“Personalidad múltiple” (Possession, 2009) es versión en inglés de una cinta coreana, cuyo título original es “Jungdok” (2002) y en inglés “The addicted”, dirigida por Young Hoon Park.
Historia de amor más allá del tiempo y la muerte en disfraz de terror y cuestiones sobrenaturales, “Personalidad múltiple” acomoda en la nublada San Francisco, el drama por el cual atraviesa Jess (Sarah Michelle Gellar), provocado indirectamente por ella misma al hartarse de que su cuñado Roman (Lee Pace) habite en su hogar e irrumpa cada rato en su relación con su esposo Ryan (Michael Landes).
El argumento adecua el asunto de aprovechar la segunda oportunidad que provee la vida; el darse cuenta cómo se desperdicia lo que ésta regala y el individuo ni presta atención.
Los directores suecos Joel Bergvall y Simon Sanquist debutaron en Estados Unidos con este largometraje que alargaba la posición de Sarah Michelle en segundas versiones para el público estadounidense de filmes orientales de miedo, como en “La maldición”, apalancados en su figura pequeña y delgada y su faz aún adolescente.
En ciernes de meloso y parte de escepticismo en que subsista un hombre como Ryan, quien a un año de matrimonio con Jess, no para de pensar en ella, de brindar todo tipo de detalles, escribirle cartas para revalidar lo que siente por ella; lo cual a más de una persona le debe parecer desmedido y controlador.
El guión de Michael Petroni se divide entre una crisis actual de la mujer que aún no desea ser madre por dedicarse de lleno a su trabajo, y la maldad asomada en el físico y los tatuajes del cuñado Roman, en su expediente de prisión y delitos, en la violencia insana contra su novia, que arrambla en fuste sadomasoquista. Sólo tres personajes y un cuarto para apilar maquinaciones.
Deliberadamente se eligió a dos actores con similitudes en su fisonomía, para tantear en que sean gemelos, uno el lado bondadoso y el otro el malvado, la añeja simbiosis de Caín y Abel; y un nexo a poco telepático entre ellos, ultimado con los hilos de sus sangres.
Un choque de autos desplaza a pensar en una transferencia de mentes, en el ímpetu de Ryan para sobrevivir de alguna manera, aunque su cuerpo y su cerebro no respondan; pero los directores acompasan fichas para apremiar que es un truco del hermano, para apropiarse de la esposa y su mundo, y hasta para tener la descendencia y el desquite ansiado.
Las intermitencias de lo vivido, las dudas y desconciertos, los recuerdos atesorados por Jess, del criminal latente que hay en Roman, avivan las sospechas de la maldad por encima de lo mágico. Para eso se ahorran los pormenores del accidente automovilístico y se aportan trozos a posteriori.
El incentivo es si despertará Ryan, su aguante, con escenas paralelas para ver que aún en su estado vegetativo su mente está en Jess, en salvarla. Las imágenes pretéritas azuzan la dulzura de “Personalidad múltiple”, más la recomposición de Jess para confiar en el milagro.
El paso de la película coreana a Norteamérica quizá deteriora lo macabro, le coopera trozos de suspense, reblandece el terror.
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[...] CineForEver resalta que Personalidad múltiple juega con la “añeja simbiosis” de Caín y Abel. Tenemos dos hermanos muy parecidos físicamente, pero con grandes diferencias morales: básicamente, uno es bueno (Ryan, perdidamente enamorado de su mujer) y el otro malo (el violento Roman, que golpea a su novia y vive generando problemas en la pareja de Ryan y Jess). Este sitio destaca que, con la llegada a Norteamérica, la película coreana perdió sus aspectos más macabros. [...]