tuve muchos problemas porque él estaba en el rodaje, rondando por allí, supervisando todas las escenas. No pude mostrar la ambigüedad del personaje como hubiese querido. Había una magnífica oportunidad para hacer una película sobre matar y volar. Esto se relaciona con los temas de Faulkner, de los que hablaba Miner: ‘El aeroplano como símbolo del materialismo’.”

“Pero usted oscurece un poco la decisión por la forma en que le hace dejar la iglesia y marcharse. Hay la conversación con su mujer después del sermón, y dice algo así como: ‘Los sermones me están saliendo muy mal , mi corazón no está en esta predicación, será mejor que me vaya a Corea’.”

“Esto no significa despistar. No es una cosa adicional; no está fuera del personaje. Debió ser así. Describe un círculo. Está bailando su rondó, volviendo a la otra cosa que sabía hacer: ser piloto. Es un paso casi cínico, una evasión –en el sentido que Faulkner utiliza esta palabra-, una evasión hacia el patriotismo, hacia la lucha por su país. Hacia morir quizá, al mismo tiempo que a provocar la muerte. Una decisión confusa, una decisión tan confusa como la que tomaría la gente en estas condiciones mentales. Está pletórica de una lógica estricta. Pero en Corea nunca puede llegar a completar el círculo. Vio una oportunidad para hacer el bien en la aviación, enfrentándose al peligro, pero a través de la salvación de niños. Nunca voló en otra misión de bombardeo después que aquella empezara a mostrarse en condenada cabeza, y desde entonces estaba predicando con su avión, salvando niños. He hablado de bailar un rondó: fíjese como vuelve ahora para completar el círculo, al principio del cual está la destrucción de un orfelinato de niños y la matanza de los niños, y aquí al final está salvando las vidas de los niños y construyendo un orfelinato en la isla de Cheju”.

Pero esto fue todo lo que pude hacer porque él estaba en el rodaje. Por ello tuve un problema con la transición. Yo tenía la idea de que después de dejar la iglesia se diese a la bebida, porque esto era un primer paso de la evasión que mostraría que no pisa en tierra firme y que su problema es acuciante. Es un hombre incapaz de encontrarse a sí mismo, hasta que ha estado matando. En cualquier caso, la inclusión de algún elemento estructural, como el que se convirtiera en un borracho, habría reforzado al personaje. Y entonces podríamos haberle hecho abandonar la aviación a causa de la bebida. Tal como está ahora, su retirada se sostiene solo sobre un pie; la bebida le habría proporcionado dos. Pero él estaba ahí, en el rodaje, diciendo constantemente: ‘Yo no bebía’, y todo eso, tratando de hacerme permanecer en la verdad. Intente convencerle por todos los medios de que resultaría una película mejor y de que un tipo como él podía haberse dado a la bebida, pero no quería oír hablar de ello. Así que sigue siendo el extraño tipo que, bien lo sabe Dios, es. Pero el hombre no está creado según la razón, sino según una forma distinta de lógica, indescifrable para él”.

Sé que no le gusta Battle Hymm. A mí no demasiado, tampoco. Pero mis reservas son de un tipo muy diferente. No se refieren al personaje de Dean Hess, sino a mí mismo, o, mejor, a mi tratamiento del reparto. Porque, como recuerda, estaba hablando de los personajes inmutables y de los desgarrados (la palabra utilizada por Sirk, Split, carece de traducción adecuada al español. Significa dividido en dos o más partes y, referido a la personalidad, encierra un matiz de esquizofrenia), y le decía que la capacidad de Rock Hudson le hacía adecuarse a un papel inmutable. Pero aquí tuve que utilizarle, y, desgraciadamente, darle el papel de un personaje desgarrado. Un actor como Robert Stack habría resultado mucho más adecuado, estoy seguro. Piense simplemente en Written on the Wind o en The Tarnished Angels, una película de aviación también. Con un actor adecuado, Dean Hess hubiese encajado en mi galería de personajes vacilantes. En esto pensaba cuando trataba de introducir la bebida”.

“Por dos razones, yo, el director no logré doblegar las características de Rock Hudson a este tipo de personaje roto. La primera razón era su abierta nobleza de corazón y su simple inmediatez. Ante la cámara no puedes fingir. La cámara tiene rayos X en el objetivo. Penetra en el alma. No puedes ocultar lo que eres en la cámara, lo que creo que es la gran cualidad del cine, puesto que en el teatro, sin duda, puedes hacerlo con máscaras y maquillaje, y puedo decirle que cuanto más maquillaje y máscaras tienes, cuanta más estilización, mejor interpretas”.

“La otra razón era la siguiente: durante la primera parte del rodaje, en exteriores, me rompí una pierna. Fue una cosa bastante complicada y, después de una semana de permanencia en el hospital tuve que acabar la película en una silla de ruedas. En cierta medida, esto aleja al director de los actores y de la cámara: no puedes representar una escena, demostrarla. Es difícil mirar por el objetivo, y por ello dejas pasar algunas cosas que de otra forma probablemente no dejarías. Además de lo cual, por supuesto, la presencia de Dean Hess en el rodaje se dejó sentir más en el película, y no debo decirle que estaba enormemente entusiasmado de ser encarnado por este gigante íntegro y guapo, Rock Hudson”.

¿Pero qué piensa de hacer una película sobre la guerra de Corea, que era una guerra imperialista, sin tomar ninguna distancia crítica frente a ella? La película está presentada en realidad por el general Earl Patridge, que mandaba la Quinta Fuerza Aérea de la guerra de Corea. Así que esto le da un enfoque determinado”.

La guerra de Corea estaba ahí. No había razón para predicar a posteriori que la guerra de Corea era mala o buena. Era casi historia. La guerra como hecho era inalterable. No se trata de tomar partido, y Battle Hymm no se ocupa desde luego del hecho de la guerra, sino de un personaje en la guerra. No sé nada del prólogo; por supuesto, yo no lo rodé. Y nunca he asistido al estreno de ninguna de mis películas. Generalmente, no las veo después del último montaje, porque si las ves piensas en desmontarlas y empezarlo todo de nuevo”.

“Himno de Batalla” acaba de ser proyectada en City Stars el pasado jueves 26 de agosto y su próxima exhibición será el 13 de septiembre a las 09.04 hrs., (tiempo de México), aunque igualmente se puede conseguir en el mercado del DVD.

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